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viernes, 16 de julio de 2010

¡¡Felicidades, Celina!!

Siempre es necesario, ahora que el tiempo parece estar a favor nuestro, voltear a ver hacia aquellas personas que hacen llevadera e inspiracional la vida que se vive día tras día. (Esto sucede a cada paso en el presente blog, cuando dedico unas palabras hacia alguna de mis diligentes consejeras.) Ahora me corresponde hacerlo con una maravillosa persona, la historiadora Celina Aceves, con quien he compartido muchas cosas en el ancho y ajeno camino de la historiografía mexicana, y quien cumple añitos hoy. Entremos en materia.
A semejanza de otras pero vitales conocencias, conocí a Cely gracias a una presencia igualmente maravillosa: Rosalía Velázquez Estrada, a quien tendremos más que presente a causa de aquella serie televisiva de nombre Discutamos México. En alguna de sus sesiones en su respectiva oficina, Celina seguía el tremendo hilo de Ariadna que Rosalía le ponía en sus manos con el fin de generar una obra de investigación. (Para fortuna nuestra, ha demostrado que muchas empresas siempre llegan a buen puerto, sin importar tiempo ni circunstancias.)
Son pocas las veces que he convivido con Cely, pero no son menores, si les interesa saberlo; para valorar la grandeza de una labor, hay que fijarse en sus mínimos detalles. Cuando ella comparte sus lecturas, sus vivencias (conoció el donaire y la gentileza del siempre bien admirado Javier Garciadiego) y sus palabras, aunque breves, siempre permanecen intactas y, por ende, muy vivas. Y si le sumamos que goza de una belleza vitalizadora, no dudo que el mayor privilegio, luego de conocerla, será disfrutar de su compañía y, claro, de su amistad. (Si fuera posible agregarle a alguna palabra el significado de su nombre, no vacilaría en decir que transparencia le quedaría muy a la medida. Sí que sí.)
La verdad, me gustaría decirle más cosas, pero el tiempo no me deja hacerlo... ¿Por qué? Muy sencillo, aún falta vida para conocer unas cosas y tiempo que confirme otras. De cualquier manera, el privilegio de conocerla es prístino y franco. Y mientras llegan, querida Cely, hoy me digno a celebrar tu presencia y tu amistad, intransferible como las buenas palabras, y también aprovecho para decirte una cosa muy sencilla: Las mujeres no tienen edad, su entusiasmo las hace eternas. (Diría algo más, pero aquí me detengo.)
¡¡Felicidades, Celina!!

domingo, 4 de julio de 2010

¡¡Felicidades, Mayela!!

Hay mujeres que definen un día, otras que hacen lo propio con su tiempo, pero aquéllas que definen toda una vida, empezando por la suya, no cabe duda que la eternidad ya las tiene en el mejor de todos sus espacios. Cada vez que emprendo la gloriosa tarea de celebrar a alguna de las dichosas consejeras de esta empresa neobabélica, siempre debo tener presentes estas primeras palabras. Y hoy, día que resume en su efemérides la palabra independencia, corresponde hacer los honores a una maravillosa mujer con todas las Letras, Mayela Véliz, quien cumplirá no sólo años, sino también proyectos.
Conocí a Mayela hace algún tiempo, en aquellos días cuando la engorrosa institución de la brecha generacional generaba más desaguisados que coincidencias, en la carrera de Letras Hispánicas en la FES-Acatlán (UNAM). Siempre se distinguió, desde el primer día, en saber mirar, es decir, conocer varios puntos de vista, meditarlos después, para, posteriormente, generar nuevas propuestas y, por qué no, de una manera inusitada. Destacan, por decir algunos, su ingente participación en el libro Otros 1001 sonetos mexicanos del prolíficamente correcto Raymundo Ramos, misma que derivó su notable faceta como editora de la benemérita colección Dulce y Útil; gracias a su mirada confiable y certera, a la par que sus colegas de edición, dicha empresa libraria tiene más de un puerto hacia donde llegar.
¿Qué podemos destacar de Mayela Véliz? Muy sencillo. Además de una belleza incomparable, resalta su certera inteligencia que la lleva por el buen camino de la investigación, su generosidad cuando de compartir y profesar el conocimiento se refiere, y sobre todo, una permanente y siempre viva capacidad de asombro. No hay tema que se le escape vivo. (Caso contrario, investiga siempre para no quedar a la vera del camino.) Y, claro, todas esas cualidades le permiten ganar todo tipo de batallas habidas y por haber. Si alguna palabra del diccionario fuera su segura sinónima, no dudaría en decir que confianza le queda a la medida. (Y hasta le quedaría pequeña, si se empeña... lo cual no dudaría ni un ápice.)
Sobra decirlo, querida Mayela, pero lo repito con gusto: las mujeres no tienen edad. Además de los buenos deseos hacia ti, me inclino también porque cada día conserves ese estilo y esa genialidad que bien te distingue. Es un gran privilegio coincidir contigo y, claro, que lleguen mejores días para ti. (Mereces que te diga más, pero aquí cierro la frase.)
¡¡¡Felicidades, Mayela!!!

miércoles, 29 de julio de 2009

¡¡¡Felicidades, Martha!!!

Es lugar común decir que en la cárcel, el hospital y las presentaciones de libros es donde se conoce a los amigos; también me atrevería a decir que en los ágapes navideños en las universidades. Gracias a esa circunstancia, tuve el privilegio de conocer a una mujer excepcional, a quien hoy celebramos y que forma parte del engranaje de la Nueva República de Babel. Me refiero a la historiadora Martha Loyo.
Conocí a Martha, claro, en el primer ágape que se realizó en el Programa de Investigación para recibir a los nuevos habitantes. Asistí acompañado por José Cázarez (ahora Secretario Técnico de Humanidades) y saludé a Leyvi Castro, segunda al mando del Programa, y quien nos conminó a disfrutar del momento. Por unos momentos, dejé a Pepe platicando con Leyvita y fui a ver a Rosalía, quien me presentó a una bellísima historiadora recién llegada a Acatlan City: Martha B. Loyo. Por un momento, recordé dónde había oído su nombre; ¡¡claro!!, fue en el coloquio de aniversario del Archivo Calles-Torreblanca, en un lejano octubre. Al término del ágape, mientras las acompañaba al estacionamiento, le pregunté a Martha dónde podía conseguir su libro sobre Joaquín Amaro. Su respuesta fue de lo más franca: "No lo compres, yo te regalo uno". Asentí convencido.
En enero de 2008 el destino volvió a juntarnos, pero esta vez era definitivo. Mientras ella esperaba a un alumno debido a un examen extraordinario, platicamos por horas y horas sobre temas ya clásicos: la historia contemporánea, la admiración mutua por Javier Garciadiego y Jean Meyer, Plutarco Elías Calles, la vida misma... Además, le comenté mis intenciones de llevar a Meyer a tierras acatlecas, cosa que sí se cumplió el 16 de abril. Por supuesto, ella fue primordial en esa empresa, sólo que cada quien cuenta la parte del cuento como la vivió. (Me quedo con mi versión, pero Martha tiene algo más que decir.) También la traviesa Clío nos ha hecho coincidir en el INEHRM, donde la Historia tiene algo más que una casa. Cada quien sabe por qué.
En fin... ¿qué puedo decir sobre Martha Loyo? Bueno, si estas palabras sirven para ponderar su amabilidad y su inquietud por conocer y contar las latas de la investigación, creo dar en el clavo. Pero hay una cosa más que decir acerca de ella: su acendrado apasionamiento en hacer las cosas. No se guarda su opinión, sí, es cierto, pero también sabe proponer otra vía. Algo muy importante, a cada palabra de su conversación siempre le pone su propio estilo, mismo que no puedo describir en palabras. (Quienes conocemos a Martha, sabemos cómo es. Nada más.) En mi diccionario personal, la palabra pasión le queda a la medida, pero ella va más allá, y ha sabido inyectarla a sus hijas Alejandra y Jimena, de quienes, me imagino, seguro sacarán la casta.
Querida Martha, hoy cumples añitos (no digas cuántos, porque las mujeres no tienen edad), no encuentro mejor homenaje hacia ti que estas palabras; de lo que sí estoy seguro es que tendremos Martha B. Loyo para rato. Y aquí me callo.
¡¡¡Felicidades, Martha!!!

domingo, 14 de junio de 2009

¡¡¡Felicidades, Elise!!!

Ya se ha dicho en incontables ocasiones que celebrar a una de las mujeres que conforman el entramado de la Nueva República de Babel, es hacerlo hacia una actitud, una mirada, un tiempo; y esto incluye el pensamiento a contra corriente que forma parte de su vida. Verdad que sí. Ahora bien, hoy le corresponde a la socióloga Elisa Cuevas convertirse en la recipiendaria de estas palabras.
No recuerdo exactamente cuándo y cómo conocí a Elisa. Nada más sé que coincidimos en el mismo lugar, que por sabido se omite. La primera vez que la vi en acción, es decir, en el debate puro, acompañaba al Mtro. Raymundo Ramos, a quien ella profesa una sincera y extensa admiración. Aunque Elisa maneja (¡¡y muy bien!!) los temas políticos, también le dedica tiempo a las cuestiones humanísticas. Me explico. Pasa rápidamente de tema sin dejar de lado el sentido de la conversación. No hay tema que no pase por su katana crítica.
Aparte de esto, destaca de ella su cordialidad en el trato diario; resalta en público los aciertos de un colega, pero en privado te hace ver los errores, siempre con la misma actitud y con una disposición titánica para escuchar a quien se deje. Además, su espíritu solidario (que no solitario) hace de ella una óptima elección. Y si le sumamos que heredó algo de ello a su hija Edna (y, al paso que lleva, su nieto Leonardo también habrá de), estamos frente a una mujer íntegra, franca y congruente. (En el diccionario personal de un servidor, Elisa entraría por default en la palabra determinación.)
Querida Elise, hace ya tanto tiempo que llevo de conocerte, y cada día te reinventas a ti misma. Sin embargo, esto hace que renueve día tras días todas mis muestras de admiración. Tus dos retoños pueden estar tranquilos, dado que los llenas de orgullo. En pocas palabras...
¡¡¡Felicidades, Elise!!!

domingo, 26 de abril de 2009

¡¡¡Felicidades, Claudette!!!

Una ventaja de celebrar a las Consejeras que forman parte de este mundo a contracorriente, es que, de alguna manera, han formado parte de un postrero ser y hacer. Ahora la memoria decide saldar una deuda de admiración hacia una amiga y colega, a quien siempre he de agradecerle muchas cosas. Me refiero a Claudia Salazar, arquitecta y lectora sin par, hoy que cumple añitos.
Conocí a Claudette hace ¡¡nueve años!!, cuando comenzábamos nuestra trayectoria universitaria: ella en Arquitectura, yo en Letras, y en el lugar más inverosímil del campus: la fila de las fotocopias en la biblioteca. Yo traía varios ejemplares de la revista Vuelta para fotocopiar y ella, según recuerdo, algunos libros de su área. Cuando me vio, quedó maravillada por la cantidad de revistas que llevaba y así, sin decir "agua va", platicamos ¡¡de literatura!!, cosa que me tenía algo desconcertado, porque, he de confesarlo, creía que los arquitectos no pasaban de su tema; de cualquier manera, encontrarme con una lectora por los cuatro costados, ya era, en sí, la mejor de todas las ganancias. Luego de haber cumplido con el fotocopiado de nuestros materiales, cada quien prosiguió con su camino. Sin embargo, ése sería el primero de muchos encuentros.
Cada vez que el azar y la coincidencia nos reunía, descubrimos más cosas de cada uno, además de recomendarnos nuevas lecturas y recordar nuestras carreras de origen; ambos tenemos la misma predilección por Esther Seligson, por ejemplo. Y mientras más dudas generaba cada encuentro, mayor era mi persistencia al encontrar ese libro tan difícil de hallar, más claro estaba mi papel como investigador ratonero a la hora de sacar copias y más consciente estaba de que ella no era una arquitecta común, sino una muy excepcional.
Pasado el tiempo, Claudette salió a buscar su vida en sus propios campos, los de la Arquitectura, pero el contacto no cesó, aunque, eso sí, no tan constante como en otro tiempo. Cuando el azar y la coincidencia nos ponía nuevamente enfrente, hacíamos lo posible por sacarle todo el jugo.
Ante todo esto, ¿qué podría resaltar de Claudia Salazar? Además de su radiante hermosura, el dinamismo con que hace las cosas, su sinceridad en reconocerse en constante aprendizaje, pero sobre todo, la fuerza con que emprende nuevas empresas, es decir, volverse un buen ejemplo, alternando orden con ocurrencia. (En mi diccionario personal, la palabra que mejor la define sería dedicación.) Aunque esta época hace que el tiempo ya no sea nuestro, siempre habrá un buen momento para compartir con ella un enorme fragmento de la vida.
Querida Claudette, no creo hacer con estas palabras un retrato entero de ti, pero al menos mi admiración sí es completa. Además de recordarte que "las mujeres no tienen edad: su vitalidad las hace eternas", te deseo que todas las cosas que emprendas y vivas, salgan a pedir de boca. Podría decirte más, pero me detengo por ahora.
¡¡¡Felicidades, Claudette!!!

martes, 18 de noviembre de 2008

¡¡¡Felicidades, Danclío!!!

Cada vez que intento escribir unas breves líneas sobre alguna de las Consejeras de la NRB, de inmediato viene a mis manos un súbito bloqueo. Sin embargo, suele ser momentáneo cuando la memoria gana por default. En esta ocasión, otra historiadora estará en la mira de estas notas: Daniela Sandoval.
Conocí a Danclío hace varios años, en una clase de portugués, donde nuestra profesora, Leonor Torgal, era historiadora de formación. Durante las clases, su interés por la historia de la lengua portuguesa y mis inclinaciones filológicas (innatas en un estudiante de Letras Hispánicas), junto al buen ímpetu de la maestra, hacían de las clases una experiencia inolvidable. Pero nuestra amistad no se quedó allí, sino que traspasó las fronteras impuestas por nuestros gremios, e incluso una figura muy cara a nosotros, Rosalía Velázquez, también nos hizo coincidir varias veces. (Incluso en el INEHRM, donde Daniela estuvo como becaria un tiempo antes de tomar una enorme decisión.)
Dos años hace que Danclío tomó una decisión que la llevó a viajar por otros mundos, otras palabras: acompañó a su esposo en su aventura por Inglaterra; en Birmingham, para ser preciso. Desde allí, nuestra Daniela vio -literalmente- otro mundo. Mientras su esposo ganaba batallas en los campos de la historiografía europea, ella simplemente intentaba acoplarse a un mundo aún extraño. Al final, le ganó al tiempo. Los viajes tierra adentro y hacia otros confines del Viejo Continente, la llenaron de nuevas experiencias, mismas que comparte cada día con sus amigos y colegas en un blog que actualiza con regularidad. No cabe duda que es otra Europa de la que nos habla; para quienes la conocen, es una suerte de redescubirmiento; para quienes lo hacen por vez primera, una antesala. (En mi diccionario personal, la palabra que define a Daniela Sandoval sería, sin lugar a dudas, vitalidad.)
En realidad, aún faltan bastantes páginas, testimonios y recordanzas en torno a su persona: sea como historiadora, sea como viajera y cronista de la vida. Por ahora, dejo mi versión, de la cual ella sabrá desmentir y/o confirmar algunas cosas. Mi querida Danclío, quisiera decir más sobre ti, pero el tiempo, como decía Francisco de Goya, también pinta, y ojalá que sus pinceladas digan algo más de ti. Y ya aquí me detengo.
¡¡¡Felicidades, Danclío!!!

sábado, 27 de septiembre de 2008

¡¡¡Felicidades, Pilar!!!

La Galería de Consejeras que preside la Nueva República de Babel, no estaría completa sin la presencia de una mujer muy importante, quien desde el principio de esta aventura en red, estuvo presente. Hoy dedico las presentes líneas para homenajear a Pilar Máynez, en ocasión de su cumpleaños.
Conocí a Pilar de la forma más lógica: fue mi maestra de las materias Teorías Lingüísticas I y II en la carrera de Letras Hispánicas en la FES-Acatlán, aunque ya sabía que era toda una eminencia, dado que estuvo muy al pendiente de la organización del Primer Encuentro de Historiografía Lingüística (y Tercero de Lingüística en Acatlán), en octubre de 2000. Pero tuvieron que pasar varios añitos para conocer a aquella leyenda viva. Su manera de impartir clase me llenaba de inspiración cuando se apasionaba (¡¡y demasiado!!) por los autores que conformaban las grecas de la historia de la Lingüística. Quien escribe, a decir verdad, era un diletante, o sea, que estaba más del lado de los literatos que de los lingüistas. Sin embargo, el contacto con la Dra. Máynez acabó por convertirme al culto de la historiografía lingüística, y, por añadidura, su maestranza y posteriormente su amistad, me regaló (ésa es la palabra) la admiración por las obras de Miguel León-Portilla y de su esposa Ascensión Hernández Triviño, pero también mis encuentros con Ana Laura Díaz, Bárbara Cifuentes, entre otros colegas. Pero sobre todo, un gusto por las obras de Victoriano Salado Álvarez, las cuales no suelto para nada. Ésa es una de las cualidades principales de nuestra Pilar: convencer, para después convertir. (En mi diccionario personal, Pilar se resumiría en una solar palabra: generosidad.)
Desde luego, no intento hacer una biografía exhaustiva de mi querida Pilar; delego en otras personas, que la conocen de cuerpo entero, aventarse tan encomiable tarea. Tomo el día de hoy como pretexto idóneo para expresarle toda mi admiración, la cual, cada día, se confirma y hasta se engrandece. (Primero como alumno, ahora como colega. De verdad.)
Pilar, ¿qué más puedo decirte? Además de recordarte que Serafín y Mercedes son completamente afortunados al tenerte muy, muy cerca, te digo (y conste que lo seguiré sosteniendo) que las mujeres no tienen edad. Ojalá que este día sea el primero de nuevas empresas y mejores satisfacciones. Mereces más, pero hasta aquí me detengo.
¡¡¡Felicidades, Pilar!!!

lunes, 18 de agosto de 2008

¡¡¡Felicidades, Lani!!!

Cada vez que escribo una nota sobre alguna de las Consejeras de la Nueva República de Babel, de inmediato la memoria quiere jugarme sucio, dado que muchas cosas sobre quien deseo escribir se me escapan y no creo sacar, si no un retrato exacto, al menos uno justo. Pero tomaré el riesgo y hablar sobre Leilani Medina, como el París de Enrique IV, bien vale una misa.
Conocí a Lani hace algunos ayeres, cuando ella, recién salida de la carrera de Diseño Gráfico en la Universidad del Nuevo Mundo, buscaba, con demasiada esperanza, a un literato que leyera y corrigiera ajeno, cuya intuición le diera un nuevo rumbo a sus tesis de licenciatura. Acudió al jefe de sección y éste buscó al primero que se le pusiera enfrente. Aquella persona fui yo. Me platicó un poco de sus problemas de tesista y, más llevado por la intuición que por otra cosa, resolví corregir su tesis. (Confieso ahora, algo extrañado, que en aquellos días, éramos milpita tierna, es decir, noveles en nuestros campos, cosa que hoy hemos superado. Hasta ahora.) Después de mes y medio, un trabajo que -sinceramente- no tenía brújula ni catalejo, se convirtió en un equipo infalible para navegar, entre mar y guerra, hacia las grandes aguas del diseño editorial. Lani quedó maravillada con ello, y, por tanto, la promesa de un reencuentro futuro era casi segura. Nunca sucedió. (Pero ello no impidió coincidir con su mamá, doña Esperanza, maestra de la carrera de Matemáticas, algunas veces. Y hasta ahí.)
En noviembre de 2007, aprovechando el receso del primer día del coloquio Memoria e Identidad, me dirigí a un café internet para imprimir la versión definitiva de mi ponencia. Para cortar camino, pasé por la División de Diseño y Edificación donde, cabe decir, una presencia me era extrañamente familiar. Era Leilani, ahora convertida en maestra de la carrera de Diseño Gráfico. Parecía que el tiempo no había transcurrido, porque su cordialidad, buen humor, pero sobre todo, su belleza, estaban intactas. Fue grato el reencuentro por más de una hora, hasta que recordé que debía estar en mi coloquio, así que resolvimos intercambiar e-mails y celulares, con la esperanza de coincidir nuevamente. De cualquier manera, la invité al día de mi participación.
Ahora bien, ¿qué cualidades resaltaría de Leilani? Bueno, parece tarea difícil, pero me inclinaría, primero, por su capacidad de asombro (no hay cosa que no le genere cierta curiosidad), luego, su ímpetu y buen ánimo al plasmar sus ideas en clase (una maestra así no la tiene cualquiera), y, por último (pero no al último), su creatividad en toda empresa que planea y acomete. (De existir en el diccionario una palabra cuya primera acepción sea su nombre, emprendedora sería la opción. Y aún le queda corta.) A título personal, le agradezco una cosa muy importante: introducirme en las empresas y tribulaciones de la enseñanza en clase y la corrección de estilo. (Motivado por ello, di un inverosímil curso de ortografía y redacción, y hoy día reviso y corrijo la plana y el estilo de varias colegas historiadoras. Gracias mil.) De pilón, menciono una grata coincidencia: nuestra predilección por la gran Sarah Brightman. (Seguramente asistirá a su concierto en noviembre próximo. Ojalá.)
Querida Leilani, sé muy bien que 2008 será un buen año para ti. (La alegría, por sabida, no se menciona.) Pero hoy cumples añitos -no digas cuántos, porque las mujeres no tienen edad-, de todo corazón van mis mejores deseos para que la mayoría de tus proyectos se concreten y para que siempre cuentes con esa alegría que te caracteriza. Eso y más te mereces, mientras tanto me detengo.
¡¡¡Felicidades, Lani!!!

domingo, 13 de julio de 2008

¡¡¡Felicidades, Gisella!!!

En innumerables ocasiones, he contado aquí mis andanzas por el ancho y ajeno mundo de las letras y la historia, donde he conocido a una serie de personas excepcionales, sin lugar a dudas. Ahora aprovecho para hablar de una colega y amiga que, a pesar de las pausas hechas, cada encuentro sigue siendo el primero. Se trata de Gisella de León Cortés, cuyo cumpleaños es hoy.
Conocí a Gisella hace algunos años, en la Facultad de Filosofía y Letras, al final de una conferencia impartida por Luis Villoro, y a quien le llevaba algunos ejemplares de las gacetillas locales de la FES-Acatlán donde salieron sendos reportajes sobre su visita al campus. Luego que el Dr. Villoro me firmara varios artículos suyos y de entregarle las gacetas, Gisella se interesó en éstas y muy amable me preguntó si tenía otros ejemplares para obsequiarle. Hice lo propio con una y respecto a la otra, quedé de conseguirle una. Aún así, hicimos buenas migas y nos intercambiamos e-mails con la promesa de vernos nuevamente. En menos de un día, le localicé la gacetilla restante y me comuniqué con ella de inmediato. ¡¡Quedó sorprendida con la velocidad de mi respuesta!! y concertamos un posible encuentro una semana después. Por x, y, z razones, nunca se dio. Cosas que pasan.
Tiempo después, me comentó que las diversas encomiendas de carácter electoral la tenían de la ceca a la Meca, pero ello no interrumpió la comunicación, muy al contrario, la reforzó. No dejé de enviarle invitaciones de todo tipo para presentaciones de libros, coloquios, conferencias en la Academia Mexicana de la Historia y el INEHRM, hasta que supe que ella fue una de las personas afortunadas en ingresar al Diplomado sobre Historia política de México en el recinto sanangelino. Inclusive, me pareció verla en la presentación del libro de Javier Garciadiego, pero no pasó de allí. Hasta que hace unos meses, durante el foro sobre los 100 años del Ateneo de la Juventud, donde me (re) encontré con ella. Sus labores en la Fundación Rafael Preciado la tenían de norte a sur, pero la historia se encargó de juntarnos. No lo dudo.
Cada vez que veo a Gisella, admiro su cordialidad, su inteligencia, pero sobre todo, su pasión por aprender y seguir en el ajo de las actividades humanísticas. Cuando decía que "cada encuentro con ella es como si fuese el primero", no exageraba: podían pasar meses y felices días, pero cuando una amistad es sincera y completa, el tiempo era lo de menos. (Si Gisella fuese una palabra del diccionario, sería cordialidad, con todas sus acepciones.)
Querida Gisella, creo que estas líneas no bastan para celebrarte, pero sé de otras que, breves y sinceras, harán lo propio. Ahora y siempre, mis mejores deseos para ti y recuerda muy bien que las mujeres no tienen edad.
¡¡¡Felicidades, Gisella!!!

miércoles, 26 de marzo de 2008

¡¡¡Felicidades, Onatta!!!

Una característica primordial de las Consejeras de la Nueva República de Babel, es la pluralidad de la formación de cada una. Obviamente, destacan historiadoras, diseñadoras gráficas, comunicadoras, sociólogas, etc., y todas, buena parte del tiempo, coinciden en el mismo punto. En una de las Consejeras, la matemática Onatta Lecona, de quien me ocuparé en esta ocasión, sí se aplica dicha frase, pero con un plus: la discrepancia, que en su caso, más que alejar, acerca. Vamos por partes.
Conocí a Onatta ¡¡hace más de diez años!!, en los gloriosos años de la preparatoria (extraña mezcla de secundaria y kibbutz, he de reconocerlo), en el lugar más inverosímil: la dirección del plantel, donde ella trabajaba como recepcionista y además, por las noches, allí mismo estudiaba. Me llevaba una generación de ventaja. A partir del día en que realizaba mis trámites para reinscribirme al semestre sucedáneo, no sólo su buena atención era el pan de cada día, sino también las coincidencias literarias y los géneros literarios que entraban a escena. Desgraciadamente, como decía una colega de Historia hace varios ayeres, a veces, el tiempo no es nuestro y, evidentemente, así era. Mis escalas le quitaban algo de tiempo de oficina, lo admito algo culpable, pero los minutos que compartí con ella fueron la mejor enseñanza que pude tener por aquel tiempo. (Más que mi estancia en el taller de creación literaria, de verdad.) Al año siguiente, partió junto con su generación hacia nuevos mares, los del Sur, en su caso, para estudiar Filosofía en la Facultad.
Para cuando egresé de la preparatoria, ella asumió un cambio capital en su vida presente: cambiar la Filosofía en el sur por las Matemáticas en el norte, cosa que sí logró, aún cuando el paro universitario de 1999 nos robara la primavera (...y el verano, y el otoño, y el invierno). Mientras tanto, ella seguía su vida y quien escribe la suya. En marzo del año siguiente, ocurrió uno de nuestros primeros reencuentros en nuestra entonces ENEP-Acatlán. La sorpresa mayor: ¡¡qué nos habían encasillado en la misma generación!! (Con sus diferencias respectivas, desde luego.) Aún así, disfrutábamos el grato cruce de caminos. Entre más entrecruzamientos, mayor era su pasión por las matemáticas y más se confirmaba mi decisión por las Letras Hispánicas. Buena parte de esa decisión tuvo origen en sus consejos, lecturas y palabras. (Uno de sus autores de cabecera, E. M. Cioran, fue el detonante para que cambiara el Derecho y la Comunicación por las Letras Hispánicas. Todavía se lo agradezco, aún ahora que comparto mi tiempo con la Historia.)
Hace año y medio, debido a la turbulencia política del momento, se volvió una mujer de ánimo combativo, cosa que, en un principio, me desconcertó; sin embargo, acabé por aceptar a la larga esa condición. (A principios de año, una frase de Julio Scherer y una indignación común por la canallada que se le hizo a Carmen Aristegui, lograron mi regreso hacia sus puertos.)
Ante todo esto, aún me faltaría escribir más cosas sobre Onatta Lecona, pero no sería suficiente porque una mujer con espíritu combativo, abierta a la pluralidad y amante de los números, necesita más de una vida para reconocer sus logros, sus luchas y sus gustos. Si mi querida Weissberg fuese una palabra del diccionario, permanencia sería la indicada. Y todavía le queda corta.
Querida Onatta, sin picarme de original, y ante una vida más que vivida, sólo me resta desearte lo mejor para que salgas airosa de todas tus batallas y ojalá que nunca pierdas esa fuerza que siempre has tenido. Y me callo de una vez.
¡¡¡Felicidades, Onatta!!!


lunes, 18 de febrero de 2008

¡¡¡Felicidades, Claudine!!!

Hablar de una Consejera de reciente ingreso, a veces es una ardua tarea, porque cuando se ha convivido, parcial o completamente con ésta, solamente las semejanzas dicen la última palabra. Para el caso de Claudia Chantaca, digamos que sería la única excepción. Veremos por qué.
Conocí a Claudine hace varios años (olvido el número exacto, mas no importa por ahora), como una dinámica compañera de clases, ávida de aprender sobre temas comunes, como la teoría literaria, la literatura mexicana, entre otras cosas. (Siempre que la ocasión lo ameritaba, se acercaba a mí para pedirme una asesoría bibliográfica, la cual -en menor medida, lo reconozco- siempre la dejaba contenta.) Sin embargo, aunque tuvimos los mismos compañeros y el cuerpo docente de siempre, ella demostró que siempre iba muy a la delantera. Gran mérito, cabe decir, que le ganó la admiración de un maestro muy caro a nosotros, Raymundo Ramos, quien depositó su confianza en ella y todas sus enseñanzas al fin encontraron su estafeta idónea. (Cuestión de enfoques.)
Sus andanzas por los caminos de la investigación la han llevado a conocer aún más los entramados del cuento fantástico, así como también encontrar la punta de la madeja en lo que a teoría literaria se refiere. Cuando una cosa le causa escozor, no duda en resolverla, hasta que el conocimiento gana todas las partidas habidas y por haber. (Y a pesar de que ciertas personas y ciertas circunstancias le quieran jugar sucio, el tiempo termina por darle la razón: acto de oportuna justicia.) Además, su constancia en todos los campos, se vio recompensada con varios galardones, los cuales, sobra decir, son incentivos para una obra en constante crecimiento. En un hipotético diccionario de virtudes, Claudia se ganaría a pulso el significado siguiente: aprendizaje. No lo dudaría ni un ápice.
En realidad, solamente intento hacer con estas líneas un pequeño retrato de Claudia Chantaca, cuyo encuentro en alguna parada de la vida (académica, claro está), es un gratificante placer. (Y como Consejera de la Nueva República de Babel, aún más.) Por ello, hoy que cumples un año más (recuerda muy bien que las mujeres no tienen edad), deseo de todo corazón que la búsqueda del conocimiento te lleve hacia nuevos y mejores puertos. Ojalá que sí.
¡¡¡Felicidades, Claudine!!!

sábado, 9 de febrero de 2008

¡¡¡Felicidades, Licha!!!

Hace poco más de un año, gracias a las buenas recomendaciones de Rosalía Velázquez, conocí a una niña recién titulada de Historia, la cual tuvo un gran desempeño durante toda la carrera. Se trata de Alicia Puga, actual Consejera de la Nueva República de Babel, de quien me ocuparé en esta ocasión.
Es sabido que nuestra Rosalía siempre me toma de referencia para leer y corregir ajeno, y no es para menos, dado que la mirada incluyente de un literato con pretensiones historiofílicas le puede dar algo de sabor hasta al texto más cuadrado proveniente de la pluma de un historiador. En el caso particular de Alicia, el tiro me salió por la culata. Me explicaré mejor.
Conocí a Licha hace poco más de un año, mediante la rapidez del e-mail y con una segura recomendación de Rosalía. (Digamos de alguna manera que ella era primeriza en esas cosas de pedir ayuda algo más que profesional, así que, olvidándonos de la barrera económica, quedé en arreglarle sus artículos y ella, en olvidarse de mis honorarios. Fue una excelente decisión para ambos.) Ella escribió una tesis (muy buena, por cierto) sobre la polémica suscitada por el libro Los hijos de Sánchez, del antropólogo norteamericano Oscar Lewis, durante los años 60 en México; trabajo del cual extrajo un breve, pero sustancioso, artículo al respecto. Entonces, gracias a las primeras correcciones de un colega suyo de la Universidad Autónoma Metropolitana y a la mirada certera de la propia Rosalía, su trabajo merecía más que la simple publicación en revista alguna. Pero no contaba con una confirmación de mi parte y ésa se la regalé el primer día que la conocí. (Confieso que quedó más que contenta y ello la convenció para enviarme todos sus trabajos habidos y por haber. Junto con Irma Hernández Bolaños, Paulina Martínez y la propia Rosalía, forman mi clientela de toda la vida, por así decirlo.)
Ahora bien, ¿qué papel juega Licha en la marcha de la Nueva República de Babel, sea como Consejera, sea como lectora? Digamos que se resume así la cosa: un sincero aplomo por investigar, la persistencia para difundir el conocimiento y las ganas de seguir aprendiendo cosas para luego compartirlas con sus compañeras, colegas y alumnos, siempre la llevan a emprender grandes empresas, como, por ejemplo, aguantar con temple de acero a un brevísimo público cuando le tocó clausurar el coloquio Letras de la Historia e Historia de las Letras, en abril pasado; aventarse al ruedo en una maestría sui generis como la que se imparte en la UAM-Azcapotzalco sobre Historiografía, e inclusive, a ganarse las buenas opiniones de una leyenda viva como Álvaro Matute sobre sus linderos de investigación. Todas estas cosas no las hizo de la noche a la mañana, pero su constancia está doblemente probada. (Si Licha fuese una palabra del diccionario, excelencia sería la idónea. Y aún así le queda chiquita.) Y cada vez que el azar entrecruza nuestros caminos, siempre es grato compartir las cosas vividas, platicarlas y, claro, proyectar nuevas maneras de seguir en el ajo historiográfico. (A veces, la he notado desanimada, pero en el próximo encuentro acaba por irradiar entusiasmo, persistencia y amistad.) Y me atrevo a decir lo siguiente: ella será uno de los nuevos puntales de la historia mexicana en este siglo XXI en curso. No lo dudo.
Querida Licha: hoy celebras un año más de vida (y aún sostengo que las mujeres no tienen edad, sabes), pero para la Historia que te ha tomado como una de sus más leales seguidoras, ya eres eterna. (Me faltarían más frases al respecto, pero ahora le paro. Más y mejores triunfos venideros te deseo.)
¡¡¡Felicidades, Licha!!!

jueves, 31 de enero de 2008

¡¡Felicidades, Vero!!

Enero termina tal y como había comenzado: celebrando a una de sus más activas y persistentes Consejeras. (Si el mes inició con el sello de la Historia, ahora toca cerrar el ciclo de manera diferente, es decir, con la mirada de una comunicadora.) Ahora corresponde semejante honor hacia Verónica del Toral, una de las primeras lectoras de la Nueva República de Babel y que ahora sus horizontes están allende los mares de la vida urbana. Me explicaré mejor.
Conocí a Verónica de la misma forma que Rosalía Velázquez y Leyvi Castro: en un atípico curso de ortografía y redacción, hace varios ayeres. (La época en que éramos tan jóvenes, como decía un colega mío, una cafetera tarde en un local de libaneses.) Como había comentado tanto en un capítulo de las Leaving Port Memories como en el retrato de Leyvi Castro, fue un curso peculiar impartido por un profesor sin cartera, del cual nunca me arrepentiré. ¿Por qué? Vamos por partes. Ante la rebeldía de dos muchachos de Filosofía, la inmensa curiosidad de Rosalía y los cuestionamientos de Leyvi (amiga y compañera suya por los cuatro costados, además de todo), la parte creativa y soñadora la ponía Vero en cada sesión. (Gracias a ello, me di cuenta que estaba ante una escritora en potencia.) Sin embargo, tuvieron que transcurrir varios meses para que su vena inventiva saliera a flote. Mientras eso sucedía, a la par de su servicio social en el Centro Cultural Acatlán, las tareas que dejaba para las próximas sesiones incentivaron ese gusto por la creación literaria, pero más en concreto, hacia cómo contar una historia. (Creo que el periodismo le ayudó a refinar mejor una habilidad natural. Se aceptan réplicas.) Un ejemplo notable de ello: en alguna sesión, pedí de tarea un cuento que tuviese relación con la radio. Todos cumplieron con dicho ejercicio, pero Vero fue más allá al desarrollarlo en estos tiempos difíciles, tan lejos de Dios y tan cerca del narco. (Tengo entendido que tan bueno le salió el cuento que fue publicado por entregas en la revista Laberinto. Me quito el sombrero.) Meses después, así como llegaron mis alumnos, también se fueron a hacer sus respectivas vidas.
Para mi buena fortuna, Vero regresó algunas veces al puerto de partida. Sea para encaminarla por los senderos de Sor Juana Inés de la Cruz, sea para invitarla a colaborar en El Búho. (Publicó un cuento muy bueno que, a decir verdad, me sigue conmocionando; señal de madurez literaria, si se me permite decirlo.) Después, sólo la constancia del e-mail mantenía vigente la relación. Hace nueve meses, aproximadamente, recibí una misiva suya con buenas noticias: se convirtió en correctora de estilo para una revista médica y hasta tuvo un acendrado interés por impartir un curso semejante al que había dado. Cosas de la vida.
Ante toda esta carretada de chispazos memorialistas, ¿cómo es Verónica del Toral? ¿Qué palabra la resumiría en su totalidad? La palabra que le quedaría mejor, sin temor a equivocarme, sería entusiasmo. (Como alumna, le ponía frescura a cada sesión. Como colega escritora, siempre generaba asombro. ¿Alguna pregunta?) Sin embargo, de algo estoy seguro: de cada empresa asumida y comulgada por cuenta propia, siempre tendrá buenas ganancias. Y si el tiempo nos concediese una tregua, será un placer compartir los viajes, las experiencias ¡¡y las palabras!!
Mi querida Vero: como Rosalía y Leyvi, mereces un retrato más justo, pero una admiración sincera ya quedó plasmada líneas atrás. Hoy que cumples añitos (no me digas cuántos, porque las mujeres no tienen edad), ojalá que conserves siempre viva esa fuerza con que haces las cosas, porque, ya lo decía la Guilmain, "la juventud no se lleva puesta, se ejerce". Y hasta aquí mi homenaje.
¡¡¡Felicidades, Vero!!!

sábado, 12 de enero de 2008

¡¡¡Felicidades, Leyvi!!!

Una ventaja de celebrar a cada Consejera de la Nueva República de Babel, reside en el sencillo hecho de darle voz a la memoria para que haga un retrato sencillo, pero entero, de las personas que habitan en esta eutopía en red. (Y varias Consejeras lo saben de sobra.) Ahora la memoria y el justo homenaje se dirige hacia la Consejera Leyvi Castro, comunicadora de aplomo constante y cuya paciencia forma parte del engranaje que mueve a la NRB, hoy que festejará un año más de vida.
Conocí a Leyvi en la situación más inverosímil de mi vida: como alumna en un extraño (hasta para mí lo era) curso de ortografía y redacción, donde también fueron a parar una colega y amiga suya, Verónica del Toral, y nuestra Rosalía Velázquez, quien no necesita presentación. Durante varios meses, mientras seguía el temario del cursillo y el aprendizaje ganaba más batallas que el Cid campeador, además de la curiosidad de Rosalía y Vero, el ingrediente más elemental de cada sesión, era la precisión de Leyvi para proponer ideas, cuestionar argumentos y hasta corregir al profesor. (Confieso que nunca me salvé de ello.) Lamentablemente, los cambios de funcionarios en la División de Humanidades y el llamado natural de nuestras carreras cerraron esa etapa. En el intermedio, seguí frecuentando -y lo sigo haciendo- a Rosalía, y ayudé a Vero con dos cosas: publicar en El Búho, cosa que sí hizo, un mes después que un servidor, y darle algunos nortes para sus tesis de licenciatura. De Leyvi ya no supe nada.
A mediados de 2007, allá por agosto o septiembre (no recuerdo muy bien), ocurrió el reencuentro en el lugar aún más inverosímil de Acatlan City: la puerta de entrada, en una guardia que se rotaba entre los funcionarios. La sorpresa: verla ya convertida en la segunda al mando de ese barquito llamado Programa de Investigación, es decir, en una eficiente y plural Secretaria Auxiliar. (Una cosa en ella no había cambiado desde la última vez: hablarme de usted. Claro está que habían pasado los años, pero cuando una conocencia es sincera y constante, el tuteo es el pan de cada día.) A partir de allí, los encuentros ya fueron continuos. Y doblemente, desde hace dos meses, cuando el Mtro. Raymundo Ramos comenzó a fijar su residencia en el consabido barquito, para luego seguirle sus pasos Aurora Flores Olea y, por último, Patricia Montoya y la propia Rosalía, quienes contaron con un servidor para organizar la respectiva transición. Al final de cada día, siempre hacía escala en la oficina de Leyvi para comentar cosas que solamente las vueltas del día transcurrido dejaba salir. (Gracias a los portarretratos que tiene sobre su credenza y los carteles pegados en las paredes, supe que su vida estuvo en Europa, lugar de donde regresó llena de gratas experiencias.) Y si estas sesiones al vuelo están llenas de nuevas lecturas, creo que ya no hace falta reanudar la época de 2004. (Persistencia es la palabra que mejor la define en mi diccionario personal.)
En fin... son tantas las cosas que me faltarían para un justo retrato de Leyvi Castro. No me preocupo del todo: sé algo sobre la estudiante y conozco lo necesario de la funcionaria. Y de la amiga y colega, hay muchas páginas en blanco para llenar. (Al respecto, aplico sobremanera aquello que siempre dice el legendario periodista Julio Scherer a sus amigos: Piensa en lo mucho que nos une y no en lo muy poco que nos separa.)
Cara Leyvi: son tantas las cosas por hacer, pero ahora me limito a celebrarte con las anteriores líneas y te recuerdo que las mujeres no tienen edad. (Mereces más, pero por ahora me detengo.)
¡¡¡Felicidades, Leyvi!!!

jueves, 3 de enero de 2008

¡¡¡Felicidades, Irmita!!!

Para un buen comienzo de año, nada como un ilustre momento en el seno de la cliocracia babélica y de la ginecocracia, y no es para menos, porque una de las formas más sinceras de la felicidad es el homenaje. En esta ocasión, la primera homenajeada del año es una de las Consejeras más avezadas de la Nueva República de Babel: Irma Hernández Bolaños, historiadora de constancia arraigada y cuyo espíritu de competencia persiste a pesar de su retiro oficial del deporte. Me explicaré mejor.
Para quien escribe, antes de conocer a Rosalía Velázquez, los caminos de la Historia estaban vedados. (Gracias a esa conocencia, la vocación ganó por default, pero aún sigo siendo un novel clionauta.) Cuando conocí a Irma, hace un año aproximadamente, estaba frente a una joven leyenda viva, es decir, una historiadora cuyos conocimientos y trabajo constante le hicieron merecedora de varios reconocimientos, entre éstos, uno importante acerca de Benito Juárez, a quien ella le profesa una particular y sincera admiración. Digno es destacar también su amor a la matria (familiar e historiográfica), es decir, a Oaxaca, que no cesa de recordar en sus trabajos.
Además de esta faceta como sacerdotisa de Clío, su campo de acción fue el hockey, deporte al que ofrendó sus mejores glorias y que la llevó hacia otras geografías, representando no sólo a un país, sino también a sí misma, como prueba de vida que la hizo parte de un tiempo glorioso. (Si se me permite el símil, Irmita sería una diosa olímpica, en todos los sentidos que implica el término.) En mi diccionario personal, la palabra que mejor la define sería persistencia, por permanecer vigente en todos los campos, incluídos los de la amistad.
Por éstas y más razones, celebro hoy tu cumpleaños de una forma muy grata: recordando glorias pasadas, sin dejar de lado que el único patrimonio seguro es el presente vivido y compartido. (Para ello no hay edad, aunque digas lo contrario.)
¡¡¡Felicidades, Irmita!!!

viernes, 12 de octubre de 2007

¡¡¡Felicidades, Laurette!!!

Hoy, en la Nueva República de Babel, cerramos un ciclo de pequeños homenajes a las cuatro Consejeras fundadoras, cuyas propuestas, correcciones y, sobre todo, amistad, he agradecido sobremanera durante varios años. Ahora toca el turno a mi querida Laura Cabrera, a quien estas palabras le lustran el calzado, puesto que merece mucho más. Aún así, me aviento al ruedo.
Conocí a Laurette hace algunos años, cuando nuestra (de) generación ingresó a la Universidad luego de 10 difíciles meses que nos robaron la primavera. (Y el verano, el otoño y el invierno.) Desde el primer día -literalmente- despuntó en todos los campos, dada su persistencia en la investigación, la pericia para conocer a los compañeros y saber de qué estaban hechos, pero más en concreto, a su espíritu plural para convivir y, posteriormente, convencer. (También convertir, si me pongo drástico.) Gracias a esas virtudes, se ganó la admiración y el respeto de muchos, y la amistad de pocos. Cuestión de enfoques.
Una de sus principales cualidades es decir las cosas en el momento indicado y con todas las letras. Si algo le agrada en demasía de un persona, lo dice; si algo le disgusta, lo sostiene. (Bien se le podría aplicar aquella máxima de Andrés Iduarte: Cuanto pensé, lo dije. Cuando dije, lo sostuve.) En un hipotético diccionario de virtudes humanas, Laura, sin dudarlo siquiera, sería congruencia, porque se conserva firme en sus acciones y en sus decires. (Muchas de sus opiniones -a las que no les sobra ni les falta nada- han derrumbado imperios y, de refilón, orgullos y falsas presunciones. En estos casos, ni imputar o debatir es bueno.)
Pero no todo es polémica en ella. Siempre se da tiempo para leer una buena novela, aplicarle unos buenos minutos a un nuevo género musical (un ejemplo: cuando le late Patricia Kaas, no la convence Alizée), asistir a un buen concierto o alguna feria del libro, escribir obras de varia invención (e intención), en fin... Este mundo ancho y ajeno le queda chiquito a una mujer de altos vuelos. Personalmente, coincidir con ella en el Palacio de Minería -durante los tres días del Homenaje a Felisberto Hernández, primero, y después en alguna feria del libro-, es una experiencia inolvidable. (Fue, precisamente, en Minería, donde su presencia me hizo acuñar una frase que hoy en día es mi escudo de armas: Nada como volver a los viejos puertos. Y si le sumamos que un colega común y un servidor, éramos como los protagonistas de la saga novelística de Álvaro Mutis, es decir, una suerte de Maqroll el gaviero y Abdul Bashur, y teniendo en Laurita a nuestra Ilona Grabowska, el resto sale por añadidura.)
En suma, celebro a dos Lauras: la íntegra, que pesa y sopesa todo lo que mira, oye y toca; y la plural, cuyo oficio de vivir está más que probado. Me alegra mucho tenerla como colega, pero más como amiga. (Y cuyas apreciaciones, aunque me derrumben continuamente el orgullo, seguiré atendiendo.) Celebrarte el día de hoy no basta, pero la emoción del momento sólo me motiva a decirte:
¡¡¡Felicidades, Laurette!!!

jueves, 4 de octubre de 2007

¡¡¡Felicidades, Mildred!!!

Nuevamente, la Nueva República de Babel está de plácemes y no faltan razones para ello. En esta ocasión, corresponde celebrar a una de sus ilustres fundadoras: Ericka Mildred Aguilar, filósofa de formación, pero con alma de niña, quien sigue viendo al mundo como si fuera la primera vez.
Conocí a Mildred hace algunos años, en el lugar más inverosímil de todos: las escaleras del Palacio de Minería, durante el Homenaje Internacional a Felisberto Hernández. Pero los enlaces comenzaron poco después, en la cordialidad de su oficina en la División de Humanidades. Al principio, me resultaba extraño que una niña, formada en los amplios senderos de la filosofía, tuviera una perspectiva plenamente abierta a nuevos horizontes, que sentaban en la misma mesa tanto a la ciencia como a la imaginación; no en vano, sus autores predilectos son Italo Calvino, Jorge Luis Borges y José Ortega y Gasset, por quienes siente una sincera admiración.
Cada vez que nuestros (apretados) itinerarios coinciden, siempre es gratificante su compañía. (Es más, gracias a su sonrisa siempre impostergable, tuve mi primera oportunidad para impartir -si esa es la palabra- un peculiar curso de ortografía y redacción. Gracias mil.) Si Mildred fuese una palabra en un hipotético diccionario de ideas, sin duda sería espontaneidad. Razones sobran. Y aunque el destino le genere cierto número de detractores, éstos al final acabarían por reconocer el ímpetu y la energía que aplica en todas las empresas que realiza. Lo digo y lo sostengo.
Finalmente, ¿qué más podría decir acerca de una mujer sin par? Simplemente me queda reconocer tu amistad y tus consejos, no sólo hoy que festejas tu cumpleaños (bien sabemos que las mujeres no tienen edad, ¿verdad?), sino cada día que vives, con la sincera esperanza de que el tiempo no cambie tus cartas de navegación, puesto que tienes muy delimitado tu itinerario. Mientras tanto, el Palacio de la Música, el Estadio Espartano y la Galería de la Memoria te rinden señero homenaje.
¡¡¡Felicidades, Mildred!!!

sábado, 29 de septiembre de 2007

¡¡¡Felicidades, Monse!!!

En la corta vida de la Nueva República de Babel, aún sostengo la postura de que las mujeres no tienen edad; desde luego, porque toda ocurrencia, pliego petitorio y hasta repentinas imposiciones, han tenido cabida en esa eutopía en red, y eso es un reflejo de sus intereses. Renuevo mis votos para que siga esto así.
Para finalizar el mes y darle paso a una nueva época de celebraciones, ahora toca el turno a una Consejera de reciente ingreso: Monserrat Montes de Oca, diseñadora gráfica y una lectora de tiempo completo. Conocí a Monse gracias a una Consejera fundadora, Ana Cárdenas, también diseñadora y en cuyas ocurrencias se sostiene la continuidad de la NRB. No le falló el tino, porque ya hacía falta renovar las coincidencias.
En el poco tiempo que llevo de conocerla, parece que llevo toda una vida. Además, Monse tiene una cualidad que sólo aparece cada siglo. (Debería decir ¿cada milenio?) Sabe mirar con ojos nuevos el mundo que la rodea o, mejor dicho, propone cosas que aún no se presentan. (De existir un diccionario universal de destinos, Monse se definiría en una palabra: visualización, y ésa, la lleva más allá.) Aunque su gremio no es literario, inventa e intenta nuevas empresas, que harían palidecer hasta al más ducho escritor. (Y lo reconozco.) No en vano, su pasión por la escenografía la lleva a ejercer a carta cabal esos dictados de la creatividad. En una palabra, se trata de una renacentista con todas las letras.
Francamente, no se me ocurren más cosas para describir a una mujer sin par y con el ánimo bien puesto. Simplemente me limito a seguir contando con sus palabras, ideas, pero sobre todo, con una segura complicidad. Por eso y más, celebro hoy tu cumpleaños con el sincero deseo de que sigas incursionando en nuevas empresas y, lo más importante, darle un nuevo ángulo a las cosas ya establecidas.
¡¡Felicidades, Monse!!

jueves, 20 de septiembre de 2007

¡¡¡Felicidades, Eunice!!!

En estos días de lluvias torrenciales y correos electrónicos postergados, siempre es oportuno regresar a los viejos puertos donde los proyectos sólo eran eso y las esperanzas de emprender nuevas aventuras, estaban a flor de piel. Una persona que asumió esa condición, desde el primer día de vida de la Nueva República de Babel, fue Eunice Alpízar, primera viajera por las aguas de la pluralidad babélica y ahora Consejera corresponsal. Sin embargo, ¿cómo fue su aparición en estos lares?
Conocí a Eunice apenas hace un año, como parte de una generación bastante peculiar, cuya mayor cualidad era estrenar -por así decirlo- a los nuevos maestros del turno vespertino, entre éstos, a Laura Cabrera, fundadora de la NRB. (Como buen crítico de las nuevas generaciones que ingresaban a la carrera de Letras Hispánicas, al conocerla, sabía, muy a vuelo de pájaro, que no sería una generación más, ni mucho menos se desencantaría como algunas a las que había pertenecido.) Simplemente, se empeñaría en conocer más de un ambiente único y con resultados fascinantes.
Gracias a una llamada de auxilio bibliográfico, inicié mi contacto con Eunice, una mujer de gustos a contracorriente (como Nacho Vegas, a quien sólo ubicaba por haber rescatado del panteón a Enrique Bunbury), pero con una enorme sensibilidad para la poesía y las letras en general. Si Eunice fuese una palabra del diccionario, sin temor a equivocarme, sería temporalidad, porque a cada cosa le concede su espacio y tiempo, sin importar la dismilitud entre dos o más. Y porque sabe mirarlas por vez primera, a pesar del tiempo transcurrido, aunque éste haya pasado o, en su defecto, permanezca detenido. Lamentablemente, a principios del presente semestre, el destino le deparó una (repentina) pausa en su camino de letras, dándole otro tiempo, otro espacio. Sin embargo, bien lo sabemos, mientras haya vida y una sólida amistad, que el mundo que siga girando.
Celebro tu cumpleaños, querida Eunice, con la sincera esperanza de que todas tus empresas salgan a pedir de boca y también rezo para que regreses a estas tierras que te vieron nacer a la vida literaria; a las que, sin dudarlo siquiera, te recibirán como si fuese el primer día. (Y conste que no salgo con el lugar común del Decíamos ayer...) Y como pequeño, pero sincero homenaje, el Estadio Espartano estará dedicado completamente a ti.
¡¡¡Felicidades, Eunice!!!

miércoles, 29 de agosto de 2007

¡¡¡Felicidades, Paulina!!!

Ayer, precisamente, estaba bastante preocupado porque las celebraciones en torno a Paulina Martínez Gutiérrez, Consejera Fundadora de la Nueva República de Babel y secretaria de Salud, salieran a pedir de boca. Ahora, y gracias a una (oportuna) corrección, hoy es el día en que la NRB festeje a una mujer sin par.
Gracias a Paulina, acuñé una teoría que, precisamente por ella, terminé por confirmar. La dichosa teoría en cuestión tiene que ver con las vocaciones, o sea, las carreras. Me explico mejor. Cada quien tiene una carrera natural y otra elegida. (En la primera, son tendencias naturales que se manifiestan por sí mismas; la otra, un camino a seguir: santo y seña de una vida.) Al conocer la prosapia médica de Paulina, digamos que su misión se enfoca en mantener la buena salud de muchas cosas, como el trabajo intelectual y las amistades, por ejemplo. (Cuando digo esto, me refiero a lo que otros llaman constancia.) Por el otro extremo, su carta de marear está regida por el signo de la Historia, misma a la que le dedica buena parte de sus días. En una palabra, más que estudiar los caprichos de Clío, se empeña en vivirlos por sí misma. Gracias a estas cosas, se crea un equilibrio que se resume en una solar palabra: juventud. Lo demás es mera añadidura. (Si Paulina fuera una palabra del diccionario, seguramente sería constancia. Ni dudarlo siquiera.)
Sea en conciertos del maestrísimo Fito Páez, sea como amanuense de historiadoras, Paulina irradia juventud y le otorga un constante renacimiento a las cosas que la rodean, porque la vida se hace a cada rato, claro está.
Por ésta y más razones, que por sabidas se callan, celebro tu cumpleaños convencido de una sola cosa: eres la prueba fehaciente de que las mujeres, además de no tener edad, intentan e inventan su propio mundo, el cual no se hallará exento de sorpresas. (Y para muestra, durante esta semana, los segmentos de la NRB que ya conoces, estarán exclusivamente dedicados a ti.)
¡¡¡Felicidades, Pauluna!!!