sábado, 1 de septiembre de 2012

Anatomía de una lengua

Ulises Velázquez Gil
(@Cliobabelis)

En la lengua como en la medicina, se suele tomar la parte por el todo, con miras a encontrar el proceso interior que hace posible su funcionamiento, y, por ende, el efecto producido hacia fuera de sí. En esa empresa, nadie, absolutamente nadie se halla exento de toparse con sorpresa alguna, con un gratísimo resultado, o una falla inminente.
            Para el caso del español de México, esta incursión de índole lingüístico-filológica tiene en Concepción Company Company (Madrid, España, 1954) a una gloriosa exponente, cuyos trabajos han merecido la gloria del renombre o el infierno de la confusión, si se me permite la disyuntiva. A diferencia de sus compatriotas (que buscaban su propio lugar en los primeros años de una España rebosante de juventud), en la década de los ochenta, la movida de Company se originó en el ámbito académico; y allende el Atlántico, consolidó el (posible) destino de todo español: hacer las Américas.
            Trasplantada en la UNAM, desde la Licenciatura hasta el Doctorado, Concepción Company encontró su nicho de investigación en el estudio del español de México (no por nada, José G. Moreno de Alba, otrora explorador de ese territorio, fue su profesor). Como su colega y compatriota Ascensión Hernández Triviño, encontró en el Instituto de Investigaciones Filológicas segura residencia para sus afanes científicos y humanísticos. Resultado de esos intereses, fueron la revista Medievalia y su consecutiva línea editorial (que gozan, hoy en día, de cabal salud), y su primer libro: La frase sustantiva en el español medieval (1991).  
            Concretamente, en la historia del español hablado en México, Concepción Company encontró un territorio fértil para profundizar en sus pesquisas; en Documentos lingüísticos de la Nueva España. Altiplano central (1994) concentró su atención en dar fe de cómo evolucionó una lengua que buscaba, a la par de su homóloga peninsular, una identidad propia. (Recordemos a Nebrija: la lengua es compañera del imperio; pero la única revancha que tiene los pueblos conquistados frente a sus opresores, es mediante la lengua. Ver para creer.)
En aras de adentrarse en la construcción de la identidad lingüística de México, ha producido innumerable cantidad de artículos y estudios, como su Léxico histórico del español de México (2000, en colaboración con Chantal Melis) y la interminable serie de volúmenes llamados Sintaxis histórica de la lengua española (La frase verbal, 2006; La frase nominal, 2009); para los versados en el ámbito lingüístico, las investigaciones de Company han sentado varios precedentes en cuanto a la imperiosa necesidad de conocer los procesos que dieron lugar al crecimiento y a la evolución del español hablado en México.
Por su persistencia en estudiar ese fenómeno, la renovada fuerza aplicada en ello, la Academia Mexicana de la Lengua consideró fundamental  la inclusión de una joven investigadora a tan noble corporación. Además, cabe decir que ello reforzaría la presencia de la lingüística al interior de ésta.  
El 10 de noviembre de 2005, en la Coordinación de Humanidades de Ciudad Universitaria, como corresponde a toda sesión pública de la corporación, Concepción Company se convirtió en la séptima ocupante de la Silla V. (Darío Rubio, José Vasconcelos y Rubén Bonifaz Nuño, por decir algunos, le antecedieron en tiempo y forma; éste ultimo, colega y maestro en su instituto de adscripción.) Y como no hay ingreso oficial sin discurso inaugural, la nueva académica leyó una versión abreviada de éste: El siglo XVIII y la identidad lingüística en México. Nos dice: Se acumula en ese siglo un concentrado importantísimo de microquiebres funcionales o pequeños cambios, ya sea en forma de incrementos notables de frecuencia de empleo, ya sea en forma de primeras documentaciones, que sugiere que ese periodo fue un parteaguas gramatical entre el español peninsular y el mexicano, ya que a lo largo de él tomó carta de naturaleza, esto es, se volvió parte del habla cotidiana del pueblo, un buen número de formas de expresión que constituyen caracterizadores dialectales del español de México hoy en día.
Dentro de ese proceso que daba origen a una nuevo dialecto (variante de lengua, entiéndase) del español peninsular, Company mencionó la presencia del llamado mexicanismo lingüístico, es decir, un conjunto de formas y construcciones compartidos por otras variedades del español americano; una muestra de ello, se resume en la oración “eso se los dije”. (Si prestamos algo de atención, quién no ha empleado alguna vez expresiones parecidas a ese ejemplo. Más de uno quedaría patidifuso…) Algunos de los mexicanismos que se manifiestan con especial fuerza en el último siglo del virreinato son: notable incremento de indigenismos léxicos, importantísimo aumento de diminutivos, primera documentación de la resemantización del verbo coger, primera documentación de las pronominalizaciones del tipo eso se los dije, proliferación de pronombres posesivos, incremento significativo de sintagmas posesivos con doble mención del poseedor, su casa de mi prima, y generalización del pretérito simple a expensas del pretérito compuesto.   
Si miramos con detenimiento los hallazgos lingüísticos que mencionó esta investigadora, entraremos en la cuenta de que el español de México tiraba hacia lo alto; de ser una variante hablada en las colonias, adquiriría por sí sola su propia carta de identidad, y ya que mencionamos esa palabra, cabe decir que México, aparte de entregarle un alud de temas para investigación, dio familia y nacionalidad mexicanas a una mujer apasionada por el conocimiento. Aparte de reforzar la presencia femenina en la Academia Mexicana de la Lengua, con ella agarra nuevo impulso aquella sentencia de Ramón Menéndez Pidal: Verter vino viejo en odres nuevos. (Como quien dice, el conocimiento de las dos orillas, indígena y peninsular.) 
Concepción Company Company, como académica de número y Presidenta de la Comisión de Lexicografía (ambas encomiendas, dentro de la corporación) ha revitalizado el papel que la Academia Mexicana de la Lengua he seguido a la par de la consigna de la Real Academia Española, Limpia, fija y da esplendor. La limpió de prejuicios, fijó un nuevo precedente y, sobre todo, darle un nuevo esplendor a una corporación de rancio abolengo. Su sesuda perspectiva nos descubre la anatomía de una lengua que todavía suscita discusiones, no libre de grandes sorpresas, que nos esperarán con sumo provecho. (Lo demás es silencio.)

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