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sábado, 13 de febrero de 2010

Toño Esquinca en Alfa 91.3 fm

Hace un mes, exactamente, que podemos escuchar en la frecuencia del 91.3 fm al versátil locutor Antonio Esquinca, quien hasta finales de 2009 formó parte de otro corporativo radiofónico, donde generó, además de cierto renombre, un estilo bastante peculiar frente al micrófono. (Con todo y su muchedumbre.) Su ingreso a las filas de Alfa 91.3, donde conduce el segmento comprendido de 6 a 13 hrs., lo mismo suscitó reacciones encontradas, que lo mismo celebraban su ingreso a la estación que fuertes reclamos por "suplir" al conocidísimo Idzi Dutkiewicz y su otrora emisión matutina La carambola. Pero vayamos por partes, por favor.
Quien esto escribe, sin pretensiones de negarlo, es asiduo radioescucha del segmento radial de Toño Esquinca, el cual cumple su principal función: entretener por las mañanas, de subirle un poco el ánimo para comenzar de buena forma el día. (Algunos me dirán: "Pero si Idzi y sus caramboleros también hacían lo propio, caray... Entonces, ¿por qué tanto pinche cambio?") Cabe notar que también me agrada el estilo de Idzi (desenfadado, pero ecuánime a sus horas... de transmisión en el 88.1 fm, claro), pero creo que la llegada de Toño Esquinca sirvió para inyectar un poco de juventud (a la par que experiencia motivacional), y sobre todo, queridos lectores, para compartir con los jóvenes de ahora, entre adeptos de Black Eyed Peas, Tokio Hotel, My Chemical Romance, etcétera y lo que se acumule en la semana -hasta Lady Gaga, si me empeño-, aquellas canciones que ahora son leyenda: "Friday, I´m in love" de The Cure, "The whole of the moon" de Waterboys, "Secret" de OMD, entre otras delicias musicales (dignas del legendario Rock 101) y uno que otro churro radial (resabio del a ratos fastidioso Mix FM), que redimen el trabajo de Toño. (No se me puede escapar su empeño como figura motivacional, punto a favor de la empresa donde trabaja, cuya principal característica es el apoyo y la difusión de programas del mismo perfil; si no me creen, los invito a que revisen la carta programática de la estación matriz, el 1030 am, hasta los comerciales que se transmiten a lo largo de las emisoras del corporativo GRC.)
Paréntesis aparte: desde el miércoles 13 de enero, se ha desatado, en la página que Alfa 91.3 tiene en Facebook, una enconada polémica por el ingreso de Toño a la estación, donde las quejas, pero también las felicitaciones y palabras de apoyo hacia el locutor de marras, estaban de a peso. Recuerdo ahora la opinión de una usuaria del feisbuq, que cito de forma aproximada: "¿Cómo le hago para darme de baja de la página de fans de Alfa?" Seguro adivinaron, por razones obvias.
Finalmente, con las presentes líneas no busco conseguirle más adeptos a Antonio Esquinca (solitos llegan, no se apuren), ni mucho menos darle la razón a sus detractores (¿fans de Idzi? No lo creo...) y quitarle sin ton ni sonia un nuevo número de seguidores, simplemente lo hago porque me interesa hablar sobre la radio, como radioescucha que soy, y dejar constancia de las cosas que son, fueron y serán. Para quienes no lo saben o quizás lo olvidan, en el cuadrante se han dado encontronazos más fuertes y hasta peores que éste: salidas injustificadas de noticiarios (remember Carmen Aristegui), cambios drásticos de programación, atentando contra la preferencia de los radioescuchas (la impune "transformación" de Radioactivo en Reporte 98.5, o la vil marranada que convirtió a Jazz FM en Radio Uno, cuya fama se basa en tortas y pan pintado), en fin... que la lista es larga y el tiempo, muy poco.
Después de todo, la radio tiene opciones para todo y para todos; a final de cuentas, el tiempo también pinta. Y ya.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Radio Educación: trinchera sin fin

Gracias al certero comentario de mi querida Eleftheria (es la grafía griega, no lo puedo evitar), regreso la mirada hacia una estación de radio que, literalmente, marcó mi vida. Me refiero a Radio Educación, que vive desde hace tiempo una larga perestroika, la cual, por un lado, sorprende, y por el otro, espanta. Sin embargo, no es para menos que le dedique algunas líneas de mi parte. (Es más, querida Eleftheria, me las debo.)
¿Qué puedo decir sobre Radio Educación? Si me inclino a decir que nació gracias a los buenos deseos de aquel caudillo ateneísta llamado José Vasconcelos, en la década de los 20's y que los vientos de cambio del '68 la reanimaron un poco, para luego dormir un sueño menos largo pero injusto al fin, estaré pecando de obviedad. Así es. Sin embargo, aprovecho este breviario cultural para hablar de una estación que no cede a los peligros de la comercialización (aunque, en fechas recientes, una avalancha de spots la doblega un poco) y que se ha mantenido firme desde hace tiempo. Radio Educación ha sido el puntal de muchas producciones que se han mantenido al aire por largo tiempo, como aquella heroica emisión de nombre Voz pública, conducida por el siempre presente Francisco Huerta, a quien muchos suplen, mas no sustituyen. Una emisión como Voz pública tenía el deber de darle la palabra al ciudadano para hacer presente su voz, sin cortapisas de ningún tipo, y que finalmente cumple con tener la información de primera mano. (Le recuerdo al lector que aunque Nueva República de Babel no es un blog político, digno es reconocer la benmérita labor que Paco Huerta tuvo hacia sus radioescuchas y debe saber que sus enseñanzas, como el Cid Campeador, seguirán ganando batallas después de todo.) En el rubro de la creación de una conciencia cívica, también debemos destacar Del campo a la ciudad, emisión que ha resistido tanto cambios de administración como enconados intentos de censura. Celebro sobremanera sus trabajos de difusión de las culturas indígenas, cosa nada fácil, ni siquiera por las instituciones oficiales. Seguro habrá más de un lector resuelto a corregirme y hasta con ganas de polemizar duro y macizo. Muy bien. Por ahora, sólo me apresto a reconocer la importancia de esas emisiones, y de otras como Relieves y El fin justifica los medios, que merecerían menciones aparte y un poco más de profundización. Pero aquí me quedo.
Por el lado de la cultura, Radio Educación se ha preocupado por llevar a sus radioescuchas emisiones de impecable factura, como las dirigidas al público infantil; tal es el caso de De puntitas, conducida muy amenamente por el inolvidable Emilio Ebergenyi, cuyo estilo desenfadado y bastante creativo complacía hasta el niño más exigente. Ah, y qué decir de Batido y espumoso, programa conducido por Eugenio Sánchez Aldana, que además de difundir la música infantil de sobra conocida por esos lares hertzianos, como los Hermanos Rincón, ¡Qué Payasos! y el propio Cri-Cri, también la alternaba con algo de música popular, es decir, producida en el Interior de la República. Claro que esas emisiones no estarían completas sin la presencia de un clásico entre los clásicos: Cachivaches, donde el humor y la creación de una buena conciencia convivían sin problema alguno; más de un radioescucha me dará la razón en ello. Sin embargo, aquel programa sería el primero en ser sacrificado por las nuevas administraciones. (Aún lamentamos su pérdida.)
La ingente labor de Radio Educación al ser un importante puntal en lo que a producción de radio se refiere, se halla en la magistral factura de sus radionovelas, las cuales no le pedían ni el saludo a las hechas por cierta estación. La importancia de éstas radica en retomar obras de la literatura universal, hacerlas accesibles para el público en general y, de refilón, acercar a más personas al placer de la lectura. Recuerdo La tía Julia y el escribidor, Los de abajo, El perfume, La casa que arde de noche, El tamaño del infierno, en fín... hay muchas que merecen estar aquí. (Mención aparte merece El terror sea con vosotros, un radiodrama que merecería una tesis de doctorado, por llevar el terror y el suspenso a sus máximas expresiones.) Y qué decir de programas como En los andamios de la creación, Gramática inolvidable, Mi otro yo, Los contertulios y Puedo escribir, conducidos por escritores como Héctor Azar, Beatriz Escalante, Froylán López Narváez, Willy de Winter y Pablo Boullosa, respectivamente, que hacen posible que cualquier hijo de vecino conozca a los creadores de la vida actual, corrijan su ortografía, juguen con el lenguaje o simple y sencillamente se pongan a escribir. Difícil empresa, más no imposible.
De su programación musical, que a pesar del campechaneo entre música comercial con la clásica y de otras latitudes, sigue siendo de muy buena calidad, solamente que con la proliferación de programas sin ton ni son se ha restringido un poco hacia horarios castigados, es decir, entre la medianoche y las 7 a.m. Y como toda estación que se respete, no pueden faltar sus locutores emblemáticos: Maricarmen García, Gabriela Sosa Martínez, Pepe González Márquez, Andrea Fernández, María Eugenia Pulido, Sergio Alberto Bustos, Eugenio Sánchez Aldana, Hilda Saray, y, claro, el inolvidable Emilio Ebergenyi, a quien seguimos extrañando.
La verdad, no sé cómo esté actualmente la situación de la radiodifusora, ahora que Virginia Bello dejó la dirección. Tal vez siga en esa larga perestroika que la lleve hacia otras latitudes, otras tendencias. Mis más fervientes deseos para que Radio Educación prosiga en el dial como una trinchera sin fin donde las ideas y el conocimiento lleven la nota cantante, y que se conserve firme como rezaba aquel famoso slogan muy suyo: el oasis del cuadrante. Por iniciativas villamelonescas, se perdieron Radio Rin, la XELA y Jazz FM; ojalá que Radio Educación no siga por ese lado oscuro del camino, y como hay en el cuadrante muchas barbas a remojar, Radio UNAM y el IMER no deben quedarse atrás y atender, de veras, a estos llamados de auxilio. Que así sea.

lunes, 10 de agosto de 2009

La "W": ¿un clásico contemporáneo?

En el pasado período vacacional, tuve la oportunidad de regresar a una de mis más fervientes pasiones: la radio. Mientras recuperaba el tiempo perdido escuchando las ocurrencias de Susana Moscatel y Pamela Cerdeira, y recordaba buenos tiempos con la música del Horizonte (al final de cuadrante, claro), decidí echarle un ojito a una vieja estación que me había acompañado en varias de mis empresas y tribulaciones. Me refiero al 900 am, es decir, la XEW, hoy día convertida en W Radio.
Cuando Carmen Aristegui se llevó su dignidad a otra parte, se supone que no escucharía el noticiario espurio (dispénseme la palabra) que quedó en ese sitio. Siento decepcionarlos. Me volví asiduo al noticiario conducido por Carlos Puig, pero para consuelo de algunos, no fue de inmediato. (A los seis meses, para ser más preciso, empecé a oírlo y no me parece nada mal.) Para cuando Carmen regresó con nuevos bríos a la radio, en el 102.5 fm, ya sabía que la cabra tira al monte; aún así, repartí mi tiempo entre las dos emisiones. Pero siempre volvía a la W, gracias a la edición vespertina de Hoy por hoy, conducida por León Krauze. La verdad, lo que se dice la verdad, solamente la participación de los editorialistas acaparaba toda mi atención. Entre todos ellos, destaco la presencia de Pablo Meyer, cuyas colaboraciones sobre ciencia todos los viernes no me perdía por nada del mundo. (Algunos amigos catalogan ese momento como el "cebollazo afectivo-intelectual", aludiendo a los célebres papás de León y Pablo, es decir, el ingeniero historiográfico y el francés hidrocálido. Aquí le paro)
De entre todos los programas de la W, destaca El Weso, suerte de noticiario mezclado con humor, conducido por Enrique Hernández Alcázar, con la participación de El Palomazo Informativo (Fernando Rivera Calderón y Martín Durán), la reina más chula, Marisol Gasé, Ignacio Lozano, Fabián Giles, entre otros. (Cuando el programa empezó su trayectoria wesera, formaban parte de la alineación Los Tepichines, Samia, Christián Ahumada, El Duende preguntón, y el señor periodista, Salvador García Soto, quienes emigraron de la W y crearon en otra estación la némesis del Weso, La chuleta.) De cualquier manera, es una delicia escuchar a los weseros por su desenfadado modo de ver las noticias, sin dejar a un lado el ámbito informativo. Ah, claro, no puede faltar en su emisión una frase ya clásica y sin la cual, este weso no tendría carne: el famoso ti tieto.
De los programas de revista por la mañana, W Radio tiene dos que ya son unos verdaderos clásicos: OK W! y Martha Debayle. Tanto el primero, conducido por Javier Poza, como el segundo, dirigido por quien no necesita presentación, son dos maneras desenfadadas pero certeras de comentar los temas que conforman este mundo y medio que nos tocó por casa. A diferencia de sus epígonos televisivos, no se andan por las ramas haciendo concursos donde lo único que se pierde es la decencia, tampoco se las dan de muy cultos -como en cierto canal- para luego aburrir sin más ni más. Simplemente comentan la vida, con sus respectivos asegunes, pero siempre generando una sonrisa de oreja a oreja. (Su única "competencia" -si se le puede llamar así- es el programa de Pam y Susy, en el 102.5, pero más bien deberían complementarse, ¿no creen?)
Mientras escribo estas líneas, tengo reacciones encontradas. Por un lado, extraño los programas de antaño que producía la otrora XEW, pero por el otro, me alegra mucho que una estación muy querida se incorpore a la súper carretera de la modernidad. Y si le sumamos la uniformidad musical en las dos frecuencias (música en inglés, como en la extinta WFM), creo que quienes fuimos niños cuando existían tanto la XEW como WFM, ahora podamos identificarnos, aunque sea un poquito, con esa nueva W Radio, hoy convertida en un clásico contemporáneo. Hay otros programas dignos de mejor mención, como Triple G, Señal TN o Esquina neutral, pero por mientras delego esa tarea a ustedes, lectores, porque siempre tienen algo nuevo que decir, ¿no es así?

domingo, 15 de febrero de 2009

Nueve veces el Horizonte

Hace nueve años, en un servidor eran seguras tres cosas: mi alegría por el resurgimiento de la UNAM luego de diez meses, el hábito de la escritura poética y mi entrada a la sala de operaciones algunos días después. Mientras se sucedían estas cosas, la radio capitalina era testigo de una nueva estación que comenzaba a transmitirse por el dial: Horizonte 108.
La más joven de las estaciones del Instituto Mexicano de la Radio, tiene un punto en común con sus hermanas: el gusto por transmitir buena música, fuera de los parámetros comerciales, pero con una buena ración de programas. Desde el primer minuto del martes 15 de febrero, con la transmisión de "Conquest of Paradise" de Vangelis, ya se sabía que el perfil se enfocaría hacía la world music y el new age, pero conjugado con el jazz y la música para el cine. Además, la incipiente estación se enriqueció aún más con la presencia de locutores de gracia impar como Luis Gerardo Zavala y Antonio Ríos. Era, tal y como su slogan lo asegura, hasta donde llega la radio. (Y, claro, luego de atravesar la sucursal radiofónica del geriatric squad y una horrorosa estación dedicada a la música grupera, ya era en sí una salvación.)
Sin irse a extremos como ciertas estaciones, Horizonte 108 supo desde el principio equilibrar música y contenidos diversos. Revistas culturales como Universo de la cultura, Mujeres del siglo XX, Al hilo del tiempo, Miscelánea del sonido y Memorias y presencias, sendos programas conducidos por René Avilés Fabila, Martha Robles, Ernesto de la Peña, Juan Arturo Brennan y Eduardo Lizalde, y la serie de cápsulas Letras y vivencias, continuaron el camino que trazó en un principio su estación hermana, Opus 94, donde el compromiso con la difusión de la cultura era más que evidente. Tiempo después, Gastón García Cantú, Javier Garciadiego y José Manuel Villalpando, engrosarían esa nómina cultural.
Mientras la cultura hace de las suyas, la música no puede quedarse atrás. Desde hace algún tiempo, se le da preferencia a un solo género, el jazz, pero la world music tampoco no se puede quejar; para el primero, Erick Montenegro, Alejandro Joseph, Raúl de la Rosa y el legendario Armando Ortiz, el Cónsul, se volvieron en sus fieles sacerdotes, mientras que en el segundo, Mariana Pérez, Bernardo Yancelson y Deborah Holtz hacen lo propio con sus emisiones del fin de semana. De pilón, cabe mencionar la presencia de dos tripulantes más: Óscar Sarquíz, navegante de los mil mares de la música, y Laura Barrera, cuya inconfundible voz le cede la palabra a los protagonistas del México actual con El soundtrack de una vida.
Sin picarme de modesto (y muy a la Javier Garciadiego, por cierto), creo que mi aportación a la historia no escrita de Horizonte 108 es apenas pequeña, mas no menor. No lo es porque desde el primer momento que se escucha, aporta un estilo, una actitud plural ante y por la vida. Pero es pequeña respecto al resto de los asiduos radioescuchas, quienes, como un servidor, también tienen algo que decir sobre una estación única en su género. (Para muestra, http://www.horizonte.imer.com.mx/.)
De cualquier manera, no negamos que Horizonte 108 nos cambió la vida. Al contrario, nos regaló (ésa es la palabra) una nueva. ¿Verdad que sí?

viernes, 16 de enero de 2009

La esperada pluralidad del 102.5 FM

A finales de 2008, y luego de sus devaneos con la música pop, los programas de contenido y la onda grupera, por fin el 102.5 FM regresa a sus orígenes programáticos, es decir, buenos noticiarios y música de alto nivel. Precisamente este lunes 12, a las 6 a.m, y luego de un año sin escucharla al aire, Carmen Aristegui regresa con un noticiario crítico, incluyente y, sobre todo, plural. Para quienes lamentamos su salida de la estación con nombre de letra doble, fue un atentado a la libertad de expresión, pero la espera valió mucho la pena. Es más, para serles franco, escuchaba varios noticiarios (incluso el que no debía) para llenar el hueco, pero con esta buena noticia, pues aquí me quedo y nada más.
Por otro lado, celebro que en esa misma estación regresaran varias figuras ya legendarias en el dial, como Enrique Ganem, y su programa de difusión científica, Átomos, cuyo referente obligado es Con Ciencia. También el regreso de la periodista Susana Moscatel y su irreverente manera de ver el mundo de los espectáculos. Ahora podría decirse que ésta es una ligera, más no menor, muestra de la pluralidad en el FM. Capítulo aparte merece la excelente programación musical, la cual nos remite a la siempre recordada jamás igualada Stereo Rey, cuya rúbrica corrió a cargo de Ken Smith. (Tiempos aquellos.)
Un deseo final para cerrar estas líneas: que siga por ese camino por mucho tiempo y sin importar los vientos mercantiles que se avecinan. ¡¡Enhorabuena para MVS Radio!!

lunes, 27 de octubre de 2008

Los "mornin chou"

En estos últimos años, hay una sola cosa que apenas soporto cada mañana cuando inicio mi jornada. En el transporte colectivo, el chofer nos receta una buena dosis de su estación de radio favorita, que lo mismo va del engorroso género grupero al maratónico horario de un comunicador, cuyo nombre -por ahora- me guardo. Sin embargo, hay una especie de programas que, de refilón, se han ganado algo de mi consideración: los morning shows (o mornin chou, ya castellanizado).
Cada estación se distingue por un perfil determinado, único en su género. Hay segmentos programáticos que se sustentan en mera música, pero también hay otros que encuentran en la entrevista de coyuntura o en el cotorreo sin medida, el santo y seña de su proceder. Mencionaré varios ejemplos, partiendo de la izquierda del dial en la frecuencia modulada.
  • La Primera de Panorama (De lunes a viernes, de 6 a 10 a.m, 88.9 FM): Cuatro comunicadores, Alejandro Cacho, Iñaki Manero, Areli Paz y Carlos Muñoz, el Chicken Little, además de darnos las noticias de cada día, dedican varios segmentos de su programa para hablar de diversos temas, como salud, finanzas, política, pero también se divierten de lo lindo al incluir algo de música a lo largo del programa, que va de la música clásica (de microbus) hasta los covers más bizarros en la historia de la música. A veces, sus bromas y chistes locales cansan, pero siempre es una delicia escucharlos. Ya.
  • ¡¡Ya párate!! (L-V, 6-10 a.m, 101.7 FM): Igual que la anterior, se sustenta en las ocurrencias de cuatro conductores de sobra conocidos en los mass media: Omar Chaparro (y su séquito de personajes), el irreverente Facundo, La Garra y la siempre bella Tamara Vargas. Entre la música del momento y las secciones fijas a cargo de Norma Bautista (libros), Grover Arango (diversos temas), Michelle Fridman (música de Putumayo Records), Armando Reyna y Mario Székely (cine), entre otros, las bromas telefónicas, los enlaces con artistas y hasta los concursos para ganar boletos para conciertos, se trata de un mornin chou desenfadado y, a ratos, ameno. Escucharlos un rato, es bueno. Quien decida hacerlo a diario, ya sabrá.
  • Toño Esquinca y la muchedumbre (L-D, 6-11 a.m, 106.5 FM): El locutor de marras, además de recetarnos una gran variedad de canciones de los años 80, 90 y dosmiles, dedica algunos espacios en su programa para hacerla de motivador profesional (léase Optimista), comparte frases célebres para llenar el boquete cultural y hasta le da chance al público radioescucha para hacerse famoso por ¡¡30 segundos!!, haciendo lo-que-sea. Para un ratito, funciona de maravilla. Lo demás, it's not our business.
Hay tantos mornin chou en la radio que no me alcanza el tiempo ni el espacio para ello. Simplemente he descrito algunos de éstos, pero el resto ya les corresponderá juzgarlos como debe de ser. Nada más.

lunes, 30 de junio de 2008

Tras las Ondas del Lago

A mediados de 1995, la radio mexicana fue testigo de la aparición de una nueva estación radial, la cual no engrosaría de forma ordinaria las opciones en el dial, sino que además fungiría como un foro de expresión para distintos puntos de vista. Se trata de la legendaria Ondas del Lago, ubicada en el 690 de a.m.
Corría el mes de septiembre de 1995 y una nueva opción radiofónica entró al aire, sustituyendo a la no menos peculiar Radio Sportiva, con el nombre de Ondas del Lago. Su rúbrica oficial era el tango "Celos" y la voz institucional era la de Rafael Herrera. Su noticiario matutino, Hora 7, conducido por Tere Vale, fue de los más importantes en la programación diurna del cuadrante, ya que, a diferencia de los demás, dio voz a todas las tendencias partidistas del momento, sin quitarle espacio a cada una: Porfirio Muñoz Ledo, Miguel González Avelar, Carlos Castillo Peraza y Gilberto Rincón Gallardo eran aquellas de esas voces.
Así como se le daba espacio a la política, también se hacía lo propio con el entretenimiento y muestra de ello fue La Novela 690, una serie de radionovelas con una temática más apegada a los sucesos actuales: Los demonios andan sueltos (la vida y sucesos de un periódico luego del asesinato de Ruiz Massieu), El pecado de triunfar (la vida de Hugo Sánchez), Yitzhak Rabin: guerrero de la paz, Felipe González: la rueda del poder, Diana: una tragedia real, y Carlos Pellicer: el ayudante del sol, fueron algunas de las producciones que contaron con la preferencia del público radioescucha, e inclusive motivaron (como toda estación que se respete) su repetición constante. Y lo que las hacía más atractivas, era la participación de conocidos actores del doblaje mexicano, muy bien capitaneados por Moisés Palacios (quien, por cierto, dobla buena parte del tiempo a Woody Allen).
La cultura -en todas sus formas- no podía quedarse atrás. El cine (Radiocinema), la ciencia (Con ciencia), las letras (La república de los necios y 90 Kinkys), y la propia música (Con la música por dentro), también tuvieron su espacio. Pero digno es de resaltar la presencia de un programa capital en la historia de la estación: Radiometría, dedicado a la crítica de la radio desde la propia radio. Un espacio para analizar lo bueno, lo malo y lo extraño que se transmitía por ambas frecuencias. En un principio conducido por Verónica Medina y Moisés Palacios, luego por Maria Elena Cantú y en su última etapa por Ivonne Bacha, la radio mexicana no se salvó de sus certeras y hasta ácidas críticas. (La idea fue original hasta para todos los medios, con decir que su versión televisiva -no digo nombres, porque es más que obvio-, goza de cabal salud gracias a su precursora. Sans commentaires.) De pilón, otro programa sui generis: Entrevista al revés, donde los famosos hablarían de un aspecto poco conocido de su vida. Ejemplos: Alejandro Encinas, sobre ¡¡futbol americano!!; Polo-Polo, el oficio de zapatero; José Luis Cuevas, las mujeres famosas, y Carlos Monsiváis, los gatos. Toda una ocurrencia en el cuadrante.
Otro aspecto a notar de la estación fue la presencia de jóvenes figuras que, hoy en día, son luminarias por los cuatro costados: Álvaro Enrigue, Julio Trujillo, Ricardo Pohlenz y Nicolás Alvarado, ahora escritores conocidos, fueron los conductores de aquel programa de completa iconoclasia: La república de los necios, dedicado a la literatura. Un todavía joven Pablo Boullosa prosiguió su aventura radiofónica con otra emisión de la misma naturaleza: 90 Kinkys, espacio casi trasnochador que vio pasar lo mismo a grandes luminarias de las letras como Carlos Montemayor que a jóvenes talentos como Julieta García González, hoy día connotada narradora.
Todas estas ideas transmitidas al aire, permearon en la fundación de un magazine bastante peculiar: El Huevo, donde los temas de actualidad convivían, sin ton ni son, con las boutades de los conductores. (Recuerdo que la voz oficial de sus anuncios era Paul Wasso, cuya sección sobre vida lounge era básica en la revista.) La revista, a diferencia de su cuna radial, tendría más años de vida. Hasta ahora.
En 2001, cuando ya estaba bien posicionada y con un público muy selecto y fiel, Ondas del Lago cambió drásticamente de giro. Después que su primera directora, Tere Vale, compitió por la Jefatura de Gobierno en 2000, comenzó su lento declive. Grupo Radio Centro compró la estación y la convirtió en La 69; tras este suceso, varios de sus integrantes buscaron empleo en otras radiodifusoras y los muy pocos brincaron a la televisión, como el caso de Nicolás Alvarado (hoy, arroz de todos los moles, según como se vea), Boullosa y la propia Tere Vale. (Dato curioso: Ricardo Pohlenz, en la actualidad, forma parte de un grupo bastante extraño que suena por estos días y que, a mi parecer, resume el espíritu de la estación: Los Ositos Arrítmicos de Lemuria. Se los dejo de tarea.)
En la memoria radiofónica de algunos cuantos (me incluyo), perduran esos programas tan extraños y sugerentes, que, con el paso de los años, se les recuerda con orgullo. Y en sus últimos años de transmisiones, contribuyeron a un revival que en estos dosmiles que nos circundan, es y sigue siendo lo de hoy: Esquivel!
¡¡Qué viva Ondas del Lago!!

sábado, 14 de junio de 2008

Au revoir, Top France!!!

Ayer por la mañana, los radioescuchas de Top France (como quien escribe) nos desayunamos con una mala noticia: el legendario programa, conducido por el francesísimo Antoine St. Michel, después de catorce años al aire, finalizaba transmisiones. Obviamente, la reacción era de descontento y de tristeza. Sin embargo, si lo vemos de cierta manera, un ciclo terminaba, pero no la música.
A principios de los años 90, un entusiasta y joven Antoine St. Michel tocó varias puertas de algunas estaciones de radio mexicanas, con una propuesta novedosa: música en francés. Lamentablemente, no pasó nada al respecto, hasta que Stereo Cien le dio luz verde. A partir de entonces, los fines de semana serían la puerta de entrada al mundo musical francés. En la memoria colectiva, ya eran familiares Christophe y su "Aline", Mireille Mathieu cantando a Cri-Cri, o el ventiúnico éxito de Desireless, "Voyage, voyage" (cuyo cover en español, años después, sepultó la carrera de un grupito popero con nombre de villano de X-Men), pero gracias al Top, algunos cantantes como Hélène Ségara, Patricia Kaas, Yannick Noah, Mylène Farmer y Alizée, generaron fans en este lado del charco atlántico. Además, sirvió a muchos para descubrir que varias de sus canciones favoritas en español, no eran más que infames versiones de canciones ya famosas en tierras galas. Un ejemplo: una de las últimas canciones de Timbiriche, resultó ser un cover a una canción de France Gall. (No digo cuál, porque la fanaticada me quema con todo y efigie.)
Top France, al generar enorme expectativa los fines de semana, al paso del tiempo amplió sus transmisiones a toda la semana y, con ello, también la llegada de una nueva voz, Daniela Medina, quien complementó a la perfección al buen Antoine. Y acordes con lo avanzado de las comunicaciones vía internet, abrieron a finales del año pasado Top France, la web radio, como una extensión de la carta programática de cada día. Éxitos de ayer, hoy y siempre, presentes en una página interactiva. Esto parecía ser una buena señal de la buena fama del programa, hasta que llega esta triste noticia.
Sabemos bien que todo ciclo debe cerrarse, pero la buena música siempre permanecerá. Me uno a la indignación por el fin del programa, pero conservo viva la esperanza de seguir escuchando canciones francesas. Finalmente, los invito a que revisen la página de la web radio (http://www.radiofrancia.com.mx/) y disfruten de la buena música. Para Antoine y Daniela van nuestras mejores vibras para que concreten un nuevo proyecto y cuando lo logren, allí estaremos para acompañarlos.
Au revoir, Top France!!!