jueves, 11 de junio de 2009

Fernando del Paso en la Academia

Octavio Paz dijo alguna vez, en ocasión del ingreso de Salvador Elizondo a la Academia Mexicana de la Lengua, que con este acto, la Academia se volvía un recinto mitad cofradía, mitad club literario. Casi treinta años después, sus palabras tienen una vigencia perenne, dado que el ingreso a sus filas de un nuevo miembro, origina esa misma impresión. Y la presencia en sus filas del escritor y artista plástico Fernando del Paso no es la excepción, cuya ceremonia se llevó a cabo hace unas horas.
Minutos antes de las 7 p.m, hora de inicio de la sesión pública y solemne de la Academia Mexicana de la Lengua, al Salón de Recepciones del Museo Nacional de Arte (MUNAL) comenzaban a llegar, entre público en general, varias luminarias de la ciencia y la cultura, como Consuelo Saízar, Ignacio Trejo Fuentes, Dora Pellicer, posiblemente a Víctor Díaz Arciniega, entre otros, quienes veían la paulatina llegada de los insignes miembros de la AML. Quien esto escribe, llegó diez minutos antes de la hora citada, mismos que empleó para saludar, primero, a Carlos Gorbea, abogado de lustre histórico, y luego a la queridísima Maribel Báez, rostro dinámico de la Dirección de Literatura del INBA. Después de acomodarnos en nuestros respectivos lugares, Carlos, un amigo suyo y un servidor aprovecharon la cercanía de sus asientos para saludar a Fernando Serrano Migallón, Diego Valadés, Felipe Garrido, Concepción Company, Ascensión Hernández Triviño y Vicente Quirarte, quienes agradecieron nuestra asistencia. (Con mi querida Chonita la charla fue muy breve, dado que la ceremonia comenzaría en algunos momentos más, pero se mostró muy contenta con mi presencia por aquellos lares.)
A las 7 en punto, dio comienzo la sesión pública y solemne donde Fernando del Paso, haría más que oficial su ingreso como Académico correspondiente, con la sola lectura de su discurso de ingreso acerca de una de las lenguas que conforman, en buena medida, al español: la lengua sefaradí. Del Paso nos llevó de la mano por la historia de esa lengua, nacida en tierras españolas durante la dominación judeoárabe; también hizo énfasis en los avatares que pasó la lengua luego de la expulsión de los judíos de España en 1492, mismos que mantuvieron en constante peregrinaje a sus hablantes, desde Bulgaria y Grecia hasta Turquía y Tierra Santa. En otra parte de su trabajo, Del Paso hizo una breve revisión a todos los estudios en torno a la lengua, mismos que forman un precedente en lo que a estudios filológicos y lingüísticos se refiere. Un dato de su discurso que me dejó maravillado, es el hecho de que Francisco Franco, durante la Segunda guerra mundial, pasara de antisemita a filosefaradí. (Quien fuera, por casi cuarenta años, émulo del demonio, para una comunidad rica en cultura, fue su acendrado salvador. Cosas de la vida.) Finalmente, la participación del autor de Noticias del Imperio, cabe decir, fue algo breve, respecto de otras sesiones.
Después que el Director de la AML, José G. Moreno de Alba, distinguiera a Fernando del Paso con la venera y el diploma que lo acreditan como miembro de la Academia, cedió la palabra al escritor y filólogo Ernesto de la Peña para responder al discurso del nuevo recipiendario. Éste dedicó su intervención en ponderar, según él, sus mejores novelas: José Trigo, Palinuro de México y Noticias del Imperio, calificándolas por su maestría como galaxias plurimembres.
Al final de tan sonado evento, el público asistente aprovechó para saludar a Del Paso y hasta tomarse fotos con él; algunos aprovecharon para acercarse a otros escritores y pedirles la respectiva rúbrica. (En mi caso, fueron Ernesto de la Peña y Vicente Quirarte, quienes se mostraron sorprendidos al ver las ediciones que yo tenía; aún así, me agradecieron sobremanera ese gesto.) Mientras unos le sacaban jugo al festejado y otros bajaban al vestíbulo principal del museo para tomarse un vino de honor, me reuní con tres amigos míos, Eduardo Arcia, Elvia Luna y Fortuna Totah, a quienes veo cada miércoles en la Academia Mexicana de la Historia. Estaban maravillados por el evento y no pensaban retirarse sin antes departir un buen vino con ellos. Y mientras llegaba ese momento... ya tenía seguros los discursos de ingreso de Fernando Serrano Migallón, Felipe Garrido, Julieta Fierro y Concepción Company. (A su debido tiempo contaré cómo me fue con ellos.)
Para finalizar estas líneas, al fin me tomé un buen vino y uno que otro refresco con mis colegas; mientras Eduardo y Elvia esperaban su turno para que Del Paso les dedicara sus ejemplares, platicaba gustoso con Maribel sobre las latas de la investigación bibliográfica. (Gracias a una amiga mía, posiblemente ya no tendría tantos problemas con un tema que la tiene en un hilo. A ver qué sucede.) Luego de presumir sus libros ya firmados, emprendimos paulatinamente la retirada, satisfechos de un evento muy sonado. Y si le sumamos la excelsa iluminación de los palacios circundantes, no cabe duda que compartimos el tiempo en la capital de la cultura. Minería, Correos, Bellas Artes, el propio MUNAL, definitivamente maravilloso. Una noche sin igual, y eso gracias a Fernando del Paso y la Academia Mexicana de la Lengua. ¡¡Gracias!!

lunes, 8 de junio de 2009

Cìao, Alejandro Rossi

Esta semana inicia de capa caída para las letras mexicanas, con el sensible fallecimiento del escritor, filósofo e investigador universitario Alejandro Rossi, a quien el destino galardonó con el Premio Xavier Villaurrutia en 2006 por su primera novela Edén. Vida imaginada., luego de habernos regalado sendos libros de cuentos y ensayos como La fábula de las regiones, Un café con Gorrondona, Cartas credenciales y el clásico Manual del distraído; obras que no hace mucho tiempo el Fondo de Cultura Económica conjuntó en un tomo de Obras reunidas. Trabajos que evidencian un talento innegable y una maestría en el uso del español.
Al igual que varios de sus compañeros de generación, como Salvador Elizondo y José de la Colina, Alejandro Rossi Guerrero tuvo un origen o una primera formación en el extranjero. Nacido el 22 de septiembre de 1932 en Florencia, de padre italiano y madre venezolana, tuvo una vida errante que lo llevó de Italia a Aregentina, de ahí a Venezuela, para luego llegar a México, donde declaró residencia hasta el fin de sus días. Realizó estudios de Filosofía (fue un destellante alumno del no menos eminente José Gaos), mismos que perfeccionó en Alemania, al lado del polémico Martin Heidegger, y en Inglaterra. Como investigador en esta materia, deriva un libro clásico en su género: Lenguaje y significado.
Sin embargo, para las letras mexicanas, no fue sino hasta la década de los setenta cuando dio sus primeros destellos de creatividad, cuando Octavio Paz lo invita a colaborar en la revista Plural. Mientras vivía las latas de la edición, Rossi comenzó a publicar una serie de ensayos y relatos cuyo afán primigenio fue llenar una página libre de la publicación. Pero esos textos fueron más allá. Con ese particular estilo de contar una historia, nació para las letras mexicanas un escritor singular. A partir de allí, Rossi se volvió una leyenda tanto en Plural como en Vuelta, donde también regaló sus obras y su tiempo. (Cabe decir que fue el director suplente de la revista mientras Octavio Paz se encontraba en Londres.) También hizo lo propio en Letras Libres, heredera de las anteriores.
Una característica evidente en la obra de Rossi es la forma con que plantea un asunto, cómo presenta una anécdota, y al final, lo que parecía obvio resulta que no era como se veía. Esto es más que evidente en La fábula de las regiones y Un café con Gorrondona. Cuestión que lo emparenta con Salvador Elizondo y José de la Colina, grandes amigos suyos además de todo. Un talento más que genial encontró asilo tanto en la UNAM como en El Colegio Nacional.
El pasado sábado 6 de junio, las letras mexicanas pierden a un genio más, cuya obra se encuentra más que abierta y digna de suscitar grandes sorpresas y nuevos lectores. (A título personal, prefiero los ensayos de Cartas credenciales, libro que lleva el nombre de su discurso de ingreso a El Colegio Nacional.) Sin embargo, para las letras no hay tiempo y siempre será un buen momento para acercarse a la obra de Alejandro Rossi. Por ahora, el duelo es evidente, mas no eterno.
Cìao, Alejandro Rossi!!!

jueves, 4 de junio de 2009

Carta viajera para Adolfo Castañón

Admirado Adolfo:

Hace unos meses, asistí a la ceremonia de entrega del Premio Xavier Villaurrútia conferido hacia tu persona y en particular, hacia tu libro Viaje a México. (En aquella ocasión, aproveché para que me dedicaras mis ejemplares de Arca de Guadalupe y de tu discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua.) Lamentablemente, aquella noche de tu premio no pude comprar ese interesante volumen, y no fue sino hasta hace dos semanas cuando me hice de un ejemplar. Las presentes líneas no son más que la consecuencia de su lectura.
Comienzo con una confesión de mi parte; cuando leo libros de ensayo, por lo regular siempre leo sin seguir el orden propuesto, es decir, que primero leo el artículo que me genera mayor interés, para luego seguir con otro muy distinto, y así sucesivamente, hasta haber leído todo su contenido. Recuerdo que comencé con el ensayo sobre Salvador Elizondo, mismo que dejó maravillado por la serie de datos que proporcionas. Mientras me sumergía más a profundidad en su lectura, me topé con algunos textos ya conocidos: el aniversario 50 del Fondo de Cultura Económica, la crónica de la premiación de Octavio Paz en Estocolmo, y el clásico retrato de tu padre, Jesús Castañón Rodríguez, eximio hombre de libros. (La primera vez que los leí, fue gracias a pequeño volumen llamado El jardín de los eunucos.) Al leerlos de nueva cuenta, me dije: "Si buena parte de los textos de Viaje a México son de factura reciente, ¿por qué me topo con éstos ya conocidos?" Un lector más drástico que quien escribe, diría que ya no tienes más obras que mostrar. Falso. Más bien estos textos ayudan un poco al resto por un sencilla razón: recordar una tradición, un origen donde coincidan todos. Tanto los aniversarios editoriales y las crónicas de un escritor en tierras extrañamente amistosas como los retratos librarios y las remembranzas cafeteras, son formas distintas de celebrar la literatura, donde el corazón -en paralelo con el pensamiento- escribe sus mejores páginas. Por ello, no es gratuito que obras ya conocidas convivan en igualdad de condiciones en un volumen tan exquisito como señero, donde la sorpresa es el pan de cada día.
Paréntesis aparte, Viaje a México (título que remite a aquel volumen homónimo de Paul Morand) se encuentra completamente emparentado, por un lado del charco atlántico, con el Exercises d'admiration de E.M. Cioran, y por este otro extremo del mar, con Retratos personales y Los días del maestro, de tus coevos mexicanos Enrique Krauze y Vicente Quirarte, respectivamente. (Si Mexicanos eminentes y Peces del aire altísimo, son los egregios recipiendarios de aquéllos, Viaje a México tiene un tremendo precedente en ese clásico contemporáneo de nombre Arbitrario de literatura mexicana.) Al leer tanto a Andrés Henestrosa, Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes y Fernando del Paso, como también a Jaime Sabines, Salvador Elizondo, Juan García Ponce y José Emilio Pacheco, estás leyendo al mundo, es decir, a México, donde te tocó vivir y escribir. Y ya que menciono la palabra México, el texto homónimo que abre el libro es una suerte de "carta de creencia", donde tu admiración por el país no sólo se queda en la letra impresa, sino en los viajes hacia el interior, evidenciando otra cara, muy distinta a la habitualmente ofrecida hacia el exterior. En una palabra, Viaje a México es más un itinerario hacia el origen que otra cosa.
Finalizo estas líneas con una invitación para aquellos lectores interesados en conocer otra manera de ver las letras mexicanas, para que se acerquen a tu libro y vean otra forma de ese México que nos recibe y circunda. No me cabe la menor duda de que Viaje a México logró (y con creces) su cometido. Adolfo, te agradezco sobremanera por las cosas buenas que me regaló (ésa es la palabra) tu reciente obra. Habrá un día para hacerlo de viva voz. ¡¡Muchas gracias!!
Cordialmente,
U.V.

domingo, 31 de mayo de 2009

Las tentaciones del "holacinco"

Hace cuatro años, decidí dar el gran salto y zambullirme en las agrestes aguas de la internet y abrir mi cuenta de correo electrónico. Hace dos años y pico, inauguré este lugar en la red donde tanto pasiones como obsesiones conviven en igualdad de condiciones. Ahora toca el turno a un extraño medio de relación social que hasta ahora no me ha dado fallas, y que denominaré con el nombre de holacinco. (Cabe mencionar que sus más cercanos competidores, caralibro y miespacio, son también los más sonados en estos lares virtuales.)
Recuerdo que en mi bandeja de correos llegaban, además de los avisos para coloquios, las cálidas misivas de grandes amigos y la publicidad institucional, las invitaciones de varios amigos míos para incorporarme a las filas del holacinco. Por un tiempo supe capotear esos mensajes y no darles alguna importancia. Sin embargo, luego de ver los perfiles públicos (ahora privados) de varias amigas, me entraron unas ganas de hacer lo propio, pero no pasaban de allí. Un sábado por la noche, luego de responder varios correos y hacer las anotaciones respectivas en esta bitácora en red, al final tuve que ceder. Y me registré.
En un principio, con sólo poner una foto mía y mis datos bastaba y sobraba, mas no era así. A medida que me integraba a ese mundo, llegaban sendas invitaciones de amigos, conocidos y nuevos rostros por conocer. Estuve algo escéptico, claro, pero luego aprendí sobre la marcha y ahora domino el holacinco tan bien que ¡¡hasta ya me piden asesorías!!
Además de agregar a los amigos de ayer, hoy y siempre, se da la oportunidad para conocer a nuevas personas, ya sea por algo que lees, escuchas o simplemente compartes, por mínimo que esto sea. Y si le sumamos el uso de diversos artilugios como bebidas virtuales, animaciones so cute, competencias de videos y música preferida, podría decirse que la diversión es lo único que importa. Sin embargo, existen los perfiles un poco más serios y dados a la difusión de un tema en particular; que equilibran sus opiniones en grupos o círculos de debate dentro del sistema. Desde mascotas y música pop hasta Astor Piazzolla y amantes del café, todo tema origina debate y/o coincidencia.
Bien sé de los peligros que este tipo de páginas conlleva, pero no me inclino a resaltarlos; lo único que se nos pide es cautela: no mostrar más de lo debido. Y si alguién decide cuidar hasta su propia sombra, simplemente se hace un tipo de blindaje y sanseacabó. Algo más: no se puede anexar a cualquier persona a una lista así porque así: teniendo cuidado con esto, el resto es pura mermelada.
Con todo, dejarse llevar por las tentaciones del holacinco es bueno; hacerse el Odiseo ante el canto de las sirenas sí resulta óptimo, lo reconozco, pero no todas las sirenas son policiacas. O ustedes ¿qué piensan? Mientras tanto, seguiré navegando por esas extrañas aguas y recuerden que estas líneas son sólo una opinión: la última palabra corre por su cuenta. ¿Verdad?

viernes, 29 de mayo de 2009

Carta sincera para Ana Colchero

Querida Ana:

Anoche, durante la presentación de la novela Yo, la peor de Mónica Lavín en el Claustro de Sor Juana (donde leíste fragmentos significativos de la misma), tuve la oportunidad de acercarme a ti y pedirte que me dedicaras un ejemplar de tu novela Entre dos fuegos, el cual muy amablemente estampaste con tu rúbrica y luego te retiraste, no sin antes escuchar que me había gustado. Sin embargo, no dije todo lo que quería decir.
Hace tres años, entre las novedades literarias de aquel tiempo, apareció una novela muy sui generis que comenzaba a interesarme, más por la temática que por el nombre de la autora. Me refiero a tu primera novela, Entre dos fuegos, que generó muy buen recepción por parte de tus primeros lectores, entre estos el mismísimo José Agustín. Sin embargo, no leería tu obra sino tres años después.
Mi encuentro se dio de la manera más inusitada; en una de mis forzadas escalas en el súper (donde compré un foco para la lámpara de mi escritorio), en la sección de Libros me topé con tu novela, la cual estaba a un precio bastante accesible. Sin dudarlo, la compré. (Mi inconsciente me gritaba ¡¡Ya no quiero libros sino leer!!, pero al llegar a casa, quité la envoltura de celofán y me dispuse a leerla.) A medida que pasaba las páginas, me involucraba en dos historias paralelas: una, la del presidente Orihuela, quien en su afán por perpetuarse en el poder unos años más, preparaba un suceso funesto; y la otra, la historia de amor de Jan y Soledad, quienes hacen coincidir sus inciertas vidas y tienen un destino en sus manos: él, como artesano; ella, en la cocina. Respecto a la historia política, se ve que conoces el engranaje que mueve al poder político, porque describes que detrás de las intenciones de Orihuela, se hallan muchos secretos y mentiras de sus colaboradores, quienes buscan sólo un ligero pretexto para tirarlo del pedestal y hacerse del poder.
Sobre el romance entre Jan y Soledad, la cosa cambia. Ambos provienen de familias diezmadas por los avatares de la vida; un exilio exterior, a su vez interior, es quien escribió sus postreras vidas. Jan, de origen polaco y cuyo padre buscaba un mejor porvenir para él, halló en la carpintería el modo de construir su mundo, de mandar a segundo plano el exilio donde se encuentra inmerso. En el caso de Soledad, con un padre cariñoso y una madre estricta, encuentra su mundo en la cocina, donde aprende grandes lecciones de su cocinera, a la postre su mejor amiga. Cuando Jan y Soledad se encuentran por primera vez, se ven como dos extraños; a la larga, las barreras que los separan (la madre de ella, el pasado de él). Al final, Jan y Soledad coinciden el uno con el otro. (No cabe duda que esta novela la escribiste con pasión, tinta con la que se escriben las grandes obras. Sólo el tiempo dirá si me equivoco o si acierto.)
No me pico de experto en narratología, pero la manera como alternas las dos historias, me parece algo "faulkneriana", por tratarse de dos cosas muy distintas, sin embargo, logras unir los cabos de ambas y hace de ello una novela, amén de entretenida, digna del mejor seguimiento. No exagero al decirlo, aunque aquí se aplique el consejo que Pablo Neruda le dio a un joven Antonio Skármeta: Todos los primeros libros de autores jóvenes son buenos. Mejor esperemos el segundo. Y sí, ya viene el siguiente para constatarlo.
Querida Ana, además de tu innegable talento en los escenarios (te extrañamos en la televisión, por cierto), ahora puedes jactarte de ser una destellante novelista, cuyas primeras obras serán el comienzo de muchas otras. Y aunque reciba réplicas y reclamos de terceros -¡¡y por carretadas!!-, no me cabe la menor duda de que eres muy buena novelista. Verdad que sí.
Muchas gracias por tu libro y mis mejores deseos para el siguiente. Recibe un fraternal abrazo y un beso.
Afectuosamente,
U.V.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Thomas C. Smith Stark

Recuerdo que hace más de dos años, fuiste el moderador de mi mesa y, por tanto, de mi primera participación en los encuentros de la SOMEHIL.
Recuerdo también que compartimos la hora de la comida en el restaurante del Museo de Antropología. Fue en septiembre y estaban en nuestra mesa Pilar, Chonita, Julio Alfonso, Carmen, Dora; tu compañía y buen humor sólo podían equipararse a los del Dr. Hans-Joseph Niederehe, con quien convivimos aquella tarde. Aún así, siempre salías airoso.
Tampoco se me olvida el pequeño aventón que me diste a Reforma, durante una semana de fuertes manifestaciones, donde -literalmente- salimos de un "atrincherado" Castillo de Chapultepec. (Allí te prometí que algún día iría a visitarte a El Colegio de México.)
También viene a mi memoria tu siempre sorpresiva cámara fotográfica en los cursos donde coincidíamos alegremente.
Sin embargo, todas estas cosas son sólo una ligera muestra de aquella persona admirable, trabajadora y, sobre todo, íntegra. Quienes te conocimos, en lo público y en lo privado, sabemos muy bien que la palabra que mejor te define es entusiasmo.
Gracias por todo, querido Thomas.
(We'll miss you.)

lunes, 18 de mayo de 2009

Mario Benedetti: Adiós, poeta

Cuando muere un poeta, una parte del mundo se desmorona y la poesía sólo se vuelve un montón de palabras. Sin embargo, para quienes frecuentamos ese mundo, nada más nos queda un consuelo: saber que estas palabras generaran nuevos y mejores enlaces y así una obra prístina y señera permanecerá a nuestro lado.
Ayer por la tarde, mientras veía las noticias, me entero de la muerte del poeta uruguayo Mario Benedetti (Montevideo, 1920-2009), a los 88 años, cuya obra es de sobra conocida por todos los confines del planeta. Como no me interesa hacer una necrológica más, comparto con ustedes un poema suyo, puesto que la poesía siempre habrá de salvarnos, si no la vida, al menos el día. (Además, es mi favorito.)

Te quiero

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.


(¡¡Adiós, poeta!!)

lunes, 11 de mayo de 2009

Un provocador profesional llamado Dalí

Cada que un pintor hace su aparición en el mundo, el tiempo se detiene sin pedir nada a cambio. Y cuando una obra señera y única se inscribe en la vida, muy a pesar de sus cualidades y defectos, mejor aún. Es este el caso del pintor español Salvador Dalí, a quien hoy recordamos en su cumpleaños 105.
Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domenech nacido en Figueras, Cataluña, fue un niño con intereses variopintos; lo mismo el futbol que el arte contemporáneo. Tanto fue su acendrado interés por esto último que en 1922 viaja a Madrid para estudiar en la Academia de Artes de San Fernando y se aloja en la legendaria Residencia de Estudiantes, donde entrabaría amistad con otros dos genios: Federico García Lorca y Luis Buñuel. Sin embargo, los intereses del joven Dalí iban más allá de lo estrictamente académico y esto origina su expulsión de la Academia de Artes. Para un muchacho admirador de Picasso y Joan Miró, el mundo aún estaba por escribirse, o mejor dicho, por pintarse.
En 1929, en mancuerna con Luis Buñuel, ahora convertido en cineasta, realiza Un chien andalou, película que se incorpora a las filas del naciente surrealismo, movimiento creado por André Bretón. Dentro de esta corriente, Dalí incursiona con las primeras obras que habrían de originarle cierta notoriedad; relojes blandos, insectos saliendo de una mano y Gala, musa, esposa y dealer, son algunos de los tópicos que determinarían su postrera obra. Tanto fue el empecinamiento de Dalí en esta corriente que alguna vez declaró Yo soy el surrealismo. Y si le sumamos las estratosféricas cotizaciones de sus cuadros y esculturas, no en vano Breton hizo un lapidario anagrama de su nombre: Avida dollars.
Como los provocadores profesionales no pueden quedarse quietos, Salvador Dalí también incursionó en el campo de la escritura; además de ser un lector incomparable -que lo mismo ilustró ediciones de La Biblia, La Divina Comedia, El Quijote, los Ensayos de Montaigne y la Autobiografía de Benvenuto Cellini-, se tornó escritor incendiario. (Gracias a su Vida secreta, acusó a Buñuel de comunista, cosa que el aragonés nunca le perdonó.) Diario de un genio, La vida secreta de Salvador Dalí, El Angelus de Millet, fueron algunas que destacaron, además de la carretada de entrevistas que dio para cualquier medio de comunicación. (Recuerdo una memorable que le hizo Jacobo Zabludovsky donde le hizo firmar una edición en gran formato de su obra; interesante jugada del periodista, dado que Dalí tenía fama de quedarse son los bolígrafos con que firmaba sus obras.)
Por donde quiera que se encontraba, Dalí siempre tenía motivos para generar polémica; sea con algunas de sus boutades, sea para tener un momento de atención. Lo importante para él es seguir en el ajo. Lo importante es que hablen de ti, aunque sea mal. Aunque los detractores se coticen por kilo, no cabe duda de que cuando hay admiradores es porque, de verdad, los hay. Sus pinturas se encuentran entre las más conocidas del arte español, sus escritos (hoy día, publicados en ocho volúmenes por ediciones Destino y la Fundació Gala i Salvador Dalí) una muestra de una creatividad sin límites, y sus palabras, bueno, digamos que cumplió y con creces su propósito. Aunque el arte es eterno, sus creadores no. Salvador Dalí muere el 23 de enero de 1989.
Estas líneas hacen lo posible por recordar a una figura sin igual; mejor homenaje no podía haberle hecho el grupo español Mecano con esa emblemática canción extraída del álbum Descanso dominical.

Si te reencarnas en cosa,
hazlo en lápiz o en pincel
y Gala de piel sedosa
que lo haga en lienzo o en papel.

Si te reencarnas en carne,
vuelve a reencarnar en ti,
queremos genios en vida,
queremos que estés aquí,
"Eungenio" Salvador Dalí.

(Lo demás, son sólo efemérides de calendario. ¡¡Gracias, Dalí!!)

jueves, 7 de mayo de 2009

Diez cosas para olvidarme de la "gripe"

1.- Leer dos libros al mismo tiempo: Entre dos fuegos de Ana Colchero y un ejemplar de la saga detectivesca de Pepe Carvalho, El hermano pequeño de Manuel Vázquez Montalbán.
2.- Aventarse un maratón de pelis disfrutando de la comodidad hogareña: Así del precipicio, Memorias de una geisha, El curioso caso de Benjamín Button, Las cinco personas que encontrarás en el cielo y La misma luna, sin olvidar los clásicos personales Lección de honor, Una mente brillante y la versión definitiva de Blade Runner.
3.- Revisar con minuciosidad de relojero tanto la nueva programación de Canal 22 como la reestructurada (y a regañdientes) programación de Once TV, sin olvidarse de echarle una miradita a Proyecto 40. (Gracias a ello, Matrioshki sigue siendo una nueva serie favorita, Cuéntame cómo pasó conserva intacta su frescura en la historia, y Claves, muy a pesar del "recorte" de quince minutos, se perfila para convertirse en un clásico contemporáneo.)
4.- Cambiar de estación de radio favorita: del 88.1 al 102.5 fm. (Para un radioescucha estándar como un servidor, vale más escuchar las puntadas de Susana Moscatel y Pamela Cerdeira que soplarse documentales disfrazados de cobertura. Se agradece la información, cierto es, pero demasiada -perdonen mi respuesta-, desinforma.)
5.- Pasar en limpio todo el titipuchal de notas al vuelo que la lectura de un solo autor me deja. (Creo que esto da para un ensayo. Es una apreciación.)
6.- Poner en la charola para 5 discos del modular todos los compactos de Alizée y el best of de Mylène Farmer, hasta llegar a la última canción.
7.- Revisar hasta el hastío tanto el correo electrónico y el holacinco como la presente bitácora, con tal de hallar mensajes y/o comentarios que motiven algo más que optimismo, haciéndonos un favor al evitarnos el engorroso tema de la gripe.
8.- Hacer las labores propias de mi sexo, es decir, lavar trastes y ropa, planchar, barrer y cocinar.
9.- Repasar una y otra vez el manual de capacitación para ser funcionario de casilla en las próximas elecciones, mientras arreglo la agenda para la próxima visita de mi capacitadora a mi casa. (Muy guapa, por cierto.)
10.- La más importante: Pasar tiempo de calidad con la familia. Todas las nueve anteriores no tienen sentido sin ésta. En tiempos de guerra, tiempos de paz, la familia es lo único que hace la diferencia. Verdad que sí.