domingo, 31 de mayo de 2009

Las tentaciones del "holacinco"

Hace cuatro años, decidí dar el gran salto y zambullirme en las agrestes aguas de la internet y abrir mi cuenta de correo electrónico. Hace dos años y pico, inauguré este lugar en la red donde tanto pasiones como obsesiones conviven en igualdad de condiciones. Ahora toca el turno a un extraño medio de relación social que hasta ahora no me ha dado fallas, y que denominaré con el nombre de holacinco. (Cabe mencionar que sus más cercanos competidores, caralibro y miespacio, son también los más sonados en estos lares virtuales.)
Recuerdo que en mi bandeja de correos llegaban, además de los avisos para coloquios, las cálidas misivas de grandes amigos y la publicidad institucional, las invitaciones de varios amigos míos para incorporarme a las filas del holacinco. Por un tiempo supe capotear esos mensajes y no darles alguna importancia. Sin embargo, luego de ver los perfiles públicos (ahora privados) de varias amigas, me entraron unas ganas de hacer lo propio, pero no pasaban de allí. Un sábado por la noche, luego de responder varios correos y hacer las anotaciones respectivas en esta bitácora en red, al final tuve que ceder. Y me registré.
En un principio, con sólo poner una foto mía y mis datos bastaba y sobraba, mas no era así. A medida que me integraba a ese mundo, llegaban sendas invitaciones de amigos, conocidos y nuevos rostros por conocer. Estuve algo escéptico, claro, pero luego aprendí sobre la marcha y ahora domino el holacinco tan bien que ¡¡hasta ya me piden asesorías!!
Además de agregar a los amigos de ayer, hoy y siempre, se da la oportunidad para conocer a nuevas personas, ya sea por algo que lees, escuchas o simplemente compartes, por mínimo que esto sea. Y si le sumamos el uso de diversos artilugios como bebidas virtuales, animaciones so cute, competencias de videos y música preferida, podría decirse que la diversión es lo único que importa. Sin embargo, existen los perfiles un poco más serios y dados a la difusión de un tema en particular; que equilibran sus opiniones en grupos o círculos de debate dentro del sistema. Desde mascotas y música pop hasta Astor Piazzolla y amantes del café, todo tema origina debate y/o coincidencia.
Bien sé de los peligros que este tipo de páginas conlleva, pero no me inclino a resaltarlos; lo único que se nos pide es cautela: no mostrar más de lo debido. Y si alguién decide cuidar hasta su propia sombra, simplemente se hace un tipo de blindaje y sanseacabó. Algo más: no se puede anexar a cualquier persona a una lista así porque así: teniendo cuidado con esto, el resto es pura mermelada.
Con todo, dejarse llevar por las tentaciones del holacinco es bueno; hacerse el Odiseo ante el canto de las sirenas sí resulta óptimo, lo reconozco, pero no todas las sirenas son policiacas. O ustedes ¿qué piensan? Mientras tanto, seguiré navegando por esas extrañas aguas y recuerden que estas líneas son sólo una opinión: la última palabra corre por su cuenta. ¿Verdad?

viernes, 29 de mayo de 2009

Carta sincera para Ana Colchero

Querida Ana:

Anoche, durante la presentación de la novela Yo, la peor de Mónica Lavín en el Claustro de Sor Juana (donde leíste fragmentos significativos de la misma), tuve la oportunidad de acercarme a ti y pedirte que me dedicaras un ejemplar de tu novela Entre dos fuegos, el cual muy amablemente estampaste con tu rúbrica y luego te retiraste, no sin antes escuchar que me había gustado. Sin embargo, no dije todo lo que quería decir.
Hace tres años, entre las novedades literarias de aquel tiempo, apareció una novela muy sui generis que comenzaba a interesarme, más por la temática que por el nombre de la autora. Me refiero a tu primera novela, Entre dos fuegos, que generó muy buen recepción por parte de tus primeros lectores, entre estos el mismísimo José Agustín. Sin embargo, no leería tu obra sino tres años después.
Mi encuentro se dio de la manera más inusitada; en una de mis forzadas escalas en el súper (donde compré un foco para la lámpara de mi escritorio), en la sección de Libros me topé con tu novela, la cual estaba a un precio bastante accesible. Sin dudarlo, la compré. (Mi inconsciente me gritaba ¡¡Ya no quiero libros sino leer!!, pero al llegar a casa, quité la envoltura de celofán y me dispuse a leerla.) A medida que pasaba las páginas, me involucraba en dos historias paralelas: una, la del presidente Orihuela, quien en su afán por perpetuarse en el poder unos años más, preparaba un suceso funesto; y la otra, la historia de amor de Jan y Soledad, quienes hacen coincidir sus inciertas vidas y tienen un destino en sus manos: él, como artesano; ella, en la cocina. Respecto a la historia política, se ve que conoces el engranaje que mueve al poder político, porque describes que detrás de las intenciones de Orihuela, se hallan muchos secretos y mentiras de sus colaboradores, quienes buscan sólo un ligero pretexto para tirarlo del pedestal y hacerse del poder.
Sobre el romance entre Jan y Soledad, la cosa cambia. Ambos provienen de familias diezmadas por los avatares de la vida; un exilio exterior, a su vez interior, es quien escribió sus postreras vidas. Jan, de origen polaco y cuyo padre buscaba un mejor porvenir para él, halló en la carpintería el modo de construir su mundo, de mandar a segundo plano el exilio donde se encuentra inmerso. En el caso de Soledad, con un padre cariñoso y una madre estricta, encuentra su mundo en la cocina, donde aprende grandes lecciones de su cocinera, a la postre su mejor amiga. Cuando Jan y Soledad se encuentran por primera vez, se ven como dos extraños; a la larga, las barreras que los separan (la madre de ella, el pasado de él). Al final, Jan y Soledad coinciden el uno con el otro. (No cabe duda que esta novela la escribiste con pasión, tinta con la que se escriben las grandes obras. Sólo el tiempo dirá si me equivoco o si acierto.)
No me pico de experto en narratología, pero la manera como alternas las dos historias, me parece algo "faulkneriana", por tratarse de dos cosas muy distintas, sin embargo, logras unir los cabos de ambas y hace de ello una novela, amén de entretenida, digna del mejor seguimiento. No exagero al decirlo, aunque aquí se aplique el consejo que Pablo Neruda le dio a un joven Antonio Skármeta: Todos los primeros libros de autores jóvenes son buenos. Mejor esperemos el segundo. Y sí, ya viene el siguiente para constatarlo.
Querida Ana, además de tu innegable talento en los escenarios (te extrañamos en la televisión, por cierto), ahora puedes jactarte de ser una destellante novelista, cuyas primeras obras serán el comienzo de muchas otras. Y aunque reciba réplicas y reclamos de terceros -¡¡y por carretadas!!-, no me cabe la menor duda de que eres muy buena novelista. Verdad que sí.
Muchas gracias por tu libro y mis mejores deseos para el siguiente. Recibe un fraternal abrazo y un beso.
Afectuosamente,
U.V.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Thomas C. Smith Stark

Recuerdo que hace más de dos años, fuiste el moderador de mi mesa y, por tanto, de mi primera participación en los encuentros de la SOMEHIL.
Recuerdo también que compartimos la hora de la comida en el restaurante del Museo de Antropología. Fue en septiembre y estaban en nuestra mesa Pilar, Chonita, Julio Alfonso, Carmen, Dora; tu compañía y buen humor sólo podían equipararse a los del Dr. Hans-Joseph Niederehe, con quien convivimos aquella tarde. Aún así, siempre salías airoso.
Tampoco se me olvida el pequeño aventón que me diste a Reforma, durante una semana de fuertes manifestaciones, donde -literalmente- salimos de un "atrincherado" Castillo de Chapultepec. (Allí te prometí que algún día iría a visitarte a El Colegio de México.)
También viene a mi memoria tu siempre sorpresiva cámara fotográfica en los cursos donde coincidíamos alegremente.
Sin embargo, todas estas cosas son sólo una ligera muestra de aquella persona admirable, trabajadora y, sobre todo, íntegra. Quienes te conocimos, en lo público y en lo privado, sabemos muy bien que la palabra que mejor te define es entusiasmo.
Gracias por todo, querido Thomas.
(We'll miss you.)

lunes, 18 de mayo de 2009

Mario Benedetti: Adiós, poeta

Cuando muere un poeta, una parte del mundo se desmorona y la poesía sólo se vuelve un montón de palabras. Sin embargo, para quienes frecuentamos ese mundo, nada más nos queda un consuelo: saber que estas palabras generaran nuevos y mejores enlaces y así una obra prístina y señera permanecerá a nuestro lado.
Ayer por la tarde, mientras veía las noticias, me entero de la muerte del poeta uruguayo Mario Benedetti (Montevideo, 1920-2009), a los 88 años, cuya obra es de sobra conocida por todos los confines del planeta. Como no me interesa hacer una necrológica más, comparto con ustedes un poema suyo, puesto que la poesía siempre habrá de salvarnos, si no la vida, al menos el día. (Además, es mi favorito.)

Te quiero

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.


(¡¡Adiós, poeta!!)

lunes, 11 de mayo de 2009

Un provocador profesional llamado Dalí

Cada que un pintor hace su aparición en el mundo, el tiempo se detiene sin pedir nada a cambio. Y cuando una obra señera y única se inscribe en la vida, muy a pesar de sus cualidades y defectos, mejor aún. Es este el caso del pintor español Salvador Dalí, a quien hoy recordamos en su cumpleaños 105.
Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domenech nacido en Figueras, Cataluña, fue un niño con intereses variopintos; lo mismo el futbol que el arte contemporáneo. Tanto fue su acendrado interés por esto último que en 1922 viaja a Madrid para estudiar en la Academia de Artes de San Fernando y se aloja en la legendaria Residencia de Estudiantes, donde entrabaría amistad con otros dos genios: Federico García Lorca y Luis Buñuel. Sin embargo, los intereses del joven Dalí iban más allá de lo estrictamente académico y esto origina su expulsión de la Academia de Artes. Para un muchacho admirador de Picasso y Joan Miró, el mundo aún estaba por escribirse, o mejor dicho, por pintarse.
En 1929, en mancuerna con Luis Buñuel, ahora convertido en cineasta, realiza Un chien andalou, película que se incorpora a las filas del naciente surrealismo, movimiento creado por André Bretón. Dentro de esta corriente, Dalí incursiona con las primeras obras que habrían de originarle cierta notoriedad; relojes blandos, insectos saliendo de una mano y Gala, musa, esposa y dealer, son algunos de los tópicos que determinarían su postrera obra. Tanto fue el empecinamiento de Dalí en esta corriente que alguna vez declaró Yo soy el surrealismo. Y si le sumamos las estratosféricas cotizaciones de sus cuadros y esculturas, no en vano Breton hizo un lapidario anagrama de su nombre: Avida dollars.
Como los provocadores profesionales no pueden quedarse quietos, Salvador Dalí también incursionó en el campo de la escritura; además de ser un lector incomparable -que lo mismo ilustró ediciones de La Biblia, La Divina Comedia, El Quijote, los Ensayos de Montaigne y la Autobiografía de Benvenuto Cellini-, se tornó escritor incendiario. (Gracias a su Vida secreta, acusó a Buñuel de comunista, cosa que el aragonés nunca le perdonó.) Diario de un genio, La vida secreta de Salvador Dalí, El Angelus de Millet, fueron algunas que destacaron, además de la carretada de entrevistas que dio para cualquier medio de comunicación. (Recuerdo una memorable que le hizo Jacobo Zabludovsky donde le hizo firmar una edición en gran formato de su obra; interesante jugada del periodista, dado que Dalí tenía fama de quedarse son los bolígrafos con que firmaba sus obras.)
Por donde quiera que se encontraba, Dalí siempre tenía motivos para generar polémica; sea con algunas de sus boutades, sea para tener un momento de atención. Lo importante para él es seguir en el ajo. Lo importante es que hablen de ti, aunque sea mal. Aunque los detractores se coticen por kilo, no cabe duda de que cuando hay admiradores es porque, de verdad, los hay. Sus pinturas se encuentran entre las más conocidas del arte español, sus escritos (hoy día, publicados en ocho volúmenes por ediciones Destino y la Fundació Gala i Salvador Dalí) una muestra de una creatividad sin límites, y sus palabras, bueno, digamos que cumplió y con creces su propósito. Aunque el arte es eterno, sus creadores no. Salvador Dalí muere el 23 de enero de 1989.
Estas líneas hacen lo posible por recordar a una figura sin igual; mejor homenaje no podía haberle hecho el grupo español Mecano con esa emblemática canción extraída del álbum Descanso dominical.

Si te reencarnas en cosa,
hazlo en lápiz o en pincel
y Gala de piel sedosa
que lo haga en lienzo o en papel.

Si te reencarnas en carne,
vuelve a reencarnar en ti,
queremos genios en vida,
queremos que estés aquí,
"Eungenio" Salvador Dalí.

(Lo demás, son sólo efemérides de calendario. ¡¡Gracias, Dalí!!)

jueves, 7 de mayo de 2009

Diez cosas para olvidarme de la "gripe"

1.- Leer dos libros al mismo tiempo: Entre dos fuegos de Ana Colchero y un ejemplar de la saga detectivesca de Pepe Carvalho, El hermano pequeño de Manuel Vázquez Montalbán.
2.- Aventarse un maratón de pelis disfrutando de la comodidad hogareña: Así del precipicio, Memorias de una geisha, El curioso caso de Benjamín Button, Las cinco personas que encontrarás en el cielo y La misma luna, sin olvidar los clásicos personales Lección de honor, Una mente brillante y la versión definitiva de Blade Runner.
3.- Revisar con minuciosidad de relojero tanto la nueva programación de Canal 22 como la reestructurada (y a regañdientes) programación de Once TV, sin olvidarse de echarle una miradita a Proyecto 40. (Gracias a ello, Matrioshki sigue siendo una nueva serie favorita, Cuéntame cómo pasó conserva intacta su frescura en la historia, y Claves, muy a pesar del "recorte" de quince minutos, se perfila para convertirse en un clásico contemporáneo.)
4.- Cambiar de estación de radio favorita: del 88.1 al 102.5 fm. (Para un radioescucha estándar como un servidor, vale más escuchar las puntadas de Susana Moscatel y Pamela Cerdeira que soplarse documentales disfrazados de cobertura. Se agradece la información, cierto es, pero demasiada -perdonen mi respuesta-, desinforma.)
5.- Pasar en limpio todo el titipuchal de notas al vuelo que la lectura de un solo autor me deja. (Creo que esto da para un ensayo. Es una apreciación.)
6.- Poner en la charola para 5 discos del modular todos los compactos de Alizée y el best of de Mylène Farmer, hasta llegar a la última canción.
7.- Revisar hasta el hastío tanto el correo electrónico y el holacinco como la presente bitácora, con tal de hallar mensajes y/o comentarios que motiven algo más que optimismo, haciéndonos un favor al evitarnos el engorroso tema de la gripe.
8.- Hacer las labores propias de mi sexo, es decir, lavar trastes y ropa, planchar, barrer y cocinar.
9.- Repasar una y otra vez el manual de capacitación para ser funcionario de casilla en las próximas elecciones, mientras arreglo la agenda para la próxima visita de mi capacitadora a mi casa. (Muy guapa, por cierto.)
10.- La más importante: Pasar tiempo de calidad con la familia. Todas las nueve anteriores no tienen sentido sin ésta. En tiempos de guerra, tiempos de paz, la familia es lo único que hace la diferencia. Verdad que sí.

jueves, 30 de abril de 2009

Lecturas para una niñez

Leyendo la bitácora en red de mi siempre admirada Julia Cuéllar, me desayuné con la novedad de que había escrito unas cuantas líneas acerca del Día del Niño, el cual, en estos tiempos tan interesantes, solamente queda celebrarlo en casa. (Qué remedio.) En su post, ella recuerda sus caris favoritas y un tiempo donde los sueños y los milagros eran cosa de todos los días. Después de leer su sincera evocación, me quedé largo rato pensando en algunas cosas donde se halla presente el espíritu infantil. Y haciendo caso a mi formación como literato, vinieron a mi mente varias lecturas: algunas ya pretéritas, otras muy presentes.
Recuerdo que mis acercamientos a la llamada literatura infantil (término en proceso, para ser franco), se debieron gracias al puesto de revistas cuando compraba cada semana los fascículos de la serie Cuenta Cuentos, editada por Salvat; cada libro iba acompañado por un elepé o un cassette, según fuera el caso. Gracias a esta colección, me acerqué tanto a los cuentos de los hermanos Grimm como a la mitología griega; también supe de un niño que se divertía rugiéndole a los tigres, una vendedora de mangos que se dejó maravillar por la gloria de la nobleza hindú, caballos voladores que vencían a centenares de soldados árabes, incluso la historia de cómo un pedazo de madera llegó a convertirse en un niño de verdad, en fin... no había límite para sacar cuantas historias se pudiera. Cabe notar una ligera precisión: cada cuento tenía un narrador específico, quien a su vez le daba distintos matices a los personajes. Y de pilón, la presencia musical de Rosa León, cuyas canciones también tenían algo que contar. Lamentablemente, y por algún extraño motivo, dejé trunca la colección, y, por tanto, mis lecturas fueron otras.
Sin embargo, otro grato encuentro se debió mediante una lectura capital, a los diez años, de El Principito de Antoine de Saint-Exúpery, libro que me regaló mi mamá. En una tarde sin televisión -se había descompuesto-, quedé maravillado con las andanzas de aquel pequeño habitante de un asteroide habitado, además de él, por una delicada rosa y dos volcanes apagados. Conocí que el mundo puede ser algo complicado, si lo vemos desde la mirada adulta, pero susceptible a cambios, desde la perspectiva del niño. Tan maravillado quedé con su rápida lectura que temporalmente lo presté a la biblioteca de mi salón de clases. Al final del ciclo escolar, regresó a casa. Por desgracia, aquel sencillo ejemplar de pasta azul desapareció, mas no mi inquietud y mi asombro.
Con esta ligera recordanza, en estos tiempos donde la palabra es más que la vida, siempre es grato y emocionante regresar a esas primeras lecturas, pero también encontrarse con una nueva aventura esperando tras el anaquel de cualquier librería. Por ejemplo, la serie del Dr. Doolittle (muy famosa en caricatura) escrita por Hugh Lofting, las obras de Roald Dahl (¡¡Me declaro admirador de Matilda!!), cuentos populares italianos compilados por Italo Calvino, Michael Ende y sus historias interminables, y, claro, las ocurrencias de nuestros contemporáneos Fernando del Paso, Francisco Hinojosa, Juan Villoro, Mónica B. Brozon y Norma Muñoz Ledo, por decir algunos. Siempre es una maravilla vivir esas obras mientras las leemos, aunque la televisión y el cine les quiten algo de su magia natural. (Y ya que menciono esto, ¿por qué me salté la serie de Harry Potter? Muy sencillo, aún no la he leido; algún día se me dará, no os preocupéis. Por mientras, ustedes que la conocen de pe a pa, deben contarme su experiencia.)
Querida Julia, quien escribe también recuerda varias caris que fueron sus modelos a seguir (incluso tengo un post al respecto), pero creo a carta cabal que mis verdaderas motivaciones surgieron más de la literatura; mis primeras lecturas dan fe de ello. De una cosa sí estoy seguro: que la Imaginación, como el Cid Campeador, seguirá ganando muchas batallas después de todo, y que no hay edad para comenzar a leer: estas cosas aún nos permiten seguir siendo niños, sin importar los tiempos presentes, pretéritos y futuros. Lo demás viene por añadidura, ¿no es así?

domingo, 26 de abril de 2009

¡¡¡Felicidades, Claudette!!!

Una ventaja de celebrar a las Consejeras que forman parte de este mundo a contracorriente, es que, de alguna manera, han formado parte de un postrero ser y hacer. Ahora la memoria decide saldar una deuda de admiración hacia una amiga y colega, a quien siempre he de agradecerle muchas cosas. Me refiero a Claudia Salazar, arquitecta y lectora sin par, hoy que cumple añitos.
Conocí a Claudette hace ¡¡nueve años!!, cuando comenzábamos nuestra trayectoria universitaria: ella en Arquitectura, yo en Letras, y en el lugar más inverosímil del campus: la fila de las fotocopias en la biblioteca. Yo traía varios ejemplares de la revista Vuelta para fotocopiar y ella, según recuerdo, algunos libros de su área. Cuando me vio, quedó maravillada por la cantidad de revistas que llevaba y así, sin decir "agua va", platicamos ¡¡de literatura!!, cosa que me tenía algo desconcertado, porque, he de confesarlo, creía que los arquitectos no pasaban de su tema; de cualquier manera, encontrarme con una lectora por los cuatro costados, ya era, en sí, la mejor de todas las ganancias. Luego de haber cumplido con el fotocopiado de nuestros materiales, cada quien prosiguió con su camino. Sin embargo, ése sería el primero de muchos encuentros.
Cada vez que el azar y la coincidencia nos reunía, descubrimos más cosas de cada uno, además de recomendarnos nuevas lecturas y recordar nuestras carreras de origen; ambos tenemos la misma predilección por Esther Seligson, por ejemplo. Y mientras más dudas generaba cada encuentro, mayor era mi persistencia al encontrar ese libro tan difícil de hallar, más claro estaba mi papel como investigador ratonero a la hora de sacar copias y más consciente estaba de que ella no era una arquitecta común, sino una muy excepcional.
Pasado el tiempo, Claudette salió a buscar su vida en sus propios campos, los de la Arquitectura, pero el contacto no cesó, aunque, eso sí, no tan constante como en otro tiempo. Cuando el azar y la coincidencia nos ponía nuevamente enfrente, hacíamos lo posible por sacarle todo el jugo.
Ante todo esto, ¿qué podría resaltar de Claudia Salazar? Además de su radiante hermosura, el dinamismo con que hace las cosas, su sinceridad en reconocerse en constante aprendizaje, pero sobre todo, la fuerza con que emprende nuevas empresas, es decir, volverse un buen ejemplo, alternando orden con ocurrencia. (En mi diccionario personal, la palabra que mejor la define sería dedicación.) Aunque esta época hace que el tiempo ya no sea nuestro, siempre habrá un buen momento para compartir con ella un enorme fragmento de la vida.
Querida Claudette, no creo hacer con estas palabras un retrato entero de ti, pero al menos mi admiración sí es completa. Además de recordarte que "las mujeres no tienen edad: su vitalidad las hace eternas", te deseo que todas las cosas que emprendas y vivas, salgan a pedir de boca. Podría decirte más, pero me detengo por ahora.
¡¡¡Felicidades, Claudette!!!

jueves, 23 de abril de 2009

La fiesta de las Letras

Durante tres días, fui testigo de una celebración de la palabra, pero con distintos matices, es decir, que las Letras hacían de las suyas en tres momentos distintos. Mejor cuento y no me descuento.
El martes 21, acudí al Museo Nacional de Arte donde se realizó la presentación del libro Los orillados de Hernán Bravo Varela, poeta y ensayista non, a quien tuve la fortuna de conocer hace dos meses en una charla organizada por el inclasificable Óscar de la Borbolla. Llegué 45 minutos antes a la cita y como el Munal aún no abría sus puertas, me metí a la Librería UNAM del Palacio de Minería, donde encontré un libro de Juan Villoro (a la sazón, presentador del libro), mismo que ya tenía, firmado y todo, en mi casa. Aún así, terminé por comprarlo. Para cuando regresé al museo, ya habían abierto y me apuré para alcanzar buen lugar. Para mi buena sorpresa, me senté en primera fila y vi llegar tanto al autor y sus presentadores como a escritores como Álvaro Uribe y Vicente Quirarte, muy bien acompañados, por cierto. Pasadas las 7 p.m, comenzó la presentación; primero habló Luis Felipe Fabre, luego Armando González Torres y, por último, Juan Villoro, quienes ponderaron satisfactoriamente el libro de Bravo Varela. Al final, amén de la firma del libro, quien escribe aprovechó para hacer lo propio con Villoro. Ya integrado a la fila, preparé mi ejemplar de Oficios de ciega pertenencia, su primer libro de poemas, con el cual quedó impresionado al saber que sí lo había conseguido, gesto que Hernán celebró. De pilón, cabe decir que en esa misma presentación, conocí a Jeannette Clariond, poeta regiomontana de impecable calidad; prometimos generar correspondencia electrónica.
El miércoles 22, en el Centro de Cultura Condesa, José Gordon (sí, el mismo de La oveja eléctrica) dio una charla sobre ciencia y literatura, la cual estuvo llena de relaciones en apariencia inexplicables entre la ciencia y las letras; cada anécdota que contaba tenía muchas conexiones con la ciencia y del cómo una y otra están estrechamente unidas. De Borges y Paz, pasando por la cultura hindú, hasta llegar a la ciencia ficción, Gordon mantuvo muy atento al público presente, quien al final de la charla, expresó sus inquietudes, mismas que dejaron contento a José Gordon. Quien esto escribe, no desperdició la oportunidad para que el autor firmara su ejemplar de Tocar lo invisible, gesto que Gordon agradeció sobremanera.
Y hoy, Día Internacional del Libro según la UNESCO, entre el maratón de lectura de El Quijote en el Centro Cultural de España, la repartición de la biblioteca de Paco Ignacio Taibo I en la Glorieta Insurgentes, y la Fiesta del Libro y la Rosa en Ciudad Universitaria, quien escribe optó por algo muy sui generis: la presentación de los Cuentos reunidos de Amparo Dávila en la Librería Rosario Castellanos del FCE, allá por la Condesa. Los presentadores: Georgina García-Gutiérrez, Evodio Escalante y León Guillermo Gutiérrez, investigadores de alto calibre, además de la autora, recién llegada a los ochenta años y a quien se le hizo un homenaje nacional el año pasado. Cada uno explicaba la impecable maestría de la obra cuentística de Dávila, señalando su incursión en los géneros del terror y el suspenso. Una presentación magistral, para ser franco. Al final del evento, además de compartir el vino de honor, la autora estaría firmando ejemplares de su libro. Luego de pedir la firma de Evodio Escalante y antes de formarme para la de Dávila, me reencontré con una presencia muy querida, Araceli Díaz Lamar, quien además de escribir en varios diarios, ¡¡es amiga de la autora!! (Ni modo, el mundo es un pañuelo...) Cuando llegó mi turno, mientras firmaba mis ejemplares de Muerte en el bosque y Árboles petrificados, le expresé a Amparo Dávila mi predilección por su cuento "Estocolmo 3", que me genera la misma conmoción una y otra vez que lo leo. Ella simplemente sonrió y me agradeció sinceramente por ello. Después de todo esto, Araceli y yo platicamos de muchas cosas: proyectos, entrevistas, escrituras, en fin... la vida misma; cuestiones que prolongamos hasta en el camión, cada quien a su respectivo hogar. No me arrepiento de haber tomado una excelente decisión.
Cada uno de estos encuentros, sea presentaciones de libros, pláticas y conferencias de y con los autores, no me cabe la menor duda que cada día trae su propia fiesta de las Letras; no es necesario que llegue un determinado día para celebrar la Literatura, sino que ésta debe celebrarse diario, sea leyendo, escuchando a un autor de viva voz o, sencillamente, comprando y/o regalando un libro. Y ya que menciono esto, si Borges siempre se jactaba de haber leído muchos libros, un servidor puede decir lo mismo con los ejemplares que ha regalado. (Mientras escribo estas líneas, una amiga mía estará disfrutando aquel libro de Juan Villoro que compré en Minería. Y ella sabe a qué me refiero.) Por ahora, no dejemos de disfrutar esa interminable "fiesta de las Letras" que es, sin temor a equivocarme, la vida misma. Verdad que sí.