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sábado, 31 de marzo de 2012

La Casa del Escritor en Canal 34

Como sabemos, lamentablemente, los espacios dedicados a la cultura disminuyen cada vez más de las programaciones televisivas, ya sea por las políticas de la empresa o por el pretexto más usual en esos ambientes: falta de presupuesto. Duele decirlo, pero es un panorama algo frecuente en estos medios. Sin embargo, y pese a todo pronóstico, hay programas que sí logran afianzarse en el gusto del público y aún se siguen transmitiendo, tal es el caso de La Casa del Escritor, programa que se transmite por Televisión Mexiquense (canales 12 y 34), y que hoy, a esta misma hora, cumple exactamente un año de su entrada al aire.

Conducido por la siempre versátil Laura García Arroyo (sí, la misma de otro programa similar, La dichosa palabra), La Casa del Escritor nos conduce hacia un mundo solamente reservado para iniciados como para familiares, el mundo secreto de cada escritor, conformado por sus bibliotecas, su mesa de trabajo, pero sobre todo, manías y convicciones que los pintan de cuerpo entero. Para su primera temporada, comprendida del 31 de marzo al 23 de junio de 2011, cada emisión contaba con dos o hasta tres invitados, quienes -literalmente- abrían las puertas de su casa y así el público se adentre en un mundo hermoso y desconocido, si se quiere ver así.

Mario Bellatin, Xavier Velasco, Benito y Paco Ignacio Taibo II, Bárbara Jacobs, Mónica Lavín, Eduardo Casar, Bernardo Fernández BEF, Rosa Beltrán, Hugo Hiriart, Paola Tinoco, Juan Domingo Argüelles, Adolfo Castañón, entre otros, han engalanado las pantallas de de Canal 34 con sus consejos, experiencias y, hasta con un poco de paciencia, alguna pizca de su vida privada. Y como semejante programa no puede limitarse a una sola transmisión por semana, esa invención de la vida moderna llamada repetición, ésta se daba los sábados, a las 9:30 pm, para mayor comodidad del televidente. (Entre toda la marabunta de programas dados al pitorreo barato y a denostar la poca dignidad que le resta a la todavía llamada caja idiota, este programa, en sí, ya le daba un nuevo aire a la pantalla. Mérito consumado, de verdad.) Pero como en toda temporada, siempre persiste el final, con la esperanza de volver con fuerza y dedicación renovadas.

Luego de consecutivas repeticiones -y hasta en horarios imposibles, cabe decirlo-, el viernes 30 de septiembre, a las 7:30 pm (con su respectiva repetición los domingos, a las 4 pm), La Casa del Escritor regresó a la pantalla con una segunda temporada, del 30 de septiembre al 2 de diciembre, totalmente renovada y con dos escritores diferentes por emisión. Alberto Chimal, Óscar de la Borbolla, José de la Colina, Geney Beltrán Félix, Sandra Lorenzano, Mardonio Carballo, Beatriz Espejo, Jorge F. Hernández, Margo Glantz, Lauro Zavala, Susana Quintanilla, Mónica Brozon, Luigi Amara, por decir algunos, nos compartieron muchas cosas desconocidas sobre ellos, que reafirmaron frente a las cámaras su pasión por la escritura, pero además nos mostraron un lado muy humano: el amor por los perros que comparten Anamari Gomís y Beatriz Espejo, la analogía entre un poema y un shot de tequila hecha por Mardonio Carballo, las libretas misteriosas de Jorge F. Hernández, la cinefilia de José de la Colina y Lauro Zavala, etc. A final de cuentas, los escritores son gente como uno; como nosotros, pues.

Después de tantas y tantas repeticiones, igual de la primera como de la segunda temporada (y de haber sobrevivido a la masiva salida del aire de programas similares, pretextando "tiempos de elecciones"), La Casa del Escritor espera volver a las frecuencias de Televisión Mexiquense con su tercera temporada, llena de sorpresas para todos sus seguidores, y ya que hablo de seguidores, no olviden seguir el programa en su perfil de Twitter (@lacasa_34tv) para saber más al respecto.

Finalmente, celebro la presencia de programas como La Casa del Escritor y, claro, sigo a la espera de la nueva temporada. (Así sea.)

lunes, 14 de marzo de 2011

Desaforando el Foro TV

Cada quien tiene la televisión que se merece, ha sido una frase dicha hasta el cansancio por sus detractores más recalcitrantes, y no es para menos, dada la oquedad cada vez más preocupante de la televisión actual. Mientras en una cadena se alaban las estupideces de una sudamericana odiosa y en otra se privilegian los culebrones populacheros (¿o es al revés?), en todos lados se intenta algo difícil a principio de cuentas: generar buenas opiniones y motivar un sesudo análisis. Afortunadamente existen muchos canales y cadenas dedicados en cuerpo el alma a tan encomiable labor, pero como éstos se cuecen muy aparte y cada uno requiere el debido tratamiento, enfoquemos la vista hacia el más joven de todos, Foro TV, nacido -¿qué cosas, no?- en el seno de Televisa.

Con su entrada al aire hace poco más de un año dentro de la televisión de paga, y desde el pasado 30 de agosto, por señal abierta (y ocupando el lugar que tuvo Canal 4, de programación variopinta y hasta a veces surrealista,) Foro TV intenta llenar un enorme hueco dejado por el otrora proyecto informativo de la televisora de San Ángel, Eco, donde sí se tomaba en serio la misión informativa y las mesas de análisis (cuando las había, claro), y no se andaban con medias tintas. (En este punto, más de uno se atreverá a debatirlo. "Pero si no había tanta libertad informativa como ahora...", seguro me dirán. Es cierto, pero había seriedad, cosa que no encuentro a cabalidad en el canal de marras.) Ante tal precedente, la presencia de Foro TV sí resulta necesaria, pero prescindible. Vayamos por partes.

Los noticiarios conducidos por Paola Rojas y Adela Micha, sobrevivientes de la transición temática del canal 4, conservaron fondo y forma, y el público que las sigue día tras día no puede esperar de ellas más que la fidelidad a su labor informativa, cosa que celebro a todas luces; a este elenco de comunicadoras notables, sumaría hoy el nombre de Karla Iberia Sánchez, con su respectivo segmento informativo: detrás de ella, una innegable trayectoria como reportera lo comprueba sobremanera. Por el lado masculino de la noticia, contar con León Krauze (polémico más de las veces, cabe señalar) y su Hora 21 es agregarle un toque más plural al contenido del segmento informativo: para quienes lo seguimos en su programa de radio, verlo en pantalla cada noche es proseguir esa forma de conversación radial, pero a todo color. De pilón, cabe notar la presencia de un espacio dedicado a los medios de comunicación, conducido magistralmente por José Carreño Carlón, Gabriela Warkentin y Mario Campos. (Hacía falta algo así, mas no es la panacea en el tema. Cuestión de enfoques.)

Pero así como hay ejercicios notables en este campo, también los hay mediocres y faltos de ética, tal es el caso de Esteban Arce, cuyo Matutino Express también sobrevivió al cambio de giro programático, conservando un horario privilegiado y con una polémica sobre sus espaldas: las desafortunadas declaraciones en contra de la comunidad lésbico-gay. En vez de recibir un justo castigo por ello, fue premiado con la conservación de su programa; eso sí, menos irreverente que su encarnación precedente. Y como este dardo aguanta dos tiros más, mencionaré dos programas parecidos: La hora de opinar con Leo Zuckerman y Javier Tello, y Final de partida con Julio Patán y Nicolás Alvarado, ambos, transmitiéndose entre las 10 y las 11:30 pm. Del primero, no me atrevo a cuestionar sus mesas de análisis, porque sinceramente no me interesan (hay mejores y más congruentes en otros canales), pero los viernes se dan a la tarea de invitar a una personalidad de la política, las ciencias, las artes, etc., para ¡¡hablar de cine!!, de las tres películas favoritas del invitado. Como segmento para terminar de forma desenfadada la semana, está bien, pero ni Zuckerman ni Tello son críticos de cine para ahondar un poco más a gusto por el mundo del celuloide. Para muestra, un botón: cuando Fernando Gómez Mont fue el invitado de lujo, demostró saber más de cine que aquel par de conductores babosos. (Zapatero a tus zapatos. Ni modo.) Sobre Final de partida, no podemos negar que Patán y Alvarado son caras conocidas dentro de la televisión cultural (se conducían mejor en Canal 22, por aquello de la pluralidad), pero en un canal así, se privilegian más otras cosas, pero no las meramente culturales. Qué remedio.

Fuera de estos ejemplos (a sabiendas de que faltan por enumerar otras emisiones, algunas muy dignas en su trabajo, y otras, prescindibles sin más ni más), la presencia de Foro TV en la televisión abierta deja mucho que desear. Su entrada al aire se origina en vísperas de un año electoral, es decir, donde todas las cartas están por jugarse, y con su "canalito" Televisa juega a la pluralidad, cosa que sólo tiene de dientes para afuera. (Un ejemplo: Mujeres de valor fue una bonita campaña, pero en sus telenovelas impera el sexismo y en sus talk shows, la misoginia. Si lo quieren más claro, échenle agua.) Sin embargo, sólo el tiempo dirá la última palabra sobre Foro TV, que apenas busca -¡¡y de qué manera!!- su destino en la televisión mexicana. Y hasta ahí.

martes, 13 de julio de 2010

Ludens: el deporte de la cultura

En el ancho y ajeno mundo de los mass-media, han sido muchos los enconados duelos entre la cultura y el deporte, en que a su difusión se trata. En estos días de villamelonescos comentaristas deportivos, tanto en coberturas mundialistas como en las Olímpicas, su tremenda verborrea haría morirse de vergüenza a grandes comentaristas deportivos, como el Mago Septién, Ángel Fernández (¡¡me pongo de pie!!) y don Fernando Marcos, por decir algunos, quienes sí representaban un buen equilibrio entre deporte y cultura. Pero no todo está perdido y gracias a Canal 22, para ser preciso, con la presencia de un programa muy sui generis dentro de un canal dedicado a la "alta cultura". Me refiero a Ludens.
En la emisora del Conaculta, digno es recordar dos programas que lo antecedieron: Los antagonistas, suerte de mesa a contracorriente con motivo de la Copa del Mundo, y conducida, entre otros, por Claudio Isaac y Ana Colchero, y Las Olímpicas y alguien más, en la coyuntura de Atenas 2004, donde Beatriz Pereira, Julieta Fierro, Laura García, Fernanda Tapia y Beatriz Chaneca Maldonado, acompañadas por Nicolás Alvarado, abordaban el tema olímpico desde diversas aristas. (Un buen programa que merecía repetirse, pero el cambio fue para bien.) Después de estos loables esfuerzos televisivos, en el verano de 2008 nace Ludens, en el marco de los Olìmpicos de Beijing 2008.
Conducido por Mauricio Mejía, Huemanzin Rodríguez y Tlatoani Carrera, Ludens se enfocaba en unir deporte en estado puro con cultura de altos vuelos. Tanto la infraestructura deportiva de los participantes como su propia historia, eran hilvanados en el programa y cuyo resultado era inesperado: que el deporte cuenta con su propia cultura y que la cultura, cabe decir, es el mejor de los deportes. (A semejanza de las televisoras del Ajusco y de San Ángel, también le entran al análisis de cada disciplina, pero a diferencia de éstos, no queman su pólvora en infiernitos ni se ponen en evidencia con comicastros de quinta ni con actrices metidas a reporteras. Qué horror.) Gracias a Ludens Beijing 2008, pudimos conocer qué hay detrás de una potencia deportiva y económica, pero también se suscitó la reflexión en torno a lo que en México se cuenta. En una palabra, escarmentar en cabeza ajena, si nos lo proponemos.
Muchos pensábamos que al terminar los juegos olímpicos de 2008, por ende acabaría Ludens, mas no fue así, ¡¡por fortuna!! Al año siguiente, Ludens regresó con un adjetivo nuevo: Bicentenario, donde la historia de México es, también, su relación con el deporte. (Si nuestras lecciones de historia no nos fallan, el deporte nació como una preparación para la guerra. Ahora las mejores guerras se viven mediante las justas deportivas.) La presencia del futbol soccer, el beisbol, la preparación olímpica, e incluso los deportes autótonos y los de mesa. Nada de lo jugado en México se les escapa. (Otros temas que han pasado por la criba y la katana de Mauricio y Tlatoani, son las delegaciones paralímpicas, el draft o "mercado de piernas", y hasta la necedad de los políticos en desaparecer instituciones e instalaciones deportivas. Destilan polémica, si gustan decirlo.)
A principios de año, el equipo de Ludens fue el único en hacer la cobertura de los Juegos Olímpicos de Invierno Vancouver 2010, dejando muy atrás y hasta en ridículo a las compañias televisivas de siempre. Evidencia del profesionalismo y dedicación de un excelente equipo. Y que se confirma doblemente con lo realizado en la Copa del Mundo Sudáfrica 2010. Además de la dupla Mejía-Carrera, se unen al elenco Juan Villoro, prueba viviente del maridaje del futbol y la literatura; Fabricio Mejía Madrid, de irónica sustancia; Mariana H., de sofisticada presencia, y, claro, la desenfadada participación de Jorge F. Hernández, y sus análisis a contracorriente. Y como cereza del pastel, su mejor carta: Andrés Bustamante, el Güiri-Güiri, con toda su grey de tremendos personajes, como Albert Ahi'stá y, por supuesto, Ponchito. (Hasta el caballero andante de la historiografía mexicana, Álvaro Matute, tuvo una destacada participación. Y lo hizo tan bien que hasta sus colegas del gremio, más que hacerlo pomada, lo aprecian mucho más. Vivir para ver, ver para creer.)
Ahora que la justa mundialista he terminado (y, por tanto, las sandeces de las dos televisoras), confío en que Ludens regrese renovado para afrontar, aparte de los juegos olímpicos de Londres 2012 y la Copa del Mundo Brasil 2014, los próximos juegos panamericanos, Guadalajara 2011, porque la pasión se vive mejor en casa propia. Aún así, siempre es una grata experiencia acercarse a Ludens y ejercitar sobremanera el deporte de la cultura. (De vivir aquellos comentaristas, a los que hice mención al principio de estas líneas, lo aprobarían sin tapujos ni premura. Sí que sí.)

lunes, 20 de abril de 2009

Corregir el rumbo, confirmar la travesía

Aunque, de manera formal, ayer comenzó la nueva temporada de Canal 22, hoy podría decirse que fue el arranque oficial con la inclusión de nuevos programas, la renovación de los ya conocidos y una que otra sorpresa. Entro en materia.
Los Lunes temáticos, barra programática que se caracteriza por un determinado tema semanal, ahora se transmite más temprano, es decir, a las 9 p.m, mientras que dos programas ya emblemáticos (si se quiere ver así), Noticias 22 y Entrelíneas, cambiaron de horario. He aquí el meollo. Ambos programas cambiaron casi drásticamente: el noticiario cultural sí conservó la presencia de Laura Barrera, pero ahora cuenta con un compañero en la conducción, Julio Patán; sí, el mismo de Entrelíneas, además de José Ramón Ruisánchez, Fabricio Mejía Madrid, entre otros colaboradores. Lo sorprendente de este programa reside en su nuevo horario: ¡¡las 12 a.m!! Buena opción para los desvelados. (Y los demás, ¿qué onda?) Respecto al programa cultural que ostentaba cada lunes el horario de las 9 p.m, convirtió a Fátima López en su conductora oficial, acompañada por Diego Rabasa, y se volvió algo más dinámico. Dos buenos programas cambiaron para mejorar, si me permiten expresar mi opinión, pero por ahora sólo abundaran las reacciones encontradas. Qué remedio.
Respecto a las producciones ya consolidadas del canal, los Dichosos regresan con nuevos bríos, al igual que José Gordon y su Oveja eléctrica, Mardonio Carballo, hombre ...de raíz luna, Jacaranda Correa con todo y El Rotativo, y Eugenia León en estado Acústico, pero también una serie muy querida por los televidentes del 22: Cuéntame cómo pasó, ahora para nuestra comodidad, transmitiéndose los viernes a las 10 p.m. Pero las sorpresas no paran aquí. De los programas recién llegados del extranjero, además de buenos documentales y series de lujo, llega un clásico contemporáneo, Apostrophes, programa francés, conducido por el periodista Bernard Pivot, dedicado a los grandes de la Literatura, el cual, cabe decir, inspiró otros semejantes allende el Atlántico. Y aquí me detengo por ahora.
Mientras se suscitaban estos cambios en Canal 22, Once TV México, luego de recibir centenares de quejas, sea por e-mail y su línea de atención telefónica, sea en artículos periodísticos, uno de éstos, firmado por Fernando del Paso, al final tuvo que reconocer que hizo cambios sin ton ni son, y como es de sabios cambiar de opinión, regresó a su horario habitual Conversando con Cristina Pacheco, entre otras producciones de la casa. (Agradezco a una inteligente lectora, Ana Rovelo, haberme puesto al tanto de la injustificada desaparición de ese programa. Ahora puedo decirle con certeza que hemos ganado esta batalla. Gracias.)
En fin, mientras el vecino se remoja las barbas luego de ver que el otro se las cortaba de cuajo, al menos aprendió una buena lección. Lo mismo en la televisión pública. Once TV cambió tan drásticamente que a la primera de cambios, ya estabamos desconociéndolo. Canal 22, en cambio, hizo ligeras mejoras, pero siempre nos deja boquiabiertos con nuevos programas, candidatos a convertirse en nuevos clásicos para nuestros ojos, pero leyendas vivas en su lugar de origen. En una palabra, de nada sirve el cambio sin el respaldo de una tradición. Y a estas alturas del partido, al final Once TV corrigió el rumbo, pero Canal 22 confirmó la travesía. Sólo el tiempo dirá si hicieron lo correcto, ¿verdad?
(P.S. Este es un mensaje embotellado para Proyecto 40. ¡¡Aguas!!)

miércoles, 15 de abril de 2009

El Once se vuelve diez, el 22 ¿en ventiuno?

Hace un mes, aproximadamente, dediqué unas cuantas líneas sobre los 50 años del Canal Once. Gracias al comentario certero de Ana Rovelo (cuya presencia en estos lares espero que sea frecuente), me desayuno con una mala noticia: la salida del aire del programa Conversando con Cristina Pacheco. Descubro además que los enormes cambios que tuvo el canal a partir del 30 de marzo, tuvieron como consecuencia, además de la salida de Conversando..., la reducción a media hora del noticiario nocturno y el traslado a un horario más que castigado de la barra de opinión, incluyendo Primer plano, Dinero y poder, etc. Este tipo de cosas ya las había analizado Álvaro Cueva tanto en su columna en Milenio como en Alta definición y, la verdad, sí duele el cambio. Conversando... y Noticias con Adriana Pérez Cañedo eran los programas que Once TV tenía mejor posicionados, pero con tal de atender a sectores olvidados por la televisión mexicana, como la juventud, y confirmar su buen gusto respecto a los documentales, se perdió una parte fundamental de ese muy particular estilo que identificaba al Once. Muy mal por ellos.
Sin embargo, aún no me quito de la cabeza esas reacciones encontradas debido al cambio del canal. No he de negar mi beneplácito por la adquisición de nuevos documentales y series (de éstas, sólo Matrioshki es rescatable, por tocar temas meramente vidriosos), pero no puedo ocultar mi molestia por la supresión de programas emblema. De cualquier manera, sólo el tiempo dirá la última palabra, y por ahora sólo queda hacer dos cosas: seguir viendo Once TV y, la más importante, enviar muchos e-mails expresando nuestra opinión, sea cual sea. Ya veremos si el cambio es, de veras, evidente.
Cierro estas líneas con otra noticia: luego que Once TV cambiara su programación, Canal 22 comenzó una especie de perestroika en fast track, es decir, que tampoco podía quedarse atrás. De acuerdo con sus promos, rostros conocidos del canal, que van de Laura Barrera, Vanessa Bauche y Eugenia León a José Gordon, Mardonio Carballo y los dichosos, se nos prometen muchos cambios sin cambiar de canal. Ojalá que Canal 22 aprenda de los errores de Once TV.
Por ahora, el Once se vuelve diez: por tanto cambio sin ton ni son, tiene un punto menos. Esperemos que este domingo 19, el 22 no se vuelva ventiuno. Ustedes, ¿qué piensan?

martes, 3 de marzo de 2009

Once TV: Medio siglo de juventud

En mi último año de la escuela primaria descubrí tres cosas que, de algún modo, me han cambiado la vida: la Historia de México, la literatura y el Canal Once. De las tres, la más constante ha sido, desde luego, la última.
Bajo el apoyo del Instituto Politécnico Nacional, un día como hoy de 1959 y con una clase de matemáticas como su primer programa al aire, el Canal Once tuvo como tarea primordial complementar el aprendizaje de las ciencias y de las artes, mediante la transmisión de programas de noticias, teleteatros, documentales, creando así una alternativa dentro del incipiente mundo de la televisión mexicana, la cual llegaba a su primera década de vida al momento de la entrada al aire de la frecuencia politécnica.
Desde un principio, Canal Once ya se había significado, es decir, tenía clara su postura hacia sus consiguientes misiones: la difusión de la cultura y complementar el aprendizaje escolar por parte del Estado. Sin embargo, faltaba una cosa: el entretenimiento, el cual se logró mediante la adquisición de programas provenientes de otras geografías como Japón, Rusia, Alemania e incluso Polonia y Rumania. (Quién no recuerda clasicos infantiles como ¿Puedo hacerlo yo?, Peter y su cajón de juguetes, Bolek y Lolek, y las animaciones rusas de los estudios Soyuzmulfilm, o insignes documentales como Huellas del pasado, Museos del mundo, o Patrimonio mundial, por decir algo.) Por supuesto, en respetuoso paralelo con las producciones propias del canal como Buenos días con Luis Carbajo, A la cachi cachi porra, Toros y toreros, Luis Suárez en el Once..., Aquí nos tocó vivir, La Hora H, Bol... Eros, Un poco más, ¡¡Ventana de colores!!, entre otros. Y, claro, no podía faltar el cine: desde los clásicos del cine mudo (Buster Keaton, Charles Chaplin, Laurel & Hardy, el expresionismo alemán de Murnau y el terror de Boris Karloff y Bela Lugosi), pasando por los inclasificables (Buñuel, Fellini, Kurosawa, Fassbinder, Eisenstein, la lista es larga...), hasta llegar al nuevo cine del siglo XX y XXI. (Si se me permite la minucia, todos los sábados programaban la película de la semana, es decir, la que generó mayor expectativa entre los televidentes: los que ya la vieron, la vuelven a recordar; los que no, gran oportunidad para conocerla.
A principios de los años 90, Canal Once comenzó a dar el salto hacia la modernidad, con la mejora de sus equipos de transmisión, adquiriendo un mayor alcance para su señal, otrora metropolitana, y también con la compra de nuevos programas, en su mayoría hechos por la BBC, y el apoyo para confeccionar programas de factura local, como El diván de Valentina y Fonda Susilla, entre otros. Y como todo avance conlleva un retroceso, Once TV (su nombre actual) ganó actualidad pero perdió tradición: renovó su carpeta de documentales, series y programas de debate, pero relegó el cine a muy pocos espacios. El precio de la globalización.
Aún así, hoy en día Once TV llega a su primer medio siglo como un canal muy bien posicionado dentro del ámbito cultural; aunque otros de la misma línea, como Canal 22, Televisión Mexiquense, Proyecto 40, Aprende TV y el Canal de las Artes lo hayan superado en ciertos aspectos, nada ni nadie puede quitarle a Once TV el privilegio de haber sido el primero que abrió brecha en este ancho y ajeno mundo de la televisión mexicana. (Son emociones encontradas, ya lo dijo Álvaro Cueva, pero qué le vamos a hacer.)
Finalmente, y mientras escucho la Gnosienne # 1 de Eric Satie (obra que en sus múltiples versiones se empleó como rúbrica del canal), sólo me resta decir que Once TV sí me cambió la vida (con ayuda de las otras dos cosas, ¡¡por si se olvidaba decirlo!!), y sus cambios, si somos televidentes de toda la vida, seguro los habremos de entender. De cualquier manera, es un canal que goza de cabal juventud, y ésta es mejor ejercerla que llevarla puesta. Ustedes, ¿qué piensan?

martes, 9 de diciembre de 2008

Terminales

En este 2008, me hice asiduo a las series televisivas como nunca lo había hecho antes; claro está que siempre le he seguido la huella a Los Simpson y a Cuéntame cómo pasó, pero ahora hay una que he seguido desde el primer episodio y creo que merece unas cuantas líneas. Entro en materia.
El lunes 22 de septiembre entró al aire la serie mexicana Terminales, cuya temátiva versa sobre la presencia del cáncer en una joven mujer, quien debe reajustar el rumbo de su vida ahora que tiene las horas contadas. Se cuenta la historia de Abril Márquez (protagonizada por Ana Claudia Talancón), una dinámica reportera de la revista Caras, quien luego de conseguir una entrevista con el cantante colombiano Juanes, descubre gracias a unos análisis de sangre que padece leucemia, la cual mermará paulatinamente su cuerpo. Esta sentencia permite que Abril descubra cosas pendientes de su pasado, como enterarse que su padre, Fernando Márquez, también periodista, perdiera la lucha contra el cáncer; que su ex-novio, Daniel, dibujante de comics dueño de un café, siga "clavado" con ella; y descubra, sin proponérselo, que tiene una media hermana, fotógrafa y ¡¡también ex-novia de Daniel!! Desde luego que estas cosas la sacan de onda, pero siempre seguirá adelante.
Reza el lugar común que en el trabajo, la cárcel, las presentaciones de libros y en los hospitales es donde se conoce a los amigos. En la redacción de Caras, cuenta con la confianza de la editora y de un colega fotógrafo que siempre la acompaña, pero no se salva de la acidez de una compañera suya. Precisamente, en un hospital, donde trabaja su tío, tiene su encuentro con Leo Carral, hijo de un importante magnate, con quien además de compartir encuentros inesperados y una apasionante historia de amor, también coinciden en la enfermedad, dado que Leo tiene un tumor cerebral que poco a poco acabará con su existencia. Sin embargo, Abril obtiene fuerzas tanto de sus amigos (Roxana, lesbiana de closet, quien muere por Abril; Elías, un adicto al sexo con mujeres algo mayores, y, claro, el mismo Daniel) como de su familia (su tío médico, su madre, su abuela y su hermana menor).
¿Dónde reside el encanto de Terminales? Si lo vemos desde la perspectiva técnica, la serie está filmada en formato para cine. Desde la narrativa, la historia se cuenta desde el punto de vista de la protagonista, recurso presente en Grey's anathomy, por ejemplo. Pero si lo vemos desde el ámbito de los personajes, digamos que cada televidente se sentirá identificado con alguno. Sin embargo, lo más importante de toda la serie es la labor social que realiza en pro de la detección temprana del cáncer, al igual que su constante lucha. Además, sin picarme de moralista, la principal de todas las enseñanzas es disfrutar plenamente cada minuto de la vida, aunque haya tiempo de sobra o días contados. La semana entrante sabremos qué sucede con Abril, en el último capítulo de la temporada. Y mientras llega la segunda, dejo a ustedes la última palabra sobre Terminales. Muchas gracias.

domingo, 30 de noviembre de 2008

La importancia de ser Dr. House

Una de las contradicciones de la vida, es que siempre acabamos por sentir cierta admiración por los villanos o, mejor dicho, por los tipos mal humorados o simplemente huraños. Y sin embargo, esto no les quita ni un ápice de genialidad. Si me estoy refieriendo al pesado del Dr. Gregory House, no se habrán equivocado.
De todas las series con temática nosocomial, House M.D., creada por David Shore en 2004, es la más irreverente (y, por ende, directa), pero también es la más humana, dados los casos que nos presenta. Un médico que sufre las secuelas de una enfermedad mal diagnosticada, mismas que intenta reducir con dosis y dosis de vicodine, es el encargado de diagnosticar a los pacientes del Hospital Universitario Princeton-Plainsboro cuyo padecimiento aún no es develado por completo al personal. Con la ayuda de sus fieles lacayos Eric Foreman (un afroamericano que cuestiona los métodos de House y que prefiere un trato más humano hacia los pacientes), Robert Chase (un hijo de papi metido a médico) y Allison Cameron (la bella e inteligente del grupo, amor secreto de House en alguna temporada), House resuelve los más difíciles casos usando, claro está, una deducción característica del detective más audaz. Incluso, en ocasiones, House pide ayuda o consejo a su colega James Wilson, oncólogo a quien hace un poco la vida de cuadritos. Pero el elenco no estaría completo sin la presencia de Lisa Cuddy, directora del hospital y quien intenta poner a House en su lugar.
Sin embargo, ¿dónde radica la importancia de Dr. House entre todas las series de temática médica? No es un dramedy como Grey's anathomy, donde se desenvuelven con mayor libertad los personajes, pero tampoco es E.R. o General Hospital, donde todos los personajes se equiparan casi al grado de los héroes de la épica grecolatina. House nos demuestra que también los médicos tienen sus lados flacos, es decir, humanos. A la par de su talento para acertar en el diagnóstico correcto, House se empecina en incomodar a sus pacientes (gracias al sarcasmo, desde luego), pero les hace ver que parte del problema radica en ellos mismos. Cameron, Chase y Foreman tienen su propia manera de ver a su enérgico jefe, pero los tres coinciden en admirar su talento. Y Wilson y Cuddy, bueno, digamos que el carácter contreras de su colega les ayuda a sostener su postulado y, por qué no, hasta su puesto. Sin picarme de pretencioso, diría que House M.D. es un claro ejemplo de la ley de la dialéctica, y, a veces, hasta de la navaja de Occam. (Y la tarea va por su cuenta.)
Para cerrar estas líneas, solamente diré que la importancia de ser Dr. House radica en su manera de decirnos las cosas, de confrontarnos con las enfermedades, sin olvidar que los médicos también son parte del problema, y, por tanto, de su propia solución. Cada quien sabrá poner a Gregory House en un altar o en la hoguera. No puedo decir más al respecto, porque hay cosas que me agradan de él, como decir las cosas sin tapujos. (Desde el punto de vista del paciente, duele que nos digan la verdad, pero es mucho más cruel disfrazarla o posponerla.) Ustedes tienen la última palabra.

domingo, 6 de julio de 2008

Los Simuladores

En entregas anteriores, hablé sobre las series televisivas de ayer, hoy y siempre que me han interesado. Gracias a una nota escrita en tiempo real por Nora de la Cruz en su aguja que lleva el hilo, me hice asiduo a una serie nueva, cuya temática puede desconcertar a más de uno: Los simuladores, misma que se transmite todos los martes a las 8 p.m por el canal Sony (televisión de paga) y a las 10 p.m por el Canal 5 de Televisa, que cuenta las aventuras de un grupo muy especial que ayuda a personas en desgracia mediante (lo que ellos llaman) un operativo de simulacro. Me explicaré mejor.
La serie, como buena parte de los programas actuales, tiene un origen argentino. (Una serie tan original como ésta tuvo que llegar de otras latitudes y en eso los pibes del cono sur nos llevan algo de ventaja. Auch.) En 2002, la mente creativa de Damián Szifrón creó a un grupo de cuatro personas dedicadas a ayudar a personas en desgracia bajo el móvil del simulacro: Santos, logística y planificación, es el líder y con quien se entrevistan las personas que requieren los servicios del grupo; Lamponne, técnica y movilidad, quien consigue los artículos requeridos en el operativo; Medina, investigación, y escudriñando la vida privada de los indiciados, y Ravenna, caracterización, cuyas dotes dramáticas hacen más verosímil el plan. Con sus habilidades, ellos envían señales falsas (actos de cualquier tipo, sin importar la ilegalidad que éstos conlleva) para beneficiar a sus clientes, hasta que las personas engañadas terminan por creerlo todo. Cuando los clientes están satisfechos con la misión, pagan al grupo una cantidad que suele ser el doble de lo invertido en el operativo y bajo la condición de ayudarlos en próximas misiones. (Esto explica la constante aparición de personajes de episodios anteriores.)
Ante este derroche de talento y originalidad, la serie mereció una segunda temporada, en 2003. Y la última, por cierto. (Se hizo una nueva versión con actores chilenos, pero fue un rotundo fracaso.) Con la globalización de la T.V., la idea de Szifrón rebasó fronteras geográficas, hasta llegar a España, donde, en 2006, se hizo una versión muy sui generis (vaya, hasta Federico D'Elia, protagonista de la versión original, participó en ésta) que llegó a la friolera de nueve episodios y luego, adiós. Esto no le impidió convertirse en una serie de culto. Y como la idea seguía dando lata en otros lares, Rusia no se quedó atrás y, al año siguiente, tuvo su propia versión. (Algo hilarante, si se me permite el comentario.) Y en días recientes, México -prosiguiendo con su argentinofilia televisiva- se aventó al ruedo con su propia versión, la cual, no está de más decirlo, es fiel al original porteño. (La rúbrica principal de la serie argentina, "Cité Tango", de Astor Piazzolla, interpretada por Gotan Project, se conservó en la franquicia mexicana, pero con un ligero remix; diametralmente opuestas las versiones de España, donde recurrieron a una melodía de swing muy al estilo de las series norteamericanas, y de Rusia, con una melodía tipo Pulp Fiction y que hace ver al grupo como una versión vodkatonic de The Hives.) Inclusive, la rúbrica original se filmó en los alrededores del tren bonaerense, misma que se asimiló muy bien en México, sólo que en las obras del Suburbano. (En sus diferentes versiones, con los cuatro sujetos caminando bajo la lluvia.) Y aunque los nombres de Santos y Medina quedaron fieles a los originales, no el caso de Lamponne y Ravenna, a quienes conocemos como López y Vargas. (Y la selección de actores mexicanos, ni dudarlo: Arath de la Torre, Alejandro Calva, Rubén Zamora y Tony Dalton, quien le da un poco más de clase a Santos.) Obviamente, la fidelidad al original también queda patente en cada episodio, y el traslado al contexto mexicano corrió por cuenta del dramaturgo Luis Mario Moncada, quien hace un ligero cameo en el capítulo 5, "El joven simulador". (Respecto al capítulo 8, "El Pacto Copérnico", es mil veces mejor el original que la franquicia. Cuestión de enfoques.)
Ahora bien, y por la heterodoxia de sus métodos, se les podría considerar héroes (o villanos, según se vea), pero, como lo describe Szifrón, "a veces, lo que es legal no es justo, y lo que es justo, no es legal" y en esa máxima radica su eficacia. Hasta del 99%. Pero lo que sí es meramente importante, es que juegan con las señales que se requieren para que el mundo gire. (Una palabra, un gesto, una mentira, no importa.) Dejo a ustedes la última palabra sobre la serie: quien escribe la sigue cada martes y es de lo mejor que ha visto en años. Muchas gracias.

martes, 14 de agosto de 2007

Clío también es una telenovela

La semana pasada concluyó con la muerte del actor y productor televisivo Ernesto Alonso, artífice de la telenovela en México. Y es un hecho meramente lamentable porque muere con él no sólo una tradición, sino también un inigualable estilo de hacer televisión, que alcanzó la cúspide con un preclaro ejemplo: la telenovela histórica, que no se debe confundir con la telenovela de época. (La toral diferencia entre una y la otra es que la primera se limita a recrear un suceso histórico con la mayor fidelidad posible, siempre y cuando no se pique de exageración ni de superficialidad, mientras que la segunda, con base a un tiempo determinado, se cuenta una historia por completo ficticia. Comparar, por ejemplo, Senda de gloria con Amor real raya en el nivel de la estupidez. Y aunque Carla Estrada intente seguirle la huella a don Ernesto, por más que lo haga, nunca llenará -¡¡ni con chochos!!- el inmenso hueco que dejó el Señor Telenovela.) Pero volvamos al camino por andar.
En 1952, el primer encuentro de Ernesto Alonso con la telenovela histórica se concretó gracias a su primer trabajo en torno a la figura de Sor Juana Inés de la Cruz. Por desgracia, no pasó de ser una ilustración cual estampita de papelería. Y siguió adentrándose por los senderos de Clío, con producciones más decorosas como Carlota y Maximiliano, Los Caudillos, La Constitución (donde consta la única actuación de María Félix en la pantalla chica) y El Carruaje (recién exhumada el año pasado por el fervor juarista). Todo esto entre las décadas de los 60 y 70: período que marca su primera época de telenovela histórica, misma que tuvo una extraña consecuencia: se desataron opiniones adversas -provenientes de altos mandos, regularmente- en torno a Carlota y Maximiliano, y la opción para equilibrar la balanza fue el posterior y casi inmediato estreno de El Carruaje, para quitarle el cochambre a un importante prócer. Cuestión de enfoques.
La segunda época (y la más gratificante de todas) surgió en 1987 con el estreno de Senda de gloria. La trama inicia en los úlitmos años de la Revolución mexicana (la Constitución de 1917 y los asesinatos de Zapata, Carranza y Villa) y termina con la expropiación petrolera decretada por el presidente Lázaro Cárdenas en 1938. Veinte años en la vida de los Álvarez, protagonistas de la serie, sí son algo. (Muchos de los que fuimos niños en aquellos años, supimos lo que era la historia de México gracias a esa producción, cuyo guión contó con el talento del dramaturgo Miguel Sabido y del poeta Eduardo Lizalde. Además, el tema de entrada, compuesto por Osni Cassab, siempre lo recordaremos.)
Tras varios años de absoluta discreción, en 1993 sale al aire la producción -hasta ese momento- más ambiciosa del teledrama histórico: El vuelo del águila, centrada en la vida y obra de Porfirio Díaz. Las polémicas no se hicieron esperar, por una o por otra cosa. (Lo dejo a su conciencia.) El guión contó con la maestría de dos historiadores importantes: Fausto Zerón-Medina y Enrique Krauze, cuyo primer volumen de su Biografía del poder fue el punto de partida. Innegable olvidar las magistrales actuaciones de Humberto Zurita y de Manuel Ojeda como Porfirio Díaz en sus distintas épocas; sin dejar a un lado las participaciones de Jacqueline Andere, Diana Bracho, Alma Delfina, Claudio Brook, y hasta una menos ostentosa Salma Hayek, por mencionar algunos. Y si le sumamos el encanto del legendario Enrique Rocha al narrar cada capítulo y la magistral música incidental compuesta por Daniel Catán, no negaremos que fue una telenovela inolvidable.
Se cierra una época de bonanza televisiva con La antorcha encendida, donde Ernesto Alonso retoma la guerra de Independencia como eje temático. (Por mucho superó a Los Caudillos, gracias a la pericia de los historiadores Fausto Zerón-Medina, Carlos Herrejón y Jean Meyer -cuyos Tambores de Calderón sí que tuvieron buena vela en ese entierro- y a los adelantos tecnológicos en materia de producción televisiva.) Sin embargo, de las tres que conforman el terceto narrativo, fue la menos lograda, porque aún con los adelantos técnicos y la buena pluma de sus asesores, no era meramente creible recrear los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX. Pero la peculiar partitura de Jorge Avendaño Luhrs corrió con un poco más de suerte. Cosas que pasan.
Hasta la fecha, la televisora de San Ángel no ha retomado el concepto de la telenovela histórica por lo accidentado de sus costos y por un interés exagerado por darle cuerpo a sus noticiarios. Sin embargo, y gracias a la maravilla del dvd, los que fuimos niños cuando Senda de gloria y jóvenes con El vuelo del águila y La antorcha encendida, podemos volver a esos tiempos las veces que se quiera. Ah, y porque la historia está cada vez más viva, sea como sea. Y si gracias al encomiable trabajo de don Ernesto Alonso, muchas personas se adentran en el estudio de la historia, entonces él ya puede descansar en paz. Definitivamente. Porque Clío también es una telenovela. ¿O no? (La opinión final es suya.)

miércoles, 25 de julio de 2007

Caris, caris y más caris

Hace varios días, donde la incertidumbre me hacía confundir las corazonadas con las cardiopatías, gracias a la Súper carretera de las Informaciones, me topé con un rimero de series animadas que hacía tiempo no veía; unas, por la pesadumbre de los años; otras, por mi anacrónica presencia, es decir, que nunca me tocaron y, por ende, nunca vi. Mejor me explico.
Los dibujos animados o caricaturas (las caris, de cariño) forman parte del amplio universo del entretenimiento televisivo, ya que muestran mundos que, por su naturaleza ficticia, son lo más real que nos ha sucedido. ¿Por qué? Porque, siendo niños, nos hacen pensar en otros mundos, otras posibilidades de ver la vida. Sin picarme de exagerado (que sí lo soy, pero me aguanto), creo no equivocarme. Por ejemplo, ¿quién no aprendió un poco de mitología griega con los episodios de Ulises 31 o con las batallas de Los Caballeros del Zodíaco? ¿O de astronomía con los Halcones Galácticos? Y para las niñas de entonces -y de ahora, porque siempre lo serán-, su modelo aspiracional fue la Princesa Caballero, soñaron con Heidi y lloraron con Candy Candy. (En los últimos años, las andanzas de las Sailor Moon eran las que partían el queso.)
Sin embargo, el amplio mundo de las caris tenía una amenaza constante: que se les tildara de superficiales y de incentivar la fantasía hasta niveles extremos. No les faltaba razón a sus detractores, pero también existen opciones meramente educativas, sin dejar de lado la diversión. Haciendo un poco de historia, Claudio Biern Boyd hizo su contribución con series como D'Artacan y los tres mosqueperros, La vuelta al mundo de Willie Fogg y Sandokan: buenas adaptaciones animadas de obras literarias, cuyos personajes eran interpretados por animales. (Buena puntada, ¿no les parece?) En 1992, en plena fiebre por celebrar los 500 años del choque de dos mundos, una excelente serie animada, Las mil y una Américas, hizo lo suyo. De allí, muchos niños se interesaron -ya crecidos- por las culturas precolombinas. (Con estos ejemplos, sus detractores podían estarse quietos por largo rato.)
Ahora, muchos de aquellos niños televisivos ya crecieron y sus horizontes también. A veces, gracias al poder repetidor de cierto canal santangelino y de otro de fuerte arraigo local, nos reviven la nostalgia por un ratito. Pero los más fans avezados siempre encuentran nuevas razones para serle fiel a una o varias caris. Y si le sumamos la magia del dvd, mejor aún. Para quien escribe, ver en estos días de ocio episodios de los Thundercats, es como si el tiempo no hubiera pasado (Y con suma razón puedo sostener que el Código de Thundera es más vero y creible que los tratados de la ONU. Se aceptan réplicas, dúplicas y polémicas.); y por las tardes, por el otro canal, me muero de la risa con las ocurrencias de Ovideo y su banda. [La remembranza propia va por cuenta de las consejeras, ciudadanos y viajeros de la NRB.]
Así como hay lecturas para cada edad, también hay caris que no pueden digerirse a la primera. Caso concreto, Los Simpsons (en colaboraciones anteriores, hablé de esa serie, pero no está de más recordarlo), cuya temática adulta y descaradamente contemporánea, en México se tornó transparente. Pero en el rubro de las animaciones japonesas, la cosa no cambia. Remi y la misma Candy Candy, por su estructura dramática, son telenovelas animadas; Sailor Moon ya toca los linderos de la diversidad sexual, y, el summum de todas, Evangelion, tiene de todo: intriga, ciencia ficción, mitología bíblica y cabalística, y, lógico, algo de violencia y sexo. (Pero de esa serie animada, luego hablaré.)
En suma, hay caris para todo y para todos. Depende de cada quien darle vuelo a su nostalgia. El resto, son sólo historias, ¿verdad?

miércoles, 18 de julio de 2007

Series en serio

Desde que la telera entró en mi vida, nunca había tenido el tesón para seguirle la huella a una serie, sea ésta animada o con actores. (Bueno... hasta hace pocos años.)
Recuerdo que, siendo niño y antes de dormir, veía algunas series que sólo servían para eso, es decir, como somnífero. Hasta que un día, me fijé en varias de temática ficticia. Pero ninguna logró convencerme. (Digamos que algunos episodios de Los Intocables -cuando los retransmitieron durante los primeros años del canal del Ajusco- me tenían al borde del asiento y no era para menos, dada la maestría del doblaje mexicano de la serie y la infaltable voz del colombiano Álvaro Mutis como el narrador. ¿Quién no recuerda aquella frase que comenzaba así: "Chicago, 1928..."?)
Años después, en ese mismo canal, descubrí la ironía excesiva de Los Simpsons. Para la sarcástica generación a la que pertenezco -si es que a alguna me puedo integrar-, esa serie animada fue el evento del siglo, por la manera tan descarada y, por ende, realista de criticar a la sociedad, y más concretamente, a la otrora institución familiar. (En los años que lleva de transmitirse en México, pasó de serie para adultos a serie triple A. Cosas de la vida.) Misma suerte no corrió Daria, serie de MTV meramente descarada a diestra y siniestra.
Además de esas series (cuya continuidad y cronología aún le vale sorbete a la televisora), en otro canal comenzó a transmitirse una serie que me encantó desde el primer episodio: Cuéntame cómo pasó. De factura española, es la historia de una familia de clase media, los Alcántara, durante los últimos años de la dictadura de Franco. (Una de las razones de su éxito en México, se debe a las coincidencias -no pocas, claro- que tiene la sociedad mexicana con la española de finales de los 60 y principios de los 70. Se aceptan réplicas.) A partir de ese momento, tomé la decisión de seguirle la pista por completo a una serie. ¡¡Y hasta la fecha no la suelto!!
Sin embargo, me hice asiduo a otras series -norteamericanas, qué remedio- como Charmed (serie que derivó en un champurrado de mitologías en sus últimas temporadas) o Grey's anathomy, de temática médica, con un excelente doblaje y la única que veía con mi mamá. (México tampoco podía quedarse atrás: El Pantera y Sexo y otros secretos son ejemplos de ello, aunque haya gente que compare ésta última con Sex and the city. ) Los demás seriales (como los cereales matutinos) me son inverosímiles.
Actualmente, sigo fiel a Cuéntame, pero, gracias a la temporada de verano, tengo otra serie predilecta: la japonesa Evangelion. Hasta ahora es la serie que tiene de todo: tiene intriga, los personajes son dignos de seguirse, pero cuenta con dos cosas que se ganaron mi admiración: es una serie animada de ciencia ficción, género que me queda igual de justo que un guante, y cada capítulo termina con una versión bastante lounge de "Fly me to the moon". (Nota: Aunque la versión en su idioma original y con subtítulos al español me agrada, la prefiero mil veces doblada al español mexicano. Cosas de niños.)
No cabe duda, hay series para un rato, pero también las hay para toda la vida. Series en serio. Ni dudarlo siquiera. (¿O me equivoco?)

martes, 22 de mayo de 2007

Mientras haya vida

El pasado fin de semana tuve a bien aventarme el maratón de la telenovela Mientras haya vida, de la cual sólo había escuchado algunas cosas (y eso gracias a mi hermana y a mi mamá, quienes la siguen con regularidad), y después de ver el curso de tres semanas en cuatro horas, quedé complacido al ver una producción de impecable factura, cosa que no había visto en años, luego de Mirada de mujer (en la televisora del Ajusco) y de La antorcha encendida (en la de San Ángel).
Por tratarse de una co-producción con la empresa Argos, en todas sus producciones se hace énfasis en tratar, paralelamente a la ficción, asuntos de la vida nacional, como el desempleo (patente en Elisa, personaje encarnado por Paola Núñez, de quien esperamos que dé por muerto y enterrado al odioso personaje de Bárbara Bazterrica), la especulación inmoviliaria, los bajos fondos de la política, y hasta el espionaje están presentes en esta telenovela. Como espectador telenovelero, me alegra sobremanera ver la presencia de grandes talentos como Margarita Rosa de Francisco (la inolvidable Gaviota de Café con aroma de mujer, quien además interpreta el tema musical de Mientras haya vida), a la enigmática Ana Ciochetti, en un inverosimil papel de espía; la atemporal Carmen Madrid (figura recurrente en las producciones de Argos; cómo no recordar a Déborah Stavenhagen, la amiga junkie de Cecilia Suárez en Todo por amor), y sin olvidarme de las damas que me leen, de la galanura old fashioned de Saúl Lisazo, o de la juvenil ensoñación de Andrés Palacios. Todo esto aderezado con un equipo de guionistas muy bien adiestrados (espero que no les dé la fiebre por aumentarlo todo con tal de venderse al rating), locaciones de lujo (el Multifamiliar Miguel Alemán, sello distintivo de la Colonia del Valle y donde se desarrolla la telenovela, es claro ejemplo) y, sobre todo, saber que no es una historia prefabricada más, sino un espejo de lo que la realidad nos presenta. (Reto a mis lectores a que hagan lo siguiente: Vean la novela; un capítulo como mínimo. Si al término de éste, hay un personaje que generó interés, dóyme por bien servido y el objetivo por alcanzado. También vale para las circunstancias.)
Finalmente, Mientras haya vida es el claro ejemplo de una producción ambiciosa, cuya toral función es llevar la vida diaria (la verdadera, no los recalentados de siempre) a la pantalla, con miras a crear una conciencia. (Sea ciudadana, sea la que sea.) Y otra razón para verla: despunte de genios actorales en su mejor elemento. Ojalá que no desvíe su camino. (No queremos otro Nada personal, ¿verdad?)

lunes, 16 de abril de 2007

Cuéntame cómo pasó

Luego de una angustiante espera, ayer comenzó la nueva temporada de la serie Cuéntame cómo pasó, cuyo primer capítulo, "Lisboa era una fiesta", me dejó sin aliento porque el ambiente esperanzador de la Revoluçao dos Craveis impresionó sobremanera a Toni (el Alcántara combativo que primero conocimos como universitario a contracorriente; luego, habitante de paraísos artificiales, y, en la temporada pasada, en su faceta panfletario-clandestina), haciéndole ver que aún había esperanzas. Inclusive se tomó un tiempo para el amor, luego de varios y accidentados romances. Bien por él, ¿no? (Literariamente hablando, creo que sus pensamientos y esperanzas se acercan en buena medida a los del protagonista de El dueño del secreto, de Antonio Muñoz Molina, luego de conocer los vientos de cambio en Portugal.)
Por otro lado, cada día que pasa, me siguen impresionando los siguientes personajes: En primer lugar, Cervan, el voceador, siempre esperando el ascenso de la Monarquía y mientras llega ese día, emprende nuevos negocios y sigue contagiando de buen humor a Carlos, Luis y Josete, nuestros ya conocidos personajes. En segundo lugar, Valentina, amiga y cómplice de Doña Herminia, quien es claro ejemplo del dicho "a la vejez, viruelas", porque se contagia fácilmente del ambiente en boga. (En el episodio de ayer, al verla con una blusa hippie, poco faltó para morirme de risa, he de confesarlo.) Y, desde luego, Carlos, quien cuenta su historia: cada idea que se le ocurre, ¡¡menudo enredo que le toca!! Sin embargo, sin él, la serie carecería de su peculiar humor, sin olvidarnos, claro está, de los sueños de Antonio y Meche, el optimismo de Desi y las esperanzas de Inés y Eugenio, por decir algunos.
Finalmente, hago votos de esperzanza para que esta nueva temporada en México recupere parte del público perdido en temporadas anteriores y se vea como un claro ejemplo de lo que se puede hacer con ideas y un poco más de presupuesto. Mientras tanto, la recomiendo ampliamente.