sábado, 19 de junio de 2010

La ciudad sin Carlos Monsiváis

Hay personajes que hacen llevadera la estancia y la vida en esta delirante ciudad de México, aquélla que amamos y odiamos todos los días, y cuya solar presencia la llena de vitalidad. Desde los organilleros en marginalia del Centro Histórico, pasando por los dueños de la noche citadina, hasta aquellas personas que se ganan el bofe a fuerza de fregadazos. Todos ellos han pasado por la mirada proteica, incluyente y estupefacta de los numerosos cronistas que ha tenido esta ciudad. Uno de ellos, Gabriel Vargas, cuyo ingenio creó a la familia más aventada de la Ciudad de México, La Familia Burrón, falleció hace algunas semanas. Hoy por la mañana, uno de aquellos personajes, el escritor, periodista y defensor de las causas perdidas, Carlos Monsiváis, ha partido en silencio y nos deja su ausencia un nudo en la garganta. (Decíamos de él que andaba en todas partes, que encarnaba en sí mismo una virtud sólo exclusiva de los dioses, la ubiciudad. Después de hoy, quedará bien asentado.)
Carlos Monsiváis Aceves, nacido el 4 de mayo de 1938 en la legendaria colonia Portales, fue desde temprana edad, un ser atípico. En su inverosimil infancia ya formaba parte del andamiaje de la memoria: un Niño catedrático, como aquellos que sonaban por las frecuencias de la XEW; por su formación religiosa en el protestantismo metodista, se sabía La Biblia de memoria, y, claro, al acercarse al primero de todos los libros, su vida fue, literalmente, libresca y libraria. Cuenta la leyenda que había veces en que se saltaba las tres comidas para irse al cine, donde se aventaba ¡¡hasta cinco películas de un tirón!! Por añadidura a su condición lectora, se dio valor para escribir su propia bibliografía, empezando por la poesía, género que no era el suyo como creador, pero sí como crítico. Monsiváis, desde entonces, sería un hombre de ideas.
Su paso por las Facultades de Economía, primero, y de Filosofía y Letras, después, no le impidió seguir con una vida dedicada a la cultura, de altovuelo, mediocampo y bajofondo. Es decir, no había tema que se le escapara de su peculiar mirada. Y con el compañerismo y la amistad de otros seres de letras, llámense Fernando Benítez, José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, Elena Poniatowska, más los que se acumulen en el camino, destinado a figurar en letras de imprenta. El escenario para ello: el legendario suplemento cultural México en la cultura y su heredero fiel, La Cultura en México, centerfold de la también legendaria revista Siempre!
Su acendrado interés por hacer la crónica de la ciudad de México, y que sustenta su perenne ubicuidad, digamos que nació por la década de los '50, cuando participó en una marcha en apoyo a la pintora Frida Kahlo, y, poco después, asistió a un concierto del inverosímil Bola de Nieve. En una palabra, su interés por los hechos de la cultura popular, por las manifestaciones sociales lo volvieron un personaje imprescindible. O, al menos, inusitadamente omnipresente. Prueba de ello, sus primeros libros de crónicas: Días de guardar (1970) y Amor perdido (1976).
Los caminos de la crónica que decidió seguir Monsi, con su particular estilo, mordaz, sarcástico y punzante, revivieron aquel estilo que sólo Salvador Novo había expresado a lo largo de su vida, solamente que la irreverencia y el desconcierto era el pan de todos los días. (Si Novo hubiera llegado con vida a los albores del siglo XXI, le hubiera dejado completa la chamba a Monsi.) A ustedes les consta (1980), Entrada libre (1988) y Los rituales del caos (1995), surgidos de su particular pluma, se han vuelto todos unos clásicos. Y a la par de su crónica de la cultura popular y de su crítica a las letras mexicanas, dedicó muchas de sus fuerzas y grandes textos en pro de las causas sociales: el feminismo, la comunidad lésbico-gay, el neo-zapatismo, entre otras banderas que se junten en el trayecto. Y, por añadidura, atacaba con sólida congruencia a los sectarios, mochos, politicastros de quinta, y también a aquellos que atentaran contra los derechos de los animales. Tanto era su amor por ellos, que bastaba sólo una llamada suya para que detuvieran el sacrificio de algún perro callejero; y qué decir de su pasión por los gatos, quienes lo acompañaron en todo momento, como Fetiche de peluche, Mito genial, Fray Gatolomé de las Bardas, Nananina Richi, Chocorrol, entre otros felinos, sus trece caballeros de Santiago.
Entre toda la gama de crónicas que conforman el universo Monsiváis, cabe destacar su única incursión en la narrativa: Nuevo catecismo para indios remisos (1982), donde la religiosidad y las "buenas costumbres" eran hechas pomada por su crítica y mordacidad. Ediciones ulteriores de este garbanzo de a libra, fueron ilustradas por Francisco Toledo, pintor non que, además de contar con su amistad, también recibió unas buenas líneas de su parte. No por nada, también fue un maravilloso crítico de arte y un coleccionista de altos vuelos. (El Museo del Estanquillo es el lugar donde habita aquella pasión.)
Tanta era la fama de Carlos Monsiváis que hasta su presencia en la ficción pura era evidente. Gabriel Vargas no dudó en incluirlo, con todo y gatos, en alguna aventura de La familia Burrón, y hasta derivó en personaje de Chanoc: el sabio Monsiváis. Y las parodias, claro, no se hicieron esperar: Miguel Galván, la Tartamuda, hizo de Carlos Monchivais un personaje igualmente grato. (Hasta para el propio Monsiváis...)
Creo que se pueden decir más cosas acerca de Carlos Monsiváis (¡¡y las que faltan!!), pero no quiero engrosar más el alud de artículos, ensayos, obituarios y demás cosas por el estilo; de eso ya se encargan los periódicos, la televisión, la radio, y hasta el mismo internet. Mas sí deseo compartirles mis veintiúnicos encuentros con Monsiváis.
Hace cinco años, y a finales de mayo, tuve la fortuna de asistir a la presentación de un libro sobre Rogelio Naranjo en el MUCA, y cuyos presentadores eran Elena Poniatowska y el mismo Monsiváis. Al final de la presentación, mientras todos se arremolinaban para obtener la firma de la Poni, quien esto escribe fue el primer parroquiano que se acercó a Monsi. Al verme llegar con mis ejemplares, me pidió que esperara unos cinco minutos; al desocuparse, no sin antes disculparse conmigo por la espera, se sentó de nuevo y comenzó a firmarlos, y después de rubricar el último, de inmediato se le lanzaron todos los asistentes, con sendos libros suyos. Mi segundo encuentro fue en el Centro Cultural de España, en la presentación de la más reciente novela de Juan Goytisolo, con Adolfo Castañón también presente. Ya no llevaba libros para firmar, sino varios ejemplares de la revista Letras Libres, en los cuales pedí que me firmara sus artículos. Después, al momento de revisar la dedicatoria, me di cuenta de algo muy extraño: en uno de los ejemplares, en vez del nombre de un servidor, ¡¡me había puesto Antonio!! (Cosas que pasan...) Y del tercer encuentro (si es que así se le puede llamar), fue aquella noche del 4 de mayo de 2008, en el Palacio de Bellas Artes, donde le fue entregada la Medalla Bellas Artes, en suerte de homenaje por sus 70 años. Al momento de pasar a la terraza a tomarme un buen vino, una amiga mía, factótum del INBA por aquellos días, me preguntó muy de banquetazo: "¿No traes libros para que te los firme?" Le dije que no, que no era momento para firmas, fotos ni autógrafos. Y tuve razón, por lo menos esa noche: al son de "Amor perdido", interpretada por un trío invitado, Monsiváis no paraba de firmar libros ni de tomarse fotos con los asistentes. Me limité a tomarme una copa a su salud, muy bien acompañado por Maribel Báez y el buen Carlos Domínguez, a la cacería de buenas fotos. Y hasta ahí.
Me pregunto ¿qué será de la ciudad de México sin ti? Ya no tendremos tus artículos punzantes de La Jornada, El Universal y esa sección de perlas polacas, de nombre "Por mi madre, bohemios". (Nos queda leer toda tu obra, más la que se acumule en la semana...) Ya no especularemos sobre tu omnipresencia en cualquier lugar, ni mucho menos encontrarnos a tu doble, aquel santa clós borracho que inmortalizaran Los Caifanes. Sin embargo, sé que, en algún momento, en alguna de sus casas editoras, saldrá una crónica sobre tu propia muerte. Y firmada, claro, por ti.
¡¡Adiós, Monsi!!

miércoles, 16 de junio de 2010

Once propuestas para celebrar(me)

El año anterior, hice una versión anterior de este post, del cual, cabe decir, cumplí a cabalidad buena parte del "pliego petitorio". En esta ocasión, y a un paso de llegar a la edad de los nuncas, decidí hacer una nueva lista, donde algunos puntos quedan igual respecto de la versión previa, y otros puntos nuevos entran al quite. Aquí les voy.
  1. Vislumbrar la confección de un libro propio (¡el primero!).
  2. Viajar hacia algún punto del interior de la República, cuyo destino decida por completo. (Aunque no está de más volver a mis matrias, que merecen ya un reencuentro de mi parte.)
  3. Recibir como regalo algún libro, un compacto de música o un dvd, apelando a mis gustos, intereses y búsquedas malogradas. (Se vale investigar...)
  4. Pasarme todo el día leyendo y escribiendo en la Librería del FCE en la Condesa, donde espero varios encuentros casuales con escritores, hacer varias lecturas de gorra, conocer mujeres guapas e inteligentes, y sobre todo, echarme una pestañita en alguna de sus salas.
  5. Comprarme una serie completa para el sorteo Gordito de la Lotería Nacional que se juega hoy en la noche.
  6. Recuperar el corazón que dejé alguna vez en San Ángel. (Ahora es cuando...)
  7. Conocer las efemérides del día, a lo menos para saber con quien tendré que compartir tanto el santoral cívico como el religioso, luego que la diosa Fortuna se digne en inscribir mi nombre con letras de titanio en las grecas de la memoria.
  8. Tomarme el debido tiempo para recorrer las exposiciones de moda en los museos de la ciudad. (San Ildefonso, para empezar bien, ¿no creen?)
  9. Dejarme llevar por una canción de moda, otra clásica y alguna de libre elección. (Considero que "Bad romance" de Lady Gaga, "Luna del miel" de Gloria Lasso, y "Solsbury Hill" de Peter Gabriel entrarían por default, pero se puede negociar...)
  10. No soplarme las típicas, aunque engorrosas mañanitas, en cualquiera de sus versiones. (Si deseo de todo corazón aceptarlas para no hacer cara de fuchi, más vale que sean interpretadas por la OFUNAM, con salterio del Porfiriato, o, ya de perdida, por una marimba chiapaneca. No pido más.)
  11. La más importante, recibir las muestras de afecto y admiración de mi familia, mis amigos, mis colegas y mis lectores, quienes son y serán los verdaderos artífices de esta vida breve que llega a otro año más.
Ahora que el destino se empecina en alcanzarme (y para hacerle de aguafiestas), debo recordar que hay pequeñas cosas que mantienen rodando al mundo, y que olvidarlas por completo, dándole prioridad a otras (se supone) importantes, nos entrega una mentalidad chata y gris. Y ante ello, me queda recordar aquella frase que tomé no sólo como divisa de mis e-mails, sino también de mi vida: Para ser una persona realista, hay que creer en los milagros. El resto, de verdad, llega solito. Sí que sí.
Bonne Anniversaire!!!

viernes, 11 de junio de 2010

¡¡Waka waka, Sudáfrica!!

La desventaja de nacer en año sandwich, es decir, después de las Olimpiadas y antes de una Copa del Mundo (y viceversa), siempre conlleva fletarse todos los sucesos de y en torno a dichos sucesos, cuya periodicidad de cuatro años, puede inflarlos en demasía o darles la importancia de un cacahuate. Sin embargo, he decidido entrar en la marabunta del momento y dedicarle unas cuantas líneas al tópico pambolero.
Primero una leve confesión. Nunca se me dio el futbol, ni siquiera en la materia de Educación física, pero el interés surgió, por así decirlo, en las gradas. Como el fervor futbolero andaba en todas partes, varios de mis compañeros jugaban -ellos sí, aptos por naturaleza- la típica cascarita, y también se daban tiempo para llenar los álbumes con estampas de sus equipos favoritos. (Recuerdo que intenté llenar uno, sobre Italia '90, cosa que casí logré, mas con una postera decepción: no era el álbum oficial, producto de una editorial con nombre cuasi italiano, como de pizza... Y hasta ahí me quedé.) Tiempo después, una marca de chicles sacó a la venta unas bolsas con productos de su factura, con tarjetas de regalo y alusivas a Estados Unidos '94, ventaja que un compañero de entonces -cuyo paradero me gustaría saber, de paso- supo explotar al máximo: se volvió mi dealer tarjetero, tanto de futbol como de comics. Mi reinvindicación con el pambol llegó con Francia '98, mundial que me agarró en la preparatoria y el cual seguí con verdadera devoción, y mucho más cuando la Selección Nacional, el Tri, jugaba, aunque doliera la ronda de penales más adelante. Pero también nació una gran simpatía por otro gran equipo: Les Bleus, el equipo de Francia. Y mucho más cuando era anfitrión y contendiente. Aquella selección, compuesta por jugadores oriundos de antiguas colonias francesas en América y África, fue la revelación de aquella copa mundial. Mientras todos daban por sentado que Brasil abrazaría su quinta copa y que los alemanes llegarían a la final, luego de ocho años de espera, fui el único ingenuo que supo del potencial de Francia. (Hasta la fecha, ¡¡me siguen pidiendo la receta!!) De pilón, confieso que me dolió aquella gran final de Alemania 2006, entre Francia e Italia, donde la squadra azzurra se hizo de una victoria que no era suya, evidenciando la humanidad de los Dioses de St. Denis, como Zinedine Zidane y Fabien Barthez.
En este 2010, el furor futbolístico llega, por vez primera, a tierras africanas. Sudáfrica organizará una Copa del Mundo en un ambiente aún rezagado logísticamente hablando, pero cuyo ambiente social quizás le dará el beneficio de la duda. Y como le sigo la huella a mis dos selecciones, natural y elegida, a la hora del sorteo de la FIFA, me fui de bruces cuando supe que ¡¡estarían en el mismo grupo!! Y con el país anfitrión y Uruguay dentro del mismo, México se había sacado la rifa del tigre. (A ver cómo les va...)
A unos cuantos minutos del partido inaugural, México vs. Sudáfrica, cabe decir que el fervor deportivo nos sube un poco el ánimo, y más ahora en estos tiempos globalizadamente incorrectos. Obviamente, apoyo a mi equipo (como buena parte de mis compatriotas, claro) y espero de éste más que un gran desempeño en la cancha. Nos resta un mes de enconadas polémicas y acendradas pasiones pamboleras, pero hagamos lo posible por pasarla bien, al menos, en los próximos 90 minutos, donde todo debe brillar, o como se dice allá en tierras mundialistas, waka waka (y en la voz de Shakira, para acabarla...) Y ya.
¡¡Waka waka, Sudáfrica!!

miércoles, 5 de mayo de 2010

Slam poetry en el CCEMX

Quienes hacemos de la poesía más que una forma de vida, a veces resulta engorroso aventarse a un escenario y leer algo de la obra reciente, clásica o, simplemente, el repertorio que bien tenemos a llevar debajo del brazo y esperar aquella hora de los mameyes. Hoy no fue la excepción, gracias al Slam Poetry: Torre de Babel, encuentro poético muy peculiar que se lleva a cabo con motivo del Día de Europa, 9 de mayo, y que tuvo lugar en el Centro Cultural de España, ubicado en pleno Centro Histórico.
Días antes, alcancé a inscribirme vía correo electrónico y creo que lo hice dos que tres veces, con tal de esperar alguna confirmación ya certera. (Finalmente, sí la recibí: de parte de los organizadores, Rodrigo Fernández y Fanny Pascaud. Y hasta con una hora específica de llegada, misma que atendí muy al pie de la letra. Hasta perdí una sesión de mi curso en la Academia Mexicana de la Historia, saben...)
Llegué al Centro Histórico con casi dos horas de anticipación, en las cuales me dediqué a sacar algunas fotos de la Catedral Metropolitana, releer algunos poemitas del repertorio y hasta el destino me concedió encontrarme con Amelia Nava, de quien pensaba que leería algo de su trabajo. Para mi buena fortuna, me topé con las bellísimas hermanas Munzuri, Rosalina y Claudia, también puntuales a la cita. Juntos los tres, entramos al Centro Cultural de España, donde nos encaminaron hacia la terraza, lugar de la lectura. De inmediato nos apersonamos con los organizadores, por aquello del pase de lista y el orden de lectores registrados. (A Rosalina le correspondió el número 21, y a quien escribe, el 19.) Luego de esto, encontramos una mesa libre y en cuestión de segundos, a los participantes nos dieron una botella de agua de cortesía. Mientras llegaba la hora de la lectura, hablamos sobre tantas cosas, y, claro, de poesía, naturalmente. (Al mismo tiempo, Fabio Morábito platicaba con algunos colegas suyos, y Kelly Aro, colaboradora de La oveja eléctrica, también en franca charla con algunas escritoras oaxaqueñas.)
Pasadas las 7:30 pm, Fanny Pascaud, de la Alianza Francesa de México, y co-organizadora del Slam Poetry, nos dio la bienvenida a todos los participantes y nos comento que, a diferencia de anteriores ediciones, este slam sería por el mero gusto, es decir, por compartir la poesía en varios idiomas, según el tema de esta vez: Torre de Babel. Primero leerían los inscritos en la lista, y después de las 9 pm, harían lo propio algunos espontáneos. El maya estuvo presente gracias a la maravillosa voz de Jorge Cocom Pech; el mixe, por Martín Rodríguez Arellano; el zapoteco, Natalia Toledo; el huave, por Zulvia América Martínez, y el mixteco, por Lorenzo Hernández Ocampo. Pero ell náhuatl no se quedó atrás, donde Natalio Hernández (en voz de Angélica Pérez) y Pedro Martínez Escamilla hicieron lo suyo.
Aunque la "regla" (por así decirlo) era leer en el idioma original, Pere Perelló, aparte de leer sus poemas en catalán, procedió a traducirlos, para deleite del respetable. (Nos gustó más escucharlo en catalán, por cierto...) Sólo Aurel de Coloblo y Alessandro Raveggi sí cumplieron con la norma, y nos regalaron sendas lecturas en francés e italiano, respectivamente. Y como los que leímos en español no podíamos quedarnos atrás, hicimos igualmente lo propio con tal de seguir con el ambiente.
Luis Felipe Fabre (perdonen la expresión) me durmió con su cuasi poema sobre Rocío Dúrcal, que la verdad merecía algo más grande; Kelly Aro, colaboradora de La oveja eléctrica, nos regaló una muestra poética dedicada a los días de la semana, misma que me dejó muy impresionado; después, a un servidor le correspondió entrar en escena (mi poema de batalla, "Innamoramento", cumplía con el requisito secundario del chou: tres minutos máximo), pero igual y me sentí como en los homenajes de los lunes en la primaria. Sin embargo, este extrañamiento de mi parte quedó superado con la maravillosa lectura de Rosalina, de quien reconozco una cierta frescura en sus poemas; no dudo que, con un poco de empeño, sería una luminaria de las letras mexicanas. Así es. Y para cerrar la fase de iconoclastas, Hernán Bravo Varela, al igual que quien escribe, sacó algo del repertorio y salió muy bien librado. (El sol no se opacaba en su reino...) Hubo un participante, cuyo nombre -por ahora- olvido, que, literalmente, se la peló, con semejante ensalada de neologismos, imperativos y demás andamiaje verbal. Podría decirse que fue la revelación del momento, pero hasta ahí. Al final, no reparamos en presencias ni en tremendos lectores de poesía.
Como mis bellísimas acompañantes debían irse temprano, accedí a acompañarlas a la parada del autobus, y mientras salíamos del lugar, pude ver nuevamente a Amelia, ahora con Lizbeth Zavala y Patricia Arredondo integradas al grupo, pero sólo pude saludarlas de lejitos. "No me voy, me llevan", les dije. (Además, Hernán Bravo también se había ido temprano, caray.)
Finalmente, no me arrepiento de mi participación en el Slam Poetry de hoy. Bien sé que puedo aguantar éste y otros encuentros poéticos, pero me falta algo más de asombro por lo que pueda suceder a la par o después. Me resta por mientras seguir picando piedra, publicar lo que más se pueda, y, sobre todo, preparar un volumen con toda esa poesía desbalagada por revistas y suplementos. Al menos, sí que tendré un buen salvoconducto para las lecturas que se avecinen. De veras que así es.

jueves, 29 de abril de 2010

Una tarde con Margit Frenk

Por la mañana, en alguno de estos programas matutinos con caracter de optimista, escuché la siguiente frase: "No tenemos asegurados los siguientes treinta minutos". Y la verdad, sí lo creo, porque mientras arreglaba mis cosas para despachar los pendientes del día, vi anunciado en la Gaceta UNAM, la charla entre dos personas muy queridas en el ámbito académico: por un lado, la maravillosa investigadora Margit Frenk, y, por el otro, la presencia grata de Susana Quintanilla, también investigadora, pero del CINVESTAV (IPN), quienes, como parte del Seminario público sobre Cultura, dedicarían sus intervenciones para hablar sobre Mariana Frenk-Westheim y Martín Luis Guzmán, respectivamente.
Al filo de las 6 pm, en el Salón de Actos "Adolfo Sánchez Vázquez" de la Facultad de Filosofía y Letras (UNAM), y moderadas con el estilo inclasificable de Carmen Galindo, primero tomó la palabra Margit Frenk, quien nos llevó de la mano por la vida, obra y milagros de su ilustre madre, Mariana Freund Pick, quien adoptó de sus dos esposos sus apellidos, y así formar su conocido nombre de letras. A medida que Margit leía, se sucedían (gracias al artificio del powerpoint, claro) imágenes de la vida diaria de Mutti, como gratamente llamaban a Mariana Frenk-Westheim. Por supuesto, después de su lectura, el público asistente quedó con ganas de saber más acerca de aquella mujer excepcional, inteligente y, sobre todo, versátil en las letras; lo mismo escribía cuento corto que aforismo, y en esto, nadie le ganaba.
Cuando el micrófono pasó a manos de Susana Quintanilla, ella prefirió que el espacio dedicado a su intervención se aprovechara para proseguir con la remembranza en torno a Mariana Frenk-Westheim. "Yo puedo venir otro jueves, pero ahora que tenemos a Margit, no dudemos en seguir la charla". Y así fue. Entre lecturas de su obra y más anécdotas, al final de la sesión, todos quedamos complacidos luego de haber sido partícipes de una vida que, al ser contada por otra, igualmente excepcional, estará en nosotros y originará, amén de nuevas lecturas, otras conocencias.
Y para cerrar con broche de oro, tanto Margit como Susana dedicaron algunos minutos posteriores a la charla para intercambiar impresiones y felicitarse mutuamente. Un servidor, claro, no podía quedarse atrás. Primero, pidió a Margit que le dedicara, cordialmente, su ejemplar del Discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, y después, acudió con Susana, quien luego de saludarlo de primera fuente (ya es una sana costumbre hacerlo por el facebook, por cierto), procedió a dedicarle su ejemplar de "Nosotros". La juventud del Ateneo de México, lo cual Susana hizo gustosa de la vida. Y en reciprocidad, le obsequié un ejemplar del discurso de Margit, el cual había reservado para una oportunidad así. Y la beneficiaria, claro, no podía ser otra persona que Susana Quintanilla.
Finalmente, fue una tarde inolvidable allá en la Facultad de Filosofía y Letras, donde escuchar a una mujer excepcional como Margit Frenk fue el suceso más maravilloso de todo el día. Originalmente, a esas horas tomo un curso en línea, pero con tal de vivir aquello, París bien vale una misa. Ya ven porque no tenemos asegurados los siguientes treinta minutos, ¿no creen? (Ya me dirán...)

lunes, 5 de abril de 2010

Quince minutos con Carlos Fuentes

En alguna ocasión, mencioné lo gratificante que resultan las tardes previas a alguna conferencia en El Colegio Nacional, y de las cosas que se encuentran por aquellos lares. Sin embargo, después de la conferencia que se dio hace unas horas, quizás cambie de opinión. Veamos por qué.
Cerca de las 6 pm, quien esto escribe se apersonó frente a la puerta de El Colegio Nacional para asistir a la conferencia de Carlos Fuentes sobre La Novela de la Revolución mexicana. (Por lo visto, era el parroquiano número 10 en una incipiente fila que amenazaba con aumentar de tamaño.) Mientras revisaba mi celular, por si me llegaba un mensaje de una bellísima amiga y colega, un empleado del Colegio procedió a entregarnos unas hojas donde se decía expresamente: "Se informa a todos los asistentes a la conferencia evitar firma de libros, entrevistas y autógrafos". Con semejante advertencia, más valía irse de allí, pero tampoco exageremos.
A las 6:15 pm, y con un calor meramente abrasador, entramos al jardín del colegio, donde algunos de los asistentes leían ejemplares de La región más transparente o de Aura, mientras llegaba la hora de ingresar al Aula Magna. Quince minutos después, ingresamos con el debido orden. Sin embargo, al entrar al recinto, las primeras seis filas ¡¡estaban apartadas!! Y, claro, para los invitados de Carlos Fuentes. De cualquier manera, no me tocó mal lugar, pero no era tan bueno como había pensado. Mientras llegaba la hora citada, lo repito, algunos leían libros de Fuentes, otros el periódico, y algunos más revisaban sus celulares. (Una merienda de negros se queda corta, ¿no creen?) Llegó la hora marcada, 7 pm, y los empleados de El Colegio Nacional nos salieron con una cantilena que hasta ahora sigo con ganas de mentársela: "A los asistentes de las primeras filas, favor de ocupar algunas de las filas de adelante" y como si éstas palabras fuesen mágicas, todos nos lanzamos sobre los nuevos lugares, y, claro, así obtuve un magnífico lugar, nada más ni nada menos que detrás del escritor Mauricio Carrera y de la periodista Marisa Escribano.
Con quince minutos de retraso, llegó con aire triunfante al auditorio el maestro Carlos Fuentes, quien llevaba consigo un ligero fajo de hojas y una libreta moleshkine color negra. Se puso frente al atril y además de agradecer al público su asistencia, comenzó su exposición, donde las novelas a tratar eran, claro, las clásicas del género: Los de abajo de Mariano Azuela, La sombra del Caudillo de Martín Luis Guzmán, Al filo del agua de Agustín Yáñez, y Pedro Páramo de Juan Rulfo. De cada una hizo sus justas ponderaciones (a título personal, no me pareció hallar cosa nueva en éstas) y alguna que otra anécdota sobre los autores. Como a las 8:15 pm, Fuentes terminó su disertación, hizo una caravana, y, luego de un minuto de aplausos, abandonó el edificio.
En el jardín del Colegio, finalmente me encontré con la Bellísima, quien me comentó que hizo su arribo al lugar cuando Fuentes hablaba sobre La sombra del Caudillo. "Con esas palabras, puedo darme por bien servida", me dijo. Y como El Colegio Nacional es un excelente lugar para los reencuentros, no faltó encontrarme con Carlos Gorbea, muy bien acompañado por su hermana (¡¡fiu, fiu!!), y para acompletar el cuadro, llega mi admiradísima actriz Elvia Luna, con quien ya quedé de asistir a las conferencias de la Academia Mexicana de la Historia. De pilón, cabe mencionar la presencia cordial y omnipresente del gran fotógrafo Pascual Borzelli.
Con todo y sus bemoles, la conferencia de Carlos Fuentes en El Colegio Nacional fue un evento inolvidable. Creo que ya nunca más veremos algo igual y como le dije a la Bellísima, después de haber asistido a su conferencia magistral en el Auditorio Nacional, con motivo de su 80 aniversario, ya podemos descansar tranquilos. Sí que sí.
De cualquier manera, la Bellísima y un servidor, nuevamente reunidos por Carlos Fuentes, aunque sólo fuera por quince minutos. (¿Arrepentirnos de ello? No lo creo...)

domingo, 28 de marzo de 2010

Lady Gaga: nueva soberana del pop

En el extraño mundo del pop, todo cantante y/o grupo que se respete tiene de dos sopas: resistir los embates del tiempo o retirarse al verse indefenso. ¿Qué quiero decir con esto? Cuando el verdadero talento se ejerce, nos importa poco si el artista de marras sea atractivo o si tiene, dicho sea en otros términos, un imponente caboose de pullman. Sin embargo, al originarse un tremendo maridaje entre talento y belleza, el resultado suele ser impactante. Así sucede con la cantante norteamericana Lady Gaga, quien hoy cumple 24 años y con un exitoso segundo sencillo en los charts: “Telephone”.
Stephani Joanna Angelina Germanotta, su nombre real, nació en la babélica Nueva York. Sus padres, de origen ítalo-estadounidense, estaban en el negocio del internet y las telecomunicaciones. Y como la música es otra forma de la comunicación, es admitida en la prestigiada Academia Julliard, pero ella prefirió ingresar a una escuela católica. Luego de aprender a tocar el piano y participar en sesiones de micrófono abierto, consiguió un lugar en la Escuela de Arte Tisch, de la Universidad de Nueva York, donde logra perfeccionar sus dotes musicales.
Aunque ya tenía una casa disquera, donde hacía todo tipo de chambas, entre componer letra y música, su segura salida de allí la condujo por varios caminos. Un colega suyo, Rob Fusari, con quien había compuesto varias canciones, un día se dio cuenta del potencial de Stephani a partir de que ella llegaba al estudio de grabación cantando el estribillo de “Radio Ga Ga” de Queen. Y como ya era típico que ella llegara haciendo aquello, Fusari cambió el Radio por Lady, cosa que la bautizó como Lady Gaga. Había nacido una nueva estrella del pop, pero primero había que picar piedra.
Antes de lanzarse a su aventura musical, Gaga colaboró con Lady Starlight en la confección de sus vestuarios, donde se fusionaban el glamour y los espectáculos de burlesque. Para 2007 fueron invitadas al fabuloso Lollapallooza, de donde salieron airosas y en cuyo performance se hallaban elementos dignos de David Bowie y Queen. Fusari, al ver el talento desbordante de Lady Gaga, logro conectarla con Vincent Herbert, de Streamline Records, disquera para la que trabajo escribiendo canciones para Fergie, Pussycat Dolls, New Kids on the Block y, aunque parezca increíble, para Britney Spears. Sin embargo, sus inusitadas capacidades vocales decidieron su destino como cantante.
Para 2008 sale a la venta The Fame, álbum que fusionaba todo tipo de rítmos y tendencias musicales: desde el descarado pop hasta el más selecto heavy metal. Y como sus intereses rebasaban todo tipo de barreras, se asocio con el colectivo Haus of Gaga, quien se encargaba del vestuario, la escenografía y las coreografías de sus shows. El primer sencillo, “Just dance”, la posicionó como una de las mejores cantantes del género: una extraña mezcla entre canciones del mejor Bowie, el clásico Queen, con algo de dance y una pizca de ironía marca diablo. Mismo y subsecuente éxito merecieron "Love games", "Paparazzi" y la polémica y deliciosa "Poker face", cuyo videoclip mereció no pocas reacciones en contra. (Y sus fans lo saben muy bien...)
Mientras The Fame describía los aristas de un espectáculo en vías de corrupción, vacío en esencia y cuya entrada en él se volvía en pozo sin fondo, cuestiones que Lady Gaga logró observar mientras hacía la gira promocional del disco, ella se tomó un descanso para recargar pila, escribir nuevas canciones y, por consiguiente, entrar al estudio para grabarlas. El resultado: The Fame Monster (2009), dirigido a criticar el mundo visto y tercamente vivido en The Fame. Para sus activos y nuevos fans, esto significó la confirmación del estilo Gaga, cuyas letras iban con todo, como "Bad romance", su primer sencillo, por ejemplo. En su consecuente clip, Lady Gaga pasaba de un vestuario a otro, de acuerdo al desarrollo de la historia. Si en "Poker face" llevó a la categoría de clásicos el payasito azul y la máscara de espejos, en "Bad romance" dejó de lado las sombras en los ojos, empleó vestuarios más ceñidos y misteriosos, y, como cereza del pastel, mostrarnos toda el esplendor de su anatomía, luciendo coqueta lencería y, claro, con sus infaltables lentes. (Quien se digne a ver el videoclip, podrá contar -si su paciencia lo permite- con ¡¡casi siete cambios de ropa!! Se ve que no repara en gastos...)
Con todo, la presencia en el medio artístico de Lady Gaga, vino a llenar de aire puro y nuevas expectativas el ambiente musical del pop. (Después de Madonna, nadie más se había aventado a innovar tanto en música como en los shows. Hasta ahora...) Con la aparición de Lady Gaga, podría decirse que un legado musical ya tiene una segura heredera y una muy digna sucesora. (Sí, claro, este tipo de palabras, dichas hace diez años, le hubieran quedado muy a la medida a Britney Spears, pero con el estado actual de dicha cantante, creo que Gaga ha sabido sacarle mucho partido a su favor. Pero dejemos las adversiones para otro lugar.)
Finalmente, creo que Lady Gaga apunta para posicionarse un buen rato en el ambiente popero. Entre escándalos sin importancia y, claro, la polémica que suscitan sus videos, no me cabe la menor duda que ella, por mérito propio, ya es considerada como una nueva soberana del pop, aún reconocida por la propia reina, Madonna, quien celebra sobremanera el estilo y la versatilidad de los shows estilo Gaga. En lo personal, me fascina buena parte de sus canciones, sus clips me parecen geniales (en especial, los de "Bad romance"), y queda en ustedes la invitación para acercarse a una cantante que no le pide nada a nadie. De algo sí estoy seguro, que tendremos Lady Gaga para rato. Sí que sí.

sábado, 6 de marzo de 2010

Coldplay: una experiencia proteica

Hace algunas semanas, una famosa revista sobre música realizó, como cada década, su lista de los mejores discos; como en todo listado, no faltan tanto las omisiones involuntarias como las elecciones arbitrarias. Sin embargo, digno es de notar la presencia de un grupo bastante peculiar y cuyo camino musical se encuentra en constante movimiento. Me refiero a la agrupación británica Coldplay, que dentro de unas horas hará acto de presencia en el Foro Sol, al oriente de la Ciudad de México.
Nacido a finales de los años 90, y conformado por Chris Martin, Jon Buckland, Guy Berryman y Will Champion, Coldplay aparece en la escena musical londinense en una época donde grupos, como Radiohead y U2 (con quienes se les llegó a relacionar, dada la naturaleza de sus primeras canciones) partían el queso con todo y caseína. Sin embargo, en el ancho y ajeno mundo de la música, Coldplay comenzaba a labrar su propio sendero musical y para muestra, un botón: de su álbum debut Parachutes (2000), se desprendió su sencillo más famoso (no el primero, claro)de nombre "Yellow", mismo que se volvió -en cierta manera- como su tarjeta de visita. (Sin embargo, cabe notar que la agrupación ya tenía grabaciones previas, de las que sólo mencionaremos los EP Safely (1998) y The blue room (1999), cuyo primer sencillo, "Bigger stronger", los dio a conocer por las frecuencias de la BBC.) Después del Parachutes, el resto... ¿sería historia? Tal vez, si sólo nos restringimos a "Yellow", pero también "Trouble" y "Shiver" hicieron lo suyito.
Para la mayoría de los artistas, la llamada maldición del segundo disco es cosa que genera escozor entre el gremio artístico; para el caso de la cuarteta Martin-Buckland-Berryman-Champion, fue sólo una confirmación del enorme talento compartido. En su caso, A rush of blood to the head (2002), ya contaba en sus letras con temas un poco más delicados y sesudos, si me permiten el acercamiento, evidentes en "In my place", "Clocks" y la cuasi depresiva "The scientist"; destaca también en este disco el uso del falsete por parte de su vocalista, elemento que acabó por volverse un toral distintivo de la música de Coldplay. (Por cierto, A rush... fue la producción que se "coló" en el listado oficial de aquella revista de marras.)
En algún momento de su existencia, no hay grupo musical que tenga en su haber un disco proclive a la experimentación (¿y cuándo no?), sea en la gráfica y plasticidad de la portada y el booket, sea en la innovación en los arreglos musicales y hasta en el contenido de sus letras. Para Coldplay, el disco que mejor reúne estas características es el X & Y (2005), donde se destapan varias obsesiones del vocalista, pero a su vez juega con las imágenes. V. gr. La creación de un alfabeto gráfico -con colores y todo-, basado a su vez en la clave Baudot, código telegráfico creado por el francés Émile Baudot a finales del siglo XIX, mediante el cual está escrito, en la portada del álbum, el nombre del disco. (Y con un poco más paciencia e ingenio, descifrar la frase de la tercera de forros del cuadernillo. Ahí les dejo el reto.) Respecto al tópico musical, Coldplay introduce elementos de música electrónica en varios de sus tracks (en el tercer sencillo, "Talk", se le rinde homenaje a la legendaria agrupación Kraftwerk), pasando por la influencia de David Bowie y Brian Eno, sin olvidarse de sus orígenes rockeros clásicos, tal es el caso del track oculto "'Til kingdom come", canción compuesta ex-profeso para el legendario Johnny Cash, quien murió antes de entrar al estudio de grabación. Muy a pesar de haber colocado en los charts radiofónicos sencillos como "Fix you", "The hardest part" y la celebradísima "Speed of sound", la crítica trató muy mal al X & Y, quizás por pasarse de experimentales. De pilón, cabe decir que con este álbum, Coldplay cierra una trilogía y, por ende, una época de raras incursiones musicales, y que lo mejor del grupo vendría después. Entre renovarse o morir, optaron por lo primero.
Inspirados por el título de una pintura de la mexicana Frida Kahlo, Coldplay denomina a su cuarta producción de estudio con el épico y pomposo nombre de Viva la vida or Death and all his friends (2008), donde se omite por completo el falsete del vocalista y sus registros de voz alcanzarían niveles insospechados. Además, las temáticas de las letras se vuelven un poco más plurales, es decir, que lo mismo describen la peculiaridad de un día lluvioso y los cementerios de Londres, que de reinos vencidos y negaciones de la muerte. El primer sencillo del disco, "Violet Hill", se dio a conocer gracias a los artificios del internet, pero fue "Viva la vida" quien presentó, a los activos y nuevos fans de la banda, la esencia del álbum. Impresionante fue su respuesta que, casi con carácter de inmediato, salió a la venta un EP nuevo, Prospekt's march, algo así como el álbum hermano de Viva la vida, donde además de presentarnos canciones nuevas y hasta una nueva versión de "Lost" con la participación del rapero Jay-Z, se desprendieron los sencillos "Lovers in Japan" y "Life in technicolor, pt. II". (Paréntesis aparte: les propongo que escuchen, alternadamente, ambos discos, para así descubrir una sola cosa: lo complementarios que son. Después de ello, comprenderemos que la salida del Prospekt's march no fue tan mercadológica que digamos, ¿no creen?) Y como la presencia de los pintores está muy socorrida, sendas portadas se conforman con fragmentos significativos de dos pinturas del artista francés Eugène Delacroix: "La libertad guíando al pueblo" (Viva la vida) y "La batalla de Poitiers" (Prospekt's march).
Y para que luego no me reclamen, digno es destacar también la labor social y altruista que realiza la banda: por ejemplo, el 10% de sus ingresos por concierto van dirigidos para obras de caridad, y la militancia de Chris Martin en dos organizaciones, Make trade fair (en pro de un comercio justo) y Meat free monday (donde consumir carne gratis una vez por semana ayudará a reducir el calientamiento global).
A grandes rasgos, Coldplay es una agrupación que ha sabido inventarse a cada paso; ha sabido tomar de sus precedentes musicales (en el árbol genealógico de la música inglesa, podría decirse que hay una línea muy directa con The Beatles) elementos que la distinguen como una de las mejores bandas del Reino Unido. También cabe decir que esa hambre de innovación, los ha llevado a crear los mejores discos, incluso en los terrenos del diseño gráfico. (La portada del A rush of blood to the head fue diseñada por el artista sueco Sølve Sundsbø, muy famosa en el orbe mundial, y retomada en un reciente sello postal que puso a la venta el Correo Británico.) En una palabra, se trata, en toda la extensión de la palabra, de una experiencia proteica. La verdad, no sabría qué más decir sobre un grupo que me gusta sobremanera; simplemente me limito en contar algo de su historia, en invitarlos para acercarse a su obra.
Por último, dentro de unas horas, la alineación Martin-Buckland-Berryman-Champion, como parte del Viva Tour, nos deleitará, hoy y mañana, con lo mejor de su repertorio. Que así sea.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Enoch Cancino Casahonda (1928-2010)

Chiapas, se ha dicho hasta el hartazgo, es tierra de poetas. ("Levantas una piedra y sale un poeta", es la frase lugar común en torno a ello.) Pero cuando uno de ellos deja este mundo para insertarse en las grecas de la eternidad, no deja de sentirse ese vacío por su ausencia.
Enoch Cancino Casahonda, poeta de enorme valía sentimental para el pueblo chiapaneco, a la par que sus paisanos Rosario Castellanos y Jaime Sabines, y como lo había predicho en alguno de sus poemas ("Si tengo que morir,/ que sea por marzo"), dejó este mundo "De noche, de pronto,/y sin un llanto". Y así fue; mientras las secciones culturales de los diarios y los programas culturales de la tevé aún dedican espacios a la reciente partida de Carlos Montemayor, sobre Cancino Casahonda no se dijo nada, salvo algunas notas en diarios de Chiapas y el parco homenaje de cuerpo presente que le realizó el H. Congreso de su estado, encabezado por el gobernador Juan Sabines. Y hasta ahí.
Nacido el 6 de octubre de 1928, en Tuxtla Gutiérrez, Enoch Cancino Casahonda se convirtió, de alguna forma, en la piedra angular de la poesía contemporánea de Chiapas, en cuya tradición precedente logra emparentarse con la obra de nones poetas como Rodulfo Figueroa, Santiago Serrano y Armando Duvalier, pero también abre la brecha a los ya mencionados Rosario y Jaime, y a los más jóvenes, como Óscar Oliva, Roberto López Moreno y Efraín Bartolomé. En su poesía hizo del lenguaje coloquial (las palabras de todos los días, de los ciudadanos de a pie) materia prima de sus poemas. Queda demostrado esto con los títulos de sus libros: Con las alas del sueño (1951), La vid y el labrador (1957), Ciertas canciones (1964), Estas cosas de siempre (1970), y Tedios y memorias (1982), por mencionar dos antologías personales de 1979 y 1985. Para la mayoría de los chiapanecos, es imposible olvidar su "Canto a Chiapas", obra que circula tanto en versión impresa como en disco compacto, infaltable en toda reunión familiar. (Por cierto, conocer al jurado que falló a favor de aquel poema, fue la primera de muchas lecciones que el tiempo le depararía: Carlos Pellicer, Andrés Henestrosa y Rómulo Calzada. Un espaldarazo de aquellos que determinan el resto de la vida, ¿no creen?)
Su extraordinario amor a la palabra le abrió las puertas tanto del Seminario de Cultura Mexicana como las de la Academia Mexicana de la Lengua, a la que regaló sus mejores años como Académico correspondiente.
Para fortuna nuestra, queda su obra poética donde se evidencia un talento único y cuya sencillez en las imágenes poéticas, lo hace digno de conocer. (Estoy seguro que los chiapanecos lo tendrán -¡¡más que nunca!!- muy presente.) Y para quienes apenas saben de su existencia en las letras mexicanas, dejóles la invitación para hacerlo.
Cierro estas líneas con un poema suyo, incluido en Ciertas canciones y otros poemas (1999), antología suya publicada por el Fondo de Cultura Económica.


El rostro del tiempo

A cada metro, a cada instante,
hemos de aprender, de olvidar,
de reconsiderar algo.
El rostro jugando con sus expresiones,
la palabra con su sentido,
la cobardía con su heroísmo,
la soledad con su tumulto,
son ese estira y encoge
en que el misterio del tiempo
nos deja su resaca,
su condición violenta de ola en calma.
Sólo la rosa ve las manos del silencio.
(¡¡Gracias, don Enoch!!)