martes, 12 de noviembre de 2013

Menú de miradas

Ulises Velázquez Gil

En algún párrafo de México, ciudad del fuego y del agua, Octavio Paz dijo que la comida “es una feria, un ballet de sabores”; lo mismo podemos decir de la literatura, abundante en suculentas novelas y cuentos, ensayos forjados con la pericia del mejor gourmet y poemas compuestos en la repostería de las palabras, y aunque la mayor parte del tiempo las únicas letras relacionadas con el mundo de la cocina son sólo las plasmadas en recetarios y revistas de facilidad culinaria, es preciso hacer un alto en el camino para reconsiderar aquella percepción.  
            Con una marcada trayectoria en el mundo de la poesía en México, Claudia Hernández de Valle-Arizpe nos entrega Porque siempre importa. De cocina y cultura, suerte de escala íntima en el género ensayístico que compila buena parte de los artículos publicados en el diario Unomásuno, producto de su legendaria columna “La Divina comida” (con todo y su respectiva versión radiofónica transmitida por Radio Educación), donde cocina y cultura convivían en sana armonía, dejando apantallado a más de uno. Dividido en cuatro importantes apartados (De comida, escritores y libros; México. Historia y presente, Otros mapas, y China y Japón), Hernández de Valle-Arizpe nos lleva a conocer varios momentos de la cocina en la cultura. (¿Y viceversa?)
            Cuando el arte de comer nos orilla a compartir todas nuestras experiencias, el mundo que nos rodea resuelve justipreciar el lugar que nos corresponde y cuando las letras se sientan a la mesa, es inevitable encontrarnos con varios comensales (algunos, de sobra conocidos); gracias al buen apetito de la autora, renacentistas como Leonardo Da Vinci y Gunther Grass descubren sus facetas culinarias en aras de crear una buena prosa y una divina comida, cuya liturgia y ritual cuentan con la misma importancia, incluso ciertas peculiaridades de escritores inclasificables como Juan Carlos Onetti, Franz Kafka y Michel Tournier. (Es más, hasta Amélie Nothomb, iconoclasta hasta para ella misma, se sienta con afanes de biografíar su hambre.) Ante semejantes convidados, la autora descubre ante nosotros los placeres de la comida y de la escritura.
            De su infinita sabiduría como observador de la vida en México, el dibujante Abel Quezada nos regaló la siguiente definición: La patria es lo que comemos desde niños, y si nuestra geografía alimenticia se compone por chiles, chocolate, insectos, hongos comestibles, y esas formas de la ambrosía vueltas pan y dulces típicos, no cesaremos de darle la razón, e igualmente en las páginas de Porque siempre importa la autora nos enseña mil y un maneras de llevar a México en la patria, en el corazón… y en el estómago, aderezadas con la bullanga de las coplas populares, y suscitando emociones encontradas entre los extranjeros que nos visitan, como en todas sus películas. Y ya que hablamos de cine, también comparte con nosotros las metáforas que la comida cobra en la pantalla de plata, demostrando que la vida no sería la misma sin la presencia de un rico platillo ni de conocer el menú de otros lares. (Por cierto, la autora también nos regala varias instantáneas de su experiencia gourmet en China y Japón, de donde extrajo varias cosas, dignas de especial atención.) 
            Con todo, Claudia Hernández de Valle-Arizpe contribuye a la conversación entre cocina y cultura desde varias formas que nos recuerdan el deber de la comida y la presencia que ésta tiene dentro de la geografía, la política, la religión, el arte y la literatura. A guisa de un menú de miradas, Porque siempre importa cuenta con la importante prosapia de otras letras culinarias, como La cultura del antojito de José Iturriaga de la Fuente, el Grano de sal de Adolfo Castañón, y las imprescindibles Memorias de cocina y bodega de aquel famoso gourmand llamado Alfonso Reyes. Adentrarse en su lectura, en sí, ya es la mejor de todas las degustaciones. ¡¡Buen provecho!!     

Claudia Hernández de Valle-Arizpe. Porque siempre importa. De comida y cultura. México, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2009. (Al margen)

(1°/agosto/2011)

1 comentario:

Mariposa Tecknicolor dijo...

Gracias a Dios que apareciste en mi vida. Leerte es un oasis en mi desierto de angustias y preocupaciones. Te quiero mucho Ulises.
Con cariño,
Rocío Paulina Mariposa Eléctrica.