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domingo, 28 de marzo de 2010

Lady Gaga: nueva soberana del pop

En el extraño mundo del pop, todo cantante y/o grupo que se respete tiene de dos sopas: resistir los embates del tiempo o retirarse al verse indefenso. ¿Qué quiero decir con esto? Cuando el verdadero talento se ejerce, nos importa poco si el artista de marras sea atractivo o si tiene, dicho sea en otros términos, un imponente caboose de pullman. Sin embargo, al originarse un tremendo maridaje entre talento y belleza, el resultado suele ser impactante. Así sucede con la cantante norteamericana Lady Gaga, quien hoy cumple 24 años y con un exitoso segundo sencillo en los charts: “Telephone”.
Stephani Joanna Angelina Germanotta, su nombre real, nació en la babélica Nueva York. Sus padres, de origen ítalo-estadounidense, estaban en el negocio del internet y las telecomunicaciones. Y como la música es otra forma de la comunicación, es admitida en la prestigiada Academia Julliard, pero ella prefirió ingresar a una escuela católica. Luego de aprender a tocar el piano y participar en sesiones de micrófono abierto, consiguió un lugar en la Escuela de Arte Tisch, de la Universidad de Nueva York, donde logra perfeccionar sus dotes musicales.
Aunque ya tenía una casa disquera, donde hacía todo tipo de chambas, entre componer letra y música, su segura salida de allí la condujo por varios caminos. Un colega suyo, Rob Fusari, con quien había compuesto varias canciones, un día se dio cuenta del potencial de Stephani a partir de que ella llegaba al estudio de grabación cantando el estribillo de “Radio Ga Ga” de Queen. Y como ya era típico que ella llegara haciendo aquello, Fusari cambió el Radio por Lady, cosa que la bautizó como Lady Gaga. Había nacido una nueva estrella del pop, pero primero había que picar piedra.
Antes de lanzarse a su aventura musical, Gaga colaboró con Lady Starlight en la confección de sus vestuarios, donde se fusionaban el glamour y los espectáculos de burlesque. Para 2007 fueron invitadas al fabuloso Lollapallooza, de donde salieron airosas y en cuyo performance se hallaban elementos dignos de David Bowie y Queen. Fusari, al ver el talento desbordante de Lady Gaga, logro conectarla con Vincent Herbert, de Streamline Records, disquera para la que trabajo escribiendo canciones para Fergie, Pussycat Dolls, New Kids on the Block y, aunque parezca increíble, para Britney Spears. Sin embargo, sus inusitadas capacidades vocales decidieron su destino como cantante.
Para 2008 sale a la venta The Fame, álbum que fusionaba todo tipo de rítmos y tendencias musicales: desde el descarado pop hasta el más selecto heavy metal. Y como sus intereses rebasaban todo tipo de barreras, se asocio con el colectivo Haus of Gaga, quien se encargaba del vestuario, la escenografía y las coreografías de sus shows. El primer sencillo, “Just dance”, la posicionó como una de las mejores cantantes del género: una extraña mezcla entre canciones del mejor Bowie, el clásico Queen, con algo de dance y una pizca de ironía marca diablo. Mismo y subsecuente éxito merecieron "Love games", "Paparazzi" y la polémica y deliciosa "Poker face", cuyo videoclip mereció no pocas reacciones en contra. (Y sus fans lo saben muy bien...)
Mientras The Fame describía los aristas de un espectáculo en vías de corrupción, vacío en esencia y cuya entrada en él se volvía en pozo sin fondo, cuestiones que Lady Gaga logró observar mientras hacía la gira promocional del disco, ella se tomó un descanso para recargar pila, escribir nuevas canciones y, por consiguiente, entrar al estudio para grabarlas. El resultado: The Fame Monster (2009), dirigido a criticar el mundo visto y tercamente vivido en The Fame. Para sus activos y nuevos fans, esto significó la confirmación del estilo Gaga, cuyas letras iban con todo, como "Bad romance", su primer sencillo, por ejemplo. En su consecuente clip, Lady Gaga pasaba de un vestuario a otro, de acuerdo al desarrollo de la historia. Si en "Poker face" llevó a la categoría de clásicos el payasito azul y la máscara de espejos, en "Bad romance" dejó de lado las sombras en los ojos, empleó vestuarios más ceñidos y misteriosos, y, como cereza del pastel, mostrarnos toda el esplendor de su anatomía, luciendo coqueta lencería y, claro, con sus infaltables lentes. (Quien se digne a ver el videoclip, podrá contar -si su paciencia lo permite- con ¡¡casi siete cambios de ropa!! Se ve que no repara en gastos...)
Con todo, la presencia en el medio artístico de Lady Gaga, vino a llenar de aire puro y nuevas expectativas el ambiente musical del pop. (Después de Madonna, nadie más se había aventado a innovar tanto en música como en los shows. Hasta ahora...) Con la aparición de Lady Gaga, podría decirse que un legado musical ya tiene una segura heredera y una muy digna sucesora. (Sí, claro, este tipo de palabras, dichas hace diez años, le hubieran quedado muy a la medida a Britney Spears, pero con el estado actual de dicha cantante, creo que Gaga ha sabido sacarle mucho partido a su favor. Pero dejemos las adversiones para otro lugar.)
Finalmente, creo que Lady Gaga apunta para posicionarse un buen rato en el ambiente popero. Entre escándalos sin importancia y, claro, la polémica que suscitan sus videos, no me cabe la menor duda que ella, por mérito propio, ya es considerada como una nueva soberana del pop, aún reconocida por la propia reina, Madonna, quien celebra sobremanera el estilo y la versatilidad de los shows estilo Gaga. En lo personal, me fascina buena parte de sus canciones, sus clips me parecen geniales (en especial, los de "Bad romance"), y queda en ustedes la invitación para acercarse a una cantante que no le pide nada a nadie. De algo sí estoy seguro, que tendremos Lady Gaga para rato. Sí que sí.

sábado, 6 de marzo de 2010

Coldplay: una experiencia proteica

Hace algunas semanas, una famosa revista sobre música realizó, como cada década, su lista de los mejores discos; como en todo listado, no faltan tanto las omisiones involuntarias como las elecciones arbitrarias. Sin embargo, digno es de notar la presencia de un grupo bastante peculiar y cuyo camino musical se encuentra en constante movimiento. Me refiero a la agrupación británica Coldplay, que dentro de unas horas hará acto de presencia en el Foro Sol, al oriente de la Ciudad de México.
Nacido a finales de los años 90, y conformado por Chris Martin, Jon Buckland, Guy Berryman y Will Champion, Coldplay aparece en la escena musical londinense en una época donde grupos, como Radiohead y U2 (con quienes se les llegó a relacionar, dada la naturaleza de sus primeras canciones) partían el queso con todo y caseína. Sin embargo, en el ancho y ajeno mundo de la música, Coldplay comenzaba a labrar su propio sendero musical y para muestra, un botón: de su álbum debut Parachutes (2000), se desprendió su sencillo más famoso (no el primero, claro)de nombre "Yellow", mismo que se volvió -en cierta manera- como su tarjeta de visita. (Sin embargo, cabe notar que la agrupación ya tenía grabaciones previas, de las que sólo mencionaremos los EP Safely (1998) y The blue room (1999), cuyo primer sencillo, "Bigger stronger", los dio a conocer por las frecuencias de la BBC.) Después del Parachutes, el resto... ¿sería historia? Tal vez, si sólo nos restringimos a "Yellow", pero también "Trouble" y "Shiver" hicieron lo suyito.
Para la mayoría de los artistas, la llamada maldición del segundo disco es cosa que genera escozor entre el gremio artístico; para el caso de la cuarteta Martin-Buckland-Berryman-Champion, fue sólo una confirmación del enorme talento compartido. En su caso, A rush of blood to the head (2002), ya contaba en sus letras con temas un poco más delicados y sesudos, si me permiten el acercamiento, evidentes en "In my place", "Clocks" y la cuasi depresiva "The scientist"; destaca también en este disco el uso del falsete por parte de su vocalista, elemento que acabó por volverse un toral distintivo de la música de Coldplay. (Por cierto, A rush... fue la producción que se "coló" en el listado oficial de aquella revista de marras.)
En algún momento de su existencia, no hay grupo musical que tenga en su haber un disco proclive a la experimentación (¿y cuándo no?), sea en la gráfica y plasticidad de la portada y el booket, sea en la innovación en los arreglos musicales y hasta en el contenido de sus letras. Para Coldplay, el disco que mejor reúne estas características es el X & Y (2005), donde se destapan varias obsesiones del vocalista, pero a su vez juega con las imágenes. V. gr. La creación de un alfabeto gráfico -con colores y todo-, basado a su vez en la clave Baudot, código telegráfico creado por el francés Émile Baudot a finales del siglo XIX, mediante el cual está escrito, en la portada del álbum, el nombre del disco. (Y con un poco más paciencia e ingenio, descifrar la frase de la tercera de forros del cuadernillo. Ahí les dejo el reto.) Respecto al tópico musical, Coldplay introduce elementos de música electrónica en varios de sus tracks (en el tercer sencillo, "Talk", se le rinde homenaje a la legendaria agrupación Kraftwerk), pasando por la influencia de David Bowie y Brian Eno, sin olvidarse de sus orígenes rockeros clásicos, tal es el caso del track oculto "'Til kingdom come", canción compuesta ex-profeso para el legendario Johnny Cash, quien murió antes de entrar al estudio de grabación. Muy a pesar de haber colocado en los charts radiofónicos sencillos como "Fix you", "The hardest part" y la celebradísima "Speed of sound", la crítica trató muy mal al X & Y, quizás por pasarse de experimentales. De pilón, cabe decir que con este álbum, Coldplay cierra una trilogía y, por ende, una época de raras incursiones musicales, y que lo mejor del grupo vendría después. Entre renovarse o morir, optaron por lo primero.
Inspirados por el título de una pintura de la mexicana Frida Kahlo, Coldplay denomina a su cuarta producción de estudio con el épico y pomposo nombre de Viva la vida or Death and all his friends (2008), donde se omite por completo el falsete del vocalista y sus registros de voz alcanzarían niveles insospechados. Además, las temáticas de las letras se vuelven un poco más plurales, es decir, que lo mismo describen la peculiaridad de un día lluvioso y los cementerios de Londres, que de reinos vencidos y negaciones de la muerte. El primer sencillo del disco, "Violet Hill", se dio a conocer gracias a los artificios del internet, pero fue "Viva la vida" quien presentó, a los activos y nuevos fans de la banda, la esencia del álbum. Impresionante fue su respuesta que, casi con carácter de inmediato, salió a la venta un EP nuevo, Prospekt's march, algo así como el álbum hermano de Viva la vida, donde además de presentarnos canciones nuevas y hasta una nueva versión de "Lost" con la participación del rapero Jay-Z, se desprendieron los sencillos "Lovers in Japan" y "Life in technicolor, pt. II". (Paréntesis aparte: les propongo que escuchen, alternadamente, ambos discos, para así descubrir una sola cosa: lo complementarios que son. Después de ello, comprenderemos que la salida del Prospekt's march no fue tan mercadológica que digamos, ¿no creen?) Y como la presencia de los pintores está muy socorrida, sendas portadas se conforman con fragmentos significativos de dos pinturas del artista francés Eugène Delacroix: "La libertad guíando al pueblo" (Viva la vida) y "La batalla de Poitiers" (Prospekt's march).
Y para que luego no me reclamen, digno es destacar también la labor social y altruista que realiza la banda: por ejemplo, el 10% de sus ingresos por concierto van dirigidos para obras de caridad, y la militancia de Chris Martin en dos organizaciones, Make trade fair (en pro de un comercio justo) y Meat free monday (donde consumir carne gratis una vez por semana ayudará a reducir el calientamiento global).
A grandes rasgos, Coldplay es una agrupación que ha sabido inventarse a cada paso; ha sabido tomar de sus precedentes musicales (en el árbol genealógico de la música inglesa, podría decirse que hay una línea muy directa con The Beatles) elementos que la distinguen como una de las mejores bandas del Reino Unido. También cabe decir que esa hambre de innovación, los ha llevado a crear los mejores discos, incluso en los terrenos del diseño gráfico. (La portada del A rush of blood to the head fue diseñada por el artista sueco Sølve Sundsbø, muy famosa en el orbe mundial, y retomada en un reciente sello postal que puso a la venta el Correo Británico.) En una palabra, se trata, en toda la extensión de la palabra, de una experiencia proteica. La verdad, no sabría qué más decir sobre un grupo que me gusta sobremanera; simplemente me limito en contar algo de su historia, en invitarlos para acercarse a su obra.
Por último, dentro de unas horas, la alineación Martin-Buckland-Berryman-Champion, como parte del Viva Tour, nos deleitará, hoy y mañana, con lo mejor de su repertorio. Que así sea.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Ana Torroja entre dos siglos

Reza el lugar común que los cantantes y/o músicos que determinan una década o, siendo estrictos, un género, sólo nacen cada veinte años. Para las generaciones que hoy en día llegan a los impunes cuarenta y a la edad de los nuncas (los 30), una voz en español siempre nos acompañará, sea para recordar buenos e inolvidables momentos, sea para ponerle algo de sal a la herida para no olvidar. Seguramente más de uno tendrá en mente un determinado nombre, pero al final coincideremos en uno solo: Ana Torroja.
Mencionar el nombre de Ana Torroja, para unos remite al grupo de pop en español más famoso, Mecano, mientras que para otros viene a su cabeza "Duele el amor" o "Corazones", sendos duetos con Aleks Syntek y Miguel Bosè, respectivamente. Pero la vida, obra y milagros de Ana Torroja Fungairiño tiene otras aristas. Nacida un día como hoy, de 1959, en la cosmopolita ciudad de Madrid, en una familia de importante prosapia en el mundo de la Ingeniería civil y el Derecho. (Su padre y abuelo, importantes ingenieros civiles; sus tíos, abogados de lustre superior.) Y aunque en el seno familiar se cultivaba el gusto por la música, Ana se inclinó, en primer término, por estudiar Economía, mas no por mucho tiempo.
En 1974, casi seis años antes del período de efervescencia artística conocido como la movida, Ana conoce a José María Cano, con quien habría de relacionarse sentimentalmente tiempo después, hasta que Jose se traslada a Valencia. A su regreso, conforman un dueto de alcances todavía amateurs, que con el ingreso del hermano menor de Jose, Nacho, daría como resultado un grupo que, tal y como sucede con los grandes, en aras de cambiar su vida, al final cambiaron al mundo: el grupo Mecano. En 1982 con la salida del primer disco homónimo, en su papel como vocalista del grupo, Ana hizo suyas las temáticas de cada canción (compuestas, claro por los Cano), y aunque aquellas historias eran, estrictamente hablando, vividas desde una mirada masculina, fue el sello que definió el estilo del grupo. Mientras las canciones de Nacho hablaban sobre fiestas desenfrenadas y sus no halagüeñas consecuencias ("Me colé en una fiesta" y "Hoy no me puedo levantar") y de las sorpresas de la vida ("La fuerza del destino", "El lago artificial"), los temas tratados por Jose eran un poco más líricos y, si se puede, hasta poéticos. ("Eungenio Salvador Dalí", "Quédate en Madrid" y la clásica "Hijo de la luna", por decir algunas.) Pero la voz adamantina de Ana hacía de una historia sencilla una ópera de bolsillo. Después de seis discos de estudio, uno en concierto y tres recopilaciones (más las que se acumulen en la semana), en 1998, Mecano se despide de los escenarios y así sus integrantes se dedican a sus proyectos personales.
Poco antes de la debacle del grupo, Ana Torroja lanza su primera producción como solista: Puntos cardinales (1997), donde aún conserva el estilo que le dio identidad a Mecano, pero con un poco más de variedad en su producción, tal y como lo demuestran los sencillos "A contratiempo" y "Cómo sueñan las sirenas". (Eso sí, conservó de su época grupal una valiosa estrategia comercial: grabar sus versiones al francés.) Después de finiquitar su experiencia con los Cano, en 1999 aparece su segundo álbum: Pasajes de un sueño, donde introduce ritmos caribeños, pero le agrega más toques de pop. A final de cuentas, este género le acomoda mejor.
Mientras se hallaba a la caza de nuevas ideas para álbumes posteriores, Ana Torroja se dio tiempo para colaborar con diversos artistas; Sole Giménez (vocalista de Presuntos Implicados), Pedro Guerra y Armando Manzanero tuvieron la suerte de compartir algo más que un dueto, pero fue la estrecha colaboración con Miguel Bosè la que llevó su fama hasta los aires, gracias a la gira mundial Girados, cuya primera temporada pasó sin hacer tanto ruido, y hasta la segunda vuelta, retomó energías y derivo en la grabación de un disco doble y un dvd. (Quienes recuerdan el primer sencillo, "Corazones", saben a qué me refiero.) Después de la maravillosa experiencia de Girados, regresó al estudio de grabación y en 2003 sale a la luz su tercera producción: Frágil. Sin embargo, éste no obtiene la respuesta esperada por su séquito de viejos y nuevos fans. Después de colaborar con Aleks Syntek en "Duele el amor", Ana hace un alto en su camino solista y, como las buenas casas de moda, regresa a sus orígenes con La fuerza del destino (2006), álbum donde reinterpreta las canciones que le dieron fama a Mecano, pero de manera diferente; es decir, con arreglos nuevos. (Los acérrimos fans del grupo no bajaron esa intención de falta de respeto, pero mejor ella que Fey, cuyo disco "homenaje" sí que es un insulto. Cuestión de enfoques.) Actualmente, Ana trabaja en los últimos toques a su siguiente disco, cuya salida está planeada para 2010.
Para quienes crecimos oyendo a la Torroja, como ariete principal de Mecano, no dudamos que su voz se encuentra entre las mejores del mundo, apenas comparable a las de Luz Casal y Sole Giménez, pero éstas se cuecen aparte. Aún así, una voz como la suya merece muchísimas muestras de pleitesía, porque las historias que su voz hizo suyas, forman parte de la banda sonora que rige nuestra vida. (A título personal, "Hijo de la luna", "Eugenio Salvador Dalí" y "El siete de septiembre", de su etapa mecaniana, y "Corazones" de sus incursiones en los duetos, son mis predilectas y conforman una parte toral de mi vida.)
Y, para finalizar estas líneas, me atrevería a decir que su talento musical conservó algo de la ingeniería paterna. ¿De qué manera? Al construir en sus canciones atmósferas peculiares para desenvolver una, dos o hasta más vidas. De cualquier forma, una voz como la suya, termina uniendo, además de varios siglos, hasta los criterios más encontrados. O ustedes, ¿qué piensan?

miércoles, 24 de junio de 2009

Björk o el imperio de la versatilidad

Entre los muchos descubrimientos que hice en mi época lejana de preparatoriano, se encuentra mi acercamiento hacia cierta estación de radio, de la cual sólo quedan fragmentos en la memoria colectiva. Sin embargo, del polvo de aquellos lodos, rescato la presencia de una cantante non que, aún hoy, me sigue haciendo mella: Björk. (Al mencionarla, sé que digo todo, pero me aviento.)
Un requisito fundamental para todas aquellas cantantes inclasificables, es haber nacido en una geografía alterna a la habitual. Éste es el caso de Björk Guðmundsdóttir, nacida en Reikiavik, Islandia, el 21 de noviembre de 1965. Se dice que las familias versátiles suelen parir genios en potencia, y en Björk no fue la excepción, dado que su madre es una acérrima activista en pro de la ecología, y su padre, un acendrado guitarrista de rock, una especie de Eric Clapton islandés, quien llevó a su hija por los senderos de la música y la composición. Y por el lado materno, Björk se interesó por las ciencias naturales, la física y el jazz.
Cuando los caminos llaman, debe ser por una razón de peso; desde temprana edad, Björk dio muestras de su talento interpretativo, sea en reuniones familiares o escolares. Una interpretación muy suya de "I love to love" llegó a oídos de una casa disquera islandesa, quien decidió firmar un contrato, mas nunca se concretó, y otro sello discográfico entró al quite. Así, en 1977, sale a la luz Björk, su primer álbum solista, y compuesto por varios covers.
Como los intereses musicales de la islandesa eran igual de disímiles como sus lecturas tempranas, Björk peregrinó a lo largo de casi una década por el punk, el fusion jazz y el pop, hasta llegar a 1986, cuando forma, junto a otros músicos, The Sugarcubes. Su canción más famosa, "Birthday", dio a la banda un sello casi depresivo, sin dejar a un lado el pop. Fue tanta la fama que obtuvo dentro de The Sugarcubes que su siguiente paso, una vez ya fuera del grupo, fue atravesar el Atlántico. Y al llegar a Londres, donde radica hasta la fecha, comenzar de cero con un nuevo estilo, cada vez más personal.
Influida por el dance londinense, sale a la luz Debut (1993), del que se desprenden "Big time sensuality", "Human behaviour" y la conocidísima "Violently happy", que evidencian un talento desmedido, pero también una predilección por los temas depresivos y algo meditabundos. (Que levante la mano o tire la primera piedra quien alguna vez no se haya identificado con "Violently happy".) Cabe destacar que ese talento se reflejó de igual manera en sus videoclips, algunos de ellos dirigidos por Michel Gondry, donde se transpira creatividad a cada segundo.
Su segundo álbum, Post (1995) sólo confirmó lo ya conocido: un estilo desenfadado, álgido y movido (tal es el caso de "Army of me"), pero nos regaló una joya musicalmente hablando: "It's so quiet", donde regresa el jazz de sus orígenes. En el caso particular de esta canción, Björk nos demuestra que cualquier género (si se permite la etiqueta, claro) le queda corto. En una palabra, la versatilidad -en lo que a música se refiere- se torna su escudo de armas. Más ejemplos de ello: Homogenic (1997), Vespertine (2001), Medulla (2004) y Volta (2007), su más reciente producción.
Ya que hablamos de versatilidad, Björk también ha incursionado en otros mundos diametralmente ajenos a la música, como, por ejemplo, el cine. En Prêt-à-porter (1994), de Robert Altman, tiene una breve aparición en el papel de una modelo, pero en Dancer in the dark (2000), de Lars von Trier, donde su interpretación como Selma Jezkova se lleva las palmas. Y, de refilón, convence al público no dado a los musicales. (Como quien dice, fue al Polo Norte a vender paletas ¡¡y las vendió!!)
La crítica musical, alguna vez lo dije, no es mi fuerte, y haciendo este tipo de apuntes, menos aún. De algo estoy seguro: del gusto renovado que tengo por la obra de Björk. Donde yo veo versatilidad, algunos observan polémica y no es para menos. Al ser una artista de alcances internacionales, debe permanecer al tanto del movimiento de este mundo, sea a favor de la ecología (como su madre), sea en pro de un mejor trato humano. (Quien recuerde aquel grito "Tibet, Tibet!!" al final de un concierto en China, luego de interpretar "Declare independence", sabe a qué me refiero.) Por ahora, me declaro admirador de su música y la última palabra, claro está, la tienen los verdaderos fans. ¿No es así?

lunes, 2 de febrero de 2009

Algunas notas sobre Shakira

En Colombia hay dos formas de la poesía: la literaria, donde resuenan los nombres de Eduardo Carranza, Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez, etc., y la musical, de cuyos principales exponentes que han colocado al país en el panorama actual, resaltaría dos: Soraya, cuya perdida aún es irrecuperable, y Shakira, quien hoy llega a los 32 años y es un ejemplo vivo de como los dos mundos conviven sin problema.
El garcimarquiano puerto de Barranquilla vio nacer un 2 de febrero de 1977 a Shakira Isabel Mebarak Ripoll, de marcada ascendencia libanesa por el lado paterno y catalana por el materno. Recibió el llamado de las letras a los ocho años cuando comenzó a escribir sus primeras canciones, hecho que cimentaría una vida llena de talento. Después de un largo peregrinaje por agrupaciones y concursos, viaja a Bogotá para seguir ese llamado que recibió cuando niña. Luego de conocer a varios productores, Shakira obtiene su primera oportunidad en el mundo de la música con la aparición de su disco Magia (1991), y dos años después, Peligro, pero no tuvieron una buena respuesta del público. Con este primer tropiezo, se toma un descanso e incursiona en la televisión como protagonista de la telenovela El Oasis, con un resultado moderado. Con todo, Shakira no pasaba de ser una gloria local, es decir, que sus canciones sólo eran conocidas en su país; por ese mismo impasse localista había pasado el Gabo, En ambos, esto apenas era la antesala del revuelo que habría de venir.
Con el glorioso antecedente del sencillo "¿Dónde estás corazón?" en Colombia, sale al mercado en 1996 Pies descalzos, álbum que catapultó la fama de Shakira hacia otros países de América con sencillos como "Estoy aquí", "Antología", "Un poco de amor", "Se quiere, se mata", el ya mencionado "¿Dónde estás corazón?" y el que da título al disco, "Pies descalzos, sueños blancos". Desde luego, las críticas no se hicieron esperar: mientras "Se quiere, se mata" generaba gruesas polémicas por tratar el tema del aborto, varias de sus canciones, por la complejidad de sus letras, ¡¡eran tremendos trabalenguas!!, cosa que delimitó (en cierta manera) el estilo de Shakira. Para 1998 nos presenta un álbum que seguía el mismo estilo que el anterior: ¿Dónde están los ladrones? Cuenta la propia cantante que dicho título derivó de un extraño incidente: la maleta, donde además de su ropa y enseres personales, venían las canciones para su nuevo disco, le fue robada, y esto motivó una seria búsqueda para recuperarla. Al final, resolvió reescribir las canciones y el resto es historia: canciones como "Ciega, sordomuda", "Inevitable" y la arabizante "Ojos así", confirmaron una fama más que merecida. Después de gozar las mieles del éxito, en 1999 Shakira hizo un ligero corte de caja a su trayectoria y grabó una sesión unplugged para MTV, derivando, claro, en su respectivo álbum.
Ya en los dosmiles, y después de consolidar su carrera en el ámbito latinoamericano, en 2001 sale al mercado Servicio de lavandería y su respectiva versión en inglés, Laundry Service, por aquello de la internacionalización. "Suerte", "Underneath your clothes" y "Te aviso, te anuncio" y "Te dejo Madrid" y "Que me quedes tú" fueron los sencillos que evidenciaron un cambio radical tanto en sus letras como en los rítmos musicales; en "Te aviso..." jugó con el tango, y en "Te dejo Madrid" suscitó una polémica con el torero El Juli. (¿Qué tal?) Y como ese afán de globalizarse era verdadero, 2005 nos trae una producción donde, literalmente, Shakira echó toda la carne al asador: Fijación oral, vols. 1 y 2, en sus respectivas versiones en español e inglés. (Una canción muy conocida de este álbum, "Hips don't lie", la llevó hasta la clausura de la Copa del Mundo Alemania 2006.)
Regresando a su natal Colombia, Shakira comenzó a interesarse por las labores altruistas (mismas que se sustentan en la Fundación Pies Descalzos), pero también en voltear la mirada hacia un coterráneo suyo: Gabriel García Márquez. (Es del dominio público que, en algún reportaje de la televisión colombiana, Gabo y Shaky le sacaron chispas a la pista de baile. Además, el autor de Cien años de soledad, cada que el tiempo lo permite, se le puede ver en alguno de sus conciertos.) Cuando se preparaba la versión fílmica de El amor en los tiempos del cólera, Gabo invitó a su compatriota para que escribiera las canciones que se emplearían en la película, entre las que destaca "Hay amores".
Después de repasar un poco la trayectoria de una cantante sin par, cabe decir lo siguiente: por la amplitud de temas que trata en sus canciones, Shakira le rinde señero y sincero homenaje a toda la prosapia literaria de su país, pero también persiste en su campo nato, la música actual, donde ya se encuentra inscrito su nombre. Bien sé que no le faltaran ni detractores ni fans; sólo su música dirá la última palabra. Por donde gusten, será un buen comienzo. Verdad que sí.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Vangelis: Una música proteica

"Toda música verdadera nos hace palpar el tiempo". Sigue pasando el tiempo y esta afirmación de E.M. Cioran sigue ganando batallas después de todo, y más ahora cuando las presentes líneas tienen como pretexto hablar sobre un gran músico y compositor que, a diferencia de sus contempóraneos, sigue reinventándose a sí mismo. Me refiero al griego Vangelis.
Evangelos Odyssey Papathanassiou, Vangelis, nació el 29 de marzo de 1943 en Volos, Grecia, en el seno de una familia acomodada; por su situación económica holgada, tuvo acceso a uno de los primeros sintetizadores en Grecia, con el cual ejecutaba sus primeras composiciones. Pasado el tiempo, y con el fervor del rock muy presente en su época juvenil, junto a su primo Demis Roussos, forman el grupo Aphrodite's Child, uno de los primeros exponentes del rock progresivo en Grecia. Uno de sus álbumes más famosos es 666, inspirado en el Apocalipsis de San Juan, mismo que generó reacciones favorables (como la del pintor español Salvador Dalí) que enconados actos de censura. Pero sus búsquedas musicales en el rubro de la electrónica, llevaron por añadidura hacia la desintegración del grupo.
Vangelis vivió un largo peregrinaje por varias ciudades de Europa, como París y Londres, donde finalmente allí logró construir su propio estudio de grabación, los Nemo Studios, de donde surgirían nuevas y egregias obras. (En Inglaterra, cabe decirlo, estuvo a un paso de integrarse al grupo de rock progresivo Yes como su tecladista en sustitución de Rick Wakeman, pero no se logró. De haberse realizado, ¡¡qué habría surgido de aquella alineación!!) Mientras buscaba ese sonido prístino, se dedicó a componer la música de varias películas dirigidas por el francés Frederic Rossif, quien a la larga se volvió su amigo y compañero de andanzas artísticas. (Incluso, se dio algo de tiempo para componer el soundtrack de ¿No oyes ladrar a los perros?, producción franco-mexicana con guión de Carlos Fuentes basada en el cuento homónimo de Juan Rulfo. Posteriormente, el propio Vangelis reeditó la música y la agrupó en un disco de nombre Ignacio.) Entre la composición de partituras para cine y televisión, durante los años 70, dio a la luz varios materiales que habrían de sentar un precedente no sólo musical, sino hasta tecnológico y hasta cultural también. En 1975 presenta Heaven and Hell, álbum inspirado en la Divina Comedia de Dante Alighieri, donde contó con la colaboración de Jon Anderson, vocalista de Yes, y al año siguiente, Albedo 0.39. (Varios de los cortes de estos álbumes, se emplearon más adelante para musicalizar la serie Cosmos de Carl Sagan, en la década siguiente.)
Mientras seguía experimentando en los Nemo Studios, la fama le llegó de sopetón cuando en 1981, obtiene el Oscar en la categoría de Mejor Partitura por la música que compuso para la película Carros de fuego, con la que empezó a ser conocido por el público de todos los sectores. Al año siguiente, colabora con el cineasta británico Ridley Scott en una película que habría de confirmar esa fama en ascenso: Blade Runner. Entre ésta y 1492 (1992), dirigida también por Scott, Vangelis trabajaría paralelamente en proyectos muy personales y en la composición de música para la pantalla de plata. Entre recopilaciones variopintas de sus obras y más música para el cine, en 1998 sale a la luz El Greco, donde rinde un homenaje al pintor greco-español, con una música de naturaleza semejante a la de 1492, es decir, atemporal: sin tiempo y con todos los tiempos dentro de sí. En este álbum contó con la colaboración de la soprano catalana Montserrat Caballé.
A principios del siglo XXI, la NASA se puso en contacto con él para encomendarle la composición de una obra alusiva a la primera expedición espacial no tripulada al planeta Marte. Así nació Mythodea (2001). Un año después, el comité organizador de la Copa Mundial de Futbol Corea-Japón 2002, lo comisiona para componer el tema oficial del encuentro. Regresa al camino de los soundtracks cuando compone la música para Alexander de Oliver Stone; obra, según él, de la que siente mucho orgullo, dada su herencia cultural y su interés por el personaje.
Con toda esta historia detrás de sí, Vangelis siempre se ha mantenido fiel a sus búsquedas musicales. No importa que lo hayan comisionado para musicalizar varias películas y componer himnos para eventos singulares, siempre hay una vitalidad en cada una de sus obras, inclusive retoma elementos de otras latitudes para hacer sus obras. En Blade Runner, regresa un poco a la tradición del jazz y el blues; en "Conquest of Paradise", "Voices" y Mythodea eleva a la épica de género a modo de vida, y en El Greco, digamos que busca el tiempo mientras lo deja hablar. En fin, y en cualquiera de sus formas, Vangelis hace una música proteica, es decir, que se reinventa cada día y la hace parecer diferente, sin olvidarse de dónde proviene. Sólo me limitaré a invitarlos para que escuchen cualquiera de sus producciones y se dejen llevar por una música única, prístina y atemporal. Ekharistó polí.

sábado, 30 de agosto de 2008

Eleni Karaindrou: la memoria recobrada

En la historia de la música, es contada la presencia de mujeres dedicadas a la composición. Sin embargo, no debemos lamentar del todo esa circunstancia, puesto que hay presencias que llenan todos los huecos habidos y por haber con una prístina obra que rebasa tiempo y espacio. Una presencia importante es la compositora griega Eleni Karaindrou, cuya obra musical ha realizado en su mayoría gracias al trabajo fílmico de su compatriota Theo Angelopoulos.
Nacida en Teichio, Grecia, el 25 de noviembre de 1939, estudió, además de composición musical, arqueología e historia en la Universidad de Atenas; carreras que perfeccionó en la ciudad de París cuando realizó una especialidad en etnomusicología. Precisamente, estos estudios le permitieron acercarse a la música tradicional de su país y que, visto de una manera general, forman parte de ese particular estilo de composición que tanto la caracteriza. En 1975, comenzó su carrera componiendo las partituras para películas, teleseries y documentales, además de catapultar a la cantante María Farantouri. Fue hasta principios de los años 80 cuando conoce al cineasta Theo Angelopoulos, con quien colabora hasta la fecha, componiendo partituras de excelente calidad musical.
Parte de la magia (si así se le puede llamar) de la colaboración de Karaindrou con Angelopoulos, es en la manera como logra compaginar los caracteres de los personajes con el medio que les rodea. En El apicultor (1986), una pieza con toques de rock, describe los problemas del protagonista cuando encuentra a una lolita punk que le mueve completamente el tapete. En Paisaje en la niebla (1987), la inocencia de dos niños que buscan a un padre hasta ahora inexistente, se describe en una tonada sencilla pero triste, cuya finalidad, indirectamente, es conmocionarnos a tal grado que su sufrimiento es también el nuestro. Y en La eternidad y un día (1998), no sólo nos invita a sufrir, sino también a gozar con las últimas horas del protagonista, en cuya travesía final descubre el valor de las palabras y, por qué no, de la música. (Precisamente, en este score, Karaindrou recupera parte del bagaje musical de Grecia, introduciendo cantares de boda y melodías tradicionales de provincia.) Pero el verdadero tour de force en su obra se nota a todas luces en La mirada de Ulises (1995), donde una sola melodía juega con el protagonista, en una suerte de variaciones en torno al mismo tema, como un Odiseo balcánico en un viaje sin final aparente.
Aparte de sus colaboraciones con Angelopoulos, con quien tiene planeada la confección de una Trilogía sobre la Grecia del siglo XX -de la que El prado en llanto (2004) es apenas el principio-, Eleni Karaindrou incursionó en los terrenos de la ópera con su versión de Las Troyanas (2001), de Eurípides. Pero la música para cine parece ser que gozará de su talento por muchos años más.
E. M. Cioran decía que "toda música verdadera nos hace palpar el tiempo". En Eleni Karaindrou, es la memoria recobrada, porque después de un tiempo transcurrido, siempre es vital regresar al origen, sea cual fuere el destino final. Además, sus composiciones, fuera del ambiente donde surgieron, las películas de Theo Angelopoulos, rebasan todo tiempo y espacio y, claro está, nos hacen vivir la experiencia de la memoria recobrada. Finalmente, para describir la obra de Karaindrou sobran las presentes líneas, así que mejor los invito a que vivan con plenitud esa experiencia escuchando su música. Ésa sí dirá todo y más. ¿A poco no?

jueves, 14 de agosto de 2008

La cantante de la semana: Sarah Brightman

Reza el lugar común que "cuando una voz es hermosa, es mucho más poderosa que cualquier instrumento creado por el hombre". Y cuando ésta rebasa todo tiempo y espacio, mejor aún. En la historia de la música, son contadas estas presencias, mismas que han rebasado las barreras del tiempo y cuya belleza primigenia aún se halla presente. Tal es el caso de la cantante británica Sarah Brightman.
Nacida un día como hoy, pero de 1960, en Berkhampstead, Sarah tuvo desde temprana edad un marcado interés por la música y el baile, mismos que estudió conforme pasaba el tiempo; debutó en el teatro a la temprana edad de 13 años, y más adelante, se integró a varias agrupaciones de baile. Pero como la música era quien daba la nota cantante, en 1980 se convirtió en la vocalista del grupo pop Hot Gossip. Sin embargo, el teatro clamaba por su regreso y luego de abandonar el grupo, se integró al elenco del musical Cats, hecho que escribiría, de ahora en adelante, sus postreras cartas de navegación. Allí conoció a quien sería su esposo, Andrew Lloyd Webber, quien vio en Sarah una musa inspiradora para su música y a quien inmortalizaría en su obra cumbre: The Phantom of the Opera, musical de su creación, basado en una novela del francés Gaston Leroux. (Gracias a su interpretación como Christine Daee en dicho musical, Brightman fue rebautizada por críticos y admiradores como "El Ángel de la Música", título que aún conserva, a pesar del tiempo transcurrido.)
En 1989, Sarah sacó su primera producción como solista, The songs that got away, el cual no tuvo la respuesta deseada. Pero fue con su segunda producción, As I came of age, cuando empezó a despuntar en el mundo de la música. En junio de 1990, se separa de Lloyd Webber y sigue su propio camino musicalmente hablando. (En la memoria colectiva, su magistral interpretación en The Phantom of the Opera marcó un hito en su historia musical, pero lo mejor estaría por venir.)
Inspirada por los trabajos discográficos del grupo Enigma, Sarah viaja a Los Angeles y conoce al productor Frank Peterson, quien terminaría por producir todos sus discos. Desde Dive (1992), ya empezaba a vislumbrarse su peculiar estilo, es decir, el bel canto y el teatro musical, conjugados con algunos toques de pop y rock. (También conocido como crossover.) De este disco se desprendió el primer sencillo, "Captain Nemo", mismo que la llevó hasta los cuernos de la luna. Por aquellos días, se cuenta su participación en los Juegos Olímpicos de Barcelona '92, interpretando a duo con el tenor español José Carreras, el tema oficial, "Amigos para siempre". (Dicho dueto, fue el primero de varios que la harían doblemente famosa. Desde Plácido Domingo y José Carreras, pasando por Josh Groban y Andrea Bocelli, hasta Ofra Haza y Paul Stanley del grupo Kiss, cada colaboración es única en su género.)
Sus álbumes posteriores se caracterizaron por darle una nueva interpretación a temas ya consolidados en la historia musical, tal el caso de Eden (1998) donde interpreta obras de Puccini, Ennio Morricone y hasta un cover de "Dust in the wind" del grupo Kansas. Con La luna (2000), Sarah hace un recorrido por todas las canciones con el tema de la luna, entre éstas, "Hijo de la luna", del grupo español Mecano. Pero como los intereses musicales rebasan toda frontera, se lanza a grabar un álbum cuya principal idea surgió de su lectura de Las mil y una noches: Harem (2003), donde introduce los rítmos árabes sin dejar de lado el pop. (Así, un aria de Madama Butterfly de Puccini, se convierte en "It's a beautiful day", y "Canção do mar", éxito de la portuguesa Dulce Pontes, en "Harem".)
En este año, y luego de varias recopilaciones discográficas en torno a su carrera, sacó un nuevo álbum de estudio, Symphony, donde destacan los duetos con Alessandro Safina, Andrea Bocelli y el contratenor argentino Fernando Lima, con quien interpretó el tema principal de la telenovela mexicana Pasión. De pilón, cabe mencionar que tuvo el privilegio de interpretar, a duo con el chino Liu Huan, "You and me", el tema oficial de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, inaugurados hace una semana.
Ante todo esto, la trayectoria de Sarah Brightman está llena de incursiones en todos los terrenos de la música, porque una cantante así solamente aparece cada siglo (o ¿debería decir milenio?) Sarah ha logrado encantarnos con su polifacética voz y además, para que la música llegue a todos nuestros corazones, no debe haber barreras de todo tipo, incluyendo las que se ponen dentro del propio mundo de la música. (Acercarse a las arias de Puccini no debe ser difícil para nadie, saben.) Pero ella ha logrado eso y más. No hay mejor homenaje para ella que escuchar sus discos y deleitarse con cualquiera de sus canciones. Después de todo, la verdadera música -como ésta- nos hace palpar completamente el tiempo. ¿No es así?

viernes, 25 de julio de 2008

Astor Piazzolla y sus electroalumnos

Hace tres semanas (el 4 de julio, para ser exacto), se cumplieron 16 años del fallecimiento del músico y compositor argentino Astor Piazzolla, quien fusionó (por así decirlo) el tango con la música clásica y el jazz, y cuyas obras sentaron un precedente en la música, no sólo de Argentina, sino mundial.
Nacido el 11 de marzo de 1921, en Mar del Plata, en el seno de una familia de migrantes italianos, Piazzolla descubrió, muy orientado por su padre, su interés por la música; más en concreto, gracias al tango. Luego de aprender a tocar el bandoneón, se integró a un sinnúmero de agrupaciones, de las cuales destaca la dirigida por Anibal Troilo. (Lo mismo tocaba en restaurantes que en lugares de mala nota.) Sin embargo, su talento no sólo se limitó a ejecutar el bandoneón, sino también en componer nuevas melodías. Uno de sus maestros en esto fue Alberto Ginastera; más adelante, obtuvo una beca para estudiar composición en París junto a la gran Nadia Boulanger. Cuenta el propio Piazzolla que cuando conoció a su maestra en la Ciudad Luz, le llevó un montón de partituras, mismos que la compositora revisaría con calma y así comprobar la maestría de su joven alumno. Su respuesta fue devastadora: "hallé en sus composiciones algo de Bartok, Stravinsky, Ravel, etc., pero no encontré a Astor Piazzolla". Después de oír aquel resultado, Piazzolla le confesó que toda su vida se limitó a tocar tangos en tugurios de Buenos Aires. Cuando Boulanger escuchó esto, le pidió muy amablemente que le tocara algo. Después de escuchar la interpretación del argentino, ella exclamó: "¡¡Ése sí es Piazzolla!!". En conclusión, él aprendió algo muy importante: encontrar su propio estilo. Y así fue. Con la tradición tanguera corriendo por sus venas, fusionada con elementos de jazz y música de concierto, nació la leyenda.
Con un destino musical más que asumido, no tardaron en aparecer las críticas en su natal Argentina. Lo tacharon de irreverente, poco tradicional y hasta de loco. Piazzolla sólo se limitó a decir lo siguiente: "Es un tango para escucharse". Nada más. Y así como los detractores aparecían, lo mismo sus admiradores, y en ambos lados del charco atlántico. (París fue la ciudad que recibió con los brazos abiertos la experiencia piazzollana, y a tal grado que el compositor residió allí varios años.) Tanta era la fama del argentino que no tardó en llegar al mundo del cine. Compuso el soundtrack de Enrico IV, película del cineasta italiano Marco Bellochio, basada en una obra de Shakespeare, pero fue su compatriota Fernando Solanas con quien colaboró más de una vez; muestra de ello: Sur y El exilio de Gardel, filmadas en los años 80. (Incluso ya fallecido, su música siguió apareciendo en la pantalla de plata: en 12 monos, de Terry Gilliam, se empleó un fragmento de la suite "Punta del Este". Y, de pilón, su "Cité tango" se volvió la rúbrica institucional de la serie televisiva Los simuladores.)
A mediados de la década de los 90, la casa disquera Milan Records y la Fundación que lleva su nombre, sacaron al mercado una colección de discos con sus obras. (Detalle aparte: cada volumen lleva en la portada una pintura de Tamara de Lempicka.) Así, la obra de un músico y compositor non permanecerá con nosotros, quienes amamos la música.
Finalmente, queda destacar lo siguiente: a raíz del corralito en Argentina, en un difícil 2001, varios músicos jóvenes, influidos por el rock y la electrónica, regresaron a sus raíces musicales, es decir, al tango de sus padres y abuelos, para fusionarlo con su bagaje previo y así innovar (si se me permite la palabra) su medio de expresión. Ejemplos de ello: los grupos Bajofondo (capitaneado por el polimórfico Gustavo Santaolalla) y Tanghetto (cuyo cover a "Enjoy the silence", de Depeche Mode no tiene igual). Allende el Atlántico, los franceses de Gotan Project no se quedan atrás. Si vemos estos movimientos con calma, nos damos cuenta que siguen los mismos paso que su ilustre antecesor, porque el deseo de hacer una música diferente, pero sobre todo, componerla y ejecutarla, sigue activo. Piazzolla, de contar con la edad de estos pibes, seguramente haría lo mismo, y seguiría siendo Astor Piazzolla. (Ustedes, ¿qué pensarían al respecto?) Mejor escuchemos sus obras. Y ya.

jueves, 29 de mayo de 2008

Ennio Morricone per sempre

Hace dos días, la ciudad de México se engalanó con la presencia de una leyenda viva, tanto en la historia de la música como en el mundo del celuloide; no hay película (sin importar nacionalidad ni coproducción) que no cuente con una partitura compuesta por él. Signori e signore, Ennio Morricone!!
Nacido en Roma, el 10 de noviembre de 1928, desde muy joven tuvo naturales inclinaciones por la música, campo donde despuntó tempranamente. Aunque sus primeros trabajos datan de los años 50, fue en la década posterior cuando su nombre empezaba a ser sinónimo de genialidad y maestría en la composición de partituras. Ejemplo claro, la famosa trilogía de spaghetti-westerns, conformada por El bueno, el malo y el feo, Por un puñado de dólares y Por unos dólares más, y dirigida por su compatriota Sergio Leone. Gracias a estas películas, se consolida el peculiar estilo del músico. Melodías de fácil memoria -en apariencia-, que determinan una escena, un personaje. (Para el caso del western con sabor a pasta, quién no recuerda a Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach en las últimas escenas de El bueno, el malo y el feo, o a Charles Bronson, "el hombre de la armónica", en Érase una vez en el Oeste. ¿Verdad que nunca los olvidaremos, gracias a las composiciones morriconianas?)
Además de ilustrar musicalmente la épica del Oeste, Morricone hizo lo propio con la vida de las ciudades, sin importar tiempo ni nacionalidad. En los años 70, cuando la historia tenía prisa por escribir la vida, películas como La batalla de Argel y Queimada, de Gillo Pontecorvo, y Sacco y Vanzetti, de Giuliano Montaldo (a su manera, epopeyas de una historia sin tregua), contaron con la prístina participación del compositor, el cual, cabe decirlo, les otorgó un aura de lucha. "Abolicao", de Queimada, y "Here's to you" (en coautoría con Joan Baez), de Sacco y Vanzetti, más que melodías para un soundtrack, son casi himnos de lucha.
Pero entre la épica del western y el cine de conciencia social, nunca dejó de lado pintar con notas musicales las historias sencillas (A cenar esta noche, ¡Átame!, Cinema Paradiso), la nostalgia (Malena) y, desde luego, el humor (La jaula de las locas, Están todos bien). Además, si revisamos detenidamente la lista de composiciones para la pantalla de plata, buena parte de las películas tienen como trasfondo tanto la historia (Érase una vez en América, La misión, Los intocables) como la literatura (La ciudad de la alegría, Sostiene Pereira, Lolita). Morricone, más que un sencillo compositor, es un pintor de tiempos. Sus temas nunca serán olvidados y eso, precisamente, los hace proclives a ilustrar otros ambientes. Xavier Velasco, en un artículo suyo sobre el músico italiano, sugería el siguiente ejercicio: usar sus melodías como música de fondo para las grabaciones familiares. El resultado del montaje: otra obra maestra, si se le quiere ver así.
En resumidas cuentas, el insuperable talento de Ennio Morricone no conoce fronteras, cualesquiera que sean, excepto por su acendrado perfeccionismo por dirigir sus propias obras. (Varios directores de orquesta, deseosos por dirigir sus composiciones, le expresan esa intención, pero no pasan de allí), pero a quienes disfrutamos de su música, esto suele verse como un plus. De algo estoy seguro: que tendremos Morricone para rato y en este año, a varios meses de celebrar su cumpleaños 80, el mejor homenaje reside en escucharlo una y otra vez, porque un talento así merece eso y más.
Grazie mille!!!

lunes, 26 de mayo de 2008

Razones para Amandititita

Hace algunos meses, y a sugerencia de Paulina Martínez, me di a la tarea de investigar en el Tubo sobre una joven cantante mexicana, de nombre Amandititita e intérprete de un nuevo género llamado anarcocumbia. Llegué a casa e hice lo propio. Los resultados de la búsqueda me dejaron con el ojo cuadrado y como tenía tiempo de sobra, resolví ver algunos de sus videos. No puedo negar que luego de ver (una y otra vez) "La mataviejitas", "Viernes de quincena" y la hilarante in extremo "Metrosexual", casi me muero de la risa, por lo ocurrente (y lo que le sigue) de aquellas canciones. No obstante, me dije: "No pasará de allí". Parece que no fue así. Después de este boom en el internet, finalmente su casa disquera sacó al mercado su primera producción, donde obviamente se incluyen las tres canciones anteriores, y otra que hoy suena en la radio, "La muy muy".
Ahora bien, ¿dónde reside su encanto y peculiaridad? Amanda Lalena (llamada así por algunas canciones de Víctor Jara y Donovan, respectivamente), a diferencia de otras jóvenes cantantes, no tuvo un background conformado por grupos, cantantes, géneros (tampoco el hecho de que su ilustre padre fuera Rockdrigo González, el Profeta del Nopal), sino más bien es una cantante ilustrada, es decir, que su formación es meramente literaria: uno de sus autores de cabecera es Italo Calvino. (Borges dijo alguna vez que para ser escritor hay que leer a muchos escritores; se diría también que para ser cantante y/o músico, también hay que hacer lo propio.) En el caso de Amandititita, la prosapia debía hacer lo suyo, pero predominaron más las letras que la música. Aún así, su talento para agarrar historias de gente común y hacerlas atractivas mediante una canción con pegajoso rítmo, es más que innegable. Y orginal, además de todo.
Ayer, en el mismo Tubo, aparecen comentarios laudatorios y otros adversos; varios de éstos se resumen en una frase: Rockdrigo hacía hurbanistorias, Amandititita, puras pendejadas. Tienen razón, pero no toda la razón. La tienen, porque no hay comparación alguna, pero se equivocan al decir lo último. Sucede como con las generaciones: unos dicen sí, otros no y el resto, se reserva su opinión. Nada más. Y no la tienen por lo siguiente: las historias que suceden en las ciudades son las mismas; sólo cambia quien hace el papel de juglar. Permítaseme un ejemplo: gracias al ingenio de Amandititita, el caso de la Mataviejitas no pasará desapercibido de la memoria popular. (Ni de la nota roja.) Y recordando al buen Rockdrigo, su "Asalto chido" no tiene fecha de caducidad.
En fin... muchos tienen sus razones para admirar y otros para odiar a Amandititita y cada quien lo sabe. En lo personal, me gustan mucho sus canciones y confío en que para su próximo disco tendrá más historias que contar, porque, como decía Paco Ignacio Taibo II en "Mariachis muertos sonriendo": Hay muchas historias allá afuera, pero se me olvida escribirlas. Ojalá que Amandititita continúe así.

viernes, 9 de mayo de 2008

La cantante de la semana: Soraya

El día de mañana, 10 de mayo, se cumplen dos años de la partida de una importante cantautora, cuya pasión por la vida rebasó fronteras. Se trata de la colombiano-estadounidense Soraya, cuyas canciones aún persisten en el gusto del público, sin importar época o nacionalidad.
Soraya Raquel Lamilla Cuevas, nació el 11 de marzo de 1969 en Point Pleasant, Nueva Jersey; durante un tiempo radicó en Colombia junto a sus padres, hasta los ocho años, cuando regresaron a Estados Unidos. (Su nombre tiene un connotado origen libanés, dado que sus abuelos maternos provenían de Líbano.) En el círculo familiar, Soraya aprendió el inglés (lengua que su padre consideraba importante), pero también el español, por aquello de las raíces latinoamericanas, bien inculcadas por su madre.
Desde muy niña, se interesó por la música, hecho que la llevó a tomar clases de guitarra y de violín; debutó -por así decirlo- en el Carnegie Hall ejecutando este último. Para sus años de adolescente, escribió sus primeras letras, sin saber lo que el tiempo terminaría por depararle. Tiempo después, egresaría de la Universidad Rutgers, donde hizo estudios de Letras Inglesas, Filosofía Francesa y Estudios de la Mujer. También se cuenta que tocaba sus canciones en cafeterías circunvecinas al campus.
La buena fortuna llegó a su vida en 1996, cuando sale al mercado discográfico su primera producción, En esta noche/On nights like this, mismo que marca un ascenso meteórico de su novel carrera. "De repente", "Quédate" y el éxito homónimo, se convierten en los sencillos más escuchados (cabe decir lo mismo de sus versiones en inglés). Para finales del año siguiente, su segunda producción, Torre de marfil/Wall of smiles, corrió con igual suerte. "Si te vas", "París, Cali y Milán", y la inolvidable "Lejos de aquí" ("un poco autobiográfica", a decir de su autora, durante una entrevista para MTV), marcaron el paso en la trayectoria de la cantante. Para 2000, se confirmó su innegable y multifacético talento en Cuerpo y alma/I'm yours, y sus sencillos "En dónde estás" y la homónima que titula al álbum. Cuando el éxito y el talento se hallan a flor de piel, sucede un fatal anuncio: a Soraya se le diagnostica cáncer de seno. Esto orilló a la cantautora a retirarse parcialmente del medio musical, para atenderse médicamente y pensar muchas cosas. La espera terminó el 2003, con la salida del Soraya, cuarto álbum de su carrera, con el cual obtuvo el Grammy Latino en 2004, como Mejor Álbum Cantautor.
Sin embargo, y con un reconocmiento sincero y total, la enfermedad comienza a ganar terreno. Aún así, Soraya se interesa en actividades altruistas, como ayudar a la Fundación contra el cáncer de mama Susan G. Komen, para que la lucha (también la suya) prosiga. Y con esa energía, pero resignación a su vez, presenta en 2005 su última producción discográfica: El otro lado de mí. El primer sencillo, "Llévame", la colocó en los charts más importantes de Latinoamérica, y la canción "Cómo sería", se convirtió en su carta de despedida del mundo de la música.
En sus últimos meses de vida, Soraya dedicó todas sus fuerzas para escribir un libro (mitad memorias, mitad testamento), donde expresaría sus pasiones, miedos, pero también sus motivaciones y hasta sus esperanzas. Una obra que ayudara en algo a las personas que pasaban por su misma circunstancia. La mañana del 10 de mayo de 2006, en Miami, Soraya finalmente dijo adiós y meses después, su obra póstuma, Con las cuerdas rotas, salió a la venta. Presento un extracto del mismo:
Soy cantautora, música y productora. He recorrido el mundo con mis canciones, he aparecido en incontables portadas de revistas, he conocido buena parte de los grandes ídolos que han influido en mi estilo musical. Las paredes de mi estudio están forradas de discos de oro y reconocimientos, y en estos últimos años me he convertido en una ferviente defensora de los pacientes y su portavoz. Pero no son estos los logros que más me enorgullecen. Soy además nieta, sobrina e hija de tres mujeres que murieron de cáncer de seno. Y escribo estas palabras como una mujer que ha superado el tiempo de vida proyectado desde su diagnóstico de cáncer de seno en un estado avanzado... Esta es mi historia, contada a través de sus vidas. Su ejemplo me enseñó el sentido de estar viva. De ellas heredé el valor para enfrentar lo incomprensible, con dignidad y amor. Me mostraron cómo vivir, cuando la vida misma esta llena de incertidumbres y que la certeza de la muerte es un hecho inocultable. Me entregaron una herencia llena de retos físicos y emocionales. Cada una de ellas tomó opciones diametralmente distintas para afrontar la enfermedad y siento por tanto muchas veces que me dejaron unas claves indescifrables para poder escoger el mejor camino a seguir.
Ante todo esto, simplemente resta a quienes disfrutamos sus canciones seguir recordándola de esa forma. Si para un escritor, el mejor homenaje es leerlo, para una cantautora de ese talento, escuchar una de sus canciones vale más que todos los homenajes habidos y por haber.
¡¡Gracias, Soraya!!

martes, 21 de agosto de 2007

La Cantante de la Semana: Enya

De todas las cantantes que han pasado por las intrañas tierras de la NRB, destaca una por su serenidad y, claro está, la versatilidad que emana de sus canciones. Me refiero a la irlandesa Enya.
Eithne Ni Bhraenain (su nombre en gaélico) nació en el seno de una familia con acendrada tradición musical: junto a varios de sus hermanos formaron el grupo Clannad, quienes compusieron e interpretaron la música de la serie Robin Hood. Más tarde, Enya y su hermana Maire Brennan (también connotada cantante de reminiscencias celtas, pero más allegada a la tradición irlandesa) abandonaron la agrupación y así forjar sus carreras solistas.
La primera producción de Enya fue el soundtrack de la serie documental The Celts, mismo que se reeditaría años después, pero con su segundo disco, Watermark, se colocó en los cuernos de la luna con el primer sencillo, "Orinoco flow" (que en este lado del charco se usó para un comercial de whisky, pero ni modo), sin olvidarnos de la ecléctica "Storms in Africa". (Para posteriores reediciones, se incluyó una "segunda parte", es decir, su versión en inglés. La original está cantada en gaélico.)
Años después, su tercera producción, Shepherd moons, hizo de las suyas con los inolvidables sencillos "Caribbean blue", "Aldebaran" y "Book of days", cuya versión en inglés fue el tema de la película Far and Away, protagonizada por Nicole Kidman y Tom Cruise. (Con esto, la versatilidad de los temas de Enya estaba más que probada.) Para mediados de los años 90, The Memory of Trees fue -hasta la fecha- su disco más logrado, por retomar elementos del Watermark, pero con ciertos guiños de ojo a las incantaciones latinas y a melodías orientales. Para muestra, están "Anywhere is", "On my way home" y "China roses", por decir algunas.
Luego de su recopilación Paint the sky with stars (de donde se desprendió el sencillo "Only if..."), vino A day without rain, disco que en 2001 tuvo un inusitado éxito de ventas, puesto que el primer sencillo, "Only time", fue empleada por los noticiarios estadounidenses para ilustrar escenas del 11 de septiembre. (Sans comments.) Y aprovechando el fervor por la irlandesa, el cineasta neozelandés Peter Jackson y el compositor norteamericano Howard Shore solicitaron su colaboración para interpretar la canción-tema de la primera parte de El Señor de los Anillos, llamada "May it be". (En el resto de la saga, Annie Lennox entró al quite, pero no fue lo mismo.)
Su última producción discográfica, Amarantine, es diametralmente diferente a lo realizado en discos anteriores, puesto que si aún persiste esa serenidad muy suya, también se adentra por senderos no explorados, como en "Sumiregusa", cantada totalmente en japonés. Tanta fue la expectativa con este disco, que la compañía disquera sacó, la Navidad pasada, una edición especial con villancicos. [Nota bene: Esto no es nuevo: Enya ya antes había interpretado villancicos; ejemplo claro, "Oiche chiun" ("Silent night"), o sea, la típica "Noche de paz", incluida como bonus track del Shepherd moons.]
Para quienes gustan de la world music, bien sabemos que Enya no basta ni sobra. Para nada. Por tratarse de una cantante sin par (y muy alejada de la parafernalia musical), cada disco suyo es un viaje hacia nuevas tierras, pero con una diferencia: que quien viaja -o sea, escucha- por su mundo, ya nunca será el mismo, aunque se trate de una sola persona. Aún así, siempre habrá una canción de Enya que sea parte de nuestro corazón, es decir, nuestro muy particular "Book of days". (¿Será así? Disfrútenla.)

lunes, 30 de julio de 2007

El Cantante de la Semana: Joan Manuel Serrat

Hace algunos días, navegando por las aguas de la Información, me encontré una frase que transpiraba verdad por los cuatro costados: Música de padre y madre, no hay ninguna. Y ello obligó a la memoria a hacer acopio de fuerzas para dejarla hablar. El resultado fue el siguiente.
En colaboraciones anteriores, hablé sobre la música de Mecano como parte de mi vida, la cual fue definida por la multiplicidad de sus temas. Sin embargo, ése aprendizaje no estaría completo sin otra presencia ibérica: Joan Manuel Serrat. Gracias al equilibrado (en ese entonces) gusto de mis padres, mi acercamiento a la obra del cantautor catalán fue de lo más extraño. Sea en el coche, acompañando a mi papá, sea en casa, mientras mi mamá hacía el quehacer, siempre escuchaba el mismo cassette con una eximia selección serratiana. (Al principio, me pareció algo aburrido, pero el tiempo terminó por convencerme, para luego convertirme a su culto.)
En los extraños días de la preparatoria, siempre regresaba a Serrat. Gracias a sus canciones (algunas, poemas de Antonio Machado y Miguel Hernández) supe que mi vocación se encaminaba hacia la literatura. Y no era para menos, porque el primer libro de poesía que compré fue una antología de Miguel Hernández, y, claro, buscaba el poema -"Elegía (a Ramón Sijé)", por ejemplo-, para después cantarlo. (Siempre las lágrimas hacían de las suyas, al final de ello.)
Como todo los géneros musical que pasaba por mi vida, Serrat tuvo su respectivo impasse, cosa que no duró mucho tiempo, porque adquirí el compacto El gusto es nuestro. Serrat, acompañado por los infaltables Ana Belén y Víctor Manuel San José y el inverosímil Miguel Ríos, se atrevió a cantar sus propias canciones y las de los demás, de una manera verdaderamente única. ("Cantares", acompañado por Miguel Ríos, es una obra maestra; "Paraules de amor", en voz de Ana Belén ¡¡y en catalán!!, se vuelve una delicia, y "M'en vaig a peu" con Víctor Manuel, se convierte en un himno para todo.) Y, claro, regresé al camino poético del catalán.
Sin embargo, en la dispar obra serratiana, no todo es conmoción. La frescura de sus primeros discos y sus respectivos éxitos, no se ha perdido del todo. (Es más, ¡¡hasta son más jóvenes que nosotros!!) Si comparamos esto con las últimas producciones (Sombras de la China, por ejemplo), vemos que sigue patente su interés por contarnos una historia, pero ahora se toma demasiado tiempo en hacerlo. (Claro está que el tiempo termina por rallentizar las cosas, pero en este caso, sí que se pasa de tueste.) Aún así, Serrat es único.
Ahora, en estos tiempos donde se ha perdido hasta la capacidad no sólo de soñar, sino de asombrarse cada día con los casos y cosas que nos trae la vida, siempre es oportuno regresar a las canciones de Joan Manuel Serrat, y saber que el sur también existe, y que hoy puede ser un gran día, para planteárselo así. Ni duda cabe de ello. (Y una sugerencia final : que cada quien se tome una copa a la salud de su canción favorita de Serrat, porque, finalmente, el gusto también es nuestro.)

martes, 10 de julio de 2007

El Cantante de la Semana: Frank Sinatra

(Para las Consejeras de la Nueva República, resulta gratificante que un cantante de esas magnitudes forme parte de esta aventura por la red. Y no es para menos, dado nuestro espíritu de rescate musical y de tendencias a contracorriente.)
Frank Sinatra (1915-1998) es la clara muestra de un cantante sin par, cuyo encanto y maestría en la interpretación le dio un lugar en la historia de la música. Lo mismo junto a sus colegas del Rat Pack (entre éstos, Dean Martin y Sammy Davis Jr.), lo mismo en solitario. Una voz como esa sólo merece un adjetivo lapidario: atemporal. Aunque sus primeras canciones parezcan decir lo contrario. No en vano se le ha llamado de esta otra forma: The voice. Lo demás... no existe.
Como figura señera del espectáculo norteamericano, Sinatra anduvo en todas partes. Hizo cine como si hubiera nacido para ello (El hombre del brazo de oro es ya un clásico contemporáneo, pero Cuatro por Texas estaría bien que la enlataran.), promovió a los valores musicales que consideró excelentes (En Las Vegas, Juan García Esquivel siempre tocaba, bajo petición suya, "Bye Bye Blues" y el sello discográfico de Sinatra, Reprise, le grabó su primer disco estadounidense al compositor de "Mucha muchacha".), y, claro, tuvo, como toda leyenda, derecho a su propio revival, gracias a los dos volúmenes de Duets, donde citó a cantantes de la talla de Barbra Streisand, Tony Bennett, Gloria Estefan, Natalie Cole, y los inverosímiles Bono (U2), Kenny G y Luis Miguel. (Sinceramente, prefiero el dueto que hizo con Celine Dion para "All the way", el cual no viene en los mencionados discos.)
Ahora bien, sólo me resta invitar a las nuevas generaciones que estén de visita por la NRB, que se dignen a recuperar a un cantante de este calibre, porque aunque el arte sea efímero, la mejor de todas las voces sobrepasará toda época y prejuicios habidos y por haber. Mientras tanto, si me permiten la sugerencia, disfruten de su canción favorita de Sinatra, acompañados por la persona que más quieran en el mundo. Su acompañante se lo agradecerá. Y usted también.

lunes, 18 de junio de 2007

El Cantante de la Semana: Josh Groban

Cada vez que se puede, digno es regresar a la frescura de los clásicos, y más si éstos son nuestros contemporáneos. En el caso de la música, debe ser así.
Cuando escuchamos al cantante norteamericano Josh Groban, presenciamos una muy peculiar fusión de juventud con una pasión sin cortapisas. (Seguro más de un lector estará pensando: "¡¡Qué no se atreva a compararlo con las grandes lumbreras del bel canto!!" Siento decepcionarlos, pero sí lo haré.) Y esa pasión es lo que hace a los buenos cantantes, sin importar si son, o no, bien parecidos. Aquí sí vale aquello de "Talento mata carita", ¿verdad?
Sea lo que interprete, es innegable sentir una conmoción en demasía, hasta llegar al grado de las lágrimas. Me explico mejor. Al escuchar "Remember" (tema de la película Troya), sí sucede dicha conmoción, sólo que ésta se dispara hacia otros horizontes. Lo mismo podría decirse de "Mi mancherai" (versión vocal de Il Postino), entre otras canciones cuya elección dejaré libre para quien guste.
De algo sí estoy seguro: que tenemos cantante para rato. Y, si no, que el Palacio de la Música (o alguna de las Consejeras) me lo reclame. De verdad.

martes, 5 de junio de 2007

El Cantante de la Semana (Ex-aequo)

Por ningún motivo esta NRB estaría completa sin estas buenas propuestas de Annie Cárdenas, de las cuales sólo me queda decir lo siguiente:

  • Mario Frangoulis es el claro ejemplo de que la ópera no está peleada con la genialidad de la música pop. Digno es de notar sus excelentes interpretaciones a los clásicos de Mecano, "Hijo de la luna" (con ésta queda comprobado que también el género masculino sí sabe llegar a notas muy, muy altas) o "Naturaleza muerta", por mencionar las más famosas. Es innegable su enorme talento, pero hay niveles, si no se ha dado cuenta. (V. gr. A la hora de interpretar "Nights in white satin", no nos oponemos a que lo haga en italiano -¡¡y eso que es griego de nacimiento!!-, pero nada mejor como escucharla en inglés, como se debe.) Sin embargo, y punto a favor suyo, le da otro enfoque a canciones meramente instrumentales, como "A la luna de Valencia" -con sabor a Mecano, claro está- o, mi favorita, "Here's to the heroes" (versión vocal de "Five circles", compuesta por su compatriota Vangelis, tema de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004). Lo único que me resta es augurarle que en sus nuevas producciones sigan tan talentoso como siempre.

  • Russell Watson, por otro lado, es la contraparte (y complemento) del greco Frangoulis, puesto que, a la hora de cantar, siempre lo hace con una frescura y una genialidad sin límites. Sea alguna aria, sea algo tan popular como "Barcelona", Watson la interpreta de tal forma que rinde pleitesía a la versión original. Desde luego, no será la última vez que lo hace. Pero le seguiremos la huella, de eso no nos cabe duda.

Finalmente, de ambos sólo me resta decir que son cantantes dignos de figurar en cualquier conteo, selección o, ya de plano, en toda fonoteca que se respete. Después de todo, no está mal escucharlos de cuando en cuando. ¿Verdad, Annemarie?

La Cantante de la Semana: Lara Fabian

Para ser franco, estaba renuente a incluir a Lara Fabian en la galería de cantantes de la NRB; sin embargo, y gracias a los buenos oficios de la consejera Ana Cárdenas, cambié de opinión. (Nunca me arrepentiré de ello.) Pero explicaré el por qué de mi renuencia.
Hace algunos años, compré en un puesto de discos de segunda mano, localizado en Av. Balderas, un compacto llamado Voices: una antología de grandes cantantes que iban desde los ya clásicos Tres Tenores (Domingo-Pavarotti-Carreras), pasando por las excéntricas Ute Lemper (cuya versión de "La vie en rose" no se compara con la versión de la gran Edith Piaf) y Emma Shapplin, hasta Sarah Brightman, Russell Watson y una bellísima interpretación de "Barcelona" hecha por Freddie Mercury y la gran diva Montserrat Caballé. Sin embargo, tenía que aparecer el negrito en el arroz, con la presencia de Charlotte Church y de la propia Lara, por supuesto. (Paréntesis aparte: Luego de escuchar el soundtrack de Una mente brillante, le perdoné la vida a la Church.) Mi descontento se debía a que Lara interpretó una peculiar versión del Adagio de Tommaso Albinoni, cosa que no me gustó para nada. Y desde ese día, todo lo que tuviera que ver con la Fabian me tenía sin cui.
Gracias a una conversación celular que tuve con Anita, decidí darle una nueva oportunidad a la belgo-canadiense. Buscando en la súper carretera, me topé con algunas canciones suyas, mismas que escuché con atención. Primero hice lo propio con "I will love again", que me gustó solamente por lo rítmico de su tonada. (Cuando escuché la versión al español, mi memoria intentaba decirme: "Oye, déjate llevar". Sí lo hice.) Como sabía que la Fabian cantaba en más idiomas, resolví buscar canciones en francés. Sólo una, "Je suis malade", me atrajo la atención. Luego de los casi 6 minutos que duró la canción, estaba sumamente conmocionado y dije: "¡¡Ya me gustó!!" Pero, ¡¡oh, sorpresa!!, también canta -y muy bien- en italiano. "Un cuore malato" sí cumplió mis expectativas, pero fue la canción "La solitudine" (donde hizo dueto con Laura Pausini) la que dijo todo. Bien sabemos que la Pausini es insuperable a la hora de interpretar sus canciones, pero el estilo apasionado de Lara Fabian terminó por opacarla. Cosas de la vida.
Bastó un fin de semana para unirme a la selecta caterva de admiradores de la belgo-canadiense (oficialmente es ciudadana canadiense) y no creo arrepentirme de ello. Pero, eso sí, de algo si estoy seguro: que si llegara a este lado del charco, no faltaría a un concierto suyo. Y mientras llega ese feliz día, se aceptan sugerencias para adquirir algún compacto suyo, porque lo bueno siempre que llega, lo hace para quedarse. ¿Será?

martes, 29 de mayo de 2007

El Cantante de la Semana

Gracias a un acuerdo fast track, la Nueva República de Babel se renueva y apoya la inclusión de cantantes del género masculino (y para deleite de las Consejeras, desde luego), por lo que, a partir de la presente semana, cada Consejera propondrá al cantante de su predilección para que figure, por una semana entera, en la Torre de la Nostalgia, y así tener una completa alternativa respecto a selecciones musicales.
Para abrir boca, y gracias a los buenos oficios de Ana Cárdenas, nos harán los honores dos de sus predilectos: Mario Frangoulis y Russell Watson. Y durante la semana, se recibirán propuestas para esta nueva sección. Mientras tanto, ¡¡música, maestro!!

lunes, 28 de mayo de 2007

La Cantante de la Semana: Laura Pausini

Seguramente más de uno se habrá preguntado ¿por qué la inclusión de una cantante pop entre grandes intérpretes? La respuesta, aunque sencilla, parece complicada, pero lo intentaré.

Cuando tomaba mis clases de italiano (allá por la prehistoria, según recuerdo), un buen método didáctico que aplicaban mis profesores era, como siempre, la música. Un día, mi maestra de turno llevó su grabadora y puso a una cantante apenas conocida para mí: Laura Pausini. Al poner la cinta, escuché una canción también conocida, "Gente", sólo que en su idioma original, cosa que me dejó maravillado. Desde ese momento, me volví adicto a sus canciones.
Claro está que hay más cantantes italianos para escoger, pero la Pausini se cuece aparte. ¿Por qué? Por la temática de sus canciones, sí, pero, más que nada, por la intensidad de su voz, que funciona de igual o mejor forma, tanto en italiano como en español. Y porque una parte del soundtrack de nuestras vidas contiene (por lo menos) una canción suya, misma que nos remonta a un momento magnífico, pero también a alguno menos grato. V. gr. Cada vez que escucho "Le cose che vivi" ("Las cosas que vives"), siento una irrefrenable nostalgia, pero se me pasa rápido cuando hago lo propio con "Gente", donde el optimismo se multiplica. Y ¿qué decir de "Amori strani" o de "Non c'è"? Y podría seguir con algunas otras, pero no hace falta.
Lo único que puedo decir sobre la Pausini es que aún conserva esa frescura con que se dio a conocer hace más de quince años. Con toda esa trayectoria, le perdonamos que haya cantado en inglés. (From the inside es buen disco, pero, ya me lo decía Laura Cabrera, ¿por qué obligan a cantantes de lenguas romances a cantar en inglés? Con este asunto de la globalización, ni modo de ponernos a llorar. Qué remedio.) Estoy seguro de una sola cosa: para todo, siempre habrá una Laura Pausini. Se non è vero, è ben trovato.