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miércoles, 14 de enero de 2015

La honestidad nunca prescribe

Hace quince años, tomé una de las decisiones más impactantes de mi vida lectora: dejar de comprar (y de leer) la revista Proceso. Al no ver en la portada el nombre de su director, Julio Scherer García, perdió para mí todo interés y se volvió una revista más para quien esto escribe. Hace unos días, y aún presente la triste noticia del fallecimiento de su fundador, rompí un veto de tres lustros y compré el respectivo número de homenaje, el cual terminé de leer hace ya unas horas.

Todas las razones de mi abandono a Proceso (que defendí a capa y espada durante década y media), desaparecieron una vez que leí los artículos, anécdotas y remembranzas en torno a la figura de Julio Scherer y del ambiente que se vivía en Fresas 13, domicilio de la publicación. Viví en el error: desde su salida de la dirección hasta el final, don Julio siempre estuvo al pendiente de sus colegas, desde el reportero de reciente ingreso hasta el actual director, Rafael Rodríguez Castañeda. Entre reuniones del consejo de administración, visitas relámpago a la redacción y comidas semanales con sus pares del periodismo, para todos tenía una palabra de aliento (acompañada por un apapacho en la espalda y hasta un fuerte abrazo), un consejo infalible y un regaño certero. En pocas palabras, generoso, humilde y caballero.

Para un lector de a pie, como el que pergeña estas líneas, con sólo escuchar el nombre de Julio Scherer la primera imagen que viene a la mente es la de un defensor de la palabra escrita, con un olfato bien afilado (cualidad del buen reportero) y un amor al detalle (virtud del buen escritor). El primer trabajo suyo que leí fue aquella famosa entrevista a Octavio Paz (recién releída una vez cumplido su centenario) y me sorprendió la manera cómo cuestionaba al poeta sobre diversos temas, que todavía hoy persisten en ser atendidos.

Después de leer el número especial sobre Scherer, y descubrir muchas aristas de su presencia en el medio periodístico, digno es asumirse recipiendario, como el señor Pereira creado por Antonio Tabucchi, de una misión importante: no ser indiferente a las circunstancias que nos rodean. De una u otra forma, sabremos enfrentarlas como se debe, y sean dos, tres, diez, cuarenta y tres, cien razones, las que sean, mientras brillen la honestidad y la pasión, lo demás vendrá por añadidura.

Ahora que don Julio se encuentra en otra dimensión entrevistando a quien ustedes gusten nombrar, queda en nosotros acercarse a su vida, obra y milagros, y con la lectura del número 1993 dedicado a su memoria, qué mejor manera para ello. (Por otro lado, su hija María -también periodista- hizo un maravilloso retrato suyo hace varios meses en Letras Libres; confiemos que sea el "arranque" de una justa y generosa biografía, misma que leeré a la primera oportunidad.)

Queda mucho por decir sobre Julio Scherer y Proceso. Dejemos que el tiempo haga lo suyo y confirme tantas cosas que, por una u otra razón, sostuvimos o dejamos de defender. Una cosa sí es segura: la honestidad nunca prescribe. (Y nada más.)

domingo, 18 de agosto de 2013

Retomando la marcha... de las Letras

Hace varios meses, la revista en línea donde quien esto escribe tenía una columna sobre libros, Flor y Látigo, por obra y (des)gracia de una punta de fascinerosos informáticos, mandó al garete una nutrida producción de artículos, producidos a lo largo de dos años de constancia semanal. (Mis compañeros de aquel espacio en línea todavía siguen en pie de guerra para recobrar su legítimo espacio y también para regresar con renovadas fuerzas en uno de mejor aguante cibernético. Mis mejores deseos, de verdad.)

Mientras se arreglan las cosas con respecto a la página donde residía mi columna de nombre "La marcha de las Letras", queda el espacio virtual de un servidor para publicar los subsecuentes artículos. Del 19 de agosto al 6 de septiembre, se publicarán de nueva cuenta las últimas seis notas que todavía alcanzaron a salir en Flor y Látigo, como antesala de nuevos textos en espera de autores, pero sobre todo, de lectores devotamente críticos.

Cada lunes y viernes, como siempre ha sido desde julio de 2011, espero contar con ustedes.
¡¡Muchas gracias!!

lunes, 31 de diciembre de 2012

Astillas culturales 2012

Al momento de hacer el último balance de 2012, a diferencia del año anterior, son pocas las partidas en el mundo de la cultura y las artes, pero igualmente dolorosas, al fin y al cabo. Fue un año de grandes pérdidas, y mi homenaje hacia esas presencias, se compone por estas astillas personales, protagonizadas por varios personajes que nos dejaron en el año. (Cada uno de ustedes tiene otro punto de vista sobre una u otra mención; ustedes tienen la última palabra, como siempre, pero al compartirles estas palabras, mi propósito se habrá cumplido.)

Theo Angelopoulos (Ene. 24): Hace ocho años, el cineasta griego Theo Angelopoulos visitó México en el marco del estreno de El prado en llanto, primera parte de su trilogía sobre la Grecia contemporánea, en el Centro Cultural Universitario, en C. U. El azar hizo de las suyas cuando entre mis cosas estaba el cuadernillo sobre su obra que había editado la Cineteca Nacional, y sin dudarlo, me acerqué a él para pedirle que me lo firmara, a lo que accedió de inmediato. (Para vergüenza mía, pedí prestado un bolígrafo.) Le di las gracias y se retiró de allí.

Héctor García (Jun. 2): En una reunión de fin de año que hubo en la Fundación René Avilés Fabila, en 2005, tuve la fortuna de conocerlo. Solamente me limité a expresarle mi admiración por una foto suya, de sobra conocida, de un vagabundo mirando un escaparate de ropa femenina; me agradeció ese buen gesto y le sorprendió que una persona de mi edad le interesara ese tipo de imágenes. (Cosas que pasan.)

Ernesto de la Peña (Sep. 10): La primera vez que lo conocí fue en la presentación de sus Palabras para el desencuentro, en Bellas Artes hace ya ocho años; tiempo después, en el ingreso de Fernando del Paso a la Academia Mexicana de la Lengua, en junio de 2009. Después de responder al discurso expuesto por el flamante académico, me acequé a él para que me firmara sendos ejemplares de Las máquinas espirituales y El indeleble caso de Borelli; al ver que se trataban de las primeras ediciones, se sorprendió mucho. "Me alegra mucho que tenga usted estos libros, que para mí son entrañables", me dijo. Después de agradecerme su atención, se retiró.  

(¡¡Muchas gracias!!)

viernes, 31 de agosto de 2012

Navegaciones a contracorriente (Blogday 2012)

Hace un año, ya tenía listas mis recomendaciones para este día; lamentablemente, para la historia de este blog, han sucedido tantas cosas que sobrepasaron todo tiempo y espacio. Afortunadamente, he decidido ganarle al tiempo y dejar preparada mi selección para esta temporada. Cada 31 de agosto, Día Internacional del Blog (Blogday), se inscribe en la tradición de recomendar cinco bitácoras en línea, Nueva República de Babel comparte las suyas, con ligeras o extremas variantes, claro está. (Seguramente, más de uno advertirá alguna presencia conocida, pero así son las listas. Muchas gracias.)
Eleutheria (http://la-ciudad-de-eleutheria.blogspot.com/): Por segunda vez en mis menciones anuales, la polis del ciudadano libre es el resultado de una enorme pluralidad de intereses de la sagaz Eleftheria, quien se mueve muy bien tanto en los campos de la política (necesaria de conocer) como en los de la ciencia y la cultura, con esa mirada crítica que la distingue. Ningún tema le es ajeno, siempre sabe convencer y convertir, incluso compartir, las cosas que forman el ordenado engranaje del mundo. Un lugar abierto para quienes deseen visitarlo: ésa es la característica elemental de este sitio. Nuevamente lo expreso: es un placer entrar y salir de allí con la misma curiosidad, pero también con la conciencia de ignorar un poquito menos. En pocas palabras, una maravilla.
La Mariposa Eléctrica (http://mariposaelectrica.blogspot.com/): Una histérica histórica nos sigue sorprendiendo con varias de las cosas que dan forma a su vida, ahora que otra mirada, otro sueño, reescribe sus bitácoras. Más que describir el mundo que le rodea, se describe a través de. Hay otras cosas muy importantes que se me escapan de este blog, pero la última palabra la tienen los lectores, y por la inmensa amistad que le profeso, no dudo en recomendarlo.
La Mar Chiquita (http://lamarchiquita.wordpress.com/): Secuela natural de Palabras más, palabras menos; nuestra amiga de siempre nos sigue contando, entre amores y desamores, viajes sedentarios y lecturas a diestra y siniestra sobre el mundo, y bajo el milagroso designio de la palabra, el entramado de su vida, sea para confirmar, sea para cambiar sus cartas de navegación. Es inevitable leer sus andanzas y maestranzas, donde coincidir suele ser la moneda de cambio, y, claro, con todo y sus respectivas polémicas (para bien, para mal). De verdad.
Frontera de uno mismo (http://unattimoditempo.blogspot.com/): Una nueva habitante de la blogósfera, una Helena sin Troya de por medio, se integra a esta lista por una sencilla razón: se trata de una nueva voz que busca, como el común denominador de los blogonautas lo indica, contar de otro modo lo mismo; la mirada jovial a temáticas conocidas -y las perlas de sabiduría que en éstas encuentra- le permite generar lo mismo que enconadas polémicas que francas admiraciones. Además, cabe decir que su persistencia ha escrito lo mejor de sus páginas. (¡¡...y las que faltan!!) Ojalá que sí.
La valija de Eunice (http://lavalijadeeunice.blogspot.com/): Una incipiente, pero experimentada escritora, Fabiola Eunice Camacho, comparte su diario trajín con y para las letras; desde Liverpool 16 (sede de la Fundación para las Letras Mexicanas), la reflexión acerca del oficio de escribir, la lectura compartida y hasta el entusiasmo por una vida tercamente vivida, Eunice nos abre su valija de donde saca sus impresiones que habrán de servirnos como brújula por este mundo ancho y ajeno. (Una delicia leerla, verdad que sí.)
Y, ex-aequo, también desde Liverpool 16,  Residuos (http://borboletaresidual.blogspot.com/), donde Ingrid Solana también nos comparte sus lecturas, dos que tres narraciones de su cosecha, pero sobre todo, la convicción diaria de que la escritura es una larga batalla por librar. (Mis mejores deseos y futuras coincidencias para lo venidero. De verdad.)
Cumpliendo con mi cuota para el Blog Day, como siempre, navegaremos en el tiempo recobrado gracias a la escritura en red, siempre a la espera de tocar nuevos puertos donde hacer una escala íntima. A todos ellos y a ustedes, lectores presentes, pretéritos y futuros, ¡¡mil gracias!!

martes, 14 de febrero de 2012

La frontera de los dos años

Hace algunos meses, después de la lectura de Claudia Hernández de Valle-Arizpe y Ernesto Lumbreras en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia en la Condesa, compartí con Claudia una frase lapidaria que ha sido parte de mi vida: "Amistad que no rebasa la frontera de los dos años, no es amistad verdadera". Ella, al escuchar esto, de drástico y de extremista no me bajó; al menos, en ese momento. Sin embargo, quien desee escudriñar por el lado oscuro del camino -el mío, cabe decir-, al final tendrá que darme la razón. Pero vayamos por partes.

Alguna vez, leyendo una entrevista que se le hizo al animador chileno Don Francisco, encontré la siguiente perla de su autoría: "Soy hombre de pocos amigos y muchos conocidos", y sin dudarlo siquiera, terminé por suscribirla. Y es verdad, son contadas las personas que han ido más allá de la relación académica, laboral y hasta política, pero ninguna ha rebasado su trinchera respectiva. Pero, a fuerza de constancia y persistencia, varias de esas personas superan la barrera de los dos años, y actualmente tienen un lugar muy especial en mi corazón (dispensen lo empalagoso de esta expresión, pero ni modo). Y aunque no las vea con cierta regularidad, siempre se conserva viva la amistad.

Y ¿por qué me restrinjo al parámetro de los dos años? Para unos, la verdadera amistad se hace en un día, con sucesivas confirmaciones a lo largo del tiempo; mientras que, para otros, aún se encuentra en proceso: cinco años, tres décadas, toda una vida... En mi experiencia personal, dos amistades que se antojaban duraderas, ya sea por las coincidencias o por la tentativa de llegar a una relación que se antojaba para futura boda, se interrumpieron por un serie de errores que derivaron en un paulatino distanciamiento, y para cuando se dieron estas disyuntivas, se habían cumplido, precisamente, dos años. A partir de esas desconcertantes experiencias, me quedé con el prurito de los dos años.

Andando el tiempo, descubrí gracias a una maravillosa mujer (de quien, por cierto, me despedí al mediodía en el Panteón Francés, luego de ¡¡siete años!! de amistad) que "los dos años" son sólo una prueba de resistencia, de la que, muy pocos, salen airosos. Afortunadamente, con ella sí se superó por completo, y motivó otra serie de amistades que, para dicha mutua, también hoy gozan de muy buena salud. (Sin contar las pequeñas discrepancias con que cuenta el día tras día...)

Con estas líneas, no busco enseñar nada a nadie, ni mucho menos tomar esta bitácora en línea como una sucursal del Muro de los Lamentos; simplemente deseaba escribirlo, por el mero placer de teclear unos cuantos carácteres de computadora.

A final de cuentas, aún queda mucho por decir sobre aquella experiencia de los dos años, y para comprobarla, hay más tiempo que vida. (Así sea.)

sábado, 31 de diciembre de 2011

Astillas literarias 2011

Ha sido entre interesante y difícil este 2011 que hoy termina, de una manera muy heterdoxa para quienes han seguido los últimos acontecimientos dentro del ambiente de las letras en general. Con un 2010 lleno de grandes pérdidas, en este año la vida siempre jugó, al fin y al cabo, el partido final, en busca del gol de oro, para bien y para mal.

Mi homenaje hacia esos autores con los que tuve, breve y constantemente, algún encuentro, se compone por estas astillas personales, protagonizadas por varios personajes que nos dejaron en el año. (Cada uno de ustedes tiene otro punto de vista sobre una u otra mención; ustedes tienen la última palabra, como siempre, pero al compartirles estas palabras, mi propósito se habrá cumplido.

Miguel Ángel Granados Chapa (Oct. 16): Hace dos años, en la Feria del Libro en Minería, después de una presentación de un libro en torno suyo, mientras todo el séquito de reporteros acaparaba a Carmen Aristegui, en el pabellón de las editoriales universitarias Granados Chapa repartía firmas y fotos a todos los asistentes; quien esto escribe se le acercó para pedirle una copia del texto que leyó en el Centenario de Andrés Iduarte en el Palacio de Bellas Artes. Muy cordial de su parte, me dio su correo electrónico y así escribirle para recordárselo. (Y así lo hice.) Las siguientes dos veces que lo vi, una en la FES-Acatlán y otra, en el ingreso de Vicente Leñero a la Academia Mexicana de la Lengua, simplemente nos saludamos y bien.
Tomás Segovia (Nov. 6): Hace exactamente dos años, después de una conferencia de Luis Fernando Lara en la Dirección de Lingüística del INAH, una colega querida, Ascensión Hernández Triviño, nos presentó; entusiasmado por la sorpresa, le expresé a Segovia mi interés por su obra, tanto en poesía como en ensayo, cosa que me agradeció. Pero lo más interesante del encuentro, fue que terminamos hablando ¡¡de blogs!!, dado que ambos somos asiduos viajeros de la red. "No olvide escribirme", me dijo. (Quedó en la mera intención. Quién sabe por qué.)
Daniel Sada (Nov. 19): La primera vez que lo conocí fue gracias a que Óscar de la Borbolla lo invitó a uno de sus clásicos Miércoles literarios; cuando me acerqué a él para que me dedicara su Antología presentida, me dijo: "Qué bueno que tengas este libro, porque a mí me sigue gustando. Y eso que ya no hay de éstos". Se lo agradecí por completo. Años después, me reencontré con él en la Casa Refugio Citlaltépetl, allá por la Condesa, antes de la presentación de sendos poemarios de Silvia Pratt y Elsa Cross. Lo saludé y al preguntarle si seguía escribiendo poesía, simplemente me dijo: "Fíjate que, a estas alturas, ya casi no escribo poesía, me ha ganado más la novela, pero ahí están mis libros de poesía, uno publicado por el Fondo de Cultura Económica, por si te interesa". Después supe que, a media presentación, terminó por irse.
Miguel González Avelar (Nov. 20): Cuando adquirí sus Versos hospitalarios, resolví escribirle un e-mail, compartiéndole mis impresiones; una semana después, me respondió sorprendido y, a su vez, agradecido por mi lectura. Tiempo después, en el Centro Cultural de España, además de conocerlo en persona, le confesé mi inquietud porque un día se anime a reunir todas sus obras de creación literaria en un solo volumen. Me comentó que una y otra vez ese pensamiento pasó por su cabeza, y que sí se animaría a hacerlo. (Ahora le corresponde a Tere y a Nicolás cumplir con esa deuda.)

(¡¡Muchas gracias!!)

jueves, 21 de julio de 2011

Carta viajera para Nellie Goyzueta

Querida Nellie:

Para el momento en que esta misiva llegue a tus manos, seguramente estarás en pleno vuelo hacia las tierras del Gabo y Shakira (de Mutis y Soraya, preferiría decir), a la búsqueda de un nuevo episodio en esa larga y ajena novela llamada vida.

Hace algunas semanas, me enteré de tu viaje y aunque el tiempo no sea, en cierto modo, nuestro, enviaste una cordial y grata invitación hacia las personas que más aprecias y quieres para compartir contigo esa dicha de atravesar otros mares, otros latidos; me imagino que casi todos acudieron a la cita, excepto quien esto escribe, y no fue por falta de ganas, sino por exceso de destino: aún en estos momentos sigo asimilando el alto impacto de un suceso familiar, que algún día tornaré a contar.

Al recibir la gratísima noticia de tu viaje, mi reacción natural fue de alegría, dado que -¡¡por fin!!- el destino decidió jugar a tu favor y otorgarte un viaje, de donde volverás llena de nuevas impresiones, extraordinarias experiencias, pero, sobre todo, de más vida, misma que habrás de compartir a tu regreso. Y aunque no haya estado en aquella reunión (muy al estilo de Mrs. Dalloway), sobra decir que mi cariño y mi certera admiración andaban por allí, deseándote todo lo mejor.

Finalmente, queda decirte: ahora que estarás en otros lares, procura compartir tus impresiones, tus vivencias desde el primer momento, y si la duda o la nostalgia te hicieran mella en algún momento, recuerda muy bien que somos legión los que te queremos y cuya fuerza te envíamos a cada paso. No lo olvides. Al final, harás tuyos aquellos versos de Constantino Cavafis: No hallarás otras tierras, no hallarás otro mar. La ciudad habrá de seguirte.

Con afecto y admiración, recibe un larguísimo, fuerte y fraternal abrazo. (Bon voyage!!)

sábado, 11 de junio de 2011

La edad de los Nuncas y los Nuevos 20

A sólo cinco días de cumplir añitos (y de replantearme muchas cosas, claro está), me pregunto si habré hecho bien en seguir la línea que he llevado en mucho tiempo.

Por influencia de varias personas mayores que quien esto escribe, me abruma la expresión denominada la edad de los Nuncas, es decir, la manera cómo han dado en denominar a la década de los 30, por aquello de que las cosas que no se pensaba hacer estando en los 20´s, ahora en la siguiente década sean el pan de todos los días. ("Nunca pensé acabar así..." "Nunca imaginé verme casado y con hijos..." "Nunca me imaginé vivir así..." y cosas por el estilo.)

Hagamos un alto en el camino. Anoche, mientras regresaba a casita, me acordé de un ex-compañero de la secundaria, y, sin saberlo siquiera, ya tenía una invitación suya para agregarlo al facebook, no sin antes mandarme un mensaje embotellado. Primero leí su cálido mensaje, que luego contesté, para después agregarlo sin problema alguno. Dos horas después, me respondió con otra buena noticia: que frecuenta mucho a un compañero nuestro, precisamente a quien he estado buscando por largo rato. Para ellos, que viven en California, dicha edad ya no les pesa, porque se aventaron a seguir su camino. (Dos locutores de radio, a cargo de un mornin chou y de un turno vespertino en cabina, respectivamente.)

Ahora bien, según la opinión de varios expertos (a los que agrego la visión de una gran amiga, princesa de altos vuelos), la década de los 30 se le ha dado en llamar los Nuevos 20, porque se suceden las mejores cosas, a semejanza de las acontecidas en la década precedente; y bien me lo dijo la Princess of Salamanca, porque su vida en las Europas no se hubiera dado en otras circunstancias. Pero hay otros que sostienen que las peores cosas (incluso las biológicas y donde la salud tiene mucho que decir) suceden ya entrados los treintas.

Sin embargo, creo que ambas posturas se contraponen en un servidor; celebro el segundo aire que otorgará, quizás, entrar a una nueva década, pero me espanta no cumplir otras cosas y que el cuerpo haga de las suyas, sin siquiera anunciarlo... (A la vejez, viruelas; y a la juventud, ¿artritis?) Ya veremos en qué para todo esto, por mientras... celebremos. Y ya.

sábado, 23 de abril de 2011

Relecturas del mundo primigenio

Uno de mis autores de cabecera, E. M. Cioran, decía con cierta exageración que "sólo existen los autores que son releídos", opinión con la que, al menos hoy, coincido claramente. Y no es para menos, dado que el sentido del lector en horas 24 deriva en reconocerse en aquellos libros a los que siempre volvemos por primera vez, es decir, aquellos que cuentan con la suerte de la relectura, donde siempre terminamos por encontrar nuevas y gratificantes sorpresas aún acordes con las primeras incursiones en la lectura.

Aprovechando que hoy es Día Internacional del Libro (instituido por la UNESCO, en conmemoración de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, que coincide, justamente, con la fiesta de San Jorge -Sant Jordi- en Cataluña), me limitaré a comentar algunos de aquellos libros que han corrido con la suerte de la gloriosa relectura. Bien sé que muchos de ustedes habrán de coincidir o disentir en mi selección, aún así, me aviento ese trompo a la uña y sigamos adelante. (Aquí vamos.)

1) El principito (Antoine de Saint-Exupéry): La primera vez que leí ese libro, fue por obra y gracia de mi madre, quien lo compró de bote pronto en un tianguis cercano a su trabajo. Una extraña tarde, cuando la telera no me satisfizo, tomé el pequeño ejemplar y me lo leí de un tirón. La inmensa curiosidad de un pequeño príncipe, con más patrimonio que dos volcanes apagados y una rosa muy peculiar, me llevó a conocer otros mundos y comprender sobremanera el valor de la amistad. En víspera de mi cumpleaños, me doy chance de releerlo y así recobrar por instantes aquellas aventuras. (Me gustaría decir las palabras indicadas para ese importante libro, pero son las que me salen por ahora.)

2) Enseres para sobrevivir en la ciudad (Vicente Quirarte): En mis años de tallerista y preparatoriano, supe de este libro gracias a las generosas fotocopias que llegaron a mis manos; más adelante, en mis primeros años universitarios, logré hacerme de un ejemplar en la Librería Educal del Pasaje Zócalo-Pino Suárez; los textos que componen el libro son el testimonio de las cosas, las personas y los hechos que, de cierta forma, conforman la formación del escritor (leáse el propio Quirarte). Entre las "biografías" de objetos tan sencillos como el cuaderno, la pluma o el lápiz, y los retratos a vuelapluma de varios personajes y una que otra escala por la Ciudad de México, Enseres... nos regala una mirada hacia la franqueza de lo cotidiano. Cada vez que releo dicho libro, lo hago para recordar qué tan importante es tener los objetos muy a la mano, en espera de obtener la palabra, la idea correcta.

3) Recuento de poemas (Jaime Sabines): En los primeros afanes de asumir el oficio de escritor, en algún momento llegamos a la obra poética de Jaime Sabines, la cual, después de leerla con suma devoción, nos sabemos poetas. ¡Craso error! Claro está que nadie nace sabiéndolo todo, pero al leer este conjunto de poemas y adentrarse en la vida del propio Sabines, uno descubre que se pueden hacer otras cosas mientras la poesía hace lo suyo. Cada que puedo, tomo mi ejemplar del Recuento... (mismo que obtuve gracias a una tía muy querida) y leo varios poemas, así hasta terminar el libro.

4) La última escala del tramp steamer (Álvaro Mutis): Una de las cosas que obtuve en mis últimoa semestres de la carrera de Letras Hispánicas, es el descubrimiento de la obra de Álvaro Mutis, y eso gracias a una maestra muy querida por aquellos días. Saber de las andanzas de Maqroll el gaviero y otros variopintos personajes, me llevó a disfrutar de sus travesías. En especial, La última escala del tramp steamer (tercera novela de las siete que integran la saga de Maqroll), me lleva a renconocerme en sus acciones y en lo vital que es vivir a plenitud, a pesar de las adversidades habidas y por haber. (No falta la ocasión para echarme, además de su relectura, la oportunidad para obsequiarlo a quien se deje.) No digo más.

5) La biblioteca de mi padre (Rodrigo Martínez Baracs): Aunque tengo la fortuna de conocer al autor (varios encuentros de SOMEHIL, claro, lo demuestran a todas luces) y de saber quién es su padre (José Luis Martínez, ni más ni menos), cuando leí su libro, suerte de guía de la biblioteca paterna, supe otra forma de vivir el sacerdocio de la cultura, la pasión por los libros. Sin embargo, la relectura de este libro reciente obedece a una simple casualidad. Cuando leo un libro, siempre tengo a la mano un lapicero para hacer las consabidas notas, pero al momento de hacerlo, se me olvidó en casa. Y lo leí de pe a pa en una sola tarde, pero llegando a casa, tomé mi lapicero y volví a leerlo. Y mientras llega el momento para intercambiar con Rodrigo mis impresiones, este libro de reciente factura apenas comienza su vida.

Bien sé que aún faltan grandes libros por leer (y, por ende, releer), pero siempre he creído que llegan en su momento, por mucho que sea el tiempo transcurrido. Hay amigos que me reprochan muchas omisiones de lectura obligada y/o básica, pero me defiendo al decirles que una cosa es el llamado y otra, el deber. Y santas pascuas. Por ahora, he compartido unas pocas, que sólo el tiempo, sólo el tiempo, habrá de confirmar o de trocar por otras mucho mejores. (Después de todo, Cioran tenía algo de razón ¿no creen? Ver para vivir, vivir para creer.)

viernes, 31 de diciembre de 2010

2010: un montón de palabras

Cierro este interesante y difícil 2010, de una manera muy heterdoxa para quienes han seguido los últimos acontecimientos dentro del ambiente de las letras universales. Para muchos, fue el año de la reivindicación (Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010), y para otros, el la revalorización (la Historia mexicana, pletórica en Centenarios, más interesantes y menos pomposos). Sin embargo, 2010 fue el año de las grandes pérdidas, donde la vida jugó, al fin y al cabo, la partida final, suerte de matchpoint de última hora.
Mi homenaje (si se me permite el término) se compone por una serie de mosaicos personales, relacionados con los personajes que partieron en este desconcertante 2010. Claro está que cada uno de ustedes tiene otro punto de vista (favorable, adverso, no importa) sobre una u otra mención; dejo que digan la última palabra, y, por supuesto, al compartir este montón de palabras, he cumplido a cabalidad con mi propósito.
Esther Seligson (Feb. 6): Desde la preparatoria ya era un lector asiduo de sus obras, las cuales descubrí gracias a la presencia del rumano E. M. Cioran. Pero mi oportunidad para conocerla se dio en el Palacio de Bellas Artes, donde asistió a presentar un libro de dramaturgia. Ella quedó sumamente impresionada cuando me le apersoné ¡¡con un montón de libros suyos!! Mientras me firmaba cada ejemplar, quedó maravillada por mi pasión lectora.
Carlos Montemayor (Feb. 28): En la Casa Universitaria del Libro, hace algunos años, y luego de presentar un volumen de poesía indígena contemporánea, me acerqué a él para pedirle la respectiva firma. El único lugar factible para ello, fue una vitrina aledaña, sobre la cual se recargó para dedicarme sus libros, como si ésta fuese una barra de cantina. (Cualquier persona, de haberlo hecho, la hubiera roto.)
Carlos Monsiváis (Jun. 19): Después de la presentación de un volumen con cartones de Rogelio Naranjo en el MUCA, mientras los asistentes asediaban a Elena Poniatowska, quien esto escribe se acercó al autor de Amor perdido, quien me pidió que esperara unos cuantos minutos. A los quince, se sentó y, con una tranquilidad inusitada en él, me firmó todos mis ejemplares, para luego agradecerme la engorrosa espera de su parte. (Y todos, claro, seguían asediando a la Poni...)
Friedrich Katz (Oct. 16): Al término del coloquio por el XX aniversario del Archivo Calles-Torreblanca, compré De Díaz a Madero, librito de Katz que mi parco presupuesto pudo comprar. Mientras lo revisaba, encontré una errata en su bibliografía. Le comenté esto a mis compañeras de turno, quienes me espetaron un "¡¡Ve a decirle!!" Cuando me le acerqué, claro, le hice ver el gazapo y, muy amablemente, me agradeció ese buen gesto y pidió que le anotara los pormenores de lo que había encontrado. Hecho esto, le pedí que me firmara dicho ejemplar, cosa que hizo con todo el gusto del mundo. (Nunca olvidaré aquella deferencia de su parte. De verdad.)
Antonio Alatorre (Oct. 21): Después de una conferencia suya en la entonces ENEP-Acatlán sobre Sor Juana, me le acerqué con mi ejemplar de la revista Vuelta donde venía un artículo suyo sobre sonetos en x. Al saber mis intenciones, simplemente estampó su firma a un lado de su nombre, me dio las gracias y, de regalo, las siguientes palabras: "¡¡Es la primera vez que firmo un artículo mío!! Me alegra que le haya gustado." Cabe decir aquí que solamente un servidor fue el único en hacerlo.
(¡¡Gracias!!)

martes, 31 de agosto de 2010

Blogday 2010 (según la NRB)

Cada 31 de agosto, Día Internacional del Blog (Blogday), los navegantes de estas aguas virtuales le rendimos señero homenaje a este singular espacio en la red, y en cuya celebración cada bloguero debe recomendar cinco espacios predilectos y de temática diversa, motivando así el intercambio de informaciones.
Puntualmente y cada año, Nueva República de Babel comparte sus cinco elegidas, con ligeras o extremas variantes, claro está; sin embargo, otras intenciones e invenciones hicieron escala en estos lares y se han ganado, además de su preferencia, el privilegio de viajar juntos en estas empresas y tribulaciones. Seguramente en el presente listado, más de uno advertirá alguna presencia conocida, pero así son las listas. (Mea culpa.)
  1. Eleutheria (http://la-ciudad-de-eleutheria.blogspot.com/): La polis del ciudadano libre es el resultado de una enorme pluralidad de intereses de la sagaz Eleftheria, quien se mueve muy bien tanto en los campos de la política (necesaria de conocer) como en los de la ciencia y la cultura, con esa mirada crítica que la distingue. Ningún tema le es ajeno, siempre sabe convencer y convertir, incluso compartir, las cosas que forman el ordenado engranaje del mundo. Un lugar abierto para quienes deseen visitarlo: ésa es la característica elemental de este sitio. Nuevamente lo expreso: es un placer entrar y salir de allí con la misma curiosidad, pero también con la conciencia de ignorar un poquito menos. En pocas palabras, una maravilla.
  2. Mariposa Tecknicolor (http://yomariposatecknicolor.blogspot.com/): Al igual que el anterior, por segunda vez consecutiva llega a esta lista, donde una histérica histórica nos sigue sorprendiendo con varias de las cosas que dan forma a su vida, ahora que otra mirada, otro sueño, reescribe sus bitácoras. Más que describir el mundo que le rodea, se describe a través de. (Un elemento peculiar que está en vías de volverse todo un clásico es su Juramento de Autoestima, mismo que se publica a principios del mes que transcurre.) Hay otras cosas muy importantes que se me escapan de este blog, pero la última palabra la tienen los lectores, y por la inmensa amistad que le profeso, no dudo en recomendarlo.
  3. La Mar Chiquita (http://lamarchiquita.wordpress.com/): Secuela natural de Palabras más, palabras menos; nuestra amiga de siempre nos sigue contando, entre amores y desamores, viajes sedentarios y lecturas a diestra y siniestra sobre el mundo, y bajo el milagroso designio de la palabra, el entramado de su vida, sea para confirmar, sea para cambiar sus cartas de navegación. Es inevitable leer sus andanzas y maestranzas, donde coincidir suele ser la moneda de cambio, y, claro, con todo y sus respectivas polémicas (para bien, para mal). De verdad.
  4. One day, one room (http://asnapeh.metroblog.com/): Una nueva habitante de la blogósfera, se integra a la lista de 2010 por una sencilla razón: se trata de una nueva voz que busca, como el común denominador de los blogonautas lo indica, contar de otro modo lo mismo. Ella se dice aspirante a escritora, sin embargo, creo que ya lo es: la mirada jovial a temáticas conocidas -y las perlas de sabiduría que en éstas encuentra- le permite generar lo mismo que enconadas polémicas que francas admiraciones. Además, cabe decir que su persistencia ha escrito lo mejor de sus páginas. (¡¡...y las que faltan!!) Ojalá que sí.
  5. Clionáutica (http://clionautica.blogspot.com/): Muchos blogs se pican de polémicos, pero no pasan del lapidario adjetivo de petardistas. Solamente Arno Burkholder, clionauta de tiempo compartido, dedica sus mayores energías para deshacer mitos de la historia contemporánea, pero también pasa revista a las grandes minucias que la vida, el tiempo o lo que sea, se empeña en otorgarle. A falta de palabras para describir esta bitácora de pasiones, dejo abierta la invitación para leerlo. Y hasta ahí.
[Y aunque el listado reglamentario debe tener solamente cinco páginas, mención especial merece Julia Cuéllar (http://juliacuellar.blogspot.com/), quien luego de mucho tiempo sin darnos noticias suyas, regresa con nuevas fuerzas y nos comparte sus experiencias ahora en su maravillosa etapa como flamante mamá. (Mis mejores vibras y que sigas como siempre, admirada Julia. De verdad.) ¡¡Gracias!!]
Paro el carro por esta vez, cumpliendo con mi cuota para el Blog Day. Como siempre, navegaremos en el tiempo recobrado gracias a la escritura en red, siempre a la espera de tocar nuevos puertos donde hacer una escala íntima. A todos ellos y a ustedes, lectores presentes, pretéritos y futuros, ¡¡mil gracias!!

miércoles, 16 de junio de 2010

Once propuestas para celebrar(me)

El año anterior, hice una versión anterior de este post, del cual, cabe decir, cumplí a cabalidad buena parte del "pliego petitorio". En esta ocasión, y a un paso de llegar a la edad de los nuncas, decidí hacer una nueva lista, donde algunos puntos quedan igual respecto de la versión previa, y otros puntos nuevos entran al quite. Aquí les voy.
  1. Vislumbrar la confección de un libro propio (¡el primero!).
  2. Viajar hacia algún punto del interior de la República, cuyo destino decida por completo. (Aunque no está de más volver a mis matrias, que merecen ya un reencuentro de mi parte.)
  3. Recibir como regalo algún libro, un compacto de música o un dvd, apelando a mis gustos, intereses y búsquedas malogradas. (Se vale investigar...)
  4. Pasarme todo el día leyendo y escribiendo en la Librería del FCE en la Condesa, donde espero varios encuentros casuales con escritores, hacer varias lecturas de gorra, conocer mujeres guapas e inteligentes, y sobre todo, echarme una pestañita en alguna de sus salas.
  5. Comprarme una serie completa para el sorteo Gordito de la Lotería Nacional que se juega hoy en la noche.
  6. Recuperar el corazón que dejé alguna vez en San Ángel. (Ahora es cuando...)
  7. Conocer las efemérides del día, a lo menos para saber con quien tendré que compartir tanto el santoral cívico como el religioso, luego que la diosa Fortuna se digne en inscribir mi nombre con letras de titanio en las grecas de la memoria.
  8. Tomarme el debido tiempo para recorrer las exposiciones de moda en los museos de la ciudad. (San Ildefonso, para empezar bien, ¿no creen?)
  9. Dejarme llevar por una canción de moda, otra clásica y alguna de libre elección. (Considero que "Bad romance" de Lady Gaga, "Luna del miel" de Gloria Lasso, y "Solsbury Hill" de Peter Gabriel entrarían por default, pero se puede negociar...)
  10. No soplarme las típicas, aunque engorrosas mañanitas, en cualquiera de sus versiones. (Si deseo de todo corazón aceptarlas para no hacer cara de fuchi, más vale que sean interpretadas por la OFUNAM, con salterio del Porfiriato, o, ya de perdida, por una marimba chiapaneca. No pido más.)
  11. La más importante, recibir las muestras de afecto y admiración de mi familia, mis amigos, mis colegas y mis lectores, quienes son y serán los verdaderos artífices de esta vida breve que llega a otro año más.
Ahora que el destino se empecina en alcanzarme (y para hacerle de aguafiestas), debo recordar que hay pequeñas cosas que mantienen rodando al mundo, y que olvidarlas por completo, dándole prioridad a otras (se supone) importantes, nos entrega una mentalidad chata y gris. Y ante ello, me queda recordar aquella frase que tomé no sólo como divisa de mis e-mails, sino también de mi vida: Para ser una persona realista, hay que creer en los milagros. El resto, de verdad, llega solito. Sí que sí.
Bonne Anniversaire!!!

sábado, 23 de enero de 2010

Réquiem por unos libros prestados

Hace algunos días, luego de mi visita reglamentaria al dentista, hice una pequeña escala en la librería más cercana al consultorio simplemente para ver qué había de nuevo. Entre los libros de las novedades de la colección Centenarios de Tusquets y los resultados del scanning bibliográfico sobre Barack Obama (tema que interesa a una de mis Consejeras, por cierto), encontré en uno de los anaqueles un libro que compré hace más de ¡¡once años!!, y que, por azares del destino, presté sin pensarlo siquiera unas tres veces. Mientras hojeaba aquel ejemplar, me puse a pensar cuáles fueron los libros que corrieron con esa extraña suerte. Por lo visto, no son muchos, pero entre éstos, hubo varios de gran valía. Que estas notas sirvan para recordarlos.
El primer libro que presté y nunca regresó fue una biografía de Frida Kahlo, escrita por Rauda Jamis y bajo el sello editorial de Circe. En una de mis materias de preparatoria me pidieron de tarea hacer un reporte sobre él, y como entonces era un novato en cuestiones librarias, el primer lugar donde se me ocurrió buscarlo fue el súper. (Si entran a comprar una cosa determinada y al salir lo único que llevan en la bolsa son libros, mejor sospechen y salgan corriendo de allí.) Y, para mi buena suerte, lo encontré. Me leí el libro de marras en una sentada y con las ideas más frescas que huauchinango en cuaresma, me apersoné frente a la máquina de escribir y el resto, seguro adivinan, salió a pedir de boca. Después de haber obtenido una buena nota, una compañera mía se interesó por mi libro y como aún tenía la lectura fresca, resolví prestárselo por un tiempo. Por desgracia, el libro nunca volvió a mis manos. (Años después, algunos ex-compañeros me informaron que aquella niña sí tenía planes de regresarme mi ejemplar, pero por x, y, z razones no se logró.) He pensado en adquirirlo de nuevo, pero no me animo por ahora...
El segundo libro del que tengo memoria, fue Del inconveniente de haber nacido de E. M. Cioran. Después de representar (y con un éxito apenas notable) un monólogo basado en las obras del escritor franco-rumano, otra compañera vio mi ejemplar en edición de bolsillo y sólo me espetó una frasecilla que aún resuena como eco de lejanos fantasmas: "¿Me lo puedes prestar?" No pude decirle que no, y accedí, con la idea de que regresaría a los tres días, dado el denso estilo del autor. Craso error. Le gustó mucho mi libro y mientras pasaban semanas y felices días, no veía la hora de la devolución. Terminé la preparatoria y nunca más supe de aquella compañerita. Años después, ya en la universidad, en la entonces flamante sucursal del FCE, en el Centro Histórico, encontré otro ejemplar igual, mismo que ahora no suelto.
La tercera experiencia, si me permiten decirlo, fue la más engorrosa. Un compañerito en Letras, químico de primera (de)formación, cada que mencionaba el nombre del autor que leía por esos días, siempre me veía cara de biblioteca móvil y, claro, me sonsacaba para prestárselo. Accedía de todas formas, porque mi grado de ingenuidad rayaba en lo absurdo y pensaba que terminaríamos juntos la carrera, pero no fue así: él regresó a su querencia química, para más tarde alquilarse de músico (otra querencia suya) en un pedestre programa matutino de los sábados por la T. V. Pero, a diferencia de las compañeritas, este tipo no se apañó un solo libro, sino ¡¡siete!!, cuyos nombres no recuerdo por ahora. Y, para acabarla de amolar, un compacto de Ennio Morricone y un single de Dead Can Dance también pasaron por sus armas. Los libros, si les interesa saberlo, varios los repuse, a un buen precio, menos que cuando los compré por vez primera. (Además, también tuve mi pequeña venganza: en su exceso de confianza, el tipo este me prestó un libro de poesía ¡¡inconseguible!! Y, hasta la fecha, es una de mis joyas más preciadas.)
Ahora bien, ¿de qué me sirve acordarme de aquellos libros que presté y nunca regresaron? Muy sencillo, para volverme un mejor lector. Luego de reponer algunos y al volverlos a leer, varias de mis viejas impresiones regresaron intactas, incluso hasta recargadas, que me aseguro de anotar en una libreta después de concluída la lectura. Y si se me cuecen las habas por compartirla, si corro con suerte, consigo otro ejemplar idéntico o similar y lo obsequio. De cualquier manera, si uno se acuerda con cierta nostalgia de esos libros prestados que nunca volvieron, sería por una razón. Y con estas líneas, he aquí la mía. (¿No les ha pasado lo mismo?)

lunes, 4 de enero de 2010

José García Gavito

Recuerdo que hace algunos años, asistí a una conferencia tuya, donde pude conocer parte de tu universo historiográfico.
Recuerdo también que fuiste uno de los primeros (y posibles) colaboradores para llevar colaboración a mi ahora casa hemeográfica; siempre que el tiempo nos hacía coincidir, reiterabas tu compromiso para enviar una crónica de viaje por aquellos lares del sur: la tierra de tus admirados mayas.
Tampoco se me olvida el buen ánimo que le ponías a todo coloquio, sea como asistente, sea como expositor. Y también viene a mi memoria tu siempre maravillosa sonrisa que irradiaba a todo mundo.
Sin embargo, todas estas cosas son sólo una ligera muestra de aquella persona admirable, trabajadora y, sobre todo, entusiasta, quien ahora caminará por un largo y maravilloso sacbé, en busca de los arcanos de sus admirados mayas. Pero nosotros, en estas tierras, te seguiremos extrañando.
¡¡Gracias por todo, José!!

viernes, 2 de octubre de 2009

Palabras, ¿palabras?, ¡palabras!

En La eternidad y un día, película de Theo Angelopoulos, el personaje que encarna Bruno Ganz, un escritor en fase terminal, mientras pasea con su joven amigo albanés, decide contarle una historia: "El poeta que compraba palabras", misma que contaré según mi memoria me lo permita.
Érase una vez un joven poeta que, por azares del destino, conoció el exilio debido a la invasión de los turcos sobre Grecia y que lo llevó a Italia, donde, años después, supo de los heróicos esfuerzos de sus compatriotas por liberarse del yugo opresor. Finalmente, cuando los griegos consolidan su triunfo, el poeta regresa a su país y se hace una promesa: una vez que Grecia alcanzara su liberación, él sería el encargado de escribirle la más bella de las odas. Cuando regresó a su tierra natal, se percató de algo terrible: durante su estancia en Italia había olvidado su lengua materna y como esa condición lo tenía desconcertado, según Dios le dio a entender, se colocó en medio del mercado de su localidad y a su lado puso un letrero que decía: Se compran palabras. A quien le dijera una palabra, la que sea, estaba dispuesto a pagarle una moneda de oro. En un principio, los pobladores no lo bajaban de loco, pero accedieron a su intención proporcionándole varias palabras. (Por dinero se hace lo que sea, claro, pero en algunos predominó más el buen corazón que el peculio mismo.) Al final del día, el poeta revisaba su listado de palabras obtenidas, las leía y releía con fruición hasta que estuviesen insertas en su memoria. Y así era todos los días. Mucho tiempo después, recuperó su lengua y se puso a escribir. Luego de corregir una y otra vez aquellos versos, finalmente terminó el poema. Promesa cumplida.
Recordando esta historia intercalada en La eternidad y un día, y dado que nos gusta comprar palabras (mediante otro tipo de transacción, claro), uno se pregunta ¿cuál es nuestra palabra favorita? Es decir, aquella que siempre tenemos presente, que motiva muchas cosas y que su sola ausencia nos deshace al primer roce. Somos seres de palabras, aunque suene a lugar común, así es: desde el balbuceo del niño hasta el discurso de Sócrates. La lectura de un buen libro, una conversación amena y llena de enseñanzas, un paisaje, una mirada, una vida, los viajes, los desastres, el tiempo, andanzas y maestranzas, empresas y tribulaciones, en fín... todo es susceptible de volverse palabra. Y cada persona, cosa o hecho, nos regala una, peculiar, que hacemos propia y digna de nuestra vida.
(A título personal, me gustan muchas palabras, pero confío en la eficacia y totalidad de una sola: esperanza. Por cierto, también me gusta su equivalente griego: disthia.)
Con todo, no hacen falta tantas palabras para decir qué tan importante es tener una palabra favorita. Cada uno de ustedes, queridos lectores, tiene su predilecta: al mencionarla, hacen lo propio con su persona, su mundo, su espacio. Y si gusta a otros, es un logro. Entre más se comparta, mejor el tiempo sabrá tratarnos. De verdad.
Termino estas líneas con el final de la historia. Aunque todo lo contado tenga mucho de invención, dos cosas son ciertas: primero, el poeta de marras se llamaba Dionisios Solomós, y segundo, aquel poema que surgió de su pluma, es la "Oda a la Libertad", que además de ostentar un lugar más que digno en la historia de la literatura griega, ¡¡es el Himno Nacional de Grecia!! Si Solomós se hubiese quedado con una sola palabra, libertad (eleftheria) habría sido la indicada. (Para ustedes, ¿cuál sería su elección?)

lunes, 31 de agosto de 2009

Mis "blogonautas" del 2009

Cada 31 de agosto se lleva a cabo el Día Internacional del Blog, como una manera de homenajear a este singular espacio en la red, y para participar en tan peculiar celebración, cada bloguero debe recomendar cinco espacios de su predilección y con distinta temática, para así motivar el intercambio de informaciones.
Hace un año, Nueva República de Babel plasmó aquí su listado personal, del cual cabe decir que ha variado un poco; a lo largo de 365 días, mientras algunas de las bitácoras ya recomendadas seguían su vida, otras llegaban a su fin (por respeto, me reservo los nombres); sin embargo, otras intenciones e invenciones hicieron escala en estos lares y se han ganado, además de su preferencia, el privilegio de viajar juntos en estas empresas y tribulaciones. A continuación, procedo a enlistar los cinco sitios que me corresponde. (Seguramente más de uno advertirá alguna presencia conocida, pero así son las listas. Mea culpa.)
  1. Julia Cuéllar (http://juliacuellar.blogspot.com/): Por segundo año consecutivo en esta lista, Julia Cuéllar sigue navegando en la blogósfera. Sigue contando el paso del tiempo mediante sus lecturas (y las perlas de sabiduría que en éstas encuentra), sus viajes, sus expectativas, pero sobre todo, para saber que el siguiente día nos depara nuevas y gratificantes sorpresas. La persistencia en la palabra ha escrito lo mejor de sus páginas. Ojalá que siga en ese sincero empeño.
  2. Caxtlatlapan (http://flordecolores.blogspot.com/): La juventud se impone, reza el lugar común. En el caso de Ana Rovelo, queda que ni mandado a hacer. A diferencia de otros blogs dedicados a la poesía, Ana nos comparte un quehacer muy grato: la escritura. Mientras busca las palabras indicadas para ceñir una imagen, un sentimiento, luego de publicar un post con la obra nueva, permite la voz de sus lectores. La crítica, como sabemos, es el pan de cada día para quienes ejercemos la libertad bajo palabra del blog, y ella sabe cuándo atenderla. Aún así, Ana Rovelo se encuentra en las próximas luminarias de la poesía contemporánea del siglo XXI. Ojalá y nos siga regalando (ésa es la palabra) muestras de una poesía única. Para ella, y sus prístinas creaciones, ¡¡mil gracias!!
  3. Eleutheria (http://la-ciudad-de-eleutheria.blogspot.com/): Este peculiar blog, también llamado La polis del ciudadano libre, es el resultado de una enorme pluralidad de intereses de una colega mía, Eleutheria Lecona, quien lo mismo habla de política (donde disiento) que de ciencia y cultura, campos donde se mueve muy bien, sin perder del todo esa mirada crítica que la distingue. Ningún tema le es ajeno, siempre sabe convencer y convertir, incluso compartir, las cosas que forman el ordenado engranaje del mundo. La ciencia (no olvidemos la formación matemática de Eleutheria), la filosofía y las bellas artes conviven plácidamente con la política en este lugar abierto para quienes deseen visitarlo. Ésa es la característica elemental de este sitio. Nuevamente lo expreso: es un placer entrar y salir de allí con la misma curiosidad, pero también con la conciencia de ignorar un poquito menos. En pocas palabras, una maravilla.
  4. Mariposa Tecknicolor (http://yomariposatecknicolor.blogspot.com/): Nacido bajo el amparo de Nueva República de Babel, una histérica histórica, Mariposa Tecknicolor, toma por asalto la blogósfera y nos cuenta su vida. Mientras decide el rumbo postrero de sus sueños y sus acciones, Mariposa nos habla de moda, música, además de motivarnos a la reflección continua, porque siempre hay cosas que nos mueven el tapete y digno es cambiar o reafirmar el rumbo. Como en las bitácoras anteriores, describe el mundo que le rodea, pero también juega con nosotros a través del recuerdo, que lo mismo va del cine a la literatura y, claro está, la Historia. (Un elemento peculiar que está en vías de volverse todo un clásico es su Juramento de Autoestima, mismo que se publica a principios del mes que transcurre.) Hay otras cosas muy importantes que se me escapan de este blog, pero la última palabra la tienen los lectores. No dudo en recomendarlo.
  5. Palabras más, palabras menos (http://fonema.wordpress.com/): Secuela natural de La aguja que lleva el hilo, nuestra amiga de siempre, María Luna, sigue contándonos su vida, entre amores y desamores, viajes sedentarios y lecturas a diestra y siniestra sobre el mundo, bajo el milagroso designio de la palabra, sea para confirmar, sea para cambiar sus cartas de navegación. (Hace poco tiempo, regresó de Australia y en su bitácora en red plasmó esa experiencia inolvidable.) Es inevitable leer sus andanzas y maestranzas, donde coincidir suele ser la moneda de cambio. De lo que sí estoy seguro es que tendremos María Luna para un buen rato. Sí que sí.

Por este año, he cumplido con mi cuota para el Blog Day. Comparto con las creadoras arriba mencionadas el gusto por la vida, por sentirme parte del mundo ya sea por lo que leemos, escuchamos y/o sencillamente, vivimos. Navegaremos en el tiempo recobrado gracias a la escritura en red, siempre a la espera de tocar nuevos puertos donde hacer una escala íntima y, para ello, aún nos queda un largo y gratificante viaje. A ellas y a todos ustedes, lectores presentes, pretéritos y futuros, ¡¡mil gracias!!

martes, 25 de agosto de 2009

Carta gaviera para Álvaro Mutis

Admirado Álvaro:
Hace tanto tiempo que deseaba externarle mi más profunda admiración, pero preferí hacerlo luego de haber leído las siete novelas que conforman las Empresas y tribulaciones de Maqroll el gaviero. Y heme aquí, finalmente, aplicado en ello.
Comenzaré por el principio. Supe de su obra en mis primeros años de la carrera de Letras Hispánicas en la universidad, cuando descubrí que la tesis de licenciatura de una de mis maestras, Rocío Montiel, estaba dedicada a usted. Sí, se trataba de un estudio sobre su obra poética, que llegaba (hasta ese momento) a la primera Summa de Maqroll el gaviero que publicó Seix Barral. De inmediato me puse a buscar libros suyos. Primero encontré varios poemas en la revista Vuelta, de los que quedé prendido desde la primera línea. Luego pedí prestados en la biblioteca Los emisarios y La muerte del estratega. Además de maravillarme por una inusitada forma de ver la Historia, gracias a la poesía, allí me estaba esperando (si es que la Poesía espera a alguién) un poema que hoy en día es mi escudo de armas: la "Razón del extraviado". (Para un habitante de las periferias de la ciudad de México, estaba que ni mandado a hacer. Y si le suma el hecho de llamarme Ulises, ya usted se imaginará el resto.) Sobre La muerte del estratega, ¿qué le puedo decir? El relato homónimo es una prueba de su interés por la historia, pero a mi parecer está en su mejor elemento con "El último rostro", donde cuenta los últimos momentos de Simón Bolívar. (Según veo, se trata de un fragmento, dado que no amplió más esa idea; lo bueno es que se la regaló a su gran amigo Gabriel García Márquez.) Y de La mansión de Araucaima, bueno... me digné una tarde a leerla y a las primeras diez páginas, la dejé. Algún día tendrá una nueva oportunidad.
Gracias a mi primer pago como corrector de estilo, pude comprar, además de La muerte del estratega, una nueva edición de la Summa de Maqroll el gaviero, ambas bajo el sello del Fondo de Cultura Económica. Como ya había leído el primero, resolví hacer lo propio con el segundo. Me reencontré con los poemas de Los emisarios, pero también me sumergí por los ambientes de Los trabajos perdidos, Los elementos del desastre, Caravansary, entre otras. De la misma forma que su "Razón del extraviado" había hecho mella en mí, otro poema suyo, "Pienso a veces...", se había convertido en una razón más para seguir leyendo su obra.
A finales de 2001, como quienes celebran un triunfo deportivo, lancé mis campanas al vuelo cuando usted fue galardonado con el Premio Cervantes. (Para un escritor de su talla, este tipo de premios son un regalo del azar, tal y como siempre lo aseguraba Octavio Paz, quien lo instó a permanecer en el camino de las letras cuando usted pasaba por tiempos difíciles. La motivación de un poeta mayor y la completa confianza de aquel taxista mexicano al decirle que "en México se arregla todo", fueron sus mejores tablas de salvación.)
En enero de 2002, mi madre me regaló la edición conjunta de las Empresas y tribulaciones de Maqroll el gaviero, que comencé a leer unos meses más tarde, en las vacaciones de verano, y a partir de allí, me hice el hábito de tomar una novela cada verano. En aquel año fue La nieve del Almirante, donde reconocí de inmediato algunos ambientes de Caravansary. No fue sino al siguiente verano cuando mis impresiones sobre Maqroll el gaviero se tornaron otras muy distintas, y eso gracias a Ilona llega con la lluvia. (Le confieso algo ruborizado que lloré con Maqroll cuando murió Ilona; cualquiera en su lugar se habría sentido igual.) En Un bel morir, ya sabía como era el proceder del Gaviero, hasta que llegó la cuarta novela de la serie: La última escala del tramp steamer. Aquí me sucedió algo muy extraño. Por quien sabe qué razones, olvidé llevarme mi edición de las Empresas y tribulaciones... y como no quería perder el hilo de mis lecturas, compré una edición económica de la novela y la leí de un tirón. Otra vez las lágrimas de mi parte, esta vez porque dos destinos se daban al unísono. (Desde aquel momento, resolví regalar esa novela a varias de mis amigas muy queridas.)
En verano muy desconcertante, Amirbar fue mi tabla de salvación; al siguiente, Abdul Bashur, soñador de navíos me cambió la perspectiva. Al final de su lectura, ahora comprendía por completo la presencia de ese libanés singular en la vida del Gaviero: mientras Abdul soñaba con el barco ideal, signo de las cosas buenas por venir, Maqroll seguía su difícil paso por el mundo, siempre con la conciencia de que no hay más por hacer. Pero todas mis anteriores lecturas no tendrían sentido sin mencionar el Tríptico de mar y tierra. (Comprendo, Álvaro, que usted se encarga de contar las cosas que le pasan al Gaviero, pero en las tres partes de este libro, encuentro algo de Mutis en esas historias.) Mientras "Cita en Bergen" es el corolario de una vida sin tregua y su "Razón verídica de los encuentros y complicidades de Maqroll el gaviero con el pintor Alejandro Obregón" las andanzas de dos marginales por los senderos de la vida, "Jamil" es prácticamente el momento donde Maqroll hace las paces con la vida cuando se le aparece un niño como Jamil, hijo de su amigo Abdul Bashur. Sobra decirle que Jamil es el un niño ideal que deseamos encontrarnos en la vida, porque sabe tomar las cosas de acuerdo al paso de las cosas. Y sí, podrá usted imaginarlo, lloré cuando ambos personajes se despiden para vivir por separado su parte del camino.
Al leer estas líneas, no le estaré contando nada que usted no conozca; simplemente son las impresiones de un franco y dedicado lector que ha pasado casi una década viviendo en su obra. Quienes lo conocen con todas las letras, además de celebrar un talento desmedido, seguro también admiran sus grandes dotes como gran conversador. Si me permite decirlo, algún día quisiera conocerlo en persona para conversar sobre su vida, su obra, o si se puede, ambas cosas. (Al momento de escribirle esta carta, usted estará cumpliendo 86 años, y aún así no deja de suscitar el nacimiento tanto de nuevos y dedicados lectores, como también de enconadas polémicas.)
Querido Álvaro, no tengo más que decirle. Sólo diré que siempre es un privilegio leer su obra y debe saber que un autor como usted rebasará toda frontera en el tiempo. Algún día, habré de expresarle de viva voz estas palabras.
Muchas gracias por su poesía, por sus novelas, por sus palabras, por ese infatigable Gaviero.
Sinceramente,
U. V.

martes, 16 de junio de 2009

Diez cosas para mi "cumple"

A lo largo de mi vida, he pasado por todas las latas que conlleva la celebración de mi cumpleaños, cualesquiera que se traten o se llamen. Desde la típica mordida al pastel, pasando por los regalos con pinta de roperazo, hasta los olvidos voluntarios y los desayunos, comidas y cenas en fast track. Ahora bien, a un paso de pisar la raya de la edad de los nuncas, decidí hacer una lista sobre cómo y qué me gustaría tener en mi cumple.
  1. No soplarme las típicas, aunque engorrosas mañanitas, en cualquiera de sus versiones. (Si deseo de todo corazón aceptarlas para no hacer cara de fuchi, más vale que sean interpretadas por la OFUNAM, con salterio del Porfiriato, o, ya de perdida, por una marimba chiapaneca. No pido más.)
  2. Conocer las efemérides del día, a lo menos para saber con quien tendré que compartir tanto el santoral cívico como el religioso, luego que la diosa Fortuna se digne en inscribir mi nombre con letras de titanio en los anales de la vida.
  3. Escuchar mi música favorita de toda la vida (Serrat, Vangelis, St. Germain, Duke Ellington, etc.), o en su defecto, la canción de moda que contraataque mi subconsciente cada vez que éste se deje. (Mis sugerencias: "Lovers in Japan" de Coldplay, "Poker face" de Lady Gaga, y "No soy una señora" de María José.)
  4. Comprar un libro que me interese mucho leer, por encima de toda la avalancha que tengo y debo leer. (Cada año hago esto, así que no tendré problema alguno.) Pero si alguna de mis amistades decide regalármelo, igual queda de súper lujo.
  5. Tomarme el debido tiempo para recorrer las exposiciones de moda en los museos de la ciudad. (El MUNAL es buena sugerencia, ¿no creen?)
  6. Comer opíparamente en algún restaurante de comida china o mexicana, dada mi fama de gourmand. (También se aceptan sugerencias.)
  7. Platicar con algún escritor sobre las latas de la letra; para que se cumpla esto, suele verse de varias maneras: en la presentación de un libro, una conferencia o, simplemente, en un tête-à-tête, con café y bizcochos.
  8. Pasear por la ciudad con una mujer hermosa e inteligente, tomados del brazo, bajo una noche lluviosa o cálida, según el pronóstico del tiempo lo indique.
  9. Levantarme más temprano que de costumbre y contemplar por la ventana cómo el día va entrando a la vida, mientras tengo en la mano derecha una taza de café con leche, y en la izquierda, un chocolate Turín relleno de rompope.
  10. La más importante, recibir las muestras de afecto y admiración de mi familia, mis amigos, mis colegas y mis lectores, quienes son y serán los verdaderos artífices de esta vida breve que llega a otro año más.
Bien sé que toda vida es digna de ser vivida, sin embargo, la única cosa que nos diferencia del resto del mundo, es la manera de hacer las cosas. Como alguna vez me dijo Javier Garciadiego, "lo importante es hacer las cosas con pasión". Verdad que sí.
Bonne Anniversaire!!!

viernes, 12 de junio de 2009

Carta prometida para Hernán Lara Zavala

Querido Hernán:

Hace cinco meses tuvimos un primer encuentro, donde cumplí mi palabra al localizarte unos ejemplares de tu libro Contra el ángel, mismos que te entregué aquella tarde en el Sanborns de San Ángel. Primero me dedicaste un ejemplar de Península, Península, tu última novela, y luego unos ejemplares (para una amiga mía, que cumplió años ese día y para quien escribe) de tu Antología personal que publicó la Universidad Veracruzana y que te inspiró un grato sobrenombre hacia mi persona: el caza libros. Al final de nuestro encuentro, me dijiste lo siguiente: Esperaré tus críticas sobre mi novela. (Gracias de antemano.) Más vale tarde que nunca, helas aquí.
Antes de Península, Península, nunca había leído alguna obra tuya. (Bueno, algunos ensayos y un cuento, pero hasta ahí.) De inmediato, comencé a leerla y la manera como describes los paisajes de la península de Yucatán me dejó maravillado que no solté el libro en toda esa semana. (Con esa sola intención, ya tenías asegurado un sincero lector; que no quede allí.) Al principio, me costaba seguir historia tras historia; no terminaba un capítulo con personaje diferente cuando ya me presentabas a otro muy distinto; al llegar al fin de la primera parte, ya había ahondado en las vidas de muchos personajes, quienes sufrían un díficil tiempo al presenciar y vivir la inminente guerra de castas de 1848. (Si me permites, aquí cabría decir que para un lector ávido de conocer sobre este hecho, tu novela está que ni mandada a hacer. Bueno, con sus debidas distancias respecto a un sesudo estudio de sobra conocido.)
Cuando inicié la segunda parte, ya pude ver ampliamente la presencia de un escritor en lengua inglesa muy querido por ti, William Faulkner, quien alguna vez jugó con el tiempo y las vidas de sus personajes para contar una historia, en apariencia local, meramente universal. (Por la estructura de los capítulos, me recordó Las palmeras salvajes, y el título, claro, me remite a Absalon, Absalon.) No me cabe la menor duda que la Península (léase Yucatán, Campeche y Quintana Roo) es tu propio Yoknapatawpha; también tu Comala o Macondo, si se quiere ver así.
Hernán, aún hay muchas cosas que decir sobre tu novela. Por ahora me limito a expresarte mi más sincera admiración y desearte que sigas escribiendo otras, porque para los cuentos y los ensayos, más que escribirlos, los transpiras. La próxima vez que el tiempo nos haga coincidir en alguna presentación, tendré la oportunidad de expresarte todas estas apreciaciones.
Nuevamente, muchas gracias por tu novela. Te mando un fuerte y fraternal abrazo.
Sinceramente,
U.V.

jueves, 4 de junio de 2009

Carta viajera para Adolfo Castañón

Admirado Adolfo:

Hace unos meses, asistí a la ceremonia de entrega del Premio Xavier Villaurrútia conferido hacia tu persona y en particular, hacia tu libro Viaje a México. (En aquella ocasión, aproveché para que me dedicaras mis ejemplares de Arca de Guadalupe y de tu discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua.) Lamentablemente, aquella noche de tu premio no pude comprar ese interesante volumen, y no fue sino hasta hace dos semanas cuando me hice de un ejemplar. Las presentes líneas no son más que la consecuencia de su lectura.
Comienzo con una confesión de mi parte; cuando leo libros de ensayo, por lo regular siempre leo sin seguir el orden propuesto, es decir, que primero leo el artículo que me genera mayor interés, para luego seguir con otro muy distinto, y así sucesivamente, hasta haber leído todo su contenido. Recuerdo que comencé con el ensayo sobre Salvador Elizondo, mismo que dejó maravillado por la serie de datos que proporcionas. Mientras me sumergía más a profundidad en su lectura, me topé con algunos textos ya conocidos: el aniversario 50 del Fondo de Cultura Económica, la crónica de la premiación de Octavio Paz en Estocolmo, y el clásico retrato de tu padre, Jesús Castañón Rodríguez, eximio hombre de libros. (La primera vez que los leí, fue gracias a pequeño volumen llamado El jardín de los eunucos.) Al leerlos de nueva cuenta, me dije: "Si buena parte de los textos de Viaje a México son de factura reciente, ¿por qué me topo con éstos ya conocidos?" Un lector más drástico que quien escribe, diría que ya no tienes más obras que mostrar. Falso. Más bien estos textos ayudan un poco al resto por un sencilla razón: recordar una tradición, un origen donde coincidan todos. Tanto los aniversarios editoriales y las crónicas de un escritor en tierras extrañamente amistosas como los retratos librarios y las remembranzas cafeteras, son formas distintas de celebrar la literatura, donde el corazón -en paralelo con el pensamiento- escribe sus mejores páginas. Por ello, no es gratuito que obras ya conocidas convivan en igualdad de condiciones en un volumen tan exquisito como señero, donde la sorpresa es el pan de cada día.
Paréntesis aparte, Viaje a México (título que remite a aquel volumen homónimo de Paul Morand) se encuentra completamente emparentado, por un lado del charco atlántico, con el Exercises d'admiration de E.M. Cioran, y por este otro extremo del mar, con Retratos personales y Los días del maestro, de tus coevos mexicanos Enrique Krauze y Vicente Quirarte, respectivamente. (Si Mexicanos eminentes y Peces del aire altísimo, son los egregios recipiendarios de aquéllos, Viaje a México tiene un tremendo precedente en ese clásico contemporáneo de nombre Arbitrario de literatura mexicana.) Al leer tanto a Andrés Henestrosa, Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes y Fernando del Paso, como también a Jaime Sabines, Salvador Elizondo, Juan García Ponce y José Emilio Pacheco, estás leyendo al mundo, es decir, a México, donde te tocó vivir y escribir. Y ya que menciono la palabra México, el texto homónimo que abre el libro es una suerte de "carta de creencia", donde tu admiración por el país no sólo se queda en la letra impresa, sino en los viajes hacia el interior, evidenciando otra cara, muy distinta a la habitualmente ofrecida hacia el exterior. En una palabra, Viaje a México es más un itinerario hacia el origen que otra cosa.
Finalizo estas líneas con una invitación para aquellos lectores interesados en conocer otra manera de ver las letras mexicanas, para que se acerquen a tu libro y vean otra forma de ese México que nos recibe y circunda. No me cabe la menor duda de que Viaje a México logró (y con creces) su cometido. Adolfo, te agradezco sobremanera por las cosas buenas que me regaló (ésa es la palabra) tu reciente obra. Habrá un día para hacerlo de viva voz. ¡¡Muchas gracias!!
Cordialmente,
U.V.