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domingo, 6 de enero de 2013

Quince lecturas para definir 2012

Como ya es tradición en todos los espacios virtuales donde tengo la dicha de colaborar, al momento de hacer mi listado definitivo, me di cuenta que el número de libros notables rebasaba los quince, así que para evitar posibles conflictos acerca de la inclusión de uno y la omisión de otros, decidí enumerar los quince libros que más me impresionaron, desde las novedades de 2012 hasta los clásicos de mi librero, porque, como decía José Gaos, “una biblioteca es un proyecto de lectura para toda la vida”, y con estas notas semanales, espero contribuir con mi óbolo tanto a su proyecto como al mío.
Seguro advertirán la presencia de algunos autores ya inscritos en listados anteriores, y eso indica una franca fidelidad hacia ellos y sus obras. A final de cuentas, toda lectura siempre es una forma de agradecimiento. Con todo, aquí les va esta selección, con la esperanza de seguir contando con su preferencia en 2013 y más allá. (Y aquí paro el carro.)

1) El lector se hace, no nace (Felipe Garrido) Consciente de que la formación de lectores conlleva toda suerte de experiencias, Felipe Garrido nos comparte las suyas, aunadas con varias propuestas para hacer doblemente llevadera esa labor, y esta selección de artículos, prólogos y conferencias es la prueba de ello.

2) Cómo ser mujer y no vivir en el infierno (Beatriz Escalante) Galería de historias sobre mujeres que buscan significarse en este mundo, donde la única constante no es el cambio, sino la incertidumbre. Frente a esa circunstancia, su remedio y reconstrucción dependerá de contar su propia historia; la pieza faltante ya la dispondrá el lector.

3) Historia de mi hígado y otros ensayos (Hernán Bravo Varela) Porque todo libro de ensayos es un paseo, Bravo Varela nos comparte no un paseo, sino una “parranda” hacia varios temas, gratos a su formación como escritor, donde también deja de lado la solemnidad y nos sumerge en otros mundos; divertimento y sabiduría, como en todas sus películas.

4) “Nosotros”. La juventud del Ateneo de México (Susana Quintanilla) Antes de los jóvenes entusiastas del ’68, hubo una generación que enarboló un ideal humanista con miras a crearle a México una nueva identidad, y como en toda época, los vientos políticos del momento y ciertas polémicas intestinas intentaron separar a sus miembros, pero su historia persistió al final.

5) Babia (Karen Villeda) Se ha dicho hasta el cansancio que los poetas, a falta de biografía, tienen obra; para este caso, ambas se conjuntan. Por un lado, se crea un territorio a prueba de tiempo, y por el otro, se recrea una vida, que hace de las palabras el medio ideal para encontrarse en el mundo que se vive: matria al fin y al cabo.

6) Contramundos (Ingrid Solana) Cuatro animales emblemáticos para la autora adquieren carta de residencia poética en este libro; recorrer sus estancias a manera de reconocimiento y así descubrir que, como aseguraba Samuel Beckett, “los animales saben”, y hasta el mínimo indicio devela grandes hallazgos.

7) Sin biografía (Claudia Hernández de Valle-Arizpe) En todo viaje realizado, son los objetos más entrañables los que suscitan el asombro del mundo, pero también sirven a manera de llave maestra para recrearlo. (En esta compilación poética, el “ábrete sésamo” se confirma verso a verso.)

8) Viento amargo (Beatriz Rivas) Los últimos días de un estratega consumado se tornan, por obra del azar, en años de aprendizaje de una joven entusiasta, que comparte su curiosidad, inyectándole vida a un hombre que casi la pierde en silencio; una relación al límite, que dejará helado a más de un lector.

9) Fuga en Mí menor (Sandra Lorenzano) El pasado pide a gritos volver al ser y hacer de un hombre, que busca en la música –verdadero arte del silencio− respuesta a todas sus interrogantes; en esta novela todas las voces no cesan de hablarse, y es indispensable escucharlas, puesto que hay silencios persistentes, así también tristes.

10) Veredas para un centauro (Paola Velasco) Heredera a la distancia −y guardando la misma, si se me permite decirlo− de Michel de Montaigne y Alfonso Reyes, sus paseos en forma de ensayo se vuelven veredas al conducirnos hacia escenarios, objetos, pero sobre todo, lecturas que pintan por entero nuestro genio y figura.

11) Canción de tumba (Julián Herbert) “Madre, sólo hay una”, reza el lugar común, y para esta novela, la figura materna deja de lado esa engolosinada imagen con que la venden cada 10 de mayo, para volverse humana, encabronadamente rebelde, sin otro afán que librar el fregadazo nuestro de cada día; y a su hijo, el narrador de esta historia, le consta. (Leer para creer.)

12) Fervores (María de Guerra) La primera plaquette de una joven y experimentada escritora, encuentra de forma afortunada su lugar en la poesía mexicana del principios del siglo presente; aquí los tres senderos de la duda −crear, descubrir y transformar− cumplen su cometido al develarnos instantes que, gracias a su generosidad poética, se perderían totalmente: un destino que al fin cobra sentido.

13) Antigua grandeza mexicana (René Avilés Fabila) Oda y elegía simultáneas por una ciudad que hoy pervive en archivos fotográficos y en cancioneros de cantina; sin embargo, también sirve como el pretexto perfecto para adentrarse en ella: su nomenclatura urbana auxilia a la cultural para esa empresa, incluso las de Balbuena y Novo entran al quite.

14) Palinodia del rojo (Fernando Fernández) El oficio delirante de los poetas del siglo áureo cobra nueva fuerza en la obra poética de un escritor contemporáneo, que eleva al grado de proeza cada uno de sus versos, donde la inteligencia no está peleada con el ingenio; esgrima verbal por dondequiera que se vea.

15) Escribo a ciegas (Jorge F. Hernández) A manera de resumen de la primera década de producción hebdomadaria del autor, se reúnen amistades entrañables, lecturas a prueba de tiempo, maestros con signos de admiración y familiares de corazón abierto, a la par de los altibajos con que el mundo nos tiene acostumbrados; refrescante dosis de agua de azar para deleite del lector.


(¡¡Muchas gracias!!)

viernes, 6 de enero de 2012

2011: lo que la lectura nos dejó...

A lo largo de 2011, quien esto escribe tuvo una que otra ausencia de estos parajes virtuales, y no es para menos. Entre las contingencias familiares y una que otra reestructuración personal, leer fue la manera de seguir avante ante todo y contra todo.
Año con año, resuelvo a enumerar los quince libros que más me impresionaron en el año pasado. Aunque ninguno es igual a otro, una palabra nueva o una impresión inusitada determinan un nuevo rumbo, o confirman el ya asumido. Aparte de haberlos disfrutado sobremanera, en algunos casos tuve la oportunidad de haber conocido al autor, y en otros, fue el obsequio de grandes colegas, cuya lectura de mi parte es una forma de agradecer dicha deferencia. Con todo, comparto con todos ustedes esta selección, en espera de seguir contando con su preferencia a lo largo de 2012.

1) La biblioteca de mi padre (Rodrigo Martínez Baracs) Visita guiada al interior de una de las bibliotecas más importantes de las letras mexicanas, vista desde la mirada de uno de sus testigos y protagonistas más importantes; bibliófilos, investigadores y lectores interesados en conocer más de la literatura mexicana, más que indispensable.
2) Adentro no se abre el silencio (Nadia Escalante Andrade) La poesía inusitada de una escritora con muchas horas de vuelo, nos presenta mil y un maneras de asir el tiempo en los lares de la poesía; entre la duermevela y el despertar, hay distancias que se detienen, y Nadia comparte de primera fuente sus visitaciones.
3) La consagración de la primavera (Camila Krauss) Porque toda poesía es una celebración, Camila Krauss nos comparte aquellas visiones que la llevaron a descubrir, de primera fuente, los arcanos de los que se compone la vida, hecha de palabras, igualmente geniales que desconcertantes. Al final, queda la poesía para confirmarlo.
4) Perros muy azules (Claudia Hernández de Valle-Arizpe) A manera de un “réquiem por un sueño”, tres personajes se pierden para encontrarse; mientras alguien busca vida en la repetición de la memoria, otro se empeña apasionadamente en vivir muchas vidas siempre al margen del tiempo, y sólo una voz decide ver el mundo con otra misma mirada, prístina al fin y al cabo.
5) Por qué importa Sinatra (Pete Hamill) Ni biografía exhaustiva ni escueta monografía, se nos cuenta el aprendizaje musical y afectivo de un cantante que no cejó en vivir a plenitud cada instante de su vida, trayendo consigo una inusitada y legendaria voz que unió a todas las generaciones en una ronda, y persiste en la razón de por qué nos importa y mucho.
6) Andrés y Diego en la muerte de Frida (Rafael Gaona) Detrás de las polémicas exequias de la pintora Frida Kahlo, la presencia del eximio escritor Andrés Iduarte destaca como un dechado de integridad, a merced de los intereses políticos del momento; al final, un escritor comprometido con su honestidad literaria, dio señera lección a todos, lo mismo estrechos colaboradores que acérrimos detractores.
7) Cartas a Tomás Segovia (1957-1985) (Octavio Paz) Ha querido el azar y la coincidencia en regalarme este epistolario entre dos poetas, ahora que uno de ellos, Tomás Segovia, falleció este año; los proyectos poéticos, las gratas confluencias, pero, sobre todo, una amistad distante y cordial, siempre a la espera de conocerse personalmente. De todas las compilaciones epistolares en torno a Paz, ésta es la más entrañable.
8) Red de autores (José Balza) Uno de los críticos y narradores más peculiares de la literatura venezolana, nos entrega una granada selección de ensayos, artículos y retratos de sus escritores; desde Baltasar Gracián y El Lunarejo, pasando por Julio Torri y Octavio Paz, hasta Adolfo Castañón y Paquita la del Barrio, Balza no deja de sorprendernos al compartirnos el entramado verbal de cada uno. Una antología sin par, que merece una y varias relecturas.
9) De tela y de papel (Elva Macías) Publicada por Parentalia ediciones, esta plaquette de diecisiete poemas da fe de la constancia poética de una escritora que ha hecho del viaje su toral residencia; su infancia en Chiapas se desgaja en instantes plenos de sorpresa, pero también de franqueza hacia un tiempo deseado, como la tela que nos cobija, y sorpresivo, como el papel que nos describe.
10) Aguja (José Ángel Leyva) Bajo el postulado rimbaudiano de que el poeta es un vidente, Leyva nos entrega un libro lleno, más que de sorpresas, de invitaciones al viaje que sólo la poesía puede ofrecernos; entre naguales, ángeles y uno que otro diablo, la vida nos incita a conocernos mediante la palabra diaria, certera como una aguja que nos hace y nos deshace, en oficio de Penélope.
11) Tránsito (Claudina Domingo) Más que un poemario, una visita guiada y sin límite de escalas por una Ciudad de México que se antoja habitable, en el sentir abelquezadiano del “mejor de los mundos imposibles”, donde la ciudad nos enseña los dientes y se ensaña con nosotros, sus habitantes, pero a su vez, nos entrega una esperanza, débil al fin, de convivir con ella. Cada quien sabrá su cuento.
12) Expediente del atentado (Álvaro Uribe) Con las cacareadas celebraciones del Centenario por detrás, esta novela que versa sobre el fallido asesinato de Porfirio Díaz, nos presenta un panorama que, si no fuese por las fechas y los personajes, diríamos que se trata de un hecho reciente; bueno, si la historia se empeña en repetírnoslo, claro. (Novela de premio, sin duda.)
13) Más breve que una vida (Antonio Tenorio) En su primera novela, Tenorio se sumerge a los ríos de la memoria familiar al contarnos la vida y milagros de Francisco J. Múgica, caudillo de la Revolución mexicana; un hombre implacable en la escena pública, pero espiritual y nostálgico en la vida privada. Al final, los recuerdos hablan por sí solos.
14) La última escala del tramp steamer (Álvaro Mutis) Una lección de viaje, pero más de fraternidad encontramos en esta noveleta de la saga de Maqroll el gaviero, donde a pesar de los sinsabores de la vida y las pocas y gratas sorpresas encontradas al paso, queda repensar el itinerario y seguir adelante. De las obras indispensables para acercarse a Mutis.
15) Todo nada (Brenda Lozano) Dos formas de la pérdida (la muerte de su abuelo y la ruptura amorosa) se conjuntan en el ser y hacer de una mujer que se cuestiona a cada paso sus razones de vida, sobre si su proceder es el correcto, o de las mil y un maneras de evadirlo, o, si se quiere, de contarlo, a guisa de pecado y expiación. Al final, quedan las palabras.

lunes, 11 de julio de 2011

Entre libros, entrevistas

Hace tiempo, mientras navegaba en las aguas heladas del cálculo tuitero, en una sentencia dicha al vuelo dije que defiendo a ultranza los libros de entrevistas, y no es para menos, dado que me apasiona leerlos y descubrir otra faceta de las diversas personalidades puestas frente a un reportero. (Despacio y nos amanecemos...)

Como género bastante socorrido, la entrevista cuenta con una finalidad primordial: conocer de primera fuente las opiniones de los protagonistas del momento sobre sus temas, sus hechos y, sobre todo, la manera cómo se definen dentro del mundo. Pero hay de entrevistas a entrevistas, las hay de banquetazo, que sólo buscan la palabrería del indiciado en cuestión, como en las revistas de chismes que se venden en el súper o se leen (por accidente, claro) en la estética o en el baño; ese tipo de entrevistas, digamos, son como las papitas de bolsa o los refrescos: para calmar el antojo están bien, pero como alimento diario, no lo creo...

Sin embargo, hay otro tipo de entrevistas que vieron la luz en una publicación diaria o semanal, y cuya sustancia primigenia todavía suscita buenas intenciones y una clara curiosidad, aún después de haber pasado del papel periódico al couché empastado. Grandes exponentes de ello son, entre otros nombres, Raquel Tibol y Elena Poniatowska, dedicadas al arte y a la vida en México, y de quienes me ocuparé en otra ocasión. Ahora sólo me dedicaré a comentar los libros de entrevistas que más me han gustado, con todo y sus respectivos "asegunes", cuya mención es necesaria.

En mis tempranas mocedades, tanto físicas como literarias, encontré en un bazar libresco un ejemplar igual de gratificante que polémico: El poeta en su tierra. Diálogos con Octavio Paz, del incipiente periodista Braulio Peralta. Aún reciente la muerte del poeta, sentí en esas páginas que su pensamiento nunca se iría del todo y cuando esas palabras llegaban al incipiente (todavía, cabe notarlo) oído de quien esto escribe, no cabía la menor duda: mi destino estaba en las letras. He aquí una de mis partes predilectas: "-Desde dónde escribe usted, ¿desde el centro, desde la izquierda, desde dónde? -Desde mi cuarto, desde mi soledad, desde mí mismo. Nunca desde los otros." Y de allí, pa´l real...

Ya en los primeros años de la carrera de Letras Hispánicas en la hoy FES-Acatlán, fui uno de los afortunados en recibir un libro de obsequio en la charla de Marco Aurelio Carballo dentro de la primera temporada de las charlas literarias con Óscar de la Borbolla. El autor invitado resolvió regalar varios ejemplares de sus libros a los asistentes que le preguntaron varias cosas; cuando llegó mi turno, me dio a elegir entre novelas, cuentos y entrevistas. "Pues el de entrevistas, por favor..." Después, entre las tareas de cada materia y el traslado diario hacia casita, me aventaba una entrevista completa de las 29 que conforman Los atrevidos (publicado en su tiempo por la UAM-Xochimilco, hoy reeditado por CONACULTA en su serie Periodismo Cultural); Lola Beltrán, Rául Velasco, Ricardo Garibay, Julio Cortázar, Rius, entre otros ilustres personajes, me mostraban su mundo y el tiempo que les correspondió ver y vivir. Incluso el propio Carballo cuenta algunos avatares suscitados en el tiempo de cada entrevista. En una palabra, amén de conocer algo más sobre las personalidades del momento, se nos daban algunos pormenores al momento de la entrevista. (Crónica y entrevista por el mismo precio.)

Una de las presencias más queridas en mi oficio de lector, es, sin duda, Álvaro Mutis. Y para este asunto de las entrevistas, tampoco él podía quedarse atrás. Celebraciones y otros fantasmas compila seis extensas entrevistas al autor de Ilona llega con la lluvia, hechas por su colega y compatriota Eduardo García Aguilar, donde Mutis revisa toda una trayectoria llena de obsesiones literarias, procesos de creación de sus poemas y novelas, además de los viajes que han sustentado buena parte de su vida. No dudo en echarme una de sus seis entrevistas, a lo menos, cada verano, es decir, como en estos días.

Como cliente asiduo de los Remates del Auditorio Nacional, siempre regreso lleno de nuevas cosas, o por lo menos, de alguna cosilla curiosa. Prueba de ello, Voces que cuentan, de Sari Bermúdez, que compila varias de las entrevistas que se transmitieron originalmente en el programa Hoy en la cultura por el Canal Once hace ya muchos años. El leitmotiv de las 27 entrevistas que conforman el libro, principalmente se refiere a figuras de la cultura mexicana y universal; sin temor a equivocarme, en este libro se encuentra la famosa entrevista que Sari Bermúdez le hizo a Octavio Paz, en ocasión de sus 80 años de vida. Igualmente se incluyen varias con Oliver Stone, Enrique Krauze, Lola y Manuel Álvarez Bravo, y hasta Elena Garro, también polémica pero rica en anécdotas. No dudaría en recomendarla para quienes deseen conocer a los protagonistas de la cultura en México.

En los tiempos que tuve la fortuna de conocer a mi siempre maravilloso Jorge F. Hernández (quien espero se encuentre bien de salud, desde aquí va un fuerte abrazo), en una de las Ventas Nocturnas del FCE encontré un volumen de entrevistas compilado y prologado por él: Territorios del tiempo. Antología de entrevistas con Carlos Fuentes. Para los lectores acérrimos pero también para los nuevos admiradores del autor de La región más transparente, en esta serie de 16 entrevistas, se conocen las aristas de un Fuentes aplicado a las artes de la narrativa y el debate sobre la política presente, pero también sobre el papel del escritor en la vida misma. Todo esto, complementado por el delicioso prólogo con que Jorge F. Hernández nos presenta su propia visión sobre Carlos Fuentes. (Si lo consiguen, lo disfrutarán de principio a fin.)

Y ya estacionados en volúmenes sobre un solo autor, Yo, Elena de Carlos Landeros es una pequeña contribución hacia el redescubrimiento y consiguiente revaloración de Elena Garro, y nadie como el propio Landeros (a la sazón, entrañable amigo de la escritora) para hacerle la debida justicia literaria a una autora inclasificable, pero llena de talento. Junto a La ingobernable de Luis Enrique Ramírez, excelente opción para conocer, de cuerpo entero, a Elena Garro.

Todo mundo sabe de sobra quién o qué hace Tere Vale, y confío en que muchos de ustedes la ubican (casi de golpe y porrazo) como periodista, ya sea en ABC Radio, Ondas del Lago o TV Mexiquense, desde luego. Y en su faceta como entrevistadora, las más de las veces. En una suerte de arreglo de cuentas con sus seguidores, nos entregó hace algunos años un volumen con diez personalidades en su mayoría pertenecientes al mundo de la ciencia, la cultura y las artes (y uno que otro personaje de la política), con un tema en común: que sean mexicanos de excepción. De frente y de perfil reúne diez entrevistas con Cuauhtémoc Cárdenas, Silvia Pinal, Fernando del Paso, Mario Molina, Angélica María, Juan Ramón de la Fuente, José Woldenberg, Guillermo Arriaga (sí, el guionista de Amores perros), Alejandro Soberón (el cerebro detrás de CIE, la empresa líder en conciertos y eventos afines), y Alondra de la Parra (cuya entrevista sugiero leer con cuidado, en especial, sus contadísimos detractores). Muchas de las claves que se requieren en estos interesantes tiempos, se encuentran en este volumen. (Hay que revisarlo.)

Cierro estas notas con un aviso y, a su vez, esperanza: actualmente tengo en mi mesa de trabajo Testigos de nuestro tiempo de Ana Cruz, también producto de su experiencia en Canal 22 y que reúne veinte de un sinnúmero de entrevistas realizadas, en cuyos protagonistas se encuentran Jaime Sabines, Álvaro Mutis, Carmen Boullosa, Carlos Monsiváis, Miguel León-Portilla, Ángeles Mastretta, Elena Poniatowska, Juan Soriano, entre otros. No dudaría que para algunos acercarse a este libro, es una manera de maravillarse por las pasiones de aquellos que hacen llevadera la labor de la cultura. (Sin duda.)

Finalmente, me encantan los libros de entrevistas por éstas y otras tantas cosas. Y decir algo sobre ello, la verdad, quedaría corto y hasta ahí. (Ojalá y les interese. Ojalá.)

miércoles, 12 de enero de 2011

Quince del 2010

Seguramente más de uno notó mi larga ausencia de estos parajes virtuales, y no es para menos. Por esos días, y a consecuencia de una extraña conspiración tecnológica, no tuve más remedio que... leer. Y como cada año (sin dejarme llevar por las chabacanerías del momento) resolví a enumerar, igual que el año anterior, los quince libros que más me impresionaron en 2010. Claro está que ningún libro es igual a otro; aunque traten el mismo tema, siempre hay una palabra nueva, una impresión inusitada o, simple y sencillamente, ganas de leer algo, lo que sea.
De los libros que enumeraré a continuación, cabe decir que los disfruté muchísimo, pero si esto se complementa con la oportunidad de haber convivido con el autor, puedo darme por bien servido. Y aquí paro el carro.

1) Pasado anterior (Salvador Elizondo) La constancia periodística de un autor comprometido con la literatura, queda manifiesta en esta compilación -póstuma, cabe decir- de artículos, donde Elizondo se dio a la tarea de criticar, pero también celebrar las maravillas del mundo presente. Una verdadera joya.
2) Calacas (Rubén Bonifaz Nuño) Un poeta con todas las letras, como lo es Bonifaz Nuño, hace las paces con la muerte a través de este poemario, donde no olvida su preclara presencia, pero con un cierto desenfado hacía ella. Del respeto de la elegía al desconcierto de la "calaverita". (Para todos sus lectores de toda la vida, Calacas significó el "retiro" del poeta. Aún se le extraña.)
3) Lotería (Nati Rigonni) La suerte de la poesía juega con el poeta a nombrar las cosas, y con la galería de objetos que tiene a bien compartir la veracruzana Nati Rigonni, queda comprobada a todas luces. (Como la lotería, vive al día, al vaivén del tiempo.)
4) El Naranjo en flor (José Ángel Leyva) La familia Revueltas, de donde genios del calibre de Silvestre, Fermín, José y Rosaura surgieron, tiene la palabra para contarnos otras historias de aquellos personajes, pero también permite conocer a otros de igual o mayor valía. Un retrato de familia, pero con retoque.
5) Camino a Baján (Jean Meyer) Las vidas paralelas de Hidalgo y Calleja se reúnen en esta novela, donde cada quien cuenta su presencia en el entramado de la historia, y cuya señera lectura nos hace ver que nadie tiene la razón: ni tirios ni troyanos. (A título personal, me gustaba más el nombre con que se publicó por primera vez: Los tambores de Calderón. ¡¡Y hasta JM coincide conmigo!!)
6) Cartas mexicanas (Alfonso Reyes) El camino de un escritor se mide por la importancia de sus temas de escritura, pero también por la correspondencia y la hermandad emanadas de sus corresponsales en una relación epistolar. Para entender al Reyes público, vale conocer al privado, casi secreto. Y como esta maravillosa selección fue cuidada por Adolfo Castañón, el placer es doble. (Bien.)
7) Escribir, por ejemplo (Carlos Monsiváis) Diez escritores fundamentales en las letras mexicanas, vistos desde la mirada crítica y casi cardiográfica de un escritor íntegro, a quien no le era ajeno tema alguno. Entre Alfonso Reyes, Julio Torri, Rosario Castellanos, José Revueltas, entre otros, su (definitiva) presencia es más que notoria mientras se revisan esas páginas.
8) A la gorda drógala (Giberto Prado Galán) Uno de los nuevos alquimistas del palíndromo en México presenta en este libro las cartas de marear de su travesía literaria; después de dominar la forma, ésta, como buena contrincante, le obsequia gustosa sus secretos y pasiones.
9) Seis Cuentos Seis y uno de regalo (Jorge F. Hernández) "Escribir es torear", es la consigna de este libro, y queda confirmada cuando el autor se lanza al ruedo en busca de contar otras historias (en siete cuentos), donde la pasión por las letras sólo se asemeja a la emoción del novel torero al recibir la alternativa.
10) Imaginemos un caracol (Julieta Fierro) Como su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, y ahora en forma de libro, el ingenio de Julieta nos presenta una ágil, divertida e interesante manera de conocer a un caracol, y su presencia en la naturaleza, tanto de la vida como de la lengua.
11) Claridad errante. Poesía y prosa (Octavio Paz) La última compilación cuidada en vida del poeta, regresa a la escena literaria gracias al Día Nacional del Libro, como un regalo que Paz decide hacerle a las generaciones futuras, porque una obra así merece leerse y releerse, sin aniversarios de por medio.
12) La rueda de la fortuna (Helena Paz Garro) Con el talento corriendo por sus venas, la hija de dos estrellas no se queda atrás, y demuestra en sus poemas una vitalidad nunca vista; el esmeril de la distancia (geográfica, familiar, ¿literaria?) nos regala este ramillete, tan joven como siempre y tan viejo como ayer.
13) Deshielo (Claudia Hernández de Valle-Arizpe) Claudia se avienta al torrente de la poesía, en busca de decir, como su maestro Bonifaz Nuño, de otro modo lo mismo. Su estilo nos indica ciertos sinsabores en busca de la palabra, pero en aras de conocer el diamante, es preciso llenarse de carbón las manos. (Un prístino viaje, sin duda.)
14) El arte de la fuga (Sergio Pitol) Los viajes ilustran, reza el lugar común, y en la obra de Pitol, este libro es el ajuste de cuentas con sus pasados: como persona, como escritor. Sus lecturas del mundo, de los libros, de sí mismo, son ahora compartidas con una sola esperanza: seguir aprendiendo. (¿Digno retiro? No sabemos...)
15) De héroes y mitos (Enrique Krauze) Varios de los temas recurrentes -la historia y sus maniqueísmos, la política y sus claroscuros- componen esta visita guiada al universo de un autor que no complace a tirios ni a troyanos. Para sus seguidores, pública confidencia; para sus detractores, privada discrepancia. (Debe leerse.)
(¡¡Gracias!!)

viernes, 25 de diciembre de 2009

Mis lecturas de 2009 (...y cómo conseguirlas)

Hace algunos días, tuve la fortuna de publicar esta misma lista en mi perfil del caralibro, la cual ha tenido gratas y maravillosas respuestas, mismas que retroalimentan mi quehacer como lector en horas 24. Entre las respuestas recibidas, hay una que me dejó totalmente helado: ¿cómo y dónde podemos conseguir aquellos libros? "En la siguiente entrega, seguro que sí", fue mi respuesta. Luego de revisar en la red las opciones para ello, sirvo compartir con ustedes, además del listado original, la manera de conseguirlo, con todo y la editorial que lo publica. Nuevamente lo digo y lo sostengo, creo que compartir con ustedes mis lecturas de 2009 es una forma de la cordialidad y, si se quiere, de la vida misma. Y aquí paro el carro.
1) El amor intangible (René Avilés Fabila, Axial-Colofón. $90) Novela donde los avatares de la comunicación ciber-epistolar recuerdan aquellas relaciones peligrosas que tenían lugar en las cartas (en este caso, e-mails) de los protagonistas. [En las librerías de prestigio, o en http://www.reneavilesfabila.com.mx/]
2) Península, Península (Hernán Lara Zavala, Alfaguara, $230) La Guerra de Castas de 1847 en Yucatán es el pretexto idóneo para que todas las voces cuenten sus propia historia que, a fin de cuentas, es la misma, con sus aproximaciones y reintegros. [Librerías de prestigio y en el local de Santillana, Pasaje Zócalo-Pino Suárez.]
3) Los días del maestro (Vicente Quirarte, CONACULTA, $100) Suerte de galería biográfica donde destacan varios maestros de las letras mexicanas y sus señeras enseñanzas en aras de seguir ganando batallas después de todo. [Librerías Educal-CONACULTA y algunas del FCE.]
4) Historias del Buen Dios (Rainer Maria Rilke, Jus, $80) Relatos donde la búsqueda de Dios es lo primordial a seguir; quienes se deleitaron con las Cartas a un joven poeta y las Elegías de Duino no se sentirán decepcionados. [En la sede de la editorial Jus, Donceles 66, Centro Histórico.]
5) Entre dos fuegos (Ana Colchero, Planeta, $70) Un complot político para perpetuarse en el poder y una historia de amor se unen para contar una serie de truculencias sobre los densos caminos de la política. Los entresijos del poder y los avatares de la cocina también escriben buena parte de ese entramado. [Librerías de prestigio y en el local de Grupo Planeta, Pasaje Zócalo-Pino Suárez.]
6) Viaje a México (Adolfo Castañón, Iberoamericana-Vervuert, $280) Una nueva mirada sobre la literatura mexicana y los autores caros al autor; suerte de carta de creencia en torno al oficio de escribir en México. Entre ensayos, crónicas y retratos, Castañón nos regala, más que una mirada, un pensamiento. [Librerías del FCE, Gandhi y en www.libreriabonilla.com.mx/]
7) Leer el mundo (Felipe Garrido, UNAM-Academia Mexicana de la Lengua, $70) Lectura es destino. Y Felipe Garrido, en éste, su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, nos comparte su experiencia como lector del Quijote, así también del mundo que le tocó en suerte vivir. [En Librerías UNAM, pero sólo en las ferias del libro se consigue con facilidad. Por cierto, el autor me regaló una edición especial.]
8) Versos hospitalarios (Miguel González Avelar, Verdehalago, $50 aprox.) Una faceta poco conocida de un político versátil, donde el habla de todos los días y los juegos de la sátira hacen poemas de impecable factura, con miras a convertirse en clásicos de las letras mexicanas. [En http://www.verdehalago.com.mx/, seguramente.]
9) Espejo de historias y otros reflejos (Jorge F. Hernández, Aldus, $80 aprox.) La Historia tiene muchas maneras de hacerse, pero si apelamos a la ficción y al humor, tenemos como resultado varios retratos donde, más uno, se daría por aludido. Un libro que ya presagia la genialidad de La Emperatriz de Lavapiés y Réquiem para un Ángel. [En librerías del FCE, o con los amigos de Aldus, tal vez.]
10) Correspondencia, 1939-1959 (Alfonso Reyes/Octavio Paz, FCE-Fundación Octavio Paz, $200) Conocer de cuerpo entero a dos escritores de talento titánico, se logra a plenitud al revisar sus epistolarios. Al tratarse de Reyes y Paz, mientras uno cuenta sus prácticas de vuelo, el otro pasa revista al kilometraje acumulado, generando una mutua retroalimentación. [Librerías del FCE, dónde más. Seguro lo encuentran a buen precio en la Venta Nocturna a fines de agosto.]
11) Con "M" de México (Nicolás Alvarado, Norma, $200) México se escribe de muchas maneras, tal y como lo demuestran los cronistas, pero cuando se trata de vernos al microscopio, esta especie de diccionario nos pinta de cuerpo entero, ya entrado el siglo XXI. Delirante y exquisito, sin más ni más. [FCE y Gandhi, seguro.]
12) Antes y después de Gardenia Davis (Abel Quezada, Joaquín Mortiz, precio variado) Bajo el cedazo autobiográfico, se generan relatos que desconciertan al lector más ávido; se despiden de ellos un extraño sentido del humor -semejante o diferente al plasmado en sus cartones- que le ganaran nuevos adeptos. [En librerías de viejo, las de Donceles, quizás.]
13) Morirás lejos (José Emilio Pacheco, Joaquín Mortiz, precio variado) La Segunda Guerra mundial y los campos de concentración son aquí vistos bajo los dictados de la memoria; no hay vencedores ni vencidos, porque todos tenemos algo que contar al respecto. Un mural polifónico que deja en la memoria la última palabra. [Como José Emilio se demora en sacar una segunda edición corregida -muy corregida, claro-, solamente en librerías de viejo. Sorry.]
14) Velero romántico (Alfredo Maillefert, Fondo de Cultura Económica, precio variado) Maravillosa compilación de un escritor olvidado que roza los linderos de la estampa provinciana, la entrevista imaginaria, la literatura radiofónica, las memorias y vivencias, y sobre todo, la fidelidad al acto de leer. Una lectura sin desperdicio alguno. [Lo hallé de puro milagro en un remate, pero seguro lo hallan en las de viejo.]
15) Lover/Amante (Rafael Cadenas, Bid & Co., ¿$200?) Uno de los poemas más conocidos del poeta venezolano (ganador del Premio FIL 2009), cuenta en esta edición con dos lecturas: una, la traducción al ingles por parte de Rowena Hill, y la otra, que corresponde al lector, cuya última palabra dirá todo. [La edición que tengo es venezolana, pero en la Obra concreta que editó el FCE, viene el poema completo.]
Ojalá y les haya interesado alguna de estas recomendaciones. (Cualquier pregunta al respecto, con gusto la responderé.) Esperemos que 2010 nos traiga nuevas lecturas y, eso sí, renueve la preferencia hacia los autores caros y admirados. Así sea. (¡¡Gracias a todos!!)

miércoles, 23 de julio de 2008

Leer y releer...

Cada verano, desde hace varios años y de manera cronológica, emprendo la lectura de una de las novelas que componen la saga de Maqroll el gaviero, escrita por el colombiano Álvaro Mutis. Ayer, Abdul Bashur, soñador de navíos, sexta parte de la saga, fue la elegida. (Confieso que ésta y otras dos de la serie, Ilona llega con la lluvia y La última escala del tramp steamer, terminé de leerlas con lágrimas en los ojos, dado que la conmoción fue tremenda.) Para un servidor, su sola lectura era un reencuentro con las andanzas anteriores del errabundo personaje creado por Mutis, pero la historia va dirigida principalmente a contar la historia de su compañero de empresas y tribulaciones, el libanés Abdul Bashur, dechado de prudencia por los cuatro costados, diametralmente opuesto a Maqroll, quien se rige por los dictados del destino. Para los lectores que les interese conocer las andanzas de estos personajes, les recomendaría que lean la serie desde el principio; aunque con Abdul Bashur, soñador de navíos se dé un primer acercamiento con Mutis, digno es comenzar por el principio. Pueden leer de forma independiente cada novela -editadas por Punto de Lectura-, o conseguir -si el presupuesto lo permite-, en un solo volumen publicado por Alfaguara, o en dos tomos, editados por DeBolsillo, las Empresas y tribulaciones de Maqroll el gaviero. (La edición de bolsillo cuenta con un epílogo de Gabriel García Márquez.) De pilón, cabe decir lo siguiente: el próximo verano, cerraré la serie leyendo la séptima parte, Tríptico de mar y tierra. Cuando haya terminado, ahora sí, como debe de ser, releeré la saga completa y sin interrupciones.
Hablando de relecturas, una que siempre hago, sin importar la temporada, es la del libro Enseres para sobrevivir en la ciudad, de Vicente Quirarte. Se trata de una compilación de artículos que el autor publicó, primero, en los suplementos culturales de los diarios El Economista, El Nacional y Unomásuno, y de temática citadina por los cuatro costados. Se compone de tres partes: "Enseres" (textos sobre diversos objetos cotidianos, como el lápiz, el cuaderno, el portafolios, etc.), "Para sobrevivir" (consejos, advertencias y recuerdos sobre el mundo de las letras y los escritores) y "En la ciudad" (estampas muy peculiares sobre la vida de la ciudad de México). La lectura de cada artículo, aunque lleve un momento, deja un sabor de boca que dura todo el día. Tres ejemplos: En "Enseres para una oda al lápiz", Quirarte hace un recorrido por la historia del objeto más importante de la vida escolar, además de hacer algo de psicología al respecto; en "Elogio de la torta", deja que la historia haga las veces de guía gourmet, y en "Sacerdotisas del café con leche" (y para deleite de Julia Cuéllar), nos muestra a un Ramón López Velarde no conocido. Podría hablar horas y felices minutos sobre cada artículo, pero mejor recomiendo su (inmediata) lectura. (Hay dos ediciones: la primera, de 1994, publicada por Conaculta y el Instituto de Cultura de Aguascalientes, y una segunda, algo corregida, bajo el sello de Norma. La elección final es suya.)
De cualquier forma, leer y releer son las caras de una misma moneda. A quien escribe solamente le corresponde compartir sus experiencias en el rendez-vous de la lectura. Borges decía que la lectura es una forma de la felicidad. También lo sería la relectura, ¿verdad?

miércoles, 23 de abril de 2008

Los 1001 libros del Primer Aniversario

Antes que nada, doy infinitamente las gracias a todas las personas que respondieron a la convocatoria para celebrar el Primer Aniversario de la fundación de la Nueva República de Babel. Aunque no están todos los que son, sí son todos los que están. (¿Lo dije o lo pensé?)
Sin embargo, como sé que este tipo de cosas motiva el enlace con los tiempos y las épocas, a medida que vayan llegando los listados restantes, se irán integrando a esta interminable lista, incluyendo algunos listados que formaron parte de un antiguo "ciberjuego" llamado Hacia la Nueva Biblioteca de Babel. (Ah, y he dejado para el final mi listado personal.) A todos ustedes, ¡¡muchas gracias!!


-Nora de la Cruz (Jefa del Cuerpo Diplomático Neobabélico)
1.- Las armas secretas, de Julio Cortázar. Creo que fue un libro que cambió mi forma de entender la literatura. Siempre que lo leo me sorprende de distintas formas.
2.- Un traje rojo para un duelo, de Elena Garro. Le dediqué dos años enteros de mi vida y lo volvería a hacer, porque estoy convencida de que es un libro olvidado y menospreciado.
3.- La Ilíada, de Homero. Para mí, contiene toda pasión humana. Es hermoso.
4.- Humillados y ofendidos, de Dostoievsky. Hay cosas más famosas en la producción de Dostoievsky, pero éste me parece uno de los libros más personales del autor. Ahí están muchos de sus complejos, sus rencores, su desprecio por la sociedad. Además, la escena inicial, en la que se retrata la última miseria de un ser humano, ya de por sí miserable, me parece de un patetismo impecable. Insuperable, acaso.
5.- Infancia, de Tolstoi. Los rusos fueron mis primeros libros de cabecera. Recuerdo haber leído esta obra de Tolstoi cuando era niña, y haber tenido la impresión de que el autor era, seguramente, un niño de mi edad. Así de auténtico es el retrato que hace Tolstoi del espíritu infantil.
6.- Ficciones, de Borges. Lo que me hace sentir Borges con su precisión, con su simetría, con su curiosidad insondable y su asomo a lo infinito, es indescriptible. Este libro es obligatorio para todo aquél que quiera conocerlo.
7.- Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Cuando terminé de leerlo, quería besarlo. No más comentarios.
8.- El reino de este mundo, de Alejo Carpentier. Uno de los textos que más me han impresionado en mi vida. Cuando tengo que regalar un libro siempre elijo ése.
9.- El principito, de Antoine de Saint-Exupery. Me recuerda el placer de leer que sólo se siente en la infancia.
10.- El loco, Khalil Gibrán. Fue el primer libro que leí en mi vida. Recuerdo que cuando lo terminé pensé que ser escritor parecía muy fácil, así que escribí mi propio tomo de parábolas. Se lo vendí a mi papá. Veinte años después, no he logrado escribir nada que me guste, pero gracias a Khalil Gibrán comencé a intentarlo.
-Daniela Sandoval (Consejera Corresponsal)
1. Los nueve libros de la historia, de Heródoto
2. 1984 de Georg Orwell
3. Los recuerdos del porvenir de Elena Garro
4. El llano en llamas de Juan Rulfo
5. La insoportable levedad del ser de Milan Kundera
6. Apologie pour l'Histoire de Marc Bloch
7. Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez
8. Querido Diego te abraza Quiela, de Elena Poniatowska
9. El Diosero, de Francisco Rojas González
10. Rayuela, de Julio Cortázar
(Ésa es mi lista, creo que solo los primeros 5 van en orden después están como se me vinieron a la mente... quizá el de Marc Bloch merezca un tercer lugar... lo siento, la historia me gana, ja ja ja!!)
-Elisa Cuevas (Consejera Numeraria)
Están en desorden, porque no puedo decir cuál es el preferido por encima de todos. Más bien los puse en orden cronológico, según los fui leyendo durante los primeros años de mi vida de lectora que comenzó alrededor de los once años cuando leí por primera vez María de Isaccs y Crónicas Marcianas (éste último fue un libro que me impactó muchísimo pues a los once años de edad yo veía el año 2000 y el avance tecnológico como algo lejanísimo...) Aquí van pues, me faltaron muchísimos.
1. Crónicas Marcianas de Ray Bradbury.
2. Demian de Hermann Hesse.
3. Marianela de Benito Pérez Galdós
4. El hombre de la situación de Manuel Payno
5. Los hijos de Sánchez de Oscar Lewis
6. Crimen y castigo de Fedor Dostoievski (por cierto que hay muchas formas de grafía de este nombre y apellido)
7. Cantar de ciegos de Carlos Fuentes
8. Rojo y Negro de Stendhal
9. El Laberinto de la soledad de Octavio Paz
10. El libro de la risa y el olvido de Milan Kundera
11. La Cueva de Saramago
12. Las preciosas ridículas de Molière
13. Romeo y Julieta de Shakespeare
14. El Quijote de la Mancha de Cervantes
(Y me faltaron Rabindranath Tagore, Tolstoi, los sociólogos clásicos, los politólogos clásicos, los economistas clásicos, etc. etc.)
-Paulina Martínez (Consejera Decana)
1. El mundo de Sofía de Jostein Gaarder.
2. El general en su laberinto de Gabriel García Márquez.
3. Ayer en México, una crónica de la revolución de John W. F. Dulles.
4. La saga Harry Potter de J. K. Rowling. (Especialmente El prisionero de Azkaban y La orden del Fénix, pero mmm… como es muy difícil decidirme, mejor anexar toda la colección.)
5. La reina del sur de Arturo Pérez-Reverte.
6. Corazón tan blanco de Javier Marías.
7. Cuando fui mortal de Javier Marías.
8. Como agua para chocolate de Laura Esquivel y Mientras ellas duermen de Javier Marías.
9. Ojerosa y pintada de Agustín Yáñez.
10. Noticias del Imperio de Fernando del Paso.
-Patricia Montoya (Consejera Numeraria)
1. Los Hermanos Karamazov (Fedor Dostoievski)
2. Humillados y Ofendidos (Fedor Dostoievski)
3. A sangre fría (Truman Capote)
4. La perla (John Steinbeck)
5. Crimen y Castigo (Fedor Dostoievski)
6. El laberinto de la Soledad (Octavio Paz)
7. La Región más transparente (Carlos Fuentes)
8. Tiempo mexicano (Carlos Fuentes)
9. Nuevo tiempo mexicano (Carlos Fuentes)
10. El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes)
(Estos son los primeros que se me vinieron a la cabeza, y todos ellos me dejaron profunda impresión.)
-Omar Pérez Olvera (Asesor Ciudadano)
1. La ciencia de la supervivencia de L. Ronald Hubard proque me ha enseñado a disfrutar la vida y a lograr metas fácilmente (aunque éste porque se aplica a todos sus libros)
2. El Quijote (omito el nombre completo) de Cervantes por el afán de lucha y búsqueda del sueño de un personaje sumido en un mundo decadente.
3. Espadas como labios de Vicente Aleixandre por sus imágenes inusitadas y su forma de concebir el mundo tan distinta a otros poetas.
4. En la masmédula de Oliverio Girondo por la manera de transmitir sensaciones sin imágenes, sólo con el lenguaje.
5. El aleph de Borges por sus enseñanzas sobre el universo.
6. La peste de Albert Camus porque evidencia la apatía con que se vive y motiva a vivir sin estar dormidos.
7. Nadie encendía las lámparas de Felisberto Hernández porque manifiesta la mirada de un poeta en narrativa.
8. Cartas de Abelardo y Eloísa por expresar la lucha por la conjugación de mente/corazón.
9. Las diecinueve tragedias de Eurípides porque exaltan mejor que ningún otro pasiones humanas.
10. Muerte sin fin de José Gorostiza por dar una explicación de nuestra relación con dios, la muerte y la vida.
-Irma Hernández Bolaños (Consejera Decana)
Para entretener:
-Drácula (Bram Stocker)
-El perfume (Patrick Süskind)
-El retrato de Dorian Grey (Oscar Wilde)
-Fausto (J. W. Goethe)
-Doce cuentos peregrinos (Gabriel García Márquez)
-El amante de lady Chatterley (D. H. Lawrence)
-Un mundo feliz (Aldous Huxley)
-El gran Gatsby (F. Scott Fitzgerald)
-El último Catón (Matilde Asensi)
-La historiadora (Elizabeth Kostova)
Para admirar:
-Comunidades imaginadas (Benedict Anderson)
-La evolución política del pueblo imaginado (Justo Sierra)
-Los hombres que disperso la danza (Andrés Henestrosa)
-Juárez bajo el pincel de la oposición (AA. VV.)
(…y muchos, muchos, más.)
-Laura Cabrera (Consejera Decana)
1. Ernesto Sabato. Sobre héroes y tumbas.
2. Ernesto Sabato. Abaddón el exterminador.
3. Javier Marías. Vida del fantasma.
4. Juan Benet. Volverás a Región.
5. Jorge Ibargüengoitia. Los relámpagos de agosto.
6. Gabriel García Márquez. Cien años de soledad.
7. Víctor Hugo. Los miserables.
8. José Saramago. El hombre duplicado.
9. José Donoso. Donde van a morir los elefantes.
10. Balzac. La tragedia humana.
11. Carlos Fuentes. La región más transparente.
12. Mario Benedetti. Buzón de tiempo.
13. Mario Benedetti. La tregua.
14. Lewis Carroll. Alicia en el país de las maravillas.
15. Fernando Vallejo. La virgen de los sicarios.
16. Elena Garro. Los recuerdos del porvenir.
17. Miguel Delibes. Cinco horas con Mario.
18. Herman Hesse. Demian.
19. Borges. El Aleph.
20. Eliseo Alberto. La eternidad por fin comienza un lunes.
21. Eugenio Aguirre. Gonzalo Guerrero.
22. Laura Restrepo. Delirio.
23. Eduardo Mendoza. El último trayecto de Horacio Dos.
24. Fernando Vallejo. El desbarrancadero.
25. Rosa Montero. La loca de la casa.
-Eleutheria Lekona (Consejera Corresponsal)
1. Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del Espejo de Lewis Carroll. Los considero un solo libro, porque –de hecho- vienen en combo; compras uno y ya tienes el otro. Es un libro estupendo en la tradición del nonsense inglés, repleto de argumentos absurdos en una lógica impecable que, además, nos remite al amable mundo de los niños.
2. Ariel de Sylvia Plath. En los cantos de Sylvia Plath encuentro ecos de mi propia voz. Celestial voz femenina, personal mirada de concebir el mundo, de matizarlo y hacerlo inmensamente singular y, al mismo tiempo hermoso a pesar de la acechante muerte. Eso es Sylvia Plath.
3. Boquitas Pintadas. Manuel Puig. Creo que este es un libro fascinante de entre la literatura argentina. El título en sí mismo es digno de aparecer en cualquier Biblioteca Virtual.
4. La Broma, Milan Kundera. Este libro para mí fue un descubrimiento: como literatura, como pensamiento absoluto que se yergue frente al mío todavía inexperto, como el encuentro con lo europeo y el encuentro con la nostalgia, con la música, con el indiscutible arte literario.
5. Cartas a un joven poeta, Rainer Maria Rilke. Lo incluyo porque nadie como Rilke para, pretextando poesía, abarcar lo que le es esencial al hombre en un texto tan corto.
6. Las Ciudades Invisibles de Italo Calvino. No sólo porque es esencial a los arquitectos, sino a todos aquellos que amamos las más exóticas y laberínticas formas capaces de ser imaginadas. Definitivamente, de no haber escrito Calvino este texto, algún otro loco lo hubiera escrito y –me atrevería a decir- con un abanico de ciudades aún más variado.
7. La Condesa Sangrienta, Alejandra Pizarnik. Además de que cuenta con epigramas estupendos, es un extracto de la tradición literaria que engloba tanto a Samuel Taylor Coleridge, Joseph Sheridan Le Fanu con su Carmilla, Lautremont, Gautier, Stoker, Valentine Penrose, Sade y todo cuanto amante del sadismo y de la perversión hay en el mundo. Un libro exquisito.
8. Crimen y Castigo, Fiódor Dostoyevski. Por el Raskolnikov que todos llevamos dentro aun cuando, incluso, algunos lo ignoran. Yo a Raskolnikov le reconocí de inmediato, como reflejo mío y de una sociedad absolutamente tanatoide.
9. Cuentos, crónicas y ensayos, de Manuel Gutiérrez Nájera. Otro pequeño cruel. Relatos amargos y románticos, atisbando siempre presagios y precisas maneras de decir las cosas. Y todo eso lo hace aún más magnificente cuando descubres que se trata del universo de un mexicano del siglo XIX hundido hasta las cachas en un romanticismo finisecular tardío.
10. Ejercicios de Admiración y otros textos, Emil Mihal Cioran. Cada uno de los textos anunciados en el título constituye un delirante encuentro con lo más lúcido de la mente de un hombre que lo fue siempre. Allí, incluso, yace el texto más lírico que haya escrito este hombre del que siempre se sospechó amor.
11. Eureka, Edgar Allan Poe. A veces, quizá en medio de la euforia, me he atrevido a pensar que no ha habido hombre más erudito que Edgar Allan Poe sobre la faz de la Tierra. Ni siquiera Borges logra escudriñar la sucesión de las cosas como este miserable hombre que, sin embargo, nos legó historias fantásticas entretejidas con verdades ineludibles. Eureka recoge bastante del pensamiento científico-racional de aquella época: esa sed del hombre por lograr asertos. Un tratado a la vez gnoseológico y cosmológico a través de un recorrido en la evolución del conocimiento como actitud y aptitud en el hombre; empezando con los griegos y su simbolismo-misticismo, pasando por Euclides, Kepler hasta llegar al positivismo, esa verbalización del pensamiento científico.
12. Las Flores del Mal, Charles Baudelaire. Tal vez porque es el poeta de lo que, con él, se nos ha insistido en llamar malditos (sin quitarle créditos a Verlaine).
13. Frankenstein, Mary Shelley. Este libro es una obra que expone con una terrible y devastadora humildad las grandes contradicciones de la naturaleza humana. Más allá de lo inocentes que puedan ser algunas situaciones –como que Víctor Frankenstein deje a la recién consorte sola y disponible al monstruo infernal- las cavilaciones del monstruo junto con las descripciones de los paisajes son dignas de páginas inmortales en mi mente.
14. Lestat, Anne Rice. Aun a sabiendas de que la inclusión de este título en mi lista, resta mis probabilidades de ser ganadora de uno de tus tesoros, lo incluyo sin miramientos porque es mi best seller favorito.
15. El Lobo estepario, Hermman Hesse. Hallazgo capital que dejó en mí, en simiente, la conciencia de que la existencia, aun siendo ruinosa, encuentra bríos y satisfacción en tal ruindad. El relato de Hesse es un viejo risco del cual es posible saltar al fondo del mar. Para mí, es una obra fundamental en la tradición del existencialismo.
16. Matemáticas e Imaginación, Vols. I y II, Kesner, Newman. Si no hay un libro de matemáticas en una biblioteca, se corre el riesgo de que cuando se acabe el mundo y lleguen los extraterrestres no se sepa de qué éramos capaces los humanos ;-) Ya en serio, recoge varios de los tópicos más apasionantes de las Matemáticas: topología, curvas fractales, geometrías no euclidianas, números trascendentes (π, e, etc.), cambio y mutabilidad (cálculo para los colegas) y la más hermosa de todas las teorías abstractas: los números transfinitos de Georg Cantor y con ello, el arribo de una teoría que le vino a dar, de una vez por todos, rigor a todo aparato matemático, sí, la teoría de conjuntos.
17. Mihailo, Dolores Palá. El sucedáneo obligado de Cumbres borrascosas de E. Brönte cuando el mundo se me antoja lejano, gris, mutable. Entonces tomo esa novela que es de amor y tras la lectura, el mundo se me confirma como algo lejano, gris, mutable.
18. Mujer que sabe latín, Rosario Castellanos. Porque si de ensayistas se trata, coloco a esta escritora junto a Paz, Revueltas, Sontag, Montaigne, Heidegger y todo cuanto filósofo me pongan enfrente. Si como dice el prólogo al libro de Elizondo, el ensayo tiene como implícita misión el suministrarnos de concepciones inteligentes, basta con estos ensayos para comprender qué es la inteligencia.
19. El Origen de la Tragedia, F. W. Nietzsche. No me he cansado de decirlo, todo el desarrollo posterior de la filosofía Nietzscheana se atisba, en embrión, en este texto y qué mejor forma de anunciarla que a través del arte.
20. El Principito. Antoine de Saint-Exúpery. Oh, el más bello de todos los libros. Porque en él, es cierto, yace el ser de un niño.
21. Religión y Ciencia, Bertrand Russell. De entrada, en mi biblioteca personal no puede faltar una obra de uno que es uno de mis grandes personajes: Bertrand Russell, filósofo y matemático, egresado de Cambridge y perteneciente al círculo vienés, amante de la heráldica, el mar y las matemáticas (¿puede uno amar algo más en esta vida?) y, por si fuera poco, heredero de la tradición ensayista inglesa; me refiero a John Locke y David Hume. Poseedor de una mente absolutamente lógica y racional como para exponer argumentos a prueba de la antítesis más férrea. Y este ensayo, “Religión y Ciencia”, buena falta le hace a las generaciones actuales que, ávidas de espiritualidad y fe, andan queriendo casarse con las falaces doctrinas de las corrientes nuevarenses. Hace falta abogar por el juicio racional y entender la evolución e historia de la religión frente a la ciencia y, viceversa.
22. El Silmarillion, Tolkien. Después de todo, le agradezco a Peter Jackson popularizar un hallazgo que, de hecho, le pertenece a este hombre sin mote, llamado Jorge Luis Borges. Narraciones etéreas de una mente reservada.
23. Sobre la teoría de la relatividad especial y general, Albert Einstein. Es una obra capital del pensamiento. Se trata de entender, en palabras de Albert Einstein, que su teoría de la relatividad general –sí, esa que se vale de las geometrías no euclidianas- demuestra que el espacio es curvo. ¡¡¡Nos está diciendo cuál es la forma de nuestro Universo!!!
24. El Tambor de Hojalata, Günter Grass. La novela contemporánea, el personaje enrarecido, la prosa soberbia, la historia alemana, el tono sardónico. Óscar Matzerath Bronski, inmortal entre los inmortales.
25. Werther (y no "Las cuitas del joven Werther", a fin de que no se quede sola la W), J. W. Goethe. Por Dios, éste es todo el romanticismo expuesto por una de los pocos espíritus no dionisíacos; el romanticismo que algún día destiló la pluma clasicista de Goethe en una narración que le pertenece indiscutiblemente.
-Ulises Velázquez (Presidente Vitalicio de la N.R.B.)
1. El principito (Antoine de Saint-Exupéry) El primero que leí y el primero al que vuelvo. Tratar de explicarlo, sería pecar de exageración.
2. Enseres para sobrevivir en la ciudad (Vicente Quirarte) El perfecto manual para el escritor en ciernes.
3. Los tambores de Calderón (Jean Meyer) De cómo la Historia y la novela se hacen una para contar una historia.
4. Sostiene Pereira (Antonio Tabucchi) El compromiso toral, antes que con las palabras, con los sentimientos.
5. El cartero de Neruda (Antonio Skármeta) El aprendizaje de la poesía y de la vida en una misma circunstancia.
6. Del inconveniente de haber nacido (E. M. Cioran) El desconcierto del mundo visto a través de una mirada sardónica y avinagrada.
7. Mexicanos eminentes (Enrique Krauze) Una galería de figuras preponderantes en la historia mexicana.
8. Los pegasos de la memoria (Beatriz Escalante) De cómo la invención se une con la intención, es decir, ensayos que apelan a la inteligencia del lector.
9. Cultura y política en el México posrevolucionario (Javier Garciadiego) La historia cultural de un México a cuya prosapia rinde la más sincera pleitesía.
10. Toda la saga de Maqroll el gaviero (Álvaro Mutis) Tanto en poesía como en novela, vivir y sufrir con Maqroll el gaviero es un breviario de enseñanzas y es un largo aprendizaje por los senderos de la vida.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Libros para llorar: Sostiene Pereira

Hace algunos días, tuve la fortuna de recibir una cálida misiva, desde Inglaterra, de la Consejera corresponsal Daniela Sandoval, cuyas impresiones y proyectos futuros me hicieron recordar una de las lecturas que, durante 2007, hice con fraternal devoción. Y con la lusofilia en el alma, le dedicaré mi siguiente divagación sobre la novela Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi.
En 1994, en Italia aparecía la nueva novela, Sostiene Pereira, del ya entonces aclamado Antonio Tabucchi, cuya primera novela, Piazza d'Italia, rozó los linderos de la narrativa social o de denuncia. Sin embargo, y aunque la cultura portuguesa tomara parte primordial en sus postreras obras, la obra en cuestión marcó un antes y un después en su vida literaria. Vamos por partes.
Corría el año de 1938 y en una Lisboa que ya resentía el amargo sabor de la dictadura de Antônio de Oliveira Salazar, se desarrolla la historia de un veterano periodista de sociales, Pereira, a quien encomendaron dirigir la página cultural de un diario vespertino lisboeta, experiencia de la que sale apenas bien librado. (Aunque esta noticia suele alegrar a cualquier hijo de vecino, a Pereira no le cuadraba aquello. Véamos por qué.) Como ya la edad hacía estragos física y anímicamente hablando al periodista, éste se empecinaba en escribir y publicar obituarios adelantados de los escritores en boga, hasta que conoce a Francesco Monteiro Rossi, un joven estudiante de filosofía quien luego se integra a las filas del suplemento gracias a su insistencia y, claro, a la constante necesidad de dinero que, por poco que fuese, le servía para complacer a su novia Marta, cuyas afinidades y simpatías iban más allá de lo amoroso. Pereira le comisionó la escritura de esos obituarios, los cuales llegaban a las fronteras de la diatriba y el retrato. Hasta aquí vamos bien.
La importancia del encuentro entre Pereira y Monteiro Rossi reside en que el espíritu optimista y combativo del segundo infundió, paulatinamente, nuevas esperanzas en el primero, dado que se había habituado a una serie de rutinas bastante huecas -aparentemente-, como hablarle al retrato de su finada esposa, beber en exceso limonadas muy dulces o degustar omelettes a las finas hierbas, haciendo caso omiso de las órdenes médicas, hasta que Monteiro Rossi le tambalea el esquema. Es más, hasta el propio Pereira reconoce el buen talento de su empleado, pero prefiere que las cosas encuentren su natural cauce. Un ejemplo: le achaca a Monteiro el caracter impublicable de sus obituarios, pero termina por guardarlos en un cajón del archivero, por si acaso. Y esto, precisamente, no lo hace por maldad, sino porque los tiempos difíciles que se viven no lo ameritan. ("Las buenas noticias, en tiempos de guerra, hay que dejarlas en cuarentena", dijo, alguna vez, Benito Juárez y razones no le faltaban.) Ahora bien, todos estos encuentros transforman a Pereira, de avinagrado a optimista, cuando termina por simpatizar con la causa de Monteiro Rossi y se opone a las espurias imposiciones de la política gobernante. Inclusive, el único obituario que escribe en el suplemento es el de su amigo, primera de muchas víctimas de la dictadura salazarista.
Finalmente, luego de cerrar el libro y de enjugarme los ojos, la historia del periodista Pereira deja una valiosa lección: que siempre hay buenas razones para seguir viviendo, por mínimas u opuestas que éstas sean. (En alguna parte del libro, Pereira le decía a Monteiro Rossi que además de abrir bien los ojos para escribir, también debía seguir las razones del corazón. Palabras de profeta, sin lugar a dudas.) Como en otras ocasiones, se me escapan cosas, pero invito a ustedes, lectores pretéritos, presentes y futuros, que llenen los huecos restantes con su propia lectura de la novela. Si después de leer Sostiene Pereira, terminan con lágrimas en los ojos -igual que un servidor-, terminarán por comprenderlo.
¡¡¡Gracias!!!

viernes, 27 de abril de 2007

Más libros para Cecilia

Solamente una addenda a la entrada de hace días: en la sección Biblioteca de Buenavista, menciono algunos autores mexicanos (entre historiadores y literatos) que leo con regularidad y, como buena biblioteca, no deben faltar en las propias. Me explico mejor.
Vicente Quirarte, autor de los Enseres, tiene un libro de narrativa (publicado por CONACULTA) de nombre El amor destruye lo que inventa e Historias de la Historia. En ese libro, Quirarte toma a la historia como punto de partida para hacer ficciones de impecable factura, de las cuales, cabe decir, te acercan a la Historia, sin tanto enredo. No dudaría en recomendarte ese libro y, si tienes dudas de dónde conseguirlo, en las librerías Educal (hoy Libros y Arte CONACULTA) seguro lo consigues.
El segundo no es tan reciente que digamos, pero como en este año se cumplen 100 años de su nacimiento, bien merece la recomendación: Andrés Iduarte. Y como tus intereses se acercan a la narrativa, me parece oportuno y pertinente que comiences con Un niño en la Revolución mexicana y El mundo sonriente, ambos en un solo tomo. Aunque sean libros de memorias, la manera en que son narrados los sucesos, hacen que su lectura parezca como de novela. Y como te interesa conseguirlos fácilmente, en librerías de viejo seguro lo encuentras. (¡¡Hasta con poco dinero te puedes hacer de sus obras completas, no crees!!)
Por último, va una recomendación múltiple: Hay una colección que coeditó el Instituto Politécnico Nacional con la SOGEM, llamada Punto Fino, compuesta de autores mexicanos como los narradores René Avilés Fabila (Lejos del Edén, la tierra), Guillermo Samperio (Anteojos para la abstracción) y Luis Carrión (El infierno de todos tan temido); poetas como Raúl Renán (Cuadernos en breve); ensayistas como Emmanuel Carballo (Notas de un francotirador), Pedro Ángel Palou (Resistencia de materiales), ¡¡y hasta una antología de Mauricio Kleiff, el guionista de Los Polivoces!! (Y para que no digan que el Poli no publica nada, ¿no crees?) En el Centro Histórico, en la calle de Belisario Domínguez se encuentra una librería politécnica y por los precios no te preocupes: hay para todos los bolsillos. ¡¡Suerte!!

martes, 24 de abril de 2007

Libros para Cecilia

Hoy, precisamente, recibí noticias de una lectora implacable, quien ya me sacó la tarjeta amarilla porque no he podido enviarle un listado de autores que debe leer. Y aprovechando la coyuntura presente, desde ahora me digno a saldar esa deuda. (Hubiera estado muy difícil, tratándose exclusivamente de autores mexicanos, pero por intentos no nos podemos quejar.)
Primero, la lectura de un francés hecho mexicano: Jean Meyer. (Para el gremio historiográfico, don Jean es autor de La Cristiada, exhaustivo estudio en torno a la Guerra Cristera, y de innumerables estudios sobre la Revolución mexicana, las religiones y la historia de Rusia.) Sin embargo, hay que destacar su faceta como novelista; ejemplos de ello: A la voz del Rey, que trata acerca del primer levantamiento religioso a principios del s. XIX, y Los tambores de Calderón, cuyo protagonista principal es Miguel Hidalgo. (Y ¿qué tiene de especial?, seguro dirás. Pues además de Hidalgo, la historia también la cuenta el militar realista Félix María Calleja; ambos personajes los pinta Meyer muy humanos y no como suelen plasmarlos en los libros de texto.) Cabe decir que parte de esta novela se empleó en el guión de la telenovela La antorcha encendida.
Luego, la única novela de un poeta: Eduardo Lizalde. Teniendo de fondo el ataque a Zacatecas durante la Revolución mexicana, Siglo de un día cuenta las peripecias de una familia provinciana y de holgada situación ante los nuevos tiempos presentes, pero también juega con el lenguaje, y no le faltan ciertos dotes de fantasía. (Se ve que fue escrita por un poeta.) Sin embargo, no deja de ser una peculiar opción de lectura en torno a un pasado reciente, ahora que ya nos están alcanzando Los Centenarios.
Por último, una ensalada de autoras que no debes dejar de lado. Como quieres rebasar la frontera puesta por Amparo Dávila, te sugeriría que revises a Esther Seligson (un libro suyo, Tríptico, es excelente punto de arranque), Beatriz Espejo (Muros de azogue, Alta costura, El cantar del pecador, etc., para que te entretengas un buen rato), Angelina Muñiz-Huberman (Narrativa relativa, antología también, por si las dudas) y no estaría de más que te acerques a otra Beatriz, la Escalante, y tienes de sus obras para dar y prestar.
Mientras estas opciones te interesen, ya las demás vendrán por cuenta propia. Pero esas... en la próxima colaboración. ¡¡Suerte!!