domingo, 12 de julio de 2009

Un buen año bajo el sol de Toscana

Hace una semana, mientras revisaba con pocos ánimos el departamento de discos en el súper, me encontré un dvd que, por extraño que parezca, al fin se me concedió adquirirlo. Se trata de la película Un buen año (2006), dirigida por uno de mis cineastas favoritos, Ridley Scott.
Basada en la novela A year in Provence, del escritor británico Peter Mayle, cuenta la historia de Max Skinner (Russell Crowe), un ávido inversionista para quien no existen los fines de semana y sí las mil y un maneras de ganar dinero a montones. A raíz de la muerte de su tío Henry (Albert Finney), viaja al sur de Francia para encargarse del viñedo de su tío y esa estancia en Provenza hace que su vida de workaholic londinense comience a cambiar. (En un principio, pensaba vender la finca con todo y viñedo, sin embargo, las cosas le salen de otra forma.)
Mientras hace un inventario de las propiedades del tío, Max recuerda que las mejores lecciones de su vida, las recibió en aquellos lares; su tío Henry le enseñó a disfrutar de todas las cosas, y que si encontraba una muy buena, que no la soltara. Entre todas las sorpresas que recibe en Provenza, están la repentina aparición de una hija no reconocida de su tío, Christie Roberts, el empeño de Monsieur Duflot en cuidar el viñedo, y el reencuentro con Fanny Chenal (una Marion Cotillard en su mejor forma), quien termina por conquistar el corazón de Max luego de varios desencuentros. Precisamente, la aparición de estos personajes poco a poco afloja el ánimo mercantilista de Skinner y lo conmina a disfrutar de los pequeños placeres de la vida.
La película, si nos ponemos estrictos, es un divertimento romántico dentro de la obra de Ridley Scott, luego de haber filmado Alien, Blade Runner, 1492, La caída del halcón negro y Gladiador, pero no es así. Al tratarse de una historia sencilla, Scott nos hace una atenta invitación para regresar a las cosas simples de la vida, a dejar de lado el accidentado estilo de vida citadino. Inclusive, un sello que distingue a Un buen año, es la excelente selección de música francesa de todos los tiempos, desde el clásico de clásicos Charles Trenet, pasando por el rockero Johnny Hallyday, hasta la hiperconocida Alizée y su "Moi... Lolita", misma que corona un importante segmento de la peli.
Días después de haber visto Un buen año, recordé aquellas opiniones que varios amigos me hicieron a priori: "Es como Bajo el sol de Toscana, pero en masculino..." Afortunadamente, el dvd de dicha película cayó en mis manos y ya puedo sacar mis conclusiones.
También basada en una novela, Under the tuscan sun, escrita por la norteamericana Frances Mayes, y llevada a a pantalla de plata por Audrey Wells en 2003, cuenta la historia de Frances (Diane Lane), una novelista quien luego de su divorcio, viaja al norte de Italia a instancias de sus amigas para olvidarse de aquella mala pasada del destino. Sin embargo, el propio azar la invita a quedarse en Cortona, donde compra una vieja villa toscana sin saber qué cosas sucederan. Aquella descabellada ocurrencia le regala la amistad de Catherine, una actriz que transpira a cada paso las enseñanzas de Federico Fellini, y de un grupo de albañiles polacos quienes la hacen sentir como en familia. (Uno de ellos, Pawel, la toma como su celestina y protectora para así ganarse el amor de una niña del lugar.) Entre todas esas cosas, Frances recupera la chispa creativa y logra escribir su novela y ver que la vida siempre tiene una gran sorpresa para todos.
Ahora bien, seguramente más de un lector me dirá: "¡Pero sí son la misma cosa!" Siento decepcionarlos. Claro está que ambas películas (diría lo mismo de las novelas que les dieron origen) incitan a disfrutar de las cosas simples de la vida, de saber que sólo el carpe diem rige todo eso. Las diferencias, si se me permite, son las siguientes.
  • En Bajo el sol de Toscana, Frances busca cerrar una herida reciente; en Un buen año, Max recupera de su pasado los elementos para vivir mejor su presente.
  • Mientras Frances busca desesperadamente al amor de su vida en el primer parroquiano que se le presenta, Max descubre que las promesas de amor hechas en la infancia, después de un largo tiempo, aún gozan de cabal salud.
Y ahora, van las semejanzas. Mientras ambos reordenan su vida, no reparan en ayudar a sus semejantes: Frances le da sentido a los sueños de Catherine y Pawel, mientras que Max inspira nuevos ánimos a Duflot y Christie. Al final, esos detalles se ven recompensados con un nuevo amor que llama a la puerta. (Si se me escapan más cosas, digno es que vean las películas.)
Cierro estas líneas con una invitación para que se acerquen tanto a las películas como a las novelas que las originaron. (Confieso algo avergonzado que no he leído ninguno de los libros, pero haré lo posible por hacerlo algún día.) De algo estoy seguro: que al terminar de verlas, se verá la vida de otra manera, y saber que las mejores cosas que nos regala el tiempo, como el comercial de conocida tarjeta, no tienen precio, ¿verdad?

viernes, 10 de julio de 2009

Alejandro Jodorowsky ataca de nuevo

Para los activos y nuevos fans del chileno Alejandro Jodorowsky, anoche con la proyección de la película Fando y Lis por Canal 22, queda más que evidente la pluralidad con que este canal se ha movido a lo largo de casi dos años, cuando el novelista Jorge Volpi asumió su dirección. Para los cinéfilos de horas 24, fue una celebración de un cine que aún origina reacciones encontradas, a pesar de los cuarenta años de haberse filmado. Para los cinéfilos de nuevo cuño, el descubrimiento de un mundo nuevo. Sin embargo, ante todas estas respuestas, digno es voltear la mirada hacia el hombre detrás de esas películas, las cuales, cabe decir, hasta hace no pocos años, sólo circulaban en los sectores universitarios y, con un poco más de cuidado, hasta en la piratería.
Alejandro Jodorowsky Prullansky nació el 7 de febrero de 1929 en Tocopilla, pequeña ciudad al norte de Chile, en el seno de una familia judía. Desde muy temprana edad se acercó a la literatura, demostrando ser un ávido lector. Como sus intereses eran muy variados, viaja a Santiago, la capital, donde estudia la carrera de Medicina, misma que deja de lado para dedicarse a la Filosofía y a la Psicología. Además, se desempeña como mimo, bailarín y dibujante. Como buen escritor chileno en ciernes, se acerca a un importante grupo literario conformado por Pablo de Rokka, Nicanor Parra, Enrique Lihn, y teniendo como figura tutelar al gran Pablo Neruda. Jodorowsky alcanza cierta notoriedad al publicar sus primeros poemas, pero en el teatro se daría en su mayor expresión. En 1953 escribe su primera obra, El minotauro, y viaja a París para estudiar pantomima con Étienne Decroux, maestro de Marcel Marceau. Como integrante de la compañía de éste, viaja a México donde Salvador Novo y Rubén Broido lo convencen para quedarse y seguir haciendo lo que más le gusta: las marionetas, la pantomima y la dirección escénica; todas las obras que dirigió en México generaron, sobra decirlo, enconadas reacciones que lo mismo replantearon la perspectiva del teatro mexicano que suscitaron actos de censura. Y mientras se daba todo esto, Jodorowsky funda en París, junto al español Fernando Arrabal y el francés Roland Topor un nuevo movimiento artístico, el Pánico, donde cuestionaron a los anquilosados surrealistas y regido por tres cosas: terror, humor y simultaneidad.
Como los intereses artísticos de Jodorowsky son infinitos, en 1968 ingresa al mundo del cine (con muchas respuestas negativas por parte de los dinosaurios de la industria) con una película muy peculiar: Fando y Lis, basada en la obra teatral homónima de su amigo Arrabal, donde cuenta la travesía de una pareja de novios en busca de Tar, lugar ideal donde se halla la felicidad. Dicha opera prima genera tremendo escándalo, pero también un nuevo séquito de admiradores, que se consolidó con el estreno de El Topo (1970), una especie de western con toques de budismo zen. (Jodorowsky nos corrige: es un eastern.) Músicos de la talla de John Lennon y George Harrison ponderaron el trabajo del artista chileno.
Para 1973, y luego de sus primeras películas ganaran incontables premios en México y en el extranjero, Jodorowsky filma su trabajo más ambicioso: La montaña sagrada. Y las reaccione no se hicieron esperar; por una escena filmada afuera de la Basílica de Guadalupe, la Iglesia publicó una revista de ¡¡150 páginas!!, pidiendo la muerte del artista y acusándolo de hippie y sacrílego. Pero a Jodorowsky no le importó en lo absoluto esto. Su controvertida película aún circula y hasta motiva a la reflexión. Y como los alcances artísticos no paran, su siguiente empresa sería aún mayor: la adaptación fílmica de la novela Dune de Frank Herbert, para la que requirió la participación del actor Orson Welles, del pintor Salvador Dalí y del grupo Pink Floyd, a la que se unieron los dibujantes Moebius y H. R. Giger. Al final, dicho proyecto no se realizó, gracias a un boicot de Hollywood. (Sin embargo, algunos de los esbozos que Moebius y Giger hicieron para Dune, se emplearon para algunas secuencias de Star Wars y Alien, respectivamente, y David Lynch acabó por filmar su propia versión de Dune.)
Mientras Jodorowsky esperaba el momento idóneo para regresar al cine, se dedicó a la escritura de comics (junto a Moebius) y novelas de trasfondo autobiográfico, al igual que las lecturas de tarot, la psicogenealogía (estudio introspectivo del árbol genealógico) y la llamada psicomagia, donde retoma elementos chamánicos de las culturas autóctonas de México y Estados Unidos, y los fusiona con el teatro y el psicoanálisis. Para 1989, el cine regresa a su vida con Santa Sangre, película donde retoma de cierta forma el mito de Edipo. (Y la controversia no se hizo esperar...)
Finalmente, hablar de Alejandro Jodorowsky es una manera de acercarse a sus obras, sea en el género que se trate. Afortunadamente, Canal 22 proyectará el jueves próximo El topo, y el 23, La montaña sagrada. (La carretada de correos electrónicos en contra no cesará, pero al menos se logra difundir una obra única en su género.) Que esto también sirva para celebrar a un artista que llega a los 80 años tan joven como siempre, aunque Jodo se incline a decir que nació con el Universo. Verdad que sí.

jueves, 2 de julio de 2009

Emmanuel Carballo: el último francotirador

Casi como antesala de los sucesos venideros de 2010, la ronda de las efemérides se empeña en celebrar a dos genios de las letras mexicanas casi al hilo; si hace dos días, el festejado era un poeta, José Emilio Pacheco, hoy le toca el honor a un crítico de mirada afilada: Emmanuel Carballo, a quien anoche le fue entregada la Medalla Bellas Artes por sus 80 años. Pero vayamos por partes.
Emmanuel Carballo Chávez nació en Guadalajara, Jalisco, en 1929. Como a varios de sus paisanos, entre los que se cuentan Juan José Arreola, José Luis Martínez, Antonio Alatorre, entre otros, tuvo desde temprana edad un acendrado interés por las letras; mismo que lo llevó a publicar en revistas de la capital tapatía, donde Carballo inició su camino literario gracias a la poesía. Sin embargo, sería el ensayo su toral y verdadero campo de acción.
Al igual que sus coterráneos, viaja a la ciudad de México para proseguir sus caminos literarios. Junto a Carlos Fuentes anima la primera (y verdadera, según él) época de la Revista Mexicana de Literatura, que sienta un connotado precedente en las letras mexicanas. (Aquellos jóvenes autores, quienes publicaron sus primeras obras en sus páginas, hoy en día son las luminarias colmadas de premios y homenajes. ¿Verdad, JEP?)
A partir de 1958, Emmanuel Carballo incursiona en el género nada despreciable de la entrevista; un oficio meramente periodístico se volvió en él una prueba de vida. Su finalidad: conocer qué cosas hay detrás de los autores de las letras mexicanas, protagonistas de una época más que productiva. Desde José Vasconcelos, Alfonso Reyes y Artemio de Valle-Arizpe, pasando por Ramón Rubín, Salvador Novo y Agustín Yáñez, hasta llegar a Carlos Pellicer, Juan José Arreola y Carlos Fuentes, Carballo no sólo repasaba épocas, estilos y manías, sino también rescataba del olvido algunas cosas que, de no haber sido por él, muchas investigaciones al respecto no existirían. En 1965, el primer esfuerzo de esa empresa llevó por nombre Diecinueve protagonistas de la literatura mexicana. Dos décadas más tarde, la inclusión de otra señera figura al elenco, Elena Garro, condujo a que Carballo suprimiera el diecinueve del título y dejarlo tal y como hoy lo conocemos: Protagonistas de la literatura mexicana. En 1994, en un afán interminable por corregir y aumentar su obra, hace ligeras pero significativas adiciones a las cosas que dijo sobre los primeros antologados, pero también incluyó dos nuevos autores a ese non elenco: Mauricio Magdaleno y Juan Rulfo. Y como don Emmanuel quiere saldar cuentas antes que el tiempo le dé alcance, en la edición definitiva de 2005, finalmente incluye a Octavio Paz, con quien tuvo varios y enconados episodios de box intelectual en su vida.
En la obra de Emmanuel Carballo, además de su lectura de los clásicos mexicanos del siglo XX, también se dio tiempo para la crítica literaria. Dada su fama de puntilloso lector, lo mismo hacía pomada la obra de una figura consagrada que la de un novel autor. Los juicios de Carballo eran como balas expansivas: siempre daban en el blanco y generaban reacciones encontradas. En este rubro, se ganó en cierta manera el título de francotirador de las letras mexicanas. Incluso, este adjetivo dio nombre a una de sus compilaciones más famosas: Notas de un francotirador.
Entre la crítica y el rescate literario, Carballo dedicó una parte de su tiempo para escribir sus memorias (Ya nada es igual) y regresar muy brevemente a la poesía (Eso es todo). Aunque eso, cabe decir, no lo exime de seguir generando polémica. Algunos críticos actuales han reconocido el magisterio y la influencia de Carballo, pero aún le reprochan su retiro parcial de las letras. El último francotirador deja el campo de batalla y se dedica a reconstruir una vida puercamente vivida.
Termino estas líneas con una invitación y un reconocimiento. La invitación expresa para acercarse a las letras mexicanas mediante la lectura de sus obras; a pesar del tiempo transcurrido, aún suscitan tanto interés como debate. Y mi sincero reconocimiento a don Emmanuel por una vida, dicho en sus propias palabras, "puercamente vivida". Mil gracias.

martes, 30 de junio de 2009

José Emilio Pacheco: la memoria y la nostalgia

Tanto en el santoral cívico como en el religioso, siempre hay un buen pretexto para celebrar y recordar a los personajes que forjaron una nueva forma de decir las cosas, sea a favor o en contra de una sola perspectiva. Sin embargo, existe un determinado número de personajes que se niegan a inclinar la balanza hacia algún lado, sino que su labor primordial es hacer la crónica de los hechos, o mejor dicho, en describir la antesala de su desastre. Un ejemplo de ello: José Emilio Pacheco, quien además de todo, hoy cumple 70 años.
Nacido un día como hoy de 1939, José Emilio Pacheco Berny encontró en la palabra escrita el mejor medio para describir el mundo circundante, como todo escritor que se respete; sin embargo, a él le correspondió, desde el primer momento que tomó la pluma, en hacer la crónica paulatina del desastre que se avecina. Desde la publicación de sus primeras obras en la revista Medio Siglo, el sacerdocio literario de Pacheco se dirigió hacia el rescate de las cosas pasadas. Prosiguió esta labor en México en la cultura, suplemento del periódico Novedades, la Revista de la Universidad de México, y en La Cultura en México, de la revista Siempre! Desde estas trincheras hemerográficas, Pacheco reseñó cuanto libro le pusieran enfrente y creó una nueva forma de hacer literatura y periodismo al unirlos en una sección ya memorable: Calendario. Más adelante, en la revista Proceso, dicha serie se volvió Inventario, el cual aún espera integrarse a la obra pachequiana.
En la obra de José Emilio Pacheco, hay dos grandes constantes: la memoria y la nostalgia. En su poesía, regularmente abunda en temas nostágicos, por aquellas cosas que ya se fueron; cabe resaltar también que en la narrativa esto se halla presente. Preclaro ejemplo de ello: Las batallas en el desierto. (En el homenaje que se le hizo la semana pasada en El Colegio de México, Pacheco confesó que mucha gente, luego de leer su novelita, se ha sentido identificada con las cosas que allí pasaron, y que, si alguna vez se aventara a escribir sus memorias, seguramente lo tildarían de mentiroso. Vivir para ver.) Por el lado de la memoria, gracias a su infatigable pasión por leer cuanta cosa le pongan al paso, dio como resultado una novela sui generis (en tiempos de la nouveau roman, eso era moneda corriente), mostrando sus respetos hacia el Holocausto: Morirás lejos.
Ante una carretada de homenajes, mesas redondas y premios al por mayor, ¿qué más podría decirse sobre José Emilio Pacheco? Algunos detalles ratoneros como, por ejemplo, su acendrado empeño por corregir las ediciones subsecuentes de sus libros. (Recuerdo que, luego de una conferencia suya en El Colegio Nacional, corrigió, de puño y letra, una errata en mi ejemplar de Tarde o temprano, su poesía reunida hasta 2000.) Cada vez que se reedita un libro, claro, éste ya pasó por su criba correctiva. Otro detalle ratonero: siempre que la ocasión lo amerita, no deja de agradecerle a su esposa, Cristina Pacheco, por el tiempo que han pasado juntos, y al convertirse en testigos de una ciudad que se difumina día tras día.
Por último, si las palabras de quien escribe pecan de parquedad o no pasan de semejante villamelonada, reitero la invitación para acercarse a su obra, que nos depara una nueva sorpresa cada vez que la frecuentamos. Y aunque muchos se inclinan por contar entre sus favoritas a Las batallas en el desierto, El principio del placer, Ciudad de la memoria o El silencio de la luna (a título personal, me quedo con la segunda), hay poemas que no tienen desperdicio, como éste que comparto con todos ustedes. (¡¡Felicidades, José Emilio!!)

Inmemorial

El misterioso día
se acaba con las cosas que no devuelve.
Nunca nadie podrá reconstruir
lo que pasó ni siquiera en este
más cotidiano de los mansos días.

Minuto: enigma irrepetible.
Quedará tal vez
una sombra una mancha en la pared
vagos vestigios de ceniza en el aire.

Pues de otro modo qué condenación
nos ataría a la memoria por siempre.

Vueltas y vueltas en derredor de instantes vacíos.
Despójate del día de hoy para seguir ignorando y viviendo.

miércoles, 24 de junio de 2009

Björk o el imperio de la versatilidad

Entre los muchos descubrimientos que hice en mi época lejana de preparatoriano, se encuentra mi acercamiento hacia cierta estación de radio, de la cual sólo quedan fragmentos en la memoria colectiva. Sin embargo, del polvo de aquellos lodos, rescato la presencia de una cantante non que, aún hoy, me sigue haciendo mella: Björk. (Al mencionarla, sé que digo todo, pero me aviento.)
Un requisito fundamental para todas aquellas cantantes inclasificables, es haber nacido en una geografía alterna a la habitual. Éste es el caso de Björk Guðmundsdóttir, nacida en Reikiavik, Islandia, el 21 de noviembre de 1965. Se dice que las familias versátiles suelen parir genios en potencia, y en Björk no fue la excepción, dado que su madre es una acérrima activista en pro de la ecología, y su padre, un acendrado guitarrista de rock, una especie de Eric Clapton islandés, quien llevó a su hija por los senderos de la música y la composición. Y por el lado materno, Björk se interesó por las ciencias naturales, la física y el jazz.
Cuando los caminos llaman, debe ser por una razón de peso; desde temprana edad, Björk dio muestras de su talento interpretativo, sea en reuniones familiares o escolares. Una interpretación muy suya de "I love to love" llegó a oídos de una casa disquera islandesa, quien decidió firmar un contrato, mas nunca se concretó, y otro sello discográfico entró al quite. Así, en 1977, sale a la luz Björk, su primer álbum solista, y compuesto por varios covers.
Como los intereses musicales de la islandesa eran igual de disímiles como sus lecturas tempranas, Björk peregrinó a lo largo de casi una década por el punk, el fusion jazz y el pop, hasta llegar a 1986, cuando forma, junto a otros músicos, The Sugarcubes. Su canción más famosa, "Birthday", dio a la banda un sello casi depresivo, sin dejar a un lado el pop. Fue tanta la fama que obtuvo dentro de The Sugarcubes que su siguiente paso, una vez ya fuera del grupo, fue atravesar el Atlántico. Y al llegar a Londres, donde radica hasta la fecha, comenzar de cero con un nuevo estilo, cada vez más personal.
Influida por el dance londinense, sale a la luz Debut (1993), del que se desprenden "Big time sensuality", "Human behaviour" y la conocidísima "Violently happy", que evidencian un talento desmedido, pero también una predilección por los temas depresivos y algo meditabundos. (Que levante la mano o tire la primera piedra quien alguna vez no se haya identificado con "Violently happy".) Cabe destacar que ese talento se reflejó de igual manera en sus videoclips, algunos de ellos dirigidos por Michel Gondry, donde se transpira creatividad a cada segundo.
Su segundo álbum, Post (1995) sólo confirmó lo ya conocido: un estilo desenfadado, álgido y movido (tal es el caso de "Army of me"), pero nos regaló una joya musicalmente hablando: "It's so quiet", donde regresa el jazz de sus orígenes. En el caso particular de esta canción, Björk nos demuestra que cualquier género (si se permite la etiqueta, claro) le queda corto. En una palabra, la versatilidad -en lo que a música se refiere- se torna su escudo de armas. Más ejemplos de ello: Homogenic (1997), Vespertine (2001), Medulla (2004) y Volta (2007), su más reciente producción.
Ya que hablamos de versatilidad, Björk también ha incursionado en otros mundos diametralmente ajenos a la música, como, por ejemplo, el cine. En Prêt-à-porter (1994), de Robert Altman, tiene una breve aparición en el papel de una modelo, pero en Dancer in the dark (2000), de Lars von Trier, donde su interpretación como Selma Jezkova se lleva las palmas. Y, de refilón, convence al público no dado a los musicales. (Como quien dice, fue al Polo Norte a vender paletas ¡¡y las vendió!!)
La crítica musical, alguna vez lo dije, no es mi fuerte, y haciendo este tipo de apuntes, menos aún. De algo estoy seguro: del gusto renovado que tengo por la obra de Björk. Donde yo veo versatilidad, algunos observan polémica y no es para menos. Al ser una artista de alcances internacionales, debe permanecer al tanto del movimiento de este mundo, sea a favor de la ecología (como su madre), sea en pro de un mejor trato humano. (Quien recuerde aquel grito "Tibet, Tibet!!" al final de un concierto en China, luego de interpretar "Declare independence", sabe a qué me refiero.) Por ahora, me declaro admirador de su música y la última palabra, claro está, la tienen los verdaderos fans. ¿No es así?

martes, 16 de junio de 2009

Diez cosas para mi "cumple"

A lo largo de mi vida, he pasado por todas las latas que conlleva la celebración de mi cumpleaños, cualesquiera que se traten o se llamen. Desde la típica mordida al pastel, pasando por los regalos con pinta de roperazo, hasta los olvidos voluntarios y los desayunos, comidas y cenas en fast track. Ahora bien, a un paso de pisar la raya de la edad de los nuncas, decidí hacer una lista sobre cómo y qué me gustaría tener en mi cumple.
  1. No soplarme las típicas, aunque engorrosas mañanitas, en cualquiera de sus versiones. (Si deseo de todo corazón aceptarlas para no hacer cara de fuchi, más vale que sean interpretadas por la OFUNAM, con salterio del Porfiriato, o, ya de perdida, por una marimba chiapaneca. No pido más.)
  2. Conocer las efemérides del día, a lo menos para saber con quien tendré que compartir tanto el santoral cívico como el religioso, luego que la diosa Fortuna se digne en inscribir mi nombre con letras de titanio en los anales de la vida.
  3. Escuchar mi música favorita de toda la vida (Serrat, Vangelis, St. Germain, Duke Ellington, etc.), o en su defecto, la canción de moda que contraataque mi subconsciente cada vez que éste se deje. (Mis sugerencias: "Lovers in Japan" de Coldplay, "Poker face" de Lady Gaga, y "No soy una señora" de María José.)
  4. Comprar un libro que me interese mucho leer, por encima de toda la avalancha que tengo y debo leer. (Cada año hago esto, así que no tendré problema alguno.) Pero si alguna de mis amistades decide regalármelo, igual queda de súper lujo.
  5. Tomarme el debido tiempo para recorrer las exposiciones de moda en los museos de la ciudad. (El MUNAL es buena sugerencia, ¿no creen?)
  6. Comer opíparamente en algún restaurante de comida china o mexicana, dada mi fama de gourmand. (También se aceptan sugerencias.)
  7. Platicar con algún escritor sobre las latas de la letra; para que se cumpla esto, suele verse de varias maneras: en la presentación de un libro, una conferencia o, simplemente, en un tête-à-tête, con café y bizcochos.
  8. Pasear por la ciudad con una mujer hermosa e inteligente, tomados del brazo, bajo una noche lluviosa o cálida, según el pronóstico del tiempo lo indique.
  9. Levantarme más temprano que de costumbre y contemplar por la ventana cómo el día va entrando a la vida, mientras tengo en la mano derecha una taza de café con leche, y en la izquierda, un chocolate Turín relleno de rompope.
  10. La más importante, recibir las muestras de afecto y admiración de mi familia, mis amigos, mis colegas y mis lectores, quienes son y serán los verdaderos artífices de esta vida breve que llega a otro año más.
Bien sé que toda vida es digna de ser vivida, sin embargo, la única cosa que nos diferencia del resto del mundo, es la manera de hacer las cosas. Como alguna vez me dijo Javier Garciadiego, "lo importante es hacer las cosas con pasión". Verdad que sí.
Bonne Anniversaire!!!

lunes, 15 de junio de 2009

Inspiración para Leyvi Castro

Compartir el silencio encendido
bajo los linderos de la nostalgia,
donde la promesa de un hola

se torna en presente adiós.

domingo, 14 de junio de 2009

¡¡¡Felicidades, Elise!!!

Ya se ha dicho en incontables ocasiones que celebrar a una de las mujeres que conforman el entramado de la Nueva República de Babel, es hacerlo hacia una actitud, una mirada, un tiempo; y esto incluye el pensamiento a contra corriente que forma parte de su vida. Verdad que sí. Ahora bien, hoy le corresponde a la socióloga Elisa Cuevas convertirse en la recipiendaria de estas palabras.
No recuerdo exactamente cuándo y cómo conocí a Elisa. Nada más sé que coincidimos en el mismo lugar, que por sabido se omite. La primera vez que la vi en acción, es decir, en el debate puro, acompañaba al Mtro. Raymundo Ramos, a quien ella profesa una sincera y extensa admiración. Aunque Elisa maneja (¡¡y muy bien!!) los temas políticos, también le dedica tiempo a las cuestiones humanísticas. Me explico. Pasa rápidamente de tema sin dejar de lado el sentido de la conversación. No hay tema que no pase por su katana crítica.
Aparte de esto, destaca de ella su cordialidad en el trato diario; resalta en público los aciertos de un colega, pero en privado te hace ver los errores, siempre con la misma actitud y con una disposición titánica para escuchar a quien se deje. Además, su espíritu solidario (que no solitario) hace de ella una óptima elección. Y si le sumamos que heredó algo de ello a su hija Edna (y, al paso que lleva, su nieto Leonardo también habrá de), estamos frente a una mujer íntegra, franca y congruente. (En el diccionario personal de un servidor, Elisa entraría por default en la palabra determinación.)
Querida Elise, hace ya tanto tiempo que llevo de conocerte, y cada día te reinventas a ti misma. Sin embargo, esto hace que renueve día tras días todas mis muestras de admiración. Tus dos retoños pueden estar tranquilos, dado que los llenas de orgullo. En pocas palabras...
¡¡¡Felicidades, Elise!!!

viernes, 12 de junio de 2009

Carta prometida para Hernán Lara Zavala

Querido Hernán:

Hace cinco meses tuvimos un primer encuentro, donde cumplí mi palabra al localizarte unos ejemplares de tu libro Contra el ángel, mismos que te entregué aquella tarde en el Sanborns de San Ángel. Primero me dedicaste un ejemplar de Península, Península, tu última novela, y luego unos ejemplares (para una amiga mía, que cumplió años ese día y para quien escribe) de tu Antología personal que publicó la Universidad Veracruzana y que te inspiró un grato sobrenombre hacia mi persona: el caza libros. Al final de nuestro encuentro, me dijiste lo siguiente: Esperaré tus críticas sobre mi novela. (Gracias de antemano.) Más vale tarde que nunca, helas aquí.
Antes de Península, Península, nunca había leído alguna obra tuya. (Bueno, algunos ensayos y un cuento, pero hasta ahí.) De inmediato, comencé a leerla y la manera como describes los paisajes de la península de Yucatán me dejó maravillado que no solté el libro en toda esa semana. (Con esa sola intención, ya tenías asegurado un sincero lector; que no quede allí.) Al principio, me costaba seguir historia tras historia; no terminaba un capítulo con personaje diferente cuando ya me presentabas a otro muy distinto; al llegar al fin de la primera parte, ya había ahondado en las vidas de muchos personajes, quienes sufrían un díficil tiempo al presenciar y vivir la inminente guerra de castas de 1848. (Si me permites, aquí cabría decir que para un lector ávido de conocer sobre este hecho, tu novela está que ni mandada a hacer. Bueno, con sus debidas distancias respecto a un sesudo estudio de sobra conocido.)
Cuando inicié la segunda parte, ya pude ver ampliamente la presencia de un escritor en lengua inglesa muy querido por ti, William Faulkner, quien alguna vez jugó con el tiempo y las vidas de sus personajes para contar una historia, en apariencia local, meramente universal. (Por la estructura de los capítulos, me recordó Las palmeras salvajes, y el título, claro, me remite a Absalon, Absalon.) No me cabe la menor duda que la Península (léase Yucatán, Campeche y Quintana Roo) es tu propio Yoknapatawpha; también tu Comala o Macondo, si se quiere ver así.
Hernán, aún hay muchas cosas que decir sobre tu novela. Por ahora me limito a expresarte mi más sincera admiración y desearte que sigas escribiendo otras, porque para los cuentos y los ensayos, más que escribirlos, los transpiras. La próxima vez que el tiempo nos haga coincidir en alguna presentación, tendré la oportunidad de expresarte todas estas apreciaciones.
Nuevamente, muchas gracias por tu novela. Te mando un fuerte y fraternal abrazo.
Sinceramente,
U.V.